Un mundo para Bryce

6 09 2012

Se inaugura temporada y yo debería hablar de los libros que están de moda. Pero, fíjate tú, no me da la gana, porque aquí hace demasiado sol para chorradas que solo puede disfrutar quien no ha leído Historia de O, las novelas de Georges Bataille o los cuentos de Anaïs Nin.

Si hay que comentar algo de la actualidad, yo escojo la noticia de que el lunes le fue otorgado el Premio FIL (antes Premio Juan Rulfo) a Alfredo Bryce Echenique. La noticia me parece una excelente oportunidad para rescatar su primera novela, que, además de ser magnífica, supone una estupenda introducción a su obra para los neófitos. Así pues, lo que te traigo hoy es Un mundo para Julius, de 1970.

Un mundo para Julius, de Alfredo Bryce Echenique, Barcelona, Anagrama, 480 páginas.

Un mundo para Julius, en un primer vistazo, podría ser calificada como una Bildungsroman, una novela de educación sentimental, porque nos cuenta la infancia de un personaje perteneciente a una familia de rango abolengo en la sociedad limeña de mediados del Siglo XX. Pero, en realidad, la biografía temprana de Julius es una excusa para mostrar todo lo que el niño tiene a su alrededor. Porque Julius vive, al menos, entre tres mundos: el de sus antepasados, del que proviene Susan, su madre, viuda reciente que intenta curarse del luto con viajes y vida social; el mundo de Juan Lucas, su nuevo marido (y, por tanto, padrastro de Julius), un millonario que representa a la nueva burguesía frente a la vieja oligarquía a la cual pertenece la familia de Julius y cuyo matrimonio con Susan simboliza el maridaje entre dos clases tradicionalmente antagónicas; y, por último, el mundo íntimo encarnado por niñeras, criadas, mayordomos y chóferes de la casa, que son quienes realmente cuidan y educan a este niño inteligente, sensible y solitario, encerrado en una jaula de oro.

Bryce hace así un interesante retrato de la sociedad peruana de esa época, muy estratificada y elitista, en la que una minoría esnob disfruta del golf, los toros o las largas vacaciones en los countries, que ocultan la realidad en la que vive la inmensa mayoría de la población.

Pero lo mejor de todo, es el firme pulso narrativo de Bryce Echenique, con esa prosa del postboom, a un tiempo profunda y leve, el continuo pero fluido juego de voces entre los personajes y el narrador, la agilidad narrativa que ya quisiera más de uno y un finísimo sentido del humor que hacen que leer Un mundo para Julius sea un completo y absoluto placer.

Algo de biográfico tendrá Un mundo para Julius, porque Bryce Echenique nació en 1939, en Lima, en el seno de una familia acomodada. Se licenció en Derecho, se doctoró en Letras y estudió una diplomatura en Literatura Francesa en La Sorbona. Aparte de esta novela, hay mucho para elegir entre libros de cuentos, ensayos, sus memorias (o Antimemorias) y novelas, pero yo destacaría de su obra La vida exagerada de Martín Romaña, No me esperen en abril y Reo de nocturnidad.

La figura de Bryce se ha visto ensombrecida, desde la década pasada, por una demanda por plagio: se le acusó de plagiar 15 artículos de diferentes autores. En cualquier caso, esta demanda se refiere a artículos periodísticos de columna diaria, nunca a sus textos literarios. Los textos de Bryce son originales, exquisitos y, en muchos casos insuperables y uno no se puede hacer viejo sin haberle leído. Así que, para este septiembre de nuestros dolores: Un mundo para Julius, de Alfredo Bryce Echenique, 480 páginas de literatura de verdad para curarte de tanta chorrada escrita en serie.


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