El coleccionista, un libro para el desasosiego

29 09 2012

Hoy tenía pensado traerte sexo y violencia explícitos, pero como violencia ya hemos visto bastante esta semana he elegido un libro que tiene poca violencia explícita, aunque eso no lo hace menos desasosegante. Se trata del primero de John Fowles: El coleccionista, publicado inicialmente en 1963 y que, dicen los que saben, inaugura esa variante del suspense que es el psichothriller o el thriller psicológico. Es todo un clásico contemporáneo y acaba de rescatarlo Sexto Piso, en una nueva traducción de Andrés Barba.

El coleccionista, de John Fowles, Barcelona, Sexto Piso, 292 páginas.

El argumento es el siguiente: Freddy Cleg es un muchacho retraído, de condición social humilde, que trabaja como oficinista en una oficina municipal. Es muy solitario y siente un secreto amor (aparentemente platónico pero en realidad enfermizo) por Miranda Grey, una joven estudiante de arte a quien jamás le ha dirigido la palabra. Un día, a Freddy le sonríe la suerte y gana en las quinielas más de 70000 libras, así que deja de trabajar y se va del pueblo. Pero sigue obsesionado con Miranda. Cualquier lector razonable pensará que, con la vida resuelta, este muchacho tendrá más seguridad en sí mismo y quizá pueda dejar atrás sus complejos y acercarse a Miranda. Pero Freddy tiene un problema con la comunicación, con el control de las emociones y, sobre todo, con la empatía. Su solución es construir una vivienda subterránea, amueblarla de la mejor forma posible, meter en ella libros de arte, enseres y un considerable guardarropa y raptar a Miranda. Sus fines no son explícita (o inmediatamente) sexuales. Lo que pretende este infeliz (quien, en un primer momento, inspira más piedad que horror) es que Miranda acabe enamorándose de él.

A partir del rapto, en la supuestamente confortable prisión, se establecerá un duelo dialéctico, emocional y hasta intelectual entre estos dos personajes que se intercambian a cada momento sus papeles de víctima y verdugo y que están condenados a no poder comunicarse, no solo por las circunstancias, sino porque sus visiones del mundo son incompatibles.

Fowles compone la novela de manera muy inteligente. El relato, fluido y sin aspavientos, con un ritmo firme cuyo punto fuerte es la postergación, se nos presenta dividido en cuatro partes, de las cuales tres están contadas por el personaje de Freddy. Pero la segunda, que abarca casi la mitad del texto, es un diario que Miranda escribe en secreto, en el sótano donde Freddy la retiene. Mostrando ambos puntos de vista, fijando el foco de atención en lo que cada uno de ellos considera importante y, sobre todo, en lo que omiten, Fowles crea una atmósfera opresiva y claustrofóbica, manejando muy sabiamente el suspense y haciendo que no podamos dejar de leer a lo largo de esta historia que, en mi opinión, no solo trata sobre el control, las parafilias y la psicopatía, sino también (y no en segundo término) sobre la soledad, la incomunicación y el egoísmo.

 

John Fowles nació en Essex en 1926 y falleció en 2005, tras pasar 17 años sufriendo los efectos de un apoplejía. En su juventud fue profesor de lenguas en Francia y en Grecia. Pero a partir de 1963, el triunfo de El coleccionista le permitió dedicarse plenamente a la escritura. Además de esta novela, firmó otra muy célebre, también llevada al cine: La mujer del teniente francés. ¿Recuerdas aquella película de Karel Reisz, con guión de Harold Pinter?

Eggar y Stamp en la película William Wyler

En cuanto a la adaptación de El coleccionista, es una de las últimas películas del gran William Wyler, con un joven y perturbador Terence Stamp y una tremendamente expresiva Samantha Eggar. Seguro que la has visto, porque tuvo, como el libro de Fowles, un enorme éxito e, igualmente, fue convertida por el tiempo en un título de culto.

Eso en cuanto a versiones reconocidas, porque, si afinamos un poco, El coleccionista viene a ser la madre de muchísimas historias desasosegantes que nos han contado el teatro, el cine y la literatura. Piensa en Átame, en Palabras encadenadas o en una de las más recientes: Mientras duermes.

Así pues, para esta semana, la propuesta de La buena letra es un libro fundacional y una novela inolvidable: El coleccionista, de John Fowles, recién rescatada en Barcelona por Sexto Piso Editorial, 292 páginas de suspense, inteligencia y sensibilidad.

(Si quieres escuchar el podcast de esta semana y averiguar, además, cómo y por qué desrecomendamos Eva Luna, de Isabel Allende, pincha aquí).


Acciones

Information

2 responses

30 09 2012
Paula Nogales

Ay, Alersi, qué tiempos. “El coleccionista” fue una de las primeras novelas que leímos en inglés los estudiantes de Filología del entonces llamado Colegio Universitario de Las Palmas (CULP), perteneciente al Cabildo de Gran Canaria (o tempora, o mores…), apéndice de la ULL, antes de que naciera o dejaran nacer a la ULPGC. Magnífica novela, donde Freddy – Calibán no soporta ver el reflejo de sus carencias en su admirada – Miranda…
Y en español, en una edición de bolsillo que no logro recordar (la imponderable Reno, imprescindible en tiendas de aeropuertos, o bien Orbis años 70-80, en rústica caballería…), la leyó mi padre por recomendación mía, y puedo decir que bien que le gustó. Prueba superada.
Así que “El coleccionista”, aparte de su calidad innegable y de ser pionera en un campo ahora bastante trillado, es una novela que me traslada a épocas lejanas cual magdalena de Proust. Alabado sea Fowles, su torre de ébano, la mujer del teniente francés, aristos, el libre albedrío, el mago, la elegancia, la cultura.
Un abrazo,
Paula Nogales.

1 10 2012
Alexis Ravelo

Muchas gracias, Paula y me alegro de que haya sido para ti una magdalena de Marcelo. Yo gasto una edición de principios de los noventa, de Círculo de Lectores por cesión de Plaza y Janés traducida por Federico López Cruz (no es mala traducción, pero las traducciones también envejecen). Llevaba algún tiempo queriendo recomendarla, pero no había ninguna edición disponible en el mercado, por eso me he alegrado de este rescate. Me recuerdas que me dejé atrás algunas referencias literarias que hay en la novela. Aparte de Shakespeare y “La tempestad”, es un momento importante ese en el que discuten sobre “El guardián entre el centeno”.
Aparte de eso, este fin de semana he vuelto a ver la película de Wyler. El trabajo de expresión corporal de Terence Stamp es impresionante. Este hombre, que fue el angelical Billy Budd de Melville, consigue realmente parecer monstruoso.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s




A %d blogueros les gusta esto: