Guerra avisada: La estrategia del pequinés en Alrevés

6 10 2012

Hace unas semanas anuncié aquí que ya estaba lista la cuarta entrega de la Serie Eladio Monroy, Morir despacio, que estará en el mercado, muy probablemente, el mes que viene, editada por Mercurio Ediciones, pero siempre con edición cuidada por Jorge Liria, que creyó en Eladio Monroy antes que nadie y en este novelista que soy yo antes incluso de que lo fuera.

Ahora ya puedo compartir, porque la editorial ya lo ha hecho público, que en febrero aparecerá La estrategia del pequinés en Alrevés Editorial.

Como comprenderás, siento la misma ilusión que un niño chico a mediados de diciembre, cuando piensa en vacaciones, dulces  y Reyes Magos, porque Alrevés tiene un catálogo interesante e independiente, en el que hay títulos de Víctor del Árbol, Susana Hernández, Gonzalo Garrido, Luis Gutiérrez Maluenda, Leo Coyote o el MAESTRO (sí, con mayúsculas y con todas las letras) Andreu Martín, al cual va a incorporarse ahora nada menos que Carlos Quílez.

La estrategia del pequinés es una novela dura, violenta y crítica. En ella aparecen pocos policías y, de estos, la mitad son corruptos. Es una historia sobre perdedores protagonizada por traficantes, parados de larga duración y prostitutas ambientada principalmente en Gran Canaria, cuya imagen no me canso de mancillar, con la misma fruición con que mancillan sus cuerpos los amantes. No va de resolver misterio alguno. Va, más bien, de saber quién será el próximo en estirar la pata.

Por ahora no cuento más. En febrero, cuando aparezca en el mercado, ya daré algunos detalles más acerca de este título, pero me apetecía compartir contigo, que sigues este blog y sé que a veces lees mis libros, esta noticia, más que nada porque me apetecía, aunque también para que luego no puedas decirme que no te lo dije.

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¿Acaso no matan a los caballos?

6 10 2012
 —Siempre mañana –dijo ella–. La gran oportunidad siempre es mañana.

Horace McCoy. ¿Acaso no matan a los caballos?

Cuando en algún debate surge la pregunta sobre qué es la novela negra, por qué se dice de este tipo de libros que para ser buenos deben estar escritos con las tripas, amigos escritores, aficionados al género y yo mismo acabamos siempre mencionando algunos títulos que ejemplifican esta forma de entender el género y, al mismo tiempo, demuestran que el género pulp no tiene nada que envidiar a la supuesta literatura de peso, que las novelas de crímenes pueden ser alta literatura. Entre esos títulos están Cosecha roja, 1280 almas, El cartero siempre llama dos veces y la devastadora novela que te traigo esta semana: ¿Acaso no matan a los caballos?, de Horace McCoy.

¿Acaso no matan a los caballos?, de Horace McCoy, Punto de Lectura, 160 páginas.

They Shoot Horses, Don’t They? (publicada originalmente en 1935 y que en España conocemos por la aún vigente traducción de Josep Rovira Sánchez) es la historia de Robert y Gloria, dos chicos que se conocen por casualidad en Los Ángeles, adonde ambos han ido para intentar trabajar en el cine. Por supuesto, no han tenido suerte (los personajes de estas historias nunca la tienen) y sobreviven a salto de mata, con más hambre que ilusión y más agotamiento que esperanza.

Gloria ha oído hablar de un concurso de resistencia de baile: el premio son mil dólares, pero, lo que más les atrae es la perspectiva de comer gratis mientras dure el concurso y la remota posibilidad de que algún productor los descubra.

Por supuesto, la realidad es más dura. En pocas páginas, ambos personajes, junto con otros concursantes, van a iniciar un descenso al infierno: deben bailar sin cesar, duermen sin dormir más de quince minutos seguidos, comiendo sin dejar de moverse, enfrentándose a pruebas sorpresa brutales para satisfacer a un público ávido de asistir al espectáculo del dolor ajeno para olvidar el propio.

La estructura de la novela es la de una sentencia dictada contra Robert, a lo largo de la cual una analepsis (esto es, un flash-back) nos mostrará cómo ha llegado hasta ahí, cómo vivió esos días junto a Gloria, esa muchacha que, antes de conocerle, ya había renunciado a la esperanza, pero también a la hipocresía.

Esta una novela dura, lacerante, contada de manera muy concisa y rápida se inserta perfectamente en la cultura de la sospecha y en la más genuina crítica a la sociedad capitalista: esos bailarines forman parte de una metáfora de un sistema que cosifica a los seres humanos, despojándoles de lo mejor que pueden dar como personas y apelando a sus más bajas pasiones.

 

Este concurso de resistencia de baile es ficción, pero está inspirado en algunos que fueron muy populares durante la Gran Depresión. Tras la muerte de un concursante en plena pista de baile, la presión de las ligas reformistas (también duramente criticadas por McCoy) haría que las autoridades acabaran prohibiéndolas.

 

Horace McCoy nació en 1897 y, como muchos grandes de la novela negra de esa época, ejerció diversos oficios oficios: vendedor de periódicos, aviador, cronista deportivo y guionista de cine. Comenzó a escribir novelas pulp en los años veinte, y aparte de esta, es muy de destacar Los sudarios no tienen bolsillos.

 

La versión cinematográfica de esta novela la firmó Sidney Pollack en 1969 con un reparto encabezado por Jane Fonda, Michael Sarrazin y Susannah York, en el cual había grandes secundarios del cine norteamericano, como Gig Young, que obtuvo el Oscar por su interpretación de Rocky, el maestro de ceremonias. La cinta, que compartía título con la novela, fue llamada en España Danzad, danzad, malditos y aunque modifica algunos detalles del argumento, capta perfectamente el espíritu y el mensaje de esta novela que no puede faltar en ninguna buena biblioteca, una joya breve, lacerante e inolvidable.

 (Si quieres escuchar La buena letra de esta semana, así como La butaca, la sección de cine de Francisco Melo Junior, y, de paso, saber cómo y por qué desrecomendamos La noche es virgen de Jaime Bayly, pincha aquí).








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