Los Borbones: un soneto de Graciliano Afonso

28 04 2013

El domingo por la tarde: esos ratitos tontos en los que uno puede aprovechar para ver una comedia  en la caja boba, dejarse llevar por la nostalgia de los buenos amigos y revisar antologías poéticas.

Hoy he hecho esas tres cosas: dan La fiera de mi niña en TCM, me he acordado de Antonio Becerra (que ha llevado su movilidad exterior a Ecuador), y, por eso, he terminado repasando su Antología poética de Gracialiano Afonso (Academia Canaria de la Lengua, 2007).

Gracialino_Afonso

Entre los poemas sin datar de este poeta, traductor y teórico que vivió entre 1775 y 1861, he vuelto a encontrarme con este soneto, creo que no muy conocido, y que ofrezco aquí a tu consideración para solaz, esparcimiento y enriquecimiento (quiéralo el Cielo) de futuras generaciones:

Los Borbones

 
Decrépito un Borbón alza en el Sena
El férreo cetro con caduca mano,
Y al pie del trono que erigió el britano
A los nobles franceses encadena;
 
Perjuro otro Borbón, de angustia llena
Al inocente infeliz napolitano,
Y otro Borbón en el recinto hispano
Labra, aunque en vano, la servil cadena:
 
El averno abortó a los Borbones
Para usurpar al hombre sus derechos;
Pero, ¡estirpe orgullosa!, no blasones
 
Esclavizar al mundo con tus hechos,
Pero esos hierros que forma y eslabones
Puñales son, que pasarán sus pechos.
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Hacia John Berger

27 04 2013

John Berger es uno de los autores más singulares que conozco. Guionista, crítico de arte, artista plástico él mismo, marxista (o más bien marxiano), tolerante y transgresor, compone novelas caleidoscópicas en las que establece un juego dialéctico constante con el lector, el cual se siente atrapado en muy pocas líneas en su discurso.

Hacia la boda, de John Berger, Madrid, Alfaguara, 187 páginas.

Hacia la boda, de John Berger, Madrid, Alfaguara, 187 páginas.

En Hacia la boda -una novela de 1995 que Alfaguara rescató este año–,  Berger nos cuenta la historia de un viaje. O de varios viajes. Desde distintos puntos de Europa, los padres de una chica van hacia la boda de su hija, Ninon, que tendrá lugar en Italia, en un pueblito en el valle del Po. Así que desde, Francia y en moto, y desde Eslovaquia y en guagua, el padre, Jean, y Zdena, la madre, emprenden simultáneamente ese viaje simétrico a través de Europa, en el que se encontrarán con personajes e historias singulares: unos adolescentes anarquistas que forman un grupo de piratas informáticos, el coordinador de una enciclopedia que ha acabado siendo taxista, o unos peculiares constructores de reclamos para aves, que no se los venden a cazadores.

Con un cambio constante de focos de interés, con un dominio exquisito de las diferentes voces narrativas que hacen fluir siempre el texto hacia delante, hacia esa boda peculiar entre Ninon, hija de un ferroviario y una científica, y Gino, el hijo de un chatarrero, Berger compone una obra intensa, compleja y, sin embargo, leve en una primera lectura, en la que nos cuenta la Europa de los años noventa: la confusión en el Este tras la caída del Bloque Soviético, la no menos confusa posmodernidad como expresión de la globalización, el SIDA como estigma y como enfermedad mortal, y la construcción de una nueva Europa. Y, al mismo tiempo, estos temas tocan los asuntos más clásicos: el amor, la amistad, la lealtad, el miedo a la muerte y la afirmación de la vida en el hecho de reunirte, simplemente, con los seres amados y disfrutar junto a ellos de las cosas sencillas.

Todo eso con una prosa ágil, de frase corta y ritmo constante, plagada de ideas poderosas. Y partiendo de un guiño a la literatura clásica, porque el narrador original, que engloba a todos los otros narradores del texto, es un invidente que vende iconos en una plaza de Atenas. Nuestro humilde Homero va integrando en su discurso a los diferentes personajes, formando esa amalgama de historias, temas y perspectivas mediante una mágica omnisciencia otorgada por su ceguera.

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John Berger nació en Londres, en 1926. Estudió Bellas Artes (fue alumno de Henry Moore) y comenzó como artista plástico y crítico de arte en periódicos como el Tribune (a las órdenes de George Orwell), pero a partir de los treinta años se dedicó principalmente a la escritura. Su primera novela, Un pintor de nuestro tiempo, contaba en primera persona la historia de un pintor húngaro exiliado en Londres. Hubo quien pensó que no era una novela, sino un verdadero diario y un mes más tarde fue retirado de las librerías por una liga anticomunista.

Combinó la narrativa con la crítica de arte y el ensayo, siempre con una orientación marxista y siempre polémico. En 1965, por ejemplo, publicó Fama y soledad de Picasso, que causó una gran controversia porque se le tachó de irrespetuoso y hasta de grosero. Sin embargo, hoy está considerado como uno de los mejores libros sobre la obra del pintor malagueño.

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En 1972 la BBC hizo una serie documental a partir de un libro de Berger: Modos de ver, que se ha convertido en un clásico de la crítica de arte, marcando a varias generaciones de críticos. Y, justo ese año, ganó el premio Booker por G. Esta es una de esas novelas inclasificables, pero que hay que leer obligatoriamente si uno es amante de los buenos libros. Una novela río exquisita muy difícil de superar y que, desde mi punto de vista, constituye su libro imprescindible.

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También es muy célebre la trilogía De sus fatigas, compuesta por las novelas Puerca tierra, Una vez en Europa y Lila y Flag, que tratan sobre la desaparición de la clase campesina.

Ahora, entre los ecos de los grandes lanzamientos, entre el ruido mediático de los famosos de la tele que irrumpen en las ferias del libro, quizá se momento para afinar el oído e intentar escuchar la voz de este grandioso y personalísimo autor británico de 87 años que está volviendo a editarse en España y cuya obra jamás ha pasado de moda. Y lo mejor podría ser empezar por esta novela breve y fascinante: Hacia la boda, 187 páginas plagadas de historias que al fin, son solo una: la que hacemos, día a día, todos juntos.

[Aquí el podcast del programa, hacia el minuto 55. También reseñamos la aparición de Chat, de Moisés Morán Vega, y de La piel de la lefaa, de Juan R. Tramunt. Y hablamos del Premio de Literatura Europea, concedido a John Banville].





Abril. 23. Día del Libro y algunas citas más

23 04 2013

Es abril. Sí, ese mes de locos para libreros y floristas. También para escritores y jardineros.

Como tengo varias citas en las próximas fechas y no sé si tendré siempre la oportunidad de avisar con tiempo aquí, ahí van algunas, para que no digas que nunca aviso, y por si tienes tiempo, oportunidad y ganas de que nos encontremos.

La primera es hoy mismo, 23 de abril. Ya sabrás que ofrecí mi silla a otra persona, pero esta declinó mi invitación, así que mañana estaré en La Librería del Cabildo Insular de Gran Canaria (calle Cano), de 17:30 a 18:30. Habrá, además, otros muchos autores y se celebrará una lectura poética con acompañamiento musical. No sé si va a haber cerveza, pero creo que es lo único que nos falta.

Portada de Fernando 'Montecruz'

Portada de Fernando ‘Montecruz’

Luego, a partir de las 20:30, en Cosecha 64, compartiré firma con Carlos Álvarez y La Señora Beatriz de Bobadilla, Señora de Gomera y Fierro. Como no tenemos flores, invitaremos a cava a quienes adquieran ejemplar.

cosecha

Como Morir despacio no ha sido aún presentado en Tenerife, cumpliremos con ello la próxima semana, en la Feria del Libro, el 1 de mayo, a las 13:00, en el Parque García Sanabria. Estaré acompañado de nuestro rebelde en la Isla Picuda, Javier Hernández Velázquez, hombre peligroso donde los haya.

La estrategia del pequinés, Barcelona, Alrevés, 312 páginas.

La estrategia del pequinés, Barcelona, Alrevés, 312 páginas.

Esa misma semana, el sábado 4 de mayo, a las 13:00, se presenta La estrategia del pequinés en Barcelona. Por supuesto, en Negra y Criminal. Y mi padrino será, nada más y nada menos, que el maestro Andreu Martín. Permítanme otros amigos que diga esto sobre el hecho de que me presente Andreu: es como si me hubiera portado bien y los Reyes me hubieran traído todo lo que pedí.

El martes 7 de mayo,  a las 19:30, repetimos cita con La estrategia del pequinés, pero esta vez en Madrid, en la Librería Estudio en Escarlata y acompañado por el compañero Paco Gómez Escribano, a quien aún no conozco en persona y a quien ya le debo tanto.

Y vuelta a Tenerife, porque La estrategia del pequinés se presentará en el MAC (sí, en la calle Robayna, junto a Librería La Isla), el 14 de mayo. Esta vez el presentador es Eduardo García Rojas, ese señor que nos orienta en El Escobillón y a quien me unen lecturas, cine y unas cuantas enriquecedoreas tertulias.

De aquí a junio (estaré también en la Feria del Libro, a mediados de mes) hay talleres, un Congreso de Jóvenes Lectores, las Jornadas de NNegra de Arona, la presentación de Nela, de Rayco Pulido Rodríguez, una mesa en Café D’Espacio, encuentros en Librería Sinopsis y firmas en la Feria del Libro de Las Palmas de Gran Canaria. Pero de todo eso ya iré avisando en su momento. Por lo pronto, si vives en Barcelona, Madrid o Tenerife, por favor, no dejes de hacerme un hueco en tu carné de baile.

Y si vives en Las Palmas de Gran Canaria, nos vemos hoy en La Librería del Cabildo. 17:30. Seré el tipo calvo con un boli.

Feliz Día del Libro. Feliz Sant Jordi.





Gallina que canta, gallina que pone

21 04 2013

Es domingo por la noche y mi pareja no está. Así que me voy a poner un poco autobiográfico. No demasiado. Diez minutitos. No más. Lo prometo.

Imagen original de Fernando Montecruz.

Imagen original de Fernando Montecruz*.

Nací en 1971 en el barrio de Escaleritas (en la zona más humilde, la de los bloques del Patronato Francisco Franco) de Las Palmas de Gran Canaria. Soy el menor de los tres hijos de Josefa Betancor Santana y José Ravelo del Rosario, una modista y un recepcionista de hostal (él antes había sido cambista de novelas, escribiente y hasta marinero). Ya sabes, aquellas familias que tenían una Biblia y una enciclopedia Acta 2000 comprada a plazos, esas familias de bocadillo de aceite y azúcar y cine de barrio cuando se podía.

Cuando acabé la Educación General Básica yo quería estudiar periodismo (había visto Lou Grant). Pero en mi ciudad no había universidad aún y mi familia nunca hubiera podido pagarme una carrera. Así que mis padres me sentaron en el recibidor y me dijeron que no podía estudiar BUP y COU, que sería mejor que estudiara FP, construcciones metálicas. Si me convertía en un buen soldador, mi padre quizá podría conseguirme un trabajo en los muelles, como calderero. Yo también había visto Calderero, sastre, soldado, espía, así que lo intenté. Igual me reclutaba el Foreign Office. Pero los reclutadores no aparecieron, mi torpeza alimentó mi desinterés y poco tiempo más tarde ya estaba trabajando en bares, poniendo copas y metiendo dinero en una casa que abandoné antes de cumplir los 18. Lo único que me llevé siempre de una casa a otra en las muchas mudanzas que siguieron fueron mis libros, comprados de segunda mano o robados. Eso y el cariño de mis amigos, porque unos y otros eran lo único que me sacaba espiritualmente de la miseria material que me rodeaba.

Durante años, procuré darme una formación mientras ponía copas (no voy a mentir: también me bebí algunas, mezcladas con otras sustancias igualmente deleznables). Hice mi bachillerato, oposité (aprobé alguna oposición, pero jamás conseguí plaza) y asistía a talleres siempre que podía. Finalmente, accedí a hacer la carrera de Filosofía Pura en la UNED. No la acabé, por diversos motivos entre los que se incluyen los económicos, pero me encantaba.

Al mismo tiempo (para mi desgracia) iba aprendiendo que más vale decir lo que tienes que decir aunque eso suponga que vas a morirte de hambre; que a los poderosos no se les repeta, se les vigila; que no valía la pena dedicarte a este oficio si tenías que ir por ahí lamiendo culos y mendigando subvenciones, y agarrándote pataletas si no te las daban, que era lo que se estilaba en épocas pasadas. En los últimos 15 años en la hostelería, conocí a muchos escritores mayores que yo que fueron muy benévolos y generosos conmigo. Muchos de ellos me ayudaron: me permitían participar en las revistas que ponían en marcha, me animaban a continuar, o se ofrecían a presentar mis primeros pinitos literarios. Carlos Álvarez, Dolores Campos-Herrero (ella, hoy fallecida, una vez me llamó francotirador, y ese ha sido el elogio más lindo que nadie me haya hecho), Emilio González Déniz, Antolín Dávila, Eugenio Padorno o Alicia Llarena (Alicia no es mucho mayor que yo, pero ya gozaba de prestigio), se cuentan entre otros muchos.

Al fin, tuve suerte: gracias a la intermediación de Antonio Becerra (que me ha enseñado las mejores cosas que he aprendido) un día publiqué una novela con una pequeña editorial que empezaba. No teníamos (ni el editor ni yo) dinero para promociones, ni hubo gran impacto en los medios de comunicación ni contábamos con apoyo institucional. Sin embargo, la novela se vendió bien y empezó a tener buenas críticas. El público la respaldó y, sin que nosotros lo supiéramos, los profesores de enseñanza media comenzaron a recomendarla como lectura a alumnos a quienes además les gustaba. No había trampa ni cartón, no había apoyo institucional, sino una comunicación inmediata entre texto y lectores. Si hay algo de lo que esté orgulloso es precisamente de eso.

A partir de entonces, seguí publicando libros. Unos con mayor éxito que otros. Pero uno nunca ha de quejarse: hay que tener humildad para aceptar los fracasos. Igual que hay que tener humildad cuando algún gestor no cuenta contigo para un evento: a veces es cuestión de medios materiales; otras se trata, simplemente, de que no das la talla (y hay que aceptarlo). Hubo, por ejemplo, algún encuentro de novela negra al cual no fui invitado. Hubo, también, campañas institucionales en las que se usaba dinero público para traducir a autores canarios a otros idiomas. Nunca me quejé, porque quizá alguien hubiera podido decirme (acaso no sin razón) que mis obras no estaban a la altura.

En cualquier caso, a partir de que dejé la hostelería para dedicarme a la escritura, muchas veces las instituciones me hicieron encargos. No muchos, pero sí interesantes: talleres literarios, actividades de animación a la lectura, etc. Cosas en mi opinión útiles a la ciudadanía. Jamás en mi vida pedí una subvención o una beca “para desarrollar mi obra” o solicité que alguien publicara mis obras con dinero público. Siempre he pensado que ese uso del dinero público para el lucimiento personal es muy poco serio y mucho menos ético.

Tampoco tuve nunca que dejar de decir lo que pensaba en política para que una determinada institución me hiciera un determinado encargo. Nunca fui vocero de partido alguno ni mentí sobre mis convicciones para que me dieran trabajo.  Y, si sigues este blog, sabrás cuáles son esas convicciones políticas. Eso supuso que algunas instituciones no me llamaran para trabajar, pero que, cuando alguna solicitaba mis servicios para aportar un texto a un volumen, impartir un taller o diseñar una actividad de dinamización lectora, era porque realmente pensaba que era una persona competente para esos fines y, en cualquier caso, sabía que llamaba a una persona independiente que no se callaba ni debajo del agua. Y en esto incluyo a la izquierda, a la derecha, al nacionalismo, a los Rosacruces y a la Santa Inquisición.

Hace un par de semanas, Cristian Jorge Millares, de la Librería del Cabildo Insular de Gran Canaria, se puso en contacto conmigo para invitarme a una firma colectiva de libros el 23 de abril. Me consta que el año pasado, en ocasión similar, intentó contar conmigo, pero no le fue posible porque yo no entraba en el programa. Eso no me molesta. De hecho, esos días son días de locos para mí, como para la mayoría de mis compañeros. Estar activo, trabajando y creando tiene esos inconvenientes que, por otro lado, aparejan el agradable contacto directo con los lectores, esas personas que deciden emplear su tiempo en escuchar lo que dices. Este año, en concreto, tengo un taller, una entrevista radiofónica y otra firma de libros en otra librería. Pero acepté gustoso la invitación, porque Librería del Cabildo solo tenemos una y porque, qué carajo, hay invitados compañeros a los que hace mucho que no veo.

Sin embargo, hoy me sorprendo al leer este texto de Luis León Barreto. Precisamente de Luis León Barreto. Al parecer, está molesto porque no ha sido invitado a firmar. Habla de sectas, de elegidos, de cainismo y de no sé qué problema que tuvo con Luz Caballero. Personalmente, creo que Luis se equivoca.

Es más, este exabrupto suyo (y otros recientes) me recuerdan a aquellas malicias infantiles, cuando a alguien se le escapaba un gas en la fila y, para ahuyentar sospechas, procedía a quejarse del mal olor. En esos casos, el resto de la clase ponía en evidencia su argucia  con un sencillo y eficaz estribillo: “Gallina que canta, gallina que pone”. Porque la verdad es que entre mis compañeros de generación y entre otros autores mayores (los antes mencionados y muchos otros más) no observo esas luchas cainitas, muy características, eso sí, de la época en que él estaba en la cima.

De hecho, observo todo lo contrario: un trato cordial y bastante generoso. Nos alegramos de los éxitos ajenos e incluso, si podemos, contribuimos a ellos. Apoyamos, siempre que podemos, a los que van empezando y respetamos muchísimo el trabajo de los demás. Por mi parte, desde estas y otras tribunas, hablo siempre que puedo de libros canarios y hablo bien de ellos si se lo merecen. Si no se lo merecen, prefiero siempre guardar un discreto silencio, porque no me gusta mentir a mis lectores, pero también sé (me atrevería a decir que lo sé mejor que nadie) lo difícil que es abrirse camino en la vida disparando letras.

No obstante, como ya le he comentado al interesado en su propio blog, creo que la polémica tiene fácil solución. Ya que el problema es un problema de espacio físico, cedo muy gustosamente mi turno a Luis León Barreto. Es el turno de 17:30 a 18:30. En la Librería del Cabildo. Así yo dispondré de una hora libre en ese día tan ajetreado para repasar mis clases o incluso tomarme un café con algún amigo y Luis disfrutará de ese puesto que, al parecer, él se merece.

Se me han acabado los diez minutos de autobiografía. Para cotilleos, ya ha habido de sobra. Ahora leeré un rato antes de dormir. Hoy me apetece algo canario. Algo de Santiago Gil, de Ángeles Jurado, de Pepe Correa, de Antolín Dávila, de Paula Nogales, de Carlos Álvarez, de Antonio Lozano, de González Déniz, de Leandro Pinto, de González Ascanio, de Víctor Ramírez… No lo sé, hay tanto y tan bueno donde elegir.

* La imagen que ilustra este post es del gran Fernando Montecruz, quien me la regaló hace unas semanas y me autorizó a utilizarla si yo lo creía oportuno y se daba una oportunidad conveniente. Sí, fue un regalo. Para que luego hablemos de cainismo entre creadores canarios.




Criatura nueva: Dácil, princesa de Taoro

17 04 2013

Dácil, princesa de Taoro,  un romance en medio de la Conquista de Tenerife.

Dácil, princesa de Taoro. Ilustrado por Javier Arres. Colección BICI. Beginbook Ediciones. 44 páginas.

Dácil, princesa de Taoro. Ilustrado por Javier Arres. Colección BICI. Beginbook Ediciones. 44 páginas.

Por tanto, es una historia de guerra y de amor: el enfrentamiento entre los castellanos y los guanches de Tenerife; el romance de Dácil, hija del Quehebi de Taoro, y Gonzalo del Castillo, oficial a las órdenes del ambicioso Alonso Fernández de Lugo. Un romance que nace en la laguna de Aguere y que crece en medio de las cruentas batallas que marcan la conquista de Tenerife, especialmente las dos batallas de Acentejo.

Como todas las grandes historias de amor y de guerra (Dido y Eneas; Romeo y Julieta; Pocahontas y Smith), esta historia fue contada ya por los clásicos. En este caso, por nuestro clásico más clásico: José de Viera y Clavijo, quien habla de ella en el Libro IX de su Noticias de la Historia General de las Islas de Canaria. Reparé en ella hace más de una década, por una referencia en un artículo de Agustín Espinosa y una conversación con Antonio Becerra, sobre la utilidad estética de la comunicación entre leyenda e Historia, pero únicamente me senté a escribirla hace un par de años, inspirado por la idea de que los temas que invocaba (la lealtad, la tolerancia, el pacifismo, la pasión…) podían servir de hilo conductor para que los lectores más jóvenes se acercaran así, a través de la leyenda, a un episodio fundamental en la Historia de Canarias.

Ahora, aparece en la Colección BICI (circunstancia que me honra, porque figura junto a títulos de autores que admiro, como Félix Hormiga y Pepa Aurora), ilustrado por Javier Arres, un artista joven, de modos nuevos e inédita frescura.

La publicación coincide con el bicentenario de ese coloso del saber y la literatura que fue José de Viera y Clavijo. Él escribió para niños e intentó enseñarles deleitando, divulgar  entre ellos entre ellos el conocimiento con modos amenos y sentido del humor. Guardo la secreta esperanza de que no hubiera visto con malos ojos este intento.

Así pues, ahí está: Dácil, princesa de Taoro, un libro destinado a lectores a partir de diez años, planteado como una iniciación en Viera y Clavijo y en la Historia de Canarias, pero, principalmente, como una historia de aventuras, amores y antibelicismo, para leer y disfrutar en familia. Porque, ya sabes: la familia que lee unida…





Toda la sangre es roja

16 04 2013

No necesitas entrar aquí para saberlo: ayer tuvo lugar un terrible atentado en la maratón de Boston con tres muertos un centenar largo de heridos, hasta ahora, entre personas que estaban participando en un evento deportivo o asistiendo a verlo.

Más difícil será que sepas (porque el suceso no ha tenido tanta cobertura) que también ayer hubo una treintena de muertos en una cadena de atentados perpetrados por Al Shabab.

Puedo entender que hubiera más cámaras en Boston, que haya mejores canales de comunicación o, incluso, que (lamentablemente) África nos tenga tan acostumbrados a las noticias sangrientas que ya estemos anestesiados. Lo que no puedo entender es el texto de estos dos tuits de Manuel Marlasca:

marlasca

Por un lado, me desagrada el etnocentrismo de Marlasca. Puedo entenderlo, pues todos tenemos nuestros prejuicios y nadie está libre de una visión del mundo que sitúa su cultura (en sentido antropológico) como unidad de medida, aunque no deja de parecerme lastimoso su doble rasero. Marlasca puede decir que hay más datos o más imágenes disponibles de los atentados de Boston o, simplemente, que tiene más impacto (cosa ya de por sí éticamente lamentable, pero con cierta justificación desde la lógica o el pragmatismo). No obstante, cuando alguien da por hecho que unos muertos duelen más que otros a quienes somos informados por él, nos está haciendo partícipes de sus propios prejuicios.

Pero más me enoja el otro tuit, el que afirma que quienes queremos ser informados también sobre los atentados de Somalia nos alegramos de los atentados de EEUU. Esto es un insulto a aquellos lectores, radioyentes y espectadores que únicamente deseamos estar lo mejor informados posible. Si a Manu Marlasca no le interesan los muertos de Somalia, eso no quiere decir que quienes sí estamos interesados por lo que ocurre en el continente vecino nos alegremos de los atentados en Boston. Esa suposición constituye una infamia que expone la baja catadura moral de quien la expresa. Porque quienes vemos televisión, leemos prensa o escuchamos radio (esos que, según parece pensar Marlasca, solamente estamos interesados en Boston) normalmente sabemos bien que da igual el sexo, la edad, la religión, el color de la piel o la lengua que se hable: la sangre de todos los seres humanos es del mismo color, y a mí, como ser humano, me duele su derramamiento, allá dónde ocurra.

Hoy, por cierto, otro Manu, Manu Brabo, ha recibido el Premio Pulitzer por sus fotos sobre el conflicto sirio, que, infiero de sus tuits, no interesarán al jefe de Investigación de La Sexta Noticias, ya que fueron tomadas en ese “otro” mundo, más lejano (no sé si geográfica, cultural o espiritualmente) donde la sangre debe de ser de algún color diferente al rojo y no resulta, al parecer, tan relevante.

Sigo habitualmente La Sexta, sobre todo por sus servicios informativos o programas como Al rojo vivo o Más vale tarde, donde Manuel Marlasca interviene. Hasta ahora había pensado que era una persona con la cabeza bien amueblada y el corazón en su sitio. Dos cualidades que debería tener, en mi opinión, todo buen periodista. Y quizá ni siquiera sean necesarias las dos. Quizá baste solo con la primera.

No me voy a preguntar dónde tiene el corazón Manuel Marlasca. Lo que empiezo a preguntarme es dónde diablos tiene la cabeza.





A ver si aprendemos

13 04 2013

Ayer me di una pequeña (o gran) alegría: la de poder participar en la entrega de premios del Primer Concurso de Relatos Cortos, convocado por la Asociación Sociocultural Drago de Sataute.

Foto: Sinforiano Quintana Segura

Foto: Sinforiano Quintana Segura

No se trata de uno de esos premios con gran dotación económica, ediciones de lujo y editoriales ocultas tras la convocatoria, sino de un concurso convocado entre estudiantes de los IES del municipio de Santa Brígida (el ámbito de actuación de esa asociación), con el objetivo de estimular la creatividad e incentivar el acercamiento de los adolescentes a la literatura.

Hubo, entre otras, dos cosas que me sorprendieron. La primera, el ambiente limpio, cordial y acogedor de este grupo de activistas culturales (sí, activistas) que regalan su tiempo y su esfuerzo a su comunidad. Ellos son lo mejor que puede ser un grupo de ciudadanos: sociedad civil en movimiento. La segunda, la inesperada calidad de los relatos premiados: “El pájaro de fuego”, “Los últimos recuerdos” y “Así de fácil” (no dispongo, en este momento, de los nombres de los autores y autoras de estos cuentos y siento mucho reparo en molestar a los miembros de Drago un sábado por la mañana para que me los facilite).

Si “Así de fácil” es un brevísimo texto sobre la crueldad, el sentimiento de inferioridad y la culpa, y realiza una indagación psicológica con profundidad y claridad que envidiaría más de un escritor “profesional”, “Los últimos recuerdos” indaga en el arquetipo del prisionero, del aislado (por motivos políticos, además) y reflexiona sobre la clásica figura de la liberación por el arte. Last but not least, el relato ganador, “El pájaro de fuego” es un relato de gran complejidad estructural, que juega elegantemente con los puntos de vista y exhibe un sobrio manejo de la intriga narrativa, además de describir un fragmento musical de la obra homónima de Stravinski de manera, diría yo, exquisita.

No he podido leer ningún otro del casi medio centenar de textos presentados al concurso, pero para muestra bastan estos tres botones estupendos.

Ahora puede venir cualquiera a decirme que la juventud está perdida, que tiene mucho que aprender y que ya no hay respeto y demás zarandajas. En mi opinión (una opinión que se afirma cada vez que tengo contacto con jóvenes) tienen mucho que enseñarnos a nosotros, los adultos, que nos creemos tan listos y sabemos tan poco.








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