McCoy: el precio de la verdad

6 07 2013
Los sudarios no tienen bolsillos, de Horace McCoy. Madrid, Akal, 203 páginas

Los sudarios no tienen bolsillos, de Horace McCoy. Madrid, Akal, 203 páginas

Como se dice al comienzo de esta novela, al periodista Mike Dolan le hubiera gustado vivir en los días en los que “un periódico era un periódico y se llamaba ‘hijos de puta’ a los hijos de puta y al diablo con las consecuencias (…) No como ahora, con el país repleto de esos pequeños Hearts y MacFaddens que se pasaban el día batiendo los tambores y agitando banderas en sus periódicos y diciendo que Mussolini era el nuevo César (…) y Hitler, otro Federico el Grande (…). Esos solo vendían patriotismo a precio de saldo y nada les importaba un carajo aparte de la tirada”. Por eso, cansado de que su periódico rechace sistemáticamente las noticias que afectan a la imagen de sus anunciantes, decide fundar su propia revista, con la única ayuda de Myra Barnowsky, una chica que le seguirá hasta el fin del mundo, y Eddie Bishop, un fiel compañero de clara tendencia izquierdista.

Juntos, se proponen algo bastante peligroso: contar la verdad. Eso les convierte, a los ojos del lector, en héroes; a los de los poderosos, en una molestia.

Ese es el conflicto central de Los sudarios no tienen bolsillos, escrita por Horace McCoy en 1937 y no publicada en ese país hasta 1948, y ello en una versión mutilada y suavizada.

No es de extrañar. Por un lado, McCoy introduce en esta novela sucesos que, en cine, no hubieran logrado sortear el Código Hays: sexo explícito (incluidos adulterios, promiscuidad y orgías sugeridas), lenguaje malsonante o francamente blasfemo, ataque a la tradición política y religiosa, además de denunciar las simpatías que los fascismos despertaban entre las clases dirigentes norteamericanas antes de la Segunda Guerra Mundial.

Por otro, y probablemente sea esto lo más incómodo, hay una clara denuncia de la censura que ejercen los poderes fácticos en los medios de comunicación. No se trata de un código explícito, sino del amordazamiento del mal llamado “cuarto poder” con un medio claramente el eficaz: el económico.

La línea editorial de un medio de comunicación tiene una sola tendencia: la salud de sus finanzas. No se puede contar un tongo en un partido de baseball, la mala praxis de un médico que es hermano de un poderoso financiero, o la imprudencia temeraria del hijo de un senador, que ha matado con su coche a dos mujeres mientras conducía borracho, si el propietario del equipo, el financiero y el senador son anunciantes tuyos o comparten intereses económicos contigo.

Y si intentas crear un medio de comunicación que lo haga, habrás de tener mucho cuidado, porque no solo molestarás a los poderosos, sino a sus voceros,  a quienes tu actividad libre pondrá en evidencia. Eso lo comprobarán muy pronto Dolan, Myra, Bishop y todo aquel que intente ayudarles en su tarea.

En esta novela salvaje y sincera, no paran de suceder acontecimientos. Los personajes aparecen y desaparecen sin cesar, y la mayor parte de las subtramas son puestas en juego mediante el uso de rápidos y certeros diálogos. Los contrapuntos son algunos momentos especial y paradójicamente poéticos, en los que Mike Dolan agradece la llegada de la lluvia, de esas aguas que prometen venir y arrastrar toda la basura moral que puebla ese mundo clasista e injusto, donde él es una especie de mosca cojonera que va de salón en salón (y de cama en cama), poniendo en evidencia las relaciones de poder que ocultan, como siempre, los velos de la ideología.

 mccoy

Horace McCoy (1897-1955) es aquel cronista deportivo y guionista de cine que escribió también Luces de Hollywood y Di adiós al mañana, pero que es sobre todo conocido por su fascinante y cruel ¿Acaso no matan a los caballos? que inspiraría una película homónima a Sidney Polack (en España se tituló Danzad, danzad, malditos).

Leer a McCoy en la actualidad es regresar a aquella época del hard–boiled que pariría a Hammett, a Cain y, más tarde, a Chandler. Pero, sobre todo, es constatar que las cosas no han cambiado demasiado, que la revolución tecnológica no ha venido acompañada de una revolución ética, que, antes que mitigarse, los mecanismos ideológicos de la opresión se han amplificado, haciéndose cada vez más sutiles y, por ende, eficaces.

Así que esta novela tan dura como amena es una oportunidad excelente para reflexionar sobre el precio de la verdad al mismo tiempo que nos divertimos: Los sudarios no tienen bolsillo, de Horace McCoy, publicada en Madrid por Akal, 203 páginas para disfrutarlas antes de consumir esos bocadillos de ficción ideológica que cada día te venden los mass media. Especialmente recomendada para periodistas a quienes sus jefes no permiten hacer bien su trabajo. Se sentirán identificados.

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4 responses

7 07 2013
Paula Nogales (@paula_canarias)

Me la apunto.
Ayer leí de un tirón 110 páginas del pequinés, la tuve que dejar para cenar, está del quince, Alersi.
Un beso.

7 07 2013
Alexis Ravelo

¡Muchas gracias, guapísima!

7 07 2013
Ruymán

Mi lista de pendientes sigue creciendo sin parar… Creo que voy a tener que dejar de leerte 😉

8 07 2013
Alexis Ravelo

😉

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