Hacia la Semana Negra

8 07 2013

Como uno es un escritor pequeñito y periférico en casi todos los sentidos, se ha pasado media vida soñando con acudir a esos encuentros en donde se reúnen los escritores de verdad, los buenos.  Y como esos sueños son, en realidad, sueños también pequeños, en algunas ocasiones ha podido cumplirse el deseo de estar en encuentros como los de BCNegra, ese milagro que comisaría cada año Paco Camarasa en la ciudad de Carvalho.

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Pero este año, por fin, puedo ponerme pantalones largos y asistir a la XXVI Semana Negra de Gijón, ese evento que parió Paco Ignacio Taibo II cuando yo aún tenía pelo y con el que he soñado desde la primera vez que se me ocurrió que podía escribir una novela y que esa novela podía contener dosis más o menos altas de semen y sangre.

Viajo para allá mañana y muy bien acompañado, porque voy con el equipo de AlrevésSusana HernándezLuis Gutiérrez Maluenda y Víctor del Árbol, siempre bajo el ala protectora de Josep Forment, Gregori Dolz e Ilya Pérdigo y nos encontraremos en Gijón con otros miembros de la familia, como Gonzalo Garrido, nominado al Premio Silverio Cañada, y Carlos Quílez, nominado al Hammett.

Mi mesa es el miércoles por la tarde. Un ratito en el espacio AQ para presentar La estrategia del pequinés con Fran Sánchez. Y luego, finalizando la jornada, una mesa redonda con Víctor, Susana, Luis, Carolina Solé, y Begoña Huertas, coordinada por Ángel de la Calle. Lo digo por si andas por Gijón y tienes un hueco y te apetece. No soy, por cierto, el único canario, porque ese día, casi al mismo tiempo que yo, presenta su Blue Christmas el compañero José Luis Correa.

El resto del tiempo lo voy a aprovechar bien, buscando la cercanía de algunos de mis ídolos y disfrutando de la compañía de varios buenos amigos que sé que ya andan por allí.

Sé que se me va a hacer corto, como siempre se hacen cortos los sueños buenos. Pero a la vuelta habrá crónica aquí. Y puede que hasta fotos.

Así que pásate por aquí el fin de semana, para que pueda contarte. Porque poder pasar unas horas ahí, entre los buenos, es como acostarte con una estrella del rock: está muy bien darte un gustazo, pero es mucho mejor si luego puedes contarlo.

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