Devorar la montaña

16 08 2013

En 1957, el narrador y dramaturgo cubano Virgilio Piñera escribió este cuento, que aparecería en 1970 en el libro El que vino a salvarme:

 montaña

La montaña

La montaña tiene mil metros de altura. He decidido comérmela poco a poco. Es una montaña como todas las montañas: vegetación, piedras, tierra, animales y hasta seres humanos que suben y bajan por sus laderas.

Todas las mañanas me echo boca abajo sobre ella y empiezo a masticar lo primero que me sale al paso. Así me estoy varias horas. Vuelvo a casa con el cuerpo molido y con las mandíbulas deshechas. Después de un breve descanso me siento en el portal a mirarla en la azulada lejanía.

Si yo dijera estas cosas al vecino de seguro que reiría a carcajadas o me tomaría por loco. Pero yo, que sé lo que me traigo entre manos, veo muy bien que ella pierde redondez y altura. Entonces hablarán de trastornos geológicos.

He ahí mi tragedia: ninguno querrá admitir que he sido yo el devorador de la montaña de mil metros de altura.

Pienso con frecuencia en este cuento. Pienso en él cuando alguien me dice que un objetivo es absurdo por imposible. Cuando escucho que hay cosas que no cambiarán jamás, que habría que ser un titán para modificarlas. Entonces recuerdo este cuento de Piñera y pienso que, al contrario, las grandes tareas son labores de hormiga paciente, de escarabajo ignorado, de secreto zapador.

La persona con sentido común que nunca falta entre los mediocres podría pensar que ese hombre que se come la montaña es un loco, un pobre cretino; que la labor es innecesaria, inconmensurable y hasta dañina para quien la ha emprendido. Solo el tiempo podrá dar o quitar razones. En cualquier caso, al hombre que devora secreta y pacientemente la montaña, hay que imaginarlo dichoso por los mismos motivos por los que Camus decía que debíamos imaginar dichoso a Sísifo, pero también por alguno más: ese hombre se ha negado a perpetuar la repetición (subir la piedra, verla caer, volver a emprender nuevamente el ascenso), introduciendo un cambio de signo en la tarea, entablando una batalla contra la montaña. Sí, hay que imaginarlo dichoso o, en cualquier caso, mucho más feliz que a aquellos que se limitan a mirar la montaña y a aceptarla como invencible sin haber intentado enfrentarse a ella. Esos, los razonables, vivirán más plácidamente, pero más ciegos.

Es un tema para pensarlo, acaso, la próxima vez que te digan que las utopías son inútiles, que eres un iluso, un incauto, un desinformado, que tu propósito es noble pero hay cosas que no pueden cambiar. Entonces, recuerda ese cuento, enfrenta la tarea solitaria (o solidaria, porque, en cuanto comiences, comprobarás que no estás solo) de comerte la montaña. Seguro que sabe amarga, pero no tanto como la indiferencia y la resignación.

15M-Madrid


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2 responses

17 08 2013
Miguel

Y me temo que, o nos comemos la montaña, o, no la montaña, si no los que se han apoderado de ella, nos comen a nosotros.
Entre todos es más fácil.
Un abrazo.

19 11 2015
gabriel rivera

es mas grande que el cerro

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