Esas personas, que se ignoran

26 08 2013

manos

A veces la vida no es tan mala porque la bondad de los desconocidos te salva. La empleada de Correos, el cajero del banco, el guagüero o la frutera pueden convertirse en pequeños ángeles que con una sonrisa, una palabra amable o un guiño de complicidad al darte los buenos días te curan de la gestión postal o bancaria, del calor de la guagua atestada, del precio de las manzanas, que han vuelto a subir.

Las revoluciones no las hacen las organizaciones, sino los seres humanos. Y muchas veces, secreta, silenciosa, anónimamente, casi sin percatarse de ello, quien difunde un gesto generoso, quien hace pequeños bienes o, simplemente, se niega a amargar el día a los demás, está sumándose a esa labor de  hormigas que hace que el mundo, pese a sus defectos, continúe funcionando y acaso, poco a poco, mejore.

Por eso, pese a la ineptitud, pese a la maldad, pese a la ignorancia de los poderosos, uno se alivia un poco (solo un poco, pero tan necesariamente) de esos dolores gracias a la existencia de tantas y tantas personas anónimas que, sin saberlo, propagan el bien.

Lo expresó, creo, mejor que nadie, Jorge Luis Borges en su poema “Los justos”, que dice:

Un hombre que cultiva su jardín, como quería Voltaire.
El que agradece que en la tierra haya música.
El que descubre con placer una etimología.
Dos empleados que en un café del Sur juegan un silencioso ajedrez.
El tipógrafo que compone bien esta página, que tal vez no le agrada.
Una mujer y un hombre que leen los tercetos finales de cierto canto.
El que acaricia a un animal dormido.
El que justifica o quiere justificar el mal que le han hecho.
El que agradece que en la tierra haya Stevenson.
El que prefiere que los otros tengan razón.
Esas personas, que se ignoran, están salvando el mundo.

Perdona este arranque de optimismo de lunes de finales de agosto. Es más frecuente la ira, el dolor y el sonrojo, pero, de cuando en cuando, hay que contar que también ves cosas que te hacen confiar en que no todo está perdido, en que aún hay esperanza, en que el ser humano aún puede llegar a tiempo de salvar al ser humano.


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3 responses

26 08 2013
Miguel

Y en cualquier caso, prefiero un optimismo bienpensante a un malintencionado pesimismo.
Un abrazo.

26 08 2013
Alexis Ravelo

Coincido plenamente contigo, Miguel. Un abrazo.

26 08 2013
dulcecobo

Si

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