La mala espera, el buen encuentro

21 12 2013

[Si te apetece escuchar La Buena Letra mientras la lees, solo has de hacer clic aquí. De paso, puedes oír cómo Fortunata devora una hagiografía de Jaime Mayor Oreja, lo que tampoco es paja. Estamos a partir del minuto 39]

Tenía que haber descubierto antes a Marcelo Luján. Me refiero a sus textos literarios. De él había oído hablar muy bien y luego nos habíamos encontrado fugazmente en Barcelona, en Gijón, en Madrid, en encuentros en los que no hubo tiempo de hablar demasiado. No fue hasta hace poco que me senté a leer La mala espera, la novela con la que Marcelo ganó el Premio Ciudad de Getafe en 2009. Ahora sé que esperé demasiado para hacerlo.

La mala espera, de Marcelo Luján, Madrid, EDAF, 227 páginas

La mala espera, de Marcelo Luján, Madrid, EDAF, 227 páginas

La mala espera es una novelaza breve y brutal, de esas que huelen a cenicero y hablan del lado más oscuro del ser humano, una historia bien armada y, sobre todo, muy bien contada.

La protagoniza Rubén, el Nene, un argentino que lleva unos años en Madrid buscándose la vida en negocios sucios. Trabaja haciendo recados para Fangio, un cabecilla (entre otros cabecillas más grandes y más chicos) del crimen organizado. Las labores del Nene van desde fotografiar a empresarios en puticlubs para hacerles chantaje a organizar envíos trasatlánticos de droga. En una de esas, el Nene se ha puesto de acuerdo con Angie, otra de las empleadas de Fangio, para quedarse con las sobras de un envío de cocaína. El momento en el que arranca la novela es este: ya han dado ese palo y el Nene espera, disimulando, a que Angie se ponga en contacto con él para repartirse el dinero. Y, mientras tanto, va a cumplir un encargo de Fangio, que tiene que ver con un prostíbulo controlado por unos rumanos.

Hasta aquí, unos personajes y un argumento clásicos de cualquier buena crook story. Por supuesto, como manda el canon, nada será lo que parece y la historia se dará la vuelta de manera brutal.

Pero hay algo que singulariza esta novela: el punto de vista narrativo, la composición y el estilo que maneja Marcelo Luján convierten La mala espera en una absoluta delicatessen literaria.

Está contada en primera persona, en diez capítulos, cada uno de los cuales es un mazazo de realidad en los que la mente del Nene viaja entre lo que le está ocurriendo en esos días en Madrid (en realidad, el tiempo de ficción es de tres o cuatro días) y su pasado argentino. Y eso hace que la novela crezca con las reflexiones y los recuerdos del personaje, a través de ricos monólogos que se van interpolando en la narración directa.

Luján domina perfectamente el flujo del discurso, que es constante, la técnica del contrapunto, la digresión y el manejo del tiempo, desplegando con naturalidad elipsis, analepsis, digresiones y elementos oníricos que se incorporan al discurso otorgándole una densidad notable.

El resultado es una novela estructuralmente compleja, con una composición cuidada al detalle y un estilo realmente hipnótico que hace que no podamos dejar de leer.

Y eso es una alegría hoy en día, con las librerías plagadas de autores que se han apuntado a la moda de la novela negra pensando que no necesitan estilo ni destrezas especialmente literarias. Disfrutarán mucho La mala espera los lectores de novela negra, pero también aquellos que buscan buena literatura, LI–TE–RA–TU–RA con mayúsculas, en un mercado en el que lo predominante son los textos escritos sin gran pericia técnica, pensando más en la acción que en el estilo.

La mala espera es todo lo contrario y uno la disfruta con ese regusto que da leer a los buenos y siente que si aún se publican cosas así, todavía queda esperanza en medio de tanta mediocridad.

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Marcelo Luján es bonaerense, tiene cuarenta años y vive en Madrid desde 2001. Se ha dedicado especialmente al cuento. De hecho, acaba de publicar en Talentura un libro de cuentos titulado Pequeños pies ingleses. Antes han aparecido libros como Flores para Irene (el primero, que, curiosamente, fue premio Ciudad de Santa Cruz de Tenerife, en 2004) y Arder en el invierno, publicado por Baile del Sol.

Y en este año que termina, publicó su segunda novela, Moravia, editada por El Aleph y de la que no paro de escuchar maravillas.

Pero, por ahora, para leer en estos días en los que hay algo más de tiempo, yo recomendaría esta estupenda primera novela que publicó EDAF en 2009: La mala espera, de Marcelo Luján, 227 páginas que nos reconcilian con la buena literatura.

 


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