Los poemas de Sidney West: un Juan Gelman perfecto

18 01 2014

[Aquí, el podcast de La Buena Letra y La Butaca]

Juan Gelman nos dejó esta semana, a los 83 años, después de una enfermedad larga y dolorosa. Suele ocurrir, en este mundo desordenado y caótico, que muchas personas no descubren a ciertos escritores hasta que son noticia por causa de su fallecimiento. En La Buena Letra ya hablamos de él en abril de 2011, en A Vivir Canarias y creo que el título del que hablamos en aquella ocasión, Sidney West y otros poemas, es el libro perfecto para quienes sientan curiosidad por la obra de este poeta, que es de los más grandes que han dado las letras hispanas.

Sidney West y otros Poemas, de Juan Gelman, Madrid, Visor, 351 páginas.

Sidney West y otros Poemas, de Juan Gelman, Madrid, Visor, 351 páginas.

¿Qué es Sidney West y otros poemas? Pues viene a ser la unión de dos libros cruciales en el desarrollo de la obra de Juan Gelman: Cólera buey, y Los poemas de Sydney West. Te pongo en antecedentes, porque la cosa es algo compleja.

Gelman, argentino, nacido en 1930, hijo de judíos ucranianos, fue autor de militancia, muy vinculado a la izquierda y cofundador en los años cincuenta del grupo poético El Pan Duro, formado por jóvenes comunistas que defendían una poesía de raíz popular y publicaban colectivamente.

Pero, hacia 1963 Gelman fue desvinculándose de El Pan Duro y acercándose a lo que luego se daría en llamar Nueva Poesía Hispanoamericana. Si Pablo Neruda había propuesto cambiar el mundo mediante la palabra, los nuevos poetas proponen cambiar la palabra misma. Por eso hablamos de una poesía experimental, que está siempre jugando con las palabras y sus sentidos y creando modos nuevos. En Gelman, que reinventa su estilo casi a cada libro, hay juegos muy interesantes con la puntuación (porque esta no existe), un continuo diálogo (por lo demás bastante irónico) entre la alta cultura y el habla popular y con la comunicación entre lo lírico y lo narrativo.

Cólera Buey está constituido por los poemas supervivientes de nueve libros distintos que Gelman desechó. Y sus dos últimas partes fingen ser traducciones de dos poetas inexistentes, John Wendell y Yamanocuchi Ando; el libro siguiente, está formado por otros poemas de otro poeta que no existe: Sidney West, que cuenta historias de los habitantes de Melody Spring, una no menos inexistente pequeña población de Estados Unidos. Son pequeñas historias que tratan sobre el sapo de Stanley Hook, los ojos de Vernon Vries o las manos de Astor Frederick. Utiliza la poesía para narrar historias, pero lo importante no son las historias, sino los juegos de lenguaje que hace y la manera en que combina tristeza y sentido del humor en apenas unos versos.

A partir de ahí nace un nuevo Gelman que, sin dejar de ser el mismo, será un nuevo y sorprendente Gelman en cada libro. Es muy prolífico, sobre todo en los años noventa, con cosas maravillosas como Mundar, Incompletamente, Gotan, Valer la pena o Salario del impío, pero, para los amantes de las curiosidades, yo recomendaría Dibaxu, en el que retorna a sus raíces hebreas y compone un libro en lengua sefardí.

gelman

Cuando hablamos de Gelman, estamos hablando de uno de los más grandes poetas, que es premio Juan Rulfo, Premio Reina Sofía y, nada menos que Premio Cervantes.

Pero también hablamos de un militante convencido que sufrió mucho por defender sus ideas. Ya en su juventud había pasado por la cárcel, pero en los años setenta pasa a formar parte de los Montoneros y, además de la cárcel y el exilio tuvo que sufrir la desaparición de sus hijos. Su hijo y su nuera desaparecen durante el terrible Plan Cóndor y, según se averigua más tarde, su hijo es asesinado, mientras que su nuera es trasladada a Uruguay y allí da a luz, en prisión, a una niña. La cosa es que Juan Gelman protagonizó durante años una campaña para exigir que los hechos se investigaran, hasta que en el año 2000 por fin pudo localizar y reunirse con su nieta, Macarena, que con 26 años se cambió el nombre y tomó el apellido de la familia. Hasta hoy, abuelo y nieta siguieron luchando para que se investigara el secuestro y asesinato de su madre.

Para los interesados en Gelman, existe una bitácora muy completa: www.juangelman.com, realizada por un seguidor suyo y cientos y cientos de páginas que reúnen sus poemas, porque se cuentan por millones los admiradores de su obra.

Así que, para empezar con Gelman, si aún no han empezado, yo recomendaría este Sidney West y otros poemas, un libro crucial porque marca un antes y un después en su obra. Publicado en Madrid, por Visor, 351 páginas de excelente poesía para disfrutar de un poco de belleza en medio de este mundo que a veces es tan feo.

 

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Empieza la nueva temporada en Unibelia

17 01 2014

Nuevo año, nuevos talleres en Unibelia. Aprovechamos lo que hemos aprendido en los que hemos impartido hasta ahora y estrenamos programa y una incorporación, la del poeta Pedro Flores, que impartirá talleres de poesía y narrativa breve. Lo explicamos todo este próximo lunes, 20 de enero, a las 19:30 horas, en conferencia gratuita en la cual, además, haremos una demostración de análisis similar a las que realizamos en los talleres, por si te apetece una muestra de cómo funciona esta cosa de desmenuzar textos y extraer técnicas.

Taller de introducción a la escritura creativa

Si te apetece ir, por favor, contacta con Unibelia a través de info@unibelia.com o del teléfono 928 270 538, porque el aforo es limitado.

Ya sabes: lunes, 19:30 en Unibelia. Con Pedro Flores. Presentamos el Laboratorio de escritura.





La luna más caliente de Mempo Giardinelli

11 01 2014

 [Si te apetece escuchar el podcast de La Buena Letra y La Butaca mientras lees la entrada, solo has de hacer clic aquí]

Aquí hemos estado pasando frío en los últimos días, pero en Argentina parece ser que hay una ola de calor que ha hecho que los pescaditos mueran sancochados en los estanques. Eso me ha recordado una novela estupenda del argentino Mempo Giardinelli, titulada Luna caliente y que comienza así:

Sabía que iba a pasar; lo supo en cuanto la vio. Hacía muchos años que no volvía al Chaco y en medio de tantas emociones por los reencuentros, Araceli fue un deslumbramiento. Tenía el pelo negro, largo, grueso, y un flequillo altivo que enmarcaba perfectamente su cara delgada, modiglianesca, en la que resaltaban sus ojos oscurísimos, brillantes, de mirada lánguida pero astuta. Flaca y de piernas muy largas, parecía a la vez orgullosa y azorada por esos pechitos que empezaban a explotarle bajo la blusa blanca. Ramiro la miró y supo que habría problemas: Araceli no podía tener más de trece años.

Luna caliente, de Mempo Giardinelli. Madrid, Alianza, 158 páginas.

Luna caliente, de Mempo Giardinelli. Madrid, Alianza, 158 páginas.

Arranque perfecto para una novela negra llena de erotismo y violencia. Ramiro es un treintañero que acaba de volver tras finalizar sus estudios en París, para ocupar una plaza como profesor universitario, y Araceli es la hija de un médico, antiguo compañero de su padre en el ejército, que lo ha invitado a cenar para darle la bienvenida. Son los años de la Junta en Argentina y a partir de esa cena, que ocurre en el caluroso verano del Chaco va a arrancar una historia de comportamientos animales, sexo, violencia y falsas apariencias que van a hacer de Ramiro un asesino; y también una víctima, tanto de las pasiones como del oscuro aparato policial de la dictadura.

No puedo contar más del argumento, para no destripar la lectura, pero en solo 158 páginas, Giardinelli se las ingenia para introducir crímenes, persecuciones, y varios giros argumentales que dejan al lector boquiabierto, mientras provoca profundas reflexiones sobre la condición humana, sobre esa parte más salvaje que ocultan las convenciones sociales.

Se trata de una novela políticamente incorrecta, rápida, incómoda y absorbente, que transmite ese calor omnipresente de la noche del Chaco, catalizador de todos los actos que el protagonista cometerá a lo largo de la novela.

Luna caliente apareció en México en 1983 (obtuvo el Premio Nacional de Novela) y fue escrita entre Nueva York y el D. F., sencillamente porque Giardinelli vivía en México, exiliado durante la dictadura de la Junta. Así que la novela pronto se convirtió en uno de esos textos que llegan tras una época asfixiante, tras la mordaza de la censura. Pero no solo allí fue un éxito. En España no ha dejado de reeditarse desde 1996 (cuando se publicó por primera vez) y corre de mano en mano y de boca en oreja entre los aficionados al género o, en general, a la buena novela.

Mi experiencia con ella es recurrente: la leí por primera vez a finales de los noventa, prestada por un buen amigo que no me permitió cumplir con mi costumbre de no devolver los libros. Volví a leerla hace unos años, aún con más placer. Esta semana, pensando en echarle un rápido vistazo para reseñarla, la devoré nuevamente de un tirón. Es, pues, uno de esos textos que merecen (yo diría que incluso exigen) la relectura, que es mucho más de lo que se puede decir de la mayoría de los libros que a uno le caen bajo los ojos.

Mempo Giardinelli nació en Resistencia, Chaco, en 1947. Como te decía, se exilió en México durante la dictadura y volvió en los ochenta. Entonces, en el 86, fundó la revista Puro Cuento. Además, capitaneó muchos proyectos culturales y solidarios de base en su ciudad, y ha estado involucrado en organizaciones de defensa de los derechos humanos, como la Comisión Provincial de la Memoria.

Con esta, ha escrito 11 novelas y una decena de libros de cuentos, además de muchos volúmenes de ensayo. Yo recomendaría, especialmente, uno titulado Así se escribe un cuento, que recoge, además de un interesante estudio, entrevistas realizadas en Puro cuento a cuentistas como Bioy Casares, Edmundo Valadés, Carlos Fuentes o Silvina Ocampo.

Pero eso después. Primero es mejor leer y engancharse para siempre a Luna caliente, de Mempo Giardinelli, publicada en Madrid por Alianza Editorial, 158 páginas de semen y sangre y estupenda literatura de esa que nos gusta: para leer rápido y pensar despacio.








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