Gijón, una hora antes

7 07 2014

Desde el pasado viernes hasta el próximo domingo se está celebrando ya la Semana Negra de Gijón 2014, la única semana que dura nueve días.  Tú ya sabes lo que es la Semana Negra: una fiesta de la palabra, un continuo ir y venir, correr de un acto a otro porque no llegas a la charla, la presentación, la mesa redonda o la actuación musical que no quieres perderte, un encontrarse y reencontrarse con escritores, lectores, críticos, periodistas, editores y demás gente de mal vivir que celebran, una vez al año ese encuentro calidoscópico que se realiza puntualmente cada verano gracias a unos anfitriones de lujo.

Collage

Y este año, como el anterior, hay presencia canaria. No solo está por allá el poeta y cantautor Diego Ojeda, sino que hoy y mañana presentan libros dos tipos peligrosos que, si andas cerca, no deberías perderte. Esta misma tarde, a las 18:30,  José Luis Correa presenta El verano que murió Chavela.

pepecorrea

Y ya está preparado: míralo en la foto, ante la carpa, bebiéndose el último Drambuie que dejó el año pasado en la botella  en el bar del Hotel Don Manuel.

Y mañana, a las 20:15, Javier Hernández Velázquez hace lo propio con Un camino a través del infierno, la novela en la que Matt Fernández viene a tocar los humildes a Gran Canaria.

Además, por si no fuera bastante con la proverbial peligrosidad de estos dos sospechosos habituales, se hacen presentar por dos fuera de serie del asunto negrocriminal: Carlos Salem y Paco Gómez Escribano, respectivamente, harán de padrinos en sentido estricto.

Yo, por desgracia, no voy a coincidir con ellos, porque llego más tarde. Me toca estar el jueves y el viernes, para vivir unos cuantos momentos felices. El jueves, la entrega del Premio Novelpol, del que me toca un 33,33 por ciento, ya que las novelas premiadas este año por esos locos maravillosos son la estupenda Don de lenguas, de Rosa Ribas y Sabine Hoffman y La estrategia del pequinés. Y, esa misma tarde, se presentará allá La última tumba. Pero lo mejor es que la presentación correrá a cargo del cappo di capi en Barcelona, hombre de respeto y ron añejo: nada menos que don Paco Camarasa.

Y el viernes por la tarde me junto con otro de los buenos, el argentino Fernando López, a quien acompañaré para presentar su reciente y fantástica Odisea del cangrejo, un novela tensa, densa y devorable, de esas que te hacen creer en que el oficio no se agota.

Aparte de eso, La estrategia del pequinés anda (y muy bien acompañada) entre los finalistas al Dashiell Hammett, y uno debería andar  por allí tenso como escolar en reválida. Pero, al fin y al cabo, es una historia sobre perdedores, así que a lo que me voy a dedicar es a pasármelo pipa, porque no solo voy a ver al cariñoso equipo de Gijón, sino que, me consta, ya están allí o acercándose los cronopios de Novelpol, y, además de la canaria, las embajadas leonesa, madrileña, catalana, conquense, vasca, mexicana, argentina, venezolana. Sí: Gijón y todo lo que lleva dentro espera allá, más al norte, y yo ando loco preparando las maletas con cuidado de que quede sitio para todos los libros que me traeré a la vuelta. Por el espacio para atesorar los ratos buenos no temo: en un corazón canario cabe mucha gente.





Querido Diego, te abraza Quiela

7 07 2014

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En cierta película de Andréi Tarkovski, un personaje expone una idea terrible: en toda historia de amor, siempre hay alguien que es amado y alguien que sufre. No estoy seguro de que sea exactamente así, porque conozco hermosas historias de amor correspondido. Pero Querido Diego, te abraza Quiela, esta novela breve, bella y dolorosa de Elena Poniatowska, se ajusta perfectamente a esa reflexión.

Querido Diego, te abraza Quiela, de Elena Poniatowska, Madrid, Impedimenta, 88 páginas

Querido Diego, te abraza Quiela, de Elena Poniatowska, Madrid, Impedimenta, 88 páginas

La historia se cuenta a través de doce cartas que entre 1921 y 1922 la pintora rusa Angelina Beloff dirigidas al también pintor Diego Rivera, a la sazón su marido, que la ha abandonado en París, marchándose a México.

Esto es: es una novela epistolar y biográfica, cuya protagonista es Angelina Beloff, Quiela, una pintora excelente cuya obra sería históricamente eclipsada por la del genio mexicano, al igual que su presencia en la vida de este lo sería por las de sus siguientes esposas y amantes, como Guadalupe Marín (alias la Gata Marín) o, la más célebre por méritos propios, Frida Kahlo.

Poniatowska tuvo en 1979 la inteligencia y la sensibilidad de acercarse a la figura de Angelina Beloff, que se casó con el muralista de Guanajuato en 1909 y lo acompañó por su periplo europeo de esos años, residiendo con él en España, Rusia o Francia, pero, principalmente en París. Diego y Quiela compartieron el hambre, las vicisitudes de la guerra, la amistad con artistas e intelectuales como Pablo Picasso o Élie Fauré, y la búsqueda de nuevos modos para el arte. Y también compartieron un hijo, que moriría una año después de nacer.

Tras la guerra, Diego Rivera dejó a Angelina Beloff y se volvió a México, al parecer con la promesa de mandarla a buscar, cosa que no haría nunca. Sin embargo, Angelina se había ido mexicanizando a lo largo de su vida en común y solo tiene un sueño: viajar a México. Sabemos que lo logró, muchos años más tarde, y que hoy en día se la considera no entre los artistas europeos, sino entre los mexicanos.

En cualquier caso, la novela de Poniatowska se centra en ese año horrible en que Angelina se ha quedado sola en París y no solo pasa grandes estrecheces económicas, sino que, además, se va dando cuenta poco a poco de que Diego Rivera no ha ido simplemente a México a preparar el terreno para el viaje de ella, sino que la ha abandonado.

Una historia de amor, de dependencia, de cómo el talento de una mujer puede estar completamente supeditado al de un hombre con una fuerte personalidad. Pero también una historia sobre la batalla de todo artista contra su arte, pues hay mucho de reflexión en esas cartas sobre cómo Angelina, indeseadamente libre de la presencia de Diego, comienza a retomar su propia carrera como pintora e ilustradora y encuentra su propio camino.

Y todo esto contado casi de un tirón, a través de doce cartas escritas con una delicadeza y una brillantez que nos fascina palabra a palabra, dando como resultando un texto inolvidable.

La novela fue publicada originalmente en 1979, diez años después de la muerte de Angelina Beloff, y nos la ha traído nuevamente este año Impedimenta, uno de esos sellos independientes que saben dónde está lo bueno y lo editan con cariño y con mimo.

Maternidad, Angelina Bellof

Maternidad, Angelina Bellof

De Elena Poniatowska, no habíamos recomendado aún nada en La Buena Letra. Gran error por mi parte. Es hija de una familia de rancio abolengo polaca, nacida en Francia y criada, a partir de los diez años, en México. En su palmarés figura una treintena de premios. Dos de los más recientes han sido el Premio Cervantes 2013, y el Premio Biblioteca Breve en 2011, con Leonora, una novela sobre Leonora Carrington.

Es periodista, dramaturga, poeta y narradora. Y en su obra siempre ha existido la preocupación por lo social, por al ámbito de lo cotidiano, por la figura de la mujer y por la biografía. Destaca por libros como Hasta no verte, Jesús mío, sobre la vida real de una empleada de hogar, La noche de Tlatelolco, crónica sobre la matanza de estudiantes ocurrida en 1968 en la Plaza de las Tres Culturas, o El tren pasa primero, sobre un líder sindical ferroviario.

Así pues, una autora comprometida que no solo sabe elegir bien sus temas, sino que los ejecuta con brillantez. Pero si quieres iniciarte en esta obra ingente de más de cuarenta títulos, yo comenzaría con este rescate estupendo: Querido Diego, te abraza Quiela, de Elena Poniatowska, editada en Madrid por Impedimenta, 88 páginas de esas que nos gustan por aquí, para leer rápido y pensar despacio.








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