Laberinto Bellatin

8 12 2014

[Para escuchar el podcast de La Buena Letra solo has de hacer clic aquí]

Mario Bellatin. Un tipo algo extravagante, pero también un autor de culto, atractivo y de una rara coherencia. Llegué a él como se llega a muchos buenos bares y los buenos libros: por culpa de los amigos. En este caso, de dos que no se conocen entre sí: Javier Doreste y Claudia Calva. Ambos me fueron obsequiando con momentos importantes de su narrativa y ahora estoy pensando en qué bar les recomiendo para pagar la deuda contraída con ellos. De entre las muchas novelas cortas de Bellatin escojo, casi al azar, una de 2005, Lecciones para una liebre muerta.

Lecciones para una liebre muerta, de Mario Bellatin, Anagrama, 134 páginas

Lecciones para una liebre muerta, de Mario Bellatin, Anagrama, 134 páginas

Es, como digo, una novela corta, pero contiene en sí, al menos otras seis o siete novelas cuya exposición se va intercalando a lo largo de doscientos sesenta fragmentos y cuyos argumentos se van entrelazando hasta formar una sola novela–río tremendamente coherente, enriquecida por esos afluentes que podrían ser, además, cada uno, una sola novela.

¿Suena confuso? Sí. Pero no lo es. En cuanto uno ha leído los primeros ocho o nueve fragmentos entiende que esas historias corren paralelas más allá del tiempo, el espacio o la posición del narrador y que son todas, en el fondo, la misma. Y así, va aceptando con naturalidad la historia de la ciudadela final, un edificio en el que son internadas las personas con enfermedades transmisibles, donde hay tan buenas condiciones de vida que muchos no infectados compran clandestinamente la sangre de quienes sí lo son para poder ingresar en ella; la historia de Macaca, una extraña mujer de etnia quechua amante de un luchador oriental que trabaja como zapatero y que, cuando este muere, se dedica a supervisar obsesivamente a los jardineros de una casa que ella guarda; la de un traductor que traduce libros del alemán, lengua que desconoce o la de los hermanos Khun, unos mellizos que han nacido sin brazos ni piernas.

Todo esto narrado en la prosa breve, elusiva, sin arideces, de Mario Bellatin, que es de esos que poseen un discurso absolutamente hipnótico que te lleva siempre deslizándote desde la primera frase hasta la última sin que puedas evitarlo. Y que, además, puebla sus novelas con múltiples referencias (aquí, por ejemplo, aparecen como personajes Margo Glantz, una célebre ensayista y crítica literaria mexicana o el poeta surrealista peruano César Moro) o incluso autorreferencias, porque el propio Mario Bellatin, o un personaje que se llama como él y que comparte con él biografía y bibliografía aparece aquí, contando cómo escribió su obra más célebre, Salón de belleza o cómo publicó juntas tres de sus novelas (eso en Canon perpetuo, que une Efecto invernadero, Damas chinas y novela que da título al volumen). En cualquier caso, se trata de un fabulador incansable, en cuyo trabajo hace tiempo se difuminaron las lábiles fronteras que separan realidad y ficción.

Foto: guildcomplex.org

Foto: guildcomplex.org

Bellatin, hijo de peruanos, nació en México en 1960. Se crio entre los dos países y marcado por dos circunstancias físicas: el asma y el hecho de que nació con un solo brazo. Parte de su formación tuvo lugar en la Escuela de Cinematografía de San Antonio de los Baños, en Cuba. Posteriormente, en México, fundó y dirigió la Escuela Dinámica de Escritores y ha formado parte de muchos proyectos artísticos de vanguardia.

Su primer libro es de 1986 pero es en 1994 cuando publica Salón de belleza, su novela más celebrada, en la que un peluquero transforma su peluquería en un moridero al que van a pasar sus últimos días hombres aquejados por una extraña enfermedad. Ha escrito un buen puñado de novelas entre las que destacan, además de las mencionadas, El libro de los muertos, Los fantasmas del masajista, Jacobo el mutante o Biografía ilustrada de Mishima. Que no te engañe el título de Mishima: para Bellatin, no hay nada real o todo es real, la vida es literatura y la literatura es vida. A mí me da la impresión de que su propia personalidad se ha ido haciendo cada vez más literaria y, aunque abomina de lo autobiográfico, su obra está plagada de momentos autorreferenciales, como si él mismo viviese ya para ser un personaje de sus novelas.

En cualquier caso, se sale absolutamente de todos los cánones y tanto él como su obra son completamente inclasificables. Cuando uno se enfrenta a uno de sus libros, lo mejor es no mirar las biografías o las sinopsis de las solapas. Hasta estos mismos comentarios que hago ahora, quizá sobran. Lo mejor sería, acaso, abrir el libro y, simplemente, leer, dejarse hipnotizar por ese discurso aparentemente sencillo que es el inicio de un viaje hacia una de las pocas grandes voces puramente literarias que nos quedan vivas.

Alfaguara publica su Obra reunida, pero si uno quiere comenzar haciendo un picoteo antes de sumergirse en ese laberinto narrativo, yo propongo comenzar por aquí, por este Lecciones para una liebre muerta, de Mario Bellatin, publicado en Barcelona por Anagrama, 134 páginas de novelas potenciales que podemos contemplar como en un calidoscopio hecho de palabras.


Acciones

Information

One response

31 01 2015
everoimage

Reblogueó esto en EVEROIMAGE.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s




A %d blogueros les gusta esto: