La calidez de Pamplona en enero

20 01 2016

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En Pamplona Negra lo único que cojea es su director, el polifacético escritor Carlos Bassas, que se recupera de una complicada lesión deportiva que lo obliga a ir con muletas y someterse cada día a duras sesiones de rehabilitación, lo cual no le impide estar, como suele, en todos lados sin olvidar ni un solo detalle. Así, solo, o con alguno de sus cómplices (como Carlos Erice Azanza), se le ve puede ver volviendo de recoger invitados en el aeropuerto o en el hotel, pendiente de que no falte algún material, presentando actos, organizando reconstrucciones policiales o acompañando al siguiente ponente a buscar la emisora de radio a la que debe acudir. Carlos y el equipo de Baluarte (con la meticulosa Vera Wrana en la coordinación), hacen que en esta segunda edición de Pamplona Negra no falte absolutamente de nada, que todo esté donde debe estar y exactamente en el momento preciso.

Me consta que esto es muy difícil, que es muy complicado combinar talleres, conferencias, proyecciones de cine, coloquios, reconstrucciones de la escena del crimen y degustaciones gastronómicas sin que haya ninguna pifia. Pero ellos lo consiguen y continúan haciendo que el abundante (y pacientemente amable) público que acude a cada acto se vaya a su casa con buen sabor de boca. Este festival, que nació el año pasado, con una maquinaria eficiente y engrasada que ya quisieran para sí otros eventos, ha vuelto para seguir siendo el primer festival del año, la primera cita que ya no puede uno perderse.

En esta ocasión me ha tocado recoger el testigo de Juan Ramón Biedma y responsabilizarme del taller de novela negra. No me rompí la cabeza imaginando un título y lo llamé, simplemente, La tinta y la pólvora. Y ahí estamos, desde ayer, frente a 17 personas de todas las edades y oficios, intentando desentrañar algunos de los trucos de la disciplina, mientras en la sala de al lado, Nacho Faerna hace lo propio con el lenguaje cinematográfico, en el taller Una chica y una pistola.

Ha sido solo el arranque. El resto de la semana está llena de actividades que traen a Iruña algo de lo mejorcito del Noir hispano. Pero, como me conozco y sé que luego el ajetreo hará que se me haga tarde para decir lo que tengo que decir (motivo por el cual hace tantas semanas que no dejo nada para ti en este blog), he decidido que, antes de que todo continuara adelante, debía pararme un momento a decirlo. Así que me he sentado un momento en la habitación del hotel, he pinchado el cedé de la edición especial de Kind of Blue que adquirí ayer en uno de los puestos de discos y libros de Baluarte (9,90 euros) y he escrito esto, para que quede constancia.

Ahora ya puedo prepararme para lo que vendrá esta tarde, y mañana, y pasado. Pero solo después de dejar claro, nuevamente, que en Pamplona Negra solo cojea su director. Y, de paso, que aquí lo único que es frío es el clima, que todo lo demás es pura calidez.


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