Vientos de sal

5 07 2013
Tarjetón de la presentación de Vientos de sal, que tuvo lugar ayer en el Museo Poeta Domingo Rivero

Tarjetón de la presentación de Vientos de sal, que tuvo lugar ayer en el Museo Poeta Domingo Rivero

Cam–PDS publica Vientos de sal, primer libro de relatos Araceli Cardero. El libro fue presentado ayer en el Museo Poeta Domingo Rivero. Pero, antes de atreverse en solitario, Cardero ha participado previamente en muchos volúmenes colectivos y atesora ya cierta experiencia literaria. Por eso este libro no es un primer libro cualquiera, sino un volumen formado por textos maduros (y madurados en el tiempo y el trabajo), agrupados atendiendo a cierta unidad formal y dignos, no solo de lectura, sino de relectura.

En general, se trata de cuentos que huelen a salitre y tierra, relatos en los que se combinan la Historia, la memoria chica, el erotismo y la violencia. Muchos de ellos están protagonizados por gentes que ejercen oficios tradicionales: salineros, pescadores, azucareros o tabaqueros. Hay mucho de antropología, de etnología en esas páginas que nos trasladan a la época de la cochinilla, de las lámparas de petróleo, de la emigración ilegal y los caciques.

Con ese material, muchos autores se hubieran limitado al mero retrato costumbrista, intentando convocar a la nostalgia de patria chica del lector. Cardero es bastante más inteligente y mira mucho más alto: crea conflictos y personajes que trascienden la anécdota, hermanándose con Víctor Ramírez y, por tanto, con Juan Rulfo, mirando a lo universal a partir de esa memoria local. Y todo ello a través de un sabio manejo de la intriga narrativa. La mayor parte de estos cuentos arrancan con muchísima fuerza, anunciándonos tramas llenas de giros y avisándonos de que nada es lo que parece: ni en el cuento en cuestión, ni en la literatura en general ni, por supuesto, en el mundo.

A través de una toponimia fantástica, se mueve entre la violencia y la ternura por ese territorio de la posguerra en Canarias, marcado por la represión, el silencio, el machismo y la traición: las rencillas de la Guerra Civil, la privación y el aislamiento marcan muchos de sus argumentos. Pero hay dos temas que aparecen con mucha más frecuencia: el semen y la sangre. Muchas de los conflictos, surgen a partir de la pasión erótica y comienzan o acaban en violencia.

Nada hay en estos cuentos de aquel conservadurismo paternalista, que intenta hacer humor partiendo de la supuestamente cándida ignorancia de las clases populares, de aquella idealización del machismo y el clasismo que late en gran parte de lo que ha sobrevivido del costumbrismo. Aquí asistimos a la depauperización salinera de una mujer que eligió al hombre equivocado, al insulto que una adolescente lanza sobre un cadáver que la marea ha devuelto, a la pelea a puñetazo limpio de dos hombres en la cubierta de un barco que se dirige ilegalmente a Venezuela.

Hay muchos personajes, muchos argumentos y, sobre todo, muchos temas en este libro en el que se habla de pasiones humanas. Como los grandes, Araceli Cardero se ocupa de los grandes temas a través de las pequeñas historias que les suceden a personas casi anónimas. Y consigue que convivan en él la injusticia, la represión y el incesto, pero también la lealtad, el erotismo y la esperanza.

Cuando aparece un libro de estas características, una opera prima, se suele decir que los mejores libros del autor todavía están por venir. Y sí, es probable que así sea y que Cardero dé a luz dentro de poco con otros libros, incluso puede que con alguna novela que esté ahí, en germen, latiendo en alguno de estos cuentos. Pero este es ya un libro al que uno puede acercarse sin miedo de encontrarse con errores de primerizos, porque la autora será primeriza, pero no es nada ingenua: hábilmente, yo diría que incluso de manera muy astuta, nos lleva en sus ficciones desde la primera palabra hasta la última, haciéndonos sufrir y gozar, y luego, cuando el cuento ha acabado, nos deja pensando, reflexionando sobre él y sin poder borrarnos de la mente algunas de las imágenes que ha grabado en ella.

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El otro derbi. O derbis

4 03 2015

El viernes 6 de marzo (pasado mañana), jugamos en Gran Canaria un nuevo derbi. Pero este de los buenos, porque es literario y por tanto da igual quién gane y quién pierda. O, para ser exactos, en este ganamos todos. Y además, nadie piensa pegarle a nadie.

Todo esto viene a que nos visita Javier Hernández Velázquez (papá literario de Mat Fernández) con su novela más reciente: Los ojos del puente (Premio Wilkie Collins de Novela Negra).

javierhernández

Javier estará en la Librería Sinopsis, a partir de las 18:30, acompañado por Mayte Martín y Jovanka Vaccari, para presentar esta novela, que edita MAR Ediciones.

pedro flores

Solo media hora después, a las 19:00, en el Museo Poeta Domingo Rivero, José Miguel Junco acompañará a Pedro Flores en la presentación de Como pasa el aire sobre lomo de una bestia, su último libro hasta el momento, que obtuvo el XXVI Premio Internacional de Poesía «Antonio Oliver Belmás».

Y a las 20:00, estaré yo mismo, sentándome en el Sillón de Canaima. Estaré solo. Bueno, no del todo: habrá vino. Si eres de los que se quedaron fuera en la primera presentación de Las flores no sangran, esta es la oportunidad. Leeré algunos fragmentos de la nueva criatura y, como propina, de El viento y la sangre. Sí, creo que ya es hora de que Ravelo y West se enfrenten en un duelo.

sillondecanaima

Y, además, si eres de esos privilegiados que viven al sur de la capital y no te apetece llegar tan al norte, tampoco te quedas sin presentaciones, porque a las 19:00, Belkys Rodríguez presenta en la Biblioteca Arnao de Telde su Relatos en minifalda

belkys

Así que, este viernes, derbi. Pero del bueno: Tenerife versus Gran Canaria. Las Palmas de Gran Canaria versus Telde. Poesía versus narrativa. Novela versus cuento. Escritor calvo versus escritor inexistente. Un derbi múltiple que, en el fondo, es solo uno: palabra versus silencio. ¿Te lo vas a perder?





El año en que quise ser B. Traven o cómo nació M. A. West

1 09 2014

Esto es una confesión. Y una explicación. Pero uno nunca puede explicar rápidamente por qué hace ciertas cosas. Para hacerlo de forma eficaz, debe escarbar en la memoria y el pasado. Por eso, quizá, habrá que empezar por el principio.

Hace más de veinte años, un buen amigo y yo entrevistamos para una revista literaria a una escritora mexicana de origen libanés. Cuando se habló de las etiquetas a las que estrategias promocionales y casillas académicas condenan a los autores, nos dijo: “La etiqueta ‘mexicana’, la etiqueta ‘mujer’, la etiqueta ‘joven’… Me cansa todo eso, yo querría ser B. Traven”.

Por si no lo recuerdan, B. Traven fue uno de los tantos seudónimos de un escritor alemán que firmó novelas inolvidables, como El barco de la muerte o El tesoro de Sierra Madre. En su época no se sabía quién era. El lector se enfrentaba directamente a sus textos, que son lo que realmente importa cuando se habla de literatura. Desconozco exactamente los motivos por los que B. Traven se ocultaba: se ha hablado de timidez, de un pasado anarquista, aunque yo siempre he preferido la explicación de que Bruno Traven creía que sus libros debían hablar por sí solos.

Más claros están los motivos por los que otros autores, en su oportunidad, también se ocultaron: desde la puramente económica (la posibilidad de vender más títulos a una misma editorial o publicación periódica) hasta la política. En algunas ocasiones, el motivo ha sido la pura diversión.

La escritura, para mí, es también juego. Quiero decir: la vertiente lúdica de la actividad creativa se me antoja imprescindible, pues es la que termina abarcando asuntos mucho más serios, entre ellos, el de la identidad.

En la actualidad, si te dedicas al ámbito creativo, resulta muy difícil divulgar tu trabajo sin divulgar, también, un poco de ti mismo, de tu propia identidad. Ese aspecto siempre me ha preocupado, porque uno desea crear cosas que duren en el tiempo y los seres humanos caducan, como lo hacen los carnés de identidad. Por ello he reflexionado frecuentemente sobre lo que nos contó aquella escritora y, movido por esa reflexión, en 2012 (un año en el que mi nevera estaba muy vacía pero mi corazón muy lleno) decidí ser B. Traven.

En parte juego, en parte experimento, en parte (gran parte) apuesta conmigo mismo, a principios de ese año decidí emplear algo del mucho tiempo libre que tenía en plantearme a mí mismo un reto en forma de ejercicio de estilo: lograr escribir una novela negra clásica al modo de los autores norteamericanos de los años cincuenta. Esto no es nada nuevo. Lo habían hecho Boris Vian, Georges Simenon o González Ledesma. Pero ya se sabe: todo está escrito salvo lo que te toca escribir a ti mismo. Y este era un pecado que deseaba cometer. Por supuesto, no bastaría con que yo quedara contento con el resultado: la novela tendría que acabar siendo publicada y los lectores habrían de leerla sin notar que había sido escrita en la parte más africana de España por un autor que no había pisado EEUU en su vida.

No hubo mala intención. Simplemente, quise retarme a mí mismo, obligarme a hacer algo distinto mudando de estilo y de razones, como quería Lope de Vega.

Así, escribí una novela pulp fingiendo que se trataba de una de las novelas escritas por un autor olvidado que había sido traducido por Thalía Rodríguez Ferrer (que prestó amablemente su nombre para esta pequeña boutade) y por mí.

Pronto descubrí que no bastaba con escribir la novela: había que crear una bibliografía esencial, unos cuantos hitos biográficos que sirvieran para perfilar una sombra, una editorial inicial y efímera. Acabé, incluso, escribiendo un prólogo en el que se mencionaban algunos críticos norteamericanos que se habían ocupado de ella. El prólogo, claro está, forma parte de la novela en otro plano de la ficción, pero supuso, para mí, un problema: me vi a mí mismo escribiendo impúdicos elogios sobre mi propio trabajo, amplificando los que ya había incluido en una entrada de blog que debía servir de gancho.

Pero el verdadero experimento, el verdadero reto, comenzó en mayo de 2013, cuando Navona Editorial publicó El viento y la sangre, de Martin Aloysius West, como el número 2 de su colección dedicada al género, después de Seis enigmas para Sherlock Holmes e inmediatamente antes de la magistral La promesa, de Friedrich Dürrenmatt. Muy pocas personas estaban en el secreto. Por supuesto, mis editores, un par de amigos y mis libreros de referencia. El propósito no era económico: era estético, lúdico, acaso sociológico. La publicación de El viento y la sangre fue, en fin, como una de esas botellas que uno lanza al mar del intertexto, sin muchas esperanzas de que llegara a ningún sitio. Las características del juego exigían, además, que no se hicieran campañas de promoción. Sin embargo, sorprendentemente, la novela gustó, ganó lectores y mereció el interés de algunos críticos y blogueros a quienes admiro, y hasta el de alguna que otra revista especializada.

viento

Con placer, debo decir que muy pocos se dieron cuenta de que se trataba de una falsa traducción y que, al entender los parámetros del proyecto, la mayor parte de ellos se convirtió en amable cómplice.

Hoy, cuando empieza septiembre, tras consultarlo con las personas directamente implicadas, he decidido que ya es hora de salir del armario: El viento y la sangre y su protagonista, Rudy Bambridge, nacieron en Canarias, en 2012. M. A. West no existe. Fue la máscara que necesitó ponerse un escritor llamado Alexis Ravelo para demostrarse a sí mismo que no era un escritor canario, español o calvo, sino, sencillamente, un artesano, un escribidor.

Desde aquí deseo dar las gracias a todos aquellos que contribuyeron a ello y a quienes se dieron cuenta y callaron. Y disculparme con las personas que leyeron El viento y la sangre creyendo en la existencia de West, con quienes lo recomendaron a sus amigos y pidieron más. La intención, repito, no era mala y el daño, creo, habrá sido leve, efímero como lo es todo carné de identidad. En todo caso, les ruego que piensen que formaron parte de una buena obra: la apuesta de un autor que deseaba que, al menos uno de sus textos, se explicara por sí solo.

 





Pedaleando hacia 2014

30 12 2013

No sé quién dijo que la vida es como montar en bicicleta: mientras está pedaleando, te tienes en pie; si te paras, te caes.

Sea quien fuere, el dicho se ha hecho proverbio y continúa siendo una verdad del tamaño del puño de Joe Frazer. Yo he pedaleado bastante en este 2013 y me acerco al fin de etapa (que no de competición) con un sentimiento agridulce.

Lo dulce lo ponen los lugares que he podido recorrer este año en el que me han nacido tres criaturitas. La primera pasó ciertamente desapercibida pero me llenó de alegría su aparición. Es un libro infantil, Las pruebas de Maguncia, en el que un hada prima segunda (suspendió los exámenes para hada madrina y anda de becaria) se enfrenta a los trols con la ayuda de personas de buena voluntad.

las pruebas de maguncia

De las otras dos ya tendrás noticia porque, para mi fortuna, no se ha dejado de hablar de ellas en las redes. Una, La estrategia del pequinés, publicada por Alrevés en febrero, agotó pronto su primera edición. Y uno de sus personajes, Cora, fue elegida, además, mejor personaje femenino en los Premios LeeMisterio. La otra, La última tumba, que apareció publicada por EDAF en octubre, con el sello del Premio Ciudad de Getafe de Novela Negra 2013.

También fue dulce participar en otros alumbramientos: Dácil, princesa de Taoro, una adaptación de un fragmento de las Historia de Canarias… de Viera y Clavijo, El viento y la sangre, una novela del desconocido en nuestro ámbito M. A. West, la aparición en Navona Negra de Epitafio para un espía, de Eric Ambler, la compilación de cuentos reunidos en Voces al tiempo. Todos ellos hechos editoriales felices.

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Con algunos buenos amigos, muchos de ellos novelistas canallas, en la Semana Negra de Gijón

Como felices fueron los viajes a Bilbao, Gijón, Barcelona, Cuenca, Madrid y todos los demás lugares donde he podido conocer o reencontrar a gente estupenda que escribe, lee o hace de intermediaria entre quienes escriben y quienes leen. Hay ahí objetos (una camiseta con la cara de Paco Gómez Escribano, un bloc de notas fabricado por Juan Carlos González Montes, un búho obsequio de Espe Moreno, botellitas de resolí y de aceite de oliva, libros firmados respectivamente por Andreu Martín y Pedro Salmerón, otro de Gutiérrez Maluenda sin firmar) que atestiguan que esos y otros momentos se dieron en la realidad, que no fueron sueños vividos entre la embriaguez y la resaca.

También tienen relación con la literatura otros buenos momentos que he podido vivir este año: las muchas horas de contacto con talleristas en Unibelia y en el Museo Poeta Domingo Rivero (y aun en institutos y bibliotecas, tanto de Gran Canaria como de Tenerife o Fuerteventura). No hay nada tan sano y edificante como el encuentro con el talento ajeno y, lo confieso, no hay nada que me guste tanto como compartir con un grupo de personas la lectura de textos y más textos de una lista inacabable.

Y el contacto (personal y a través de las redes) de los muchos lectores y lectoras que nunca dejan pasar la oportunidad de transmitirme su afecto, de alegrarse por mis alegrías y animarme en esta tarea tan solitaria como pública.

Pero, como dije, no todo fue dulce. Durante este año en el que me pasaron tantas cosas buenas, a este país le ocurrieron muchas cosas malas. No voy a detenerme a enumerarlas todas (de hecho, no recuerdo ahora mismo cuántos consejos de ministros ha habido este año), y además, tú ya sabes cuáles son, porque has asistido, como yo, a la depauperación económica, política y social de esto que habíamos construido entre todos y que está siendo atacado por unos pocos.

En lo personal, perdí a algunos buenos amigos: a algunos, porque se los llevó la muerte; a otros, porque se los llevó la crisis y tuvieron que poner tierra de por medio para no morirse de hambre a los pies de instituciones gestionadas por otros menos preparados y sin duda más mediocres que ellos.

Y tengo que anotar algunas cosas en el “debe”, cosas que se han quedado por hacer única y exclusivamente por mi culpa (¿verdad, Míchel?), porque lo urgente se impone a lo importante, y uno no siempre tiene tiempo y vigor para sacar adelante al mismo tiempo todos los proyectos que desea llevar a cabo.

Y también tengo que recriminarme a mí mismo el no prestar más tiempo y atención a mis amigos más cercanos y a mi pareja, Thalía Rodríguez, que soporta con paciencia de cátaro mis horas de trabajo, mis viajes no avisados, mis ausencias de autor neurótico.

Así, pedaleando, como siempre, se cumple al fin esta etapa. La siguiente empieza con un par de ascensos fuertes: la puesta en escena de Clara y las sombras, la ópera de Juan Manuel Marrero, otro proyecto dramático-musical en colaboración con amigos tan queridos como Marrero, o una nueva novela que aparecerá en el catálogo de Alrevés. Y también nuevos talleres en Unibelia, en el Domingo Rivero o allá donde tengan a bien reclamarme.

Y así sigue uno, dándole al pedal, agradeciendo la posibilidad de disponer de la vía de escape que constituye este blog, en el que tú y yo nos encontramos una o dos veces a la semana para hablar de estas y otras cosas y que me sirve, por ejemplo, para aprovechar la oportunidad y desearte que tengas un próspero y feliz año 2014, lleno de lecturas y de gratos contactos con personas que te ayuden a seguir pedaleando.





La última Buena Letra del año en que murió Lou Reed

27 12 2013

Fortunata y yo pensábamos hacer hoy el habitual repaso al año literario, recordando aquellos libros que nos gustaron y de los que hablamos en La Buena Letra, esa sección algo golfa en la que hablamos de libros cada viernes en el Hoy por Hoy de Cadena Ser Las Palmas de Gran Canaria, a las órdenes de Eva Marrero o Verónica Iglesias y flanqueados por Francisco Melo Junior, que hace lo propio con el cine desde La Butaca. Además, íbamos a instituir los Premios Fortunata. Pero por los lazos del demonio, a nuestro Presidente le ha dado por fijar para la misma hora y día su primera comparecencia sin límite de preguntas del año (sí, es 27 de diciembre, casi 28).

La Butaca y La Buena Letra en plena desrecomendación de un libro (por llamarlo de alguna manera) de Isabel Allende. Foto: Eva Marrero.

La Butaca y La Buena Letra en plena desrecomendación de un libro (por llamarlo de alguna manera) de Isabel Allende. Foto: Eva Marrero.

Así pues, mientras Rajoy presume del tamaño de sus ‘reformas’ y llama “ese asunto” a la cuestión del aborto, mi baifita y yo vamos a hacer este repaso igualmente. Los Premios Fortunata habrán de esperar al próximo año, porque eso de destruir libros sobrevalorados en silencio, en casa y sin Junior no tiene la misma gracia.

Haciendo balance, veo, en primer lugar, que el número de libros publicados en España que hemos comentado es muy superior al de los extranjeros. ¿Y sabes qué? Que me parece estupendo. Este ha sido para mí el año de descubrir a muchos buenos autores o reencontrarme con otros que se habían hecho desear. En La Buena Letra, este año, comentamos estupendas novelas españolas, sobre todo de género negro, a saber: La mala espera (Marcelo Luján), Don de lenguas (Rosa Ribas y Sabine Hofmann), El Chef ha muerto (Yanet Acosta), 612 euros (Jon Arretxe), y alguna más que no es exactamente negra, pero coquetea con el género, como La tristeza del samurái (Víctor del Árbol). Se nos quedaron atrás cosas estupendas, como Un buen invierno para Garrapata (Leo Coyote), Cien años de perdón (Claudio Cerdán) o La última batalla (José Javier Abasolo). Qué se le va a hacer. No siempre hay tiempo de hablar de todo lo que a uno le gusta. Como tampoco lo hubo para hablar de un estupendo ensayo sobre la novela negra, Literatura del dolor, poética de la verdad, de Eugenio Fuentes, que este año, tras mucho hacerse esperar, hizo doblete con este ensayo y una fantástica novela sobre la Guerra Civil, Si mañana muero, publicada por Tusquets. Ni lo hubo para comentar los nuevos lanzamientos de Javier Hernández Velázquez (Un camino a través del infierno), José Luis Correa (Blue Christmas), Juan Ramón Tramunt (La piel de la lefaa) o Mariano Gambín (La casa Lercaro).

La pluma del arcángel, de Carlos Álvarez. Hora Antes Editorial, 220 páginas

La pluma del arcángel, de Carlos Álvarez. Hora Antes Editorial, 220 páginas

No todo fue semen y sangre, por supuesto. Este año hablamos de La pluma del Arcángel, estupenda novela histórica de Carlos Álvarez que reapareció este año, El despertar, la divertidísima novela de zombis de Elio Quiroga y Brevísima relación de la destrucción de June Evon, el western poético de la gran Tina Suárez. Me corrijo: estas tres novelas también están llenas de semen y de sangre.

El despertar, de Elio Quiroga-Rodríguez, Barcelona, Timun Mas, 253 páginas.

El despertar, de Elio Quiroga-Rodríguez, Barcelona, Timun Mas, 253 páginas.

Como en La Buena Letra no estamos obligados a la actualidad y recomendamos lo que nos place a Fortunata y a mí, también aprovechamos para hablar de algunos libros que tienen unos añitos pero son imprescindibles: Dersu Uzala (Vladímir Arséniev), El camino del tabaco (Erskine Caldwell), El ruido y la furia (William Faulkner), Matadero Cinco (Kurt Vonegutt), o El llano en llamas (Juan Rulfo), libro que en 2013 cumplió, nada menos, sesenta añitos.

Este fue también año de rescates. Alfaguara recordó a John Berger con las reediciones de Hacia la boda, y Fama y soledad de Picasso, y rescató también Intruso en el polvo, de Faulkner. Nórdica hizo lo propio con Elling, de Ingvar Ambjorsen.

Cuentos prohibidos. Para leer en la intimidad, de D. H. Lawrence, Barcelona, Navona, 171 páginas

Cuentos prohibidos. Para leer en la intimidad, de D. H. Lawrence, Barcelona, Navona, 171 páginas

Y para rescatadores, los de Navona, esa gente con buen ojo, que este año iniciaron su colección de novela negra en la que han aparecido textos muy olvidados e interesantes, como La promesa (Frederich Dürrenmatt), Drama en la cacería (Antón Chejov) o El viento y la sangre (M. A. West). Y no se quedan ahí, porque nos han traído cosas exquisitas, entre las cuales están Malentendido en Moscú (Beauvoir), Los caminos que no llevan a Roma (Brassens), las Novelas bálticas (Keyserling) o Cuentos prohibidos para leer en la intimidad (Lawrence).

Como ves, un año completito (y hablo solo de lo que he podido leer yo y de lo que me ha gustado). Sin embargo, no todo es bueno. Este año nos dejaron grandes escritores: José Luis Sampedro, Álvaro Mutis, Tom Sharpe y el estudioso de la literatura canaria El Hadji Amadou Ndoye. Especialmente para la poesía fue un año nefasto, en el que fallecieron mi estimado Luis Natera, Juan Luis Panero, Rubén Bonifaz Nuño (sí, ese autor mexicano a quien citaba tanto Monterroso), Seamus Heany (Premio Nobel de Literatura 1995), Antidio Cabal y Olegario Marrero. No siempre me enteré a tiempo de recordarlos cumplidamente en el espacio radiofónico, y puede que muchos de ellos ni te suenen, pero nunca es tarde para buscar sus libros y hacer que revivan en las páginas que nos dejaron.

Más o menos así fue este año en La Buena Letra. Acaba ya, y es tiempo de arrepentirse de las cosas que dejamos por hacer. Yo, por ejemplo, me arrepiento de no haber tenido tiempo para comentar las nuevas obras de los más jóvenes, por ejemplo, Consejera nocturna (Leandro Pinto), El silencio de Sara (Rayco Cruz), Red Zone (Macu Marrero), Caminarán sobre la tierra (Miguel Aguerralde) o Los sueños de la muerte (Paula Lizarza). Ellas y ellos se atreven con géneros oscuros y son un soplo de aire fresco en este ámbito, el literario, que a veces se viste con demasiada solemnidad.

Fortunata, en cambio, se arrepiente de no haber devorado aún la poesía de José María Pemán, algún libro de César Vidal y el libro de Belén Estéban. Me los ha pedido para Reyes. Pero los Reyes, este año, vienen pobrecitos y yo, por otra parte, cada vez ando más republicano.

Me adentro en el final de año sabiendo que habrá libros, buenos y malos, mejores o peores, leves o densos, en papel o en digital. Da igual: libros, al fin, porque uno los necesita como el aire. Si me preguntas el motivo, citaré Malentendido en Moscú, de Simone de Beauvoir, cuyo personaje se dice a sí misma cuál es la ventaja de la literatura:

Las palabras se las lleva una consigo. Las imágenes se marchitan, se deforman, se apagan. Pero ella volvía a encontrar las viejas palabras en su garganta, tal como habían sido escritas. La unían a los siglos antiguos en los que los astros brillaban exactamente como hoy. Y ese renacimiento y esa permanencia le daban una impresión de eternidad.

Me quedo, hasta que llegue 2014, con esa cita de Beauvoir y con el recuerdo de un grande que también nos dejó en el año que acaba. Sí, porque, para mí, 2013, siempre será el año en que murió Lou Reed.

[Con este repaso a los libros de los que hablamos este año, espero haberle dado, de paso, alguna idea a Baltasar (ya sabes que cada vez que alguien no incluye un libro en su carta a los Reyes Magos, muere un cachorrito de labrador). Como seguramente se me han escapado muchos títulos, no estaría mal que aportaras, en los comentarios, tu propuesta de regalo literario, entre los libros que más te hayan gustado en los últimos doce meses. ¿Qué libro regalarías tú este año?]





Olvidado M. A. West

10 01 2013

Es posible que solo en librerías de segunda mano y ocasión sea posible conseguir en España un ejemplar de El viento y la sangre, de M. A. West (nada que ver con el Morris West de Las sandalias del pescador). Se trata, al parecer, de su segunda, publicada en 1951, después del relativo éxito cosechado ese mismo año por Sentimental Journey, aún inédita en España.

Wind And Blood, de M. A. West

Wind And Blood, de M. A. West

Como aquella, y como las otras diez que West firmaría entre ese año y 1980, Wind and Blood es una novela corta, rápida y violenta.

La acción arranca en Marksonville, adonde Danny Morton llega con un revólver, una botella de bourbon y un maletín que contiene 20 000 dólares, para intentar reconquistar a su antiguo amor, Lorna Moore, que ha dejado la prostitución y vive una vida honorable en ese pueblecito de Dakota del Sur, cercano a Rapid City. En pocos capítulos averiguamos que el dinero es el rescate por el secuestro de la hija de Nigel Donaldson, hombre de negocios de Chicago y testaferro de Conrado Bonazzo, quien ha encargado la resolución del secuestro a Rudy Bambridge, su hombre de confianza. Bambridge se enfrentará a un asunto mucho más enrevesado de lo que a primera vista parece.

Aparentemente, una novela de gánsteres más. En realidad, una novela estupenda que, muy probablemente, se adelantó a su época en muchos aspectos: el tratamiento de los personajes, la tendencia al crudo realismo que, sin embargo, no traiciona a los estereotipos del género, la violencia crudelísima de algunos de sus pasajes (la novela, como otras del mismo autor, fue tachada de inmoral e incluso, absurdamente, de pornográfica), pero, sobre todo, el discurso implícito acerca de las pasiones humanas, hacen que, aún sin salirse de los cánones establecidos por el mercado de su tiempo, El viento y la sangre presente una vigencia de la cual carecen muchas de sus coetáneas y resulta ser una prueba evidente de que la novela negra es algo más que novela sobre crímenes, sino un tipo de relato que habita en ese territorio gris donde nos preguntamos una y otra vez por cuáles son los límites de la moral en un mundo donde el hombre está solo porque Dios no existe. Con una narración elíptica, veloz, por lo general, aunque dilatando la intriga de forma morosa, West lleva con pulso firme al lector desde la primera página hasta la última, en esta historia en la que prostitutas, matones del tres al cuarto, violadores, discapacitados psíquicos, grandes jefes, cocineros de pasado oscuro y extorsionadores de todo calibre nos muestran sus facetas más violentas o más tiernas, sin que jamás se sepa con seguridad cuál de ellas será la que surja en cada momento.

El caso extremo de este tratamiento de los personajes es Rudy Bambridge, quien ya había protagonizado Sentimental Journey y que aparecería aún en tres títulos más. Bambridge, más astuto que inteligente, más frío que temerario, es el prototipo de héroe calculador e individualista, capaz de sorprendentes gestos de generosidad, pero también de los actos de más extrema violencia, incluida la tortura. Veterano de guerra, leal servidor de Bonazzo, pero de una independencia a prueba de lealtades, este “solucionador de problemas” que parece lejanamente inspirado en el Ned Beaumont de La llave de cristal cuenta entre sus recursos con una extensa agenda de contactos, unas envidiables dotes interpretativas, una serenidad infinita y una gran habilidad para pelear sucio. Para aquellos casos en que estas virtudes no bastan, lleva siempre al alcance de la mano un Colt M1911.

De Martin Aloysius West se sabe en realidad bien poco, salvo que nació en Cincinnati en 1923, que comenzó a publicar en 1951 y que su última obra, Scissors, data de 1980. Se ha especulado con la posibilidad de que tras ese seudónimo se escondiese algún autor “serio” que escribiera esas novelas de manera alimenticia o de que fuese un hombre tímido, al estilo de B. Traven. En todo caso, Étienne Brehier escribió sobre West: “tiene la frialdad de McCoy, la crueldad de Thompson, la inteligencia de MacDonald y el pesimismo de Cain”.  Y Harold Diamond Scofield le dedica algunos pasajes muy elogiosos en su libro Dark Writers, destacando, entre sus novelas, esta. Dice el ensayista canadiense que sumergirse en sus páginas es “hacer un viaje a la violencia y la degradación moral, pero también a la cara B del disco del Capitalismo, en la que se halla grabada la cantinela de los perdedores, las víctimas anónimas del sueño americano”.

Otras opiniones (según señala el propio Scofield) no fueron tan favorables. En su momento, muchos críticos le consideraron un escritor de segunda o tercera fila, uno de tantos autores pulp que no lograron brillar con la misma fuerza que los grandes iconos del género. Del argumento de Sentimental Journey se dijo que plagiaba el de Cosecha roja. De casi todas sus novelas, que sentía una morbosa tendencia a la violencia gratuita.

Hoy casi nadie le recuerda. Injustamente, ha ido a parar a ese limbo donde Goodis o Manchette habitaron durante años. Y ahí está ahora: esperando el rescate.





Información seria

5 03 2009

Alexis Ravelo visto por Montecruz

 

Alexis Ravelo (Las Palmas de Gran Canaria, 1971)

Formado en diversos talleres de escritura, impartidos, respectivamente, por Mario Merlino, Augusto Monterroso y Alfredo Bryce Echenique. Coordina el Taller Creativo Domingo Rivero y los talleres narrativos del Centro de Aprendizaje Unibelia.

The Ella Sher Literary Agency
http://www.ellasher.com/
ella@ellasher.com

Libros:

Narrativa breve:

  • Segundas personas (Mención especial en el Premio Poeta Domingo Velázquez, 1999), Cabildo Insular de Fuerteventura.
  • Ceremonias de interior (Baile del Sol).
  • Algunos textículos (Anroart).

Novela:

  • Tres funerales para Eladio Monroy (Anroart)
  • La noche de piedra (La iniquidad I) (Anroart)
  • Sólo los muertos (Anroart)
  • Los días de Mercurio (La iniquidad II)
  • Los tipos duros no leen poesía (Anroart)
  • Morir despacio (Mercurio)
  • La estrategia del pequinés (Alrevés). Premio Dashiell Hammett a la mejor novela negra publicada en español en 2013. Premio Tormo 2014. Premio Novelpol 2014 (ex aequo). Premio LeeMisterio 2013 al mejor personaje femenino por Cora.
  • El viento y la sangre (Navona). Publicada con el seudónimo M. A. West.
  • La última tumba (EDAF) XVII Premio Ciudad de Getafe de Novela Negra. Nominada al II Premio Pata Negra.
  • Las flores no sangran (Alrevés).
  • La otra vida de Ned Blackbird (Siruela).
  • Los milagros prohibidos (Siruela).
  • El peor de los tiempos (Alrevés)

Novela didáctica:

  • De fuera vendrán (Oberta Publishing)
  • El hambre y la fe (Oberta Publishing)

Infantil:

  • La historia del bufón Alegre Contador (Anaya)
  • La princesa cautiva (Anroart)
  • Los perros de agosto (Anaya)
  • Las fauces de Amial (Editorial Progreso, México)
  • La fuga (Cam-PDS)
  • Las pruebas de Maguncia (Anaya).

Antologías:

  • Relato español actual, edición de Raúl Hernández Viveros (UNAM-Fondo de Cultura Económica).
  • Por favor, sea breve 2, edición de Clara Obligado (Páginas de Espuma).
  • Los mundos de la minificción, edición de Osvaldo Rodríguez (Aduana Vieja)
  • Microrrelato en Canarias, edición de Carlos de la Fe (Anroart)
  • Generación 21, edición de Ánghel Morales (Aguere-Idea)

Participación en experiencias interdisciplinares: CAAM-Leer la Colección, Otra vuelta por los trópicos, Gente Y Lustre, Escritos a Padrón, Proyecto Ecos-El ojo narrativo.

Participación en volúmenes de ensayo: Literatura y compromiso: Pedro García Cabrera (UNED-Ayto. de Telde), La cultura vanguardista en Canarias. Reflexiones sobre la obra de Agustín Espinosa (UNED-Proyecto Sur),y Paisaje y esfera pública (Cabildo de Gran Canaria-Colegio de Arquitectos de Canarias).

Participación en volúmenes colectivos de narrativa: Trazos interrumpidos (Premios Cajacanarias, 1996)Reincidencias (CCPC), Ínsulas encantadas y Rojo sobre negro (Anroart), Relatos de Biblioteca (Gobierno de Canarias).

Artículos, reseñas, críticas y textos de ficción en las publicaciones: La Plazuela de las Letras, Canarias 7, el suplemento “Cultura” de La Provincia, Anarda, Contemporánea, Disenso, Agenda Bohemia, Al-Harafish, Pensamiento-Escritura, Estilo Las Palmas.

Miembro de SGAE y de CEDRO y ex miembro de la Asociación Canaria de Escritores (renuncia en octubre de 2008).

Cofundador y miembro del consejo de redacción de la revista La Plazuela de las Letras, en su Primera Época.

Creador y coordinador, junto con Antonio Becerra Bolaños, del espacio Matasombras, de la sala Cuasquías.

Coordinador, con Pedro Flores, de Biblioteca en Movimiento (plataforma de actividades de animación a la lectura en el Gabinete Literario de Las Palmas).

Coordinador de las actividades de la Asociación Canaria de Escritores en la Feria del Libro de Las Palmas de Gran Canaria 2007.

Creador y coordinador textual del ciclo literario-musical El sonador de lecturas. Escritos en el asfalto (Gabinete Literario de Las Palmas, verano de 2008).

Coordinador literario del ciclo Música y Relatos en San Martín Centro de Cultura Contemporánea (primavera de 2011).

Talleres:

  • La máquina del cuento, junto a Blas Laiz y Fernando Martínez ‘Montecruz’ (taller interdisciplinar de introducción a la escritura, la narración oral y la ilustración de cuentos). Impartición en colegios, institutos, Ceps y bibliotecas.
  • Talleres de escritura en diversos centros de primaria y secundaria.
  • Factoría de ficciones (taller de escritura creativa en torno al cuento contemporáneo). Impartición en la ULPGC y la Biblioteca Pública del Estado.
  • Factoría de ficciones en Leer es Libertar, destinado a los reclusos del Centro Penitenciario de Salto del Negro.
  • Participación en los Talleres de Novela Negra de Arona.
  • Coordinador del Laboratorio Creativo Anroart.
  • Talleres de Escritura Creativa en Unibelia.
  • Talleres de Escritura Creativa Museo Poeta Domingo Rivero.

Letras: para los compositores e intérpretes Carlos Oramas, Javier Cerpa, Germán G. Arias, Juan Manuel Marrero.

Artes escénicas:

  • Infantiles: El laberinto de los sueños, Cumpleaños feliz y Paparruchas Park, para la Compañía Zalakadula (libretos y canciones).
  • Adultos: Monólogo de un acordeón vagabundo y La mujer de mi vida, para Camino Viejo Producciones.
  • El álbum de fotos del abuelo, para Araguaney.
  • Sueño de mujer, para En-Cantadoras.
  • Clara y las sombras (ópera), de Juan Manuel Marrero, Proyecto InterArtes
  • El crimen de la perra Chona (coautoría con Antonio Lozano), para Los Gofiones y una hora menos Producciones.
  • Satie, monólogo musical para dos pianos mudos, para la Fundación Teatro-Auditorio de Las Palmas de Gran Canaria.

Audiovisual:

  • Documentación y supervisión de diálogos para El juramento de Puntabrava (Televisión Canaria)
  • Guiones para Chiquito Club (Televisión Canaria)
  • Guion de Risco Caído, un calendario de luz, documental producido por el Cabildo de Gran Canaria.

Colaboraciones radiofónicas:

  • Canarias Ahora Radio: “La Esquina”, y la “Tertulia Gamberra de los viernes”, en El Correíllo (dirigido por Juan García Luján).
  • SER Canarias: “La buena letra”, en Hoy por Hoy Las Palmas.




Libros que me enseñaron algo

1 04 2013

Es fama que Borges escribió: “Que otros se jacten de los libros que les ha sido dado escribir; yo me jacto de aquellos que me fue dado leer”. Una participante en el Taller de Narrativa de Unibelia me ha puesto en un aprieto: me ha pedido que, al margen de la bibliografía esencial que suministro a lo largo de cada taller, les proporcione a ella y a sus compañeros una lista de aquellos libros que yo creo que me han sido útiles en esa tarea de aprender a contar historias. Esto es tanto como preguntarme cuáles son los libros que me han influido. Y (si aceptamos que todo aquello que lees, te influye), tanto como preguntarme qué libros he leído.

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Pero como quiera que alguna vez suelen preguntarme qué autores me han influido y hasta ahora no había elaborado una nómina que me sirviera para salir del paso, he decidido aprovechar la excusa para pararme a pensar y anotar. Además, soy de los que piensan que muchas veces se llega a los mejores libros porque un amigo te los recomendó o porque leíste un artículo o un libro en los que se los mencionaba. Y a ti, que lees este blog, te considero persona amiga.

Así que, sin ánimo de ejercer como prescriptor, y, claro está, sin afán canónico alguno, ofrezco aquí esa nómina siempre incompleta de autores y textos que (yo creo que) me marcaron de alguna manera, que me enseñaron algo (si es que algo aprendí) sobre el oficio de la escritura. Y lo hago con algo de pudor, pero con gusto, porque eso me ha proporcionado excusa para pasar la tarde del domingo recordando a algunos viejos amigos impresos en todo tipo de papel, formato y dimensiones, aunque abunden entre ellos las ediciones baratas o de bolsillo, compradas de segunda o tercera mano, no devueltas a sus legítimos propietarios o, incluso, hurtadas en centros comerciales y bibliotecas que ya no existen.

Casi todos los títulos te serán conocidos. Los que no, puede que despierten tu curiosidad o lleguen a merecer tu atención.

En cualquier caso, fueron llegando a mis manos por cauces y motivos dispares: como lecturas de estudiante, por recomendación, por mera curiosidad o por azar. La mayoría los leí siendo joven (con los años he descubierto que los libros realmente importantes en tu vida son aquellos que lees antes de los treinta). Otros, unos pocos, son nuevos amigos de la última década. En cuanto a géneros, hay absolutamente de todo, aunque menos abundante es la poesía, acaso porque soy de aquellos que leen poesía por mero vicio, por puro y genuino placer. Lo único que puedo decir con seguridad es que todos y cada uno de ellos me hicieron disfrutar y me han hecho pensar, y que todos contribuyeron en una u otra medida a este aprendizaje, que no cesa.

Antes, algunas advertencias: como cito de memoria, puede que haya alguna inexactitud en la correcta transcripción de nombre y títulos. Y no hay orden ni concierto, salvo el alfabético, pues si atendiéramos a la cronología, yo habría de confesar que, por ejemplo, Kafka apareció en mi biblioteca antes que Virgilio. Tampoco hay corrección política: siempre me ha dado igual de dónde sea un autor o de qué época, si es hombre o mujer, de derechas o de izquierdas. Por último, esta lista no pretende ser exhaustiva. La fue haciendo el tiempo y ahora la recoge la memoria: si aquel es inexorable, esta no es infalible. Por consiguiente, el tintero quedará abarrotado de nombres y de títulos que hoy no han querido aflorar a mi maltratado córtex.

Así pues, ahí van esos libros que me enseñaron algo:

1.               Abagnano: Historia de la Filosofía.

2.               Adolfo Bioy Casares: La invención y la trama.

3.               Adorno: Notas sobre literatura.

4.               Agnes Heller: Sociología de la vida cotidiana.

5.               Akutagawa: Rasomon.

6.               Alberto Manguel: Una historia de la lectura.

7.               Alejandro Dumas: El Conde de Montecristo.

8.               Anaïs Nin: Delta de Venus. Diarios.

9.               Andreiev: Los espectros. Cuentos.

10.            Apollinaire-Dalizé: La Roma de los Borgia.

11.            Ariwara No-Narihira: Cuentos del Ise.

12.            Arozarena: Mararía. Caravane.

13.            Asimov: Fundación. Yo, Robot.

14.            Bárbara Jacobs: Doce cuentos en contra. Vida con mi amigo.

15.            Baricco: Seda. Noveccento. Tierras de cristal. Homero, Ilíada.

16.            Barrie: Peter Pan.

17.            Beckett: Fin de partida. Esperando a Godot. Malone muere. Molloy.

18.            Bierce: El clan de los parricidas. Diccionario del Diablo.

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19.            Bolaño: 2666. Los detectives salvajes.

20.            Böll: Opiniones de un payaso. Billar a las nueve y media. Casa sin amo. El honor perdido de Katharina Blum.

21.            Boris Vian: El Lobo-Hombre. La espuma de los días. La hierba roja. El otoño en Pekín. El arrancacorazones. Escupiré sobre vuestra tumba.

22.            Bradbury: Fahrenheit 451. Crónicas marcianas. Remedio para melancólicos.

23.            Bram Stocker: Drácula.

24.            Broch: Los inocentes.

25.            Bulgakov: El maestro y Margarita.

26.            Burgess: La naranja mecánica.

27.            Buzzati: El desierto de los tártaros. Cuentos completos.

28.            Cain: Pacto de sangre. El cartero siempre llama dos veces.

29.            Campos-Herrero: Fieras y ángeles. Ficciones mínimas.

30.            Camus: El extranjero. La peste. La caída. El mito de Sísifo. El hombre rebelde. Calígula.

31.            Cantar de Mío Cid.

32.            Capote: Cuentos completos. Otras voces, otros ámbitos. A sangre fría.

33.            Carmen Laforet: Nada.

34.            Carson McCullers: El corazón es un cazador solitario.

35.            Carver: ¿De qué hablamos cuando hablamos de amor?

36.            Cela: La familia de Pascual Duarte. La colmena. Mazurca para dos muertos.

37.            Cervantes: El Quijote. Novelas ejemplares.

38.            Cesare Pavese: El oficio de vivir / El oficio de poeta. Trabajar cansa. Vendrá la noche y tendrá tus ojos.

39.            Chejov: Cuentos. Tío Vania.

40.            Chesterton: El candor del Padre Brown.

41.            Cioran: Breviario de podredumbre. En las cimas de la desesperación.

42.            Clarín: La Regenta.

43.            Copleston: Historia de la Filosofía.

44.            Cormac McCarthy: Hijo de Dios. La carretera.

45.            Danilo Kis: Una tumba para Boris Davidóvich.

46.            David Markson: La amante de Wittgenstein.

47.            Delibes: El camino. Cinco horas con Mario. Los santos inocentes. 377-A, Madera de héroe. El príncipe destronado. El hereje.

48.            Djuna Barnes: El bosque de la noche.

49.            Dostoyevski: El idiota. El jugador. Crimen y Castigo.

50.            Dürrenmatt: Justicia. La promesa. El juez y su verdugo. La visita de la vieja dama.

51.            Elias Canetti: Auto de fe. El testigo escuchón.

52.            Ende: Momo. La historia interminable.

53.            Espinosa: Crimen. Lancelot 28º-7º. Media hora jugando a los dados. Artículos y ensayos.

54.            Faucault: El orden del discurso.

55.            Faulkner: Santuario. El ruido y la furia. Luz de agosto. Cuentos de Nueva Orleans.

56.            Fernández Santos: Extramuros.

57.            Fernando de Rojas: La Celestina.

58.            Flaubert: Madame Bovary. Cuentos.

59.            Francois Rabelais: Gargantúa y Pantagruel.

60.            Freud: El malestar en la cultura. El yo y el ello. La interpretación de los sueños. Ensayos sobre sexualidad.

61.            Frisch: No soy Stiller.

62.            Gadamer: Estética y hermenéutica.

63.            García Cabrera: Romancero cautivo. Elegías muertas de hambre. El hombre en función del paisaje. Transparencias fugadas. La rodilla en el agua.

64.            García Gual: La secta del perro. Epicuro.

65.            García Márquez: Crónica de una muerte anunciada. Cien años de soledad. El otoño del patriarca. La hojarasca. El coronel no tiene quien le escriba. El amor en los tiempos del cólera.

66.            Gide: El inmoralista. La secuestrada de Poitiers.

67.            Gilson: El pensamiento en la Edad Media.

68.            González Ledesma: Crónica sentimental en rojo. Una novela de barrio.

69.            Graham Greene: El poder y la gloria.

70.            Grass: El tambor de hojalata. El rodaballo.

71.            Graves: Yo, Claudio. Claudio el Dios y su esposa Mesalina.

72.            H. G. Wells: El hombre invisible. La guerra de los mundos. La isla del doctor Moreau.

73.            Harper Lee: Matar un ruiseñor.

74.            Harris: Introducción a la Antropología General.

75.            Heidegger: Ser y Tiempo.

76.            Helene Hanff: 84, Charing Cross Road.

77.            Henry James: Otra vuelta de tuerca. Los papeles de Aspern.

78.            Henry Miller: Sexus. Plexus. Nexus.

79.            Herman Melville: Moby Dick. Bartleby, el escribiente. Billy Budd. Benito Cereno.

80.            Hesse: El lobo estepario.

81.            Highsmith: El talento de Mr. Ripley. El juego de Ripley. Extraños en un tren. Pequeños cuentos misóginos.

82.            H. P. Lovecraft: Los mitos de Ctulhu. El color surgido del espacio.

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83.            Homero: Odisea e Ilíada.

84.            Horacio Güiraldes: Don Segundo Sombra.

85.            Ibsen: Un enemigo del pueblo.

86.            Ignacio Aldecoa: Cuentos completos.

87.            Isidore Ducasse: Cantos de Maldoror.

88.            Italo Calvino: Nuestros antepasados. Marcovaldo. La nube de Smog. Si una noche de invierno un viajero. Las cosmicómicas. Las ciudades invisibles. ¿Por qué leer los clásicos? Seis propuestas para el próximo milenio.

89.            John Berger: G.

90.            Jorge Luis Borges: Obra completa.

91.            José Hernández: Martín Fierro.

92.            Joseph Conrad: El corazón de las tinieblas. La línea de sombra. El Duelo. Lord Jim. Gaspar Ruiz.

93.            Joyce: Dublineses. Ulises.

94.            Juan Carlos Onetti: Juntacadáveres. El astillero. Dejemos hablar al viento. La muerte y la niña. Los adioses. Cuando ya no importe.

95.            Juan José Arreola: Confabulario.

96.            Juan Marsé: Últimas tardes con Teresa. El embrujo de Shangai.

97.            Juan Perucho: El caballero Cosmas.

98.            Julián Marías: Biografía de la filosofía.

99.            Julio Cortázar: Los relatos (4 volúmenes). Rayuela. Historias de cronopios y de famas. Los premios. Libro de Manuel. 62, modelo para armar. La vuelta al día en ochenta mundos. Último Round.

100.         K. Dick: ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? Cuentos.

101.         Kadaré: El palacio de los sueños.

102.         Kafka: Obra Completa.

103.         Kawabata: Una grulla en la taza de té. Lo bello y lo triste. La casa de las bellas durmientes.

104.         Kenneth Rexroth: 100 poemas japoneses.

105.         Kirk y Raven: Los filósofos presocráticos.

106.         Kundera: La insoportable levedad del ser. La inmortalidad. El arte de la novela.

107.         Laurence Sterne: Tristram Shandy.

108.         Lazarillo de Tormes.

109.         Lem: Solaris.

110.         Lledó e Íñigo: Lenguaje e Historia.

111.         Lucrecio: De la naturaleza de las cosas.

112.         Madrid: Días contados. Serie de Toni Romano.

113.         Malraux: La condición humana. La esperanza. La Vía Real.

114.         Mansfield: Cuentos completos.

115.         Márai: La amante de Bolzano. El último encuentro. La herencia de Eszter. Diarios.

116.         Martín Santos: Tiempo de silencio.

117.         Marx: Manuscritos de economía y filosofía. El capital.

118.         Matute: Algunos muchachos.

119.         Maupassant: Bola de sebo. Cuentos de guerra.

120.         Max Aub: Las buenas intenciones. Crímenes ejemplares.

121.         Mendoza: La verdad sobre el caso Savolta.

122.         Meyrink: El Golem.

123.         Milorad Pavic: Diccionario jázaro.

124.         Monterroso: Movimiento perpetuo. Obras completas y otros cuentos. La oveja negra y demás fábulas. Lo demás es silencio. La letra e. Los buscadores de oro.

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125.         Muñoz Molina: El invierno en Lisboa. Beltenebros. En ausencia de Blanca.

126.         Murasaki Shikibu: La novela de Genji.

127.         Musil: El joven Törless.

128.         Nabokov: Lolita. La defensa Lutzin. Curso de literatura europea.

129.         Nathaniel Hawthorne: La letra escarlata.

130.         Oliverio Girondo: Poesía completa.

131.         Orwell: 1984.

Fotograma de la versión cinematográfica dirigida por Michael Radford.
Fotograma de la versión cinematográfica dirigida por Michael Radford.

132.         Papini: Un hombre acabado.

133.         Pauline Rèage: Historia de O.

134.         Pedro Lezcano: Cuentos sin geografía.

135.         Perec: La vida, instrucciones de uso.

136.         Pérez Galdós: Misericordia. Trafalgar. Tormento. Marianela. Miau.

137.         Poe: Narraciones extraordinarias.

138.         Puig: El beso de la mujer araña. Boquitas pintadas.

139.         Queneau: Zazie en el metro. Ejercicios de estilo.

140.         Roald Dahl: Relatos de lo inesperado. Las brujas. Charlie y la fábrica de chocolate. Los cretinos. James y el melocotón gigante. Matilda.

141.         Roberto Arlt: El juguete rabioso. Los siete locos. Cuentos.

142.         Rodari: Gramática de la fantasía. Cuentos por teléfono. Cuentos para jugar.

143.         Romancero Castellano.

144.         Sábato: Sobre héroes y tumbas.

145.         Saki: Cuentos.

Doce cuentos malévolos, de Saki, Barcelona, Navona, 106 páginas.
Doce cuentos malévolos, de Saki, Barcelona, Navona, 106 páginas.

146.         Saramago: Todos los nombres. Ensayo sobre la ceguera. La balsa de piedra. Historia del cerco de Lisboa.

147.         Sartre: La náusea. El existencialismo es un humanismo. El Ser y la Nada. Las moscas. A puerta cerrada. La puta respetuosa.

148.         Sciascia: El contexto. Una historia sencilla. Los apuñaladores. El caballero y la muerte.

149.         Shakespeare: Macbeth. Rey Lear. Ricardo III. Hamlet. Titus Andronicus. Julio César.

150.         Solschentzin: Un día en la vida de Iván Denisovich.

151.         Sontag: La enfermedad y sus metáforas. El sida y sus metáforas. Bajo el signo de Saturno. Al mismo tiempo.  

152.         Spinoza: Ética.

153.         Stendhal: La cartuja de Parma.

154.         Stevenson: La isla del tesoro. Las nuevas noches árabes.

155.         Tabucchi: Réquiem. Sostiene Pereira. Dama de Porto Pim.

156.         Thompson: 1280 almas. El asesino dentro de mí. Los timadores.

157.         Tolstoi: Anna Karenina.

158.         Torrente Ballester: La saga / Fuga de J. B.

159.         Umberto Eco: El péndulo de Foucault.

160.         Unamuno: La tía Tula. Niebla. San Manuel Bueno, Mártir. Abel Sánchez. Del sentimiento trágico de la vida.

161.         Victor Hugo: Los miserables.

162.         Viera y Clavijo: Noticias de la historia general de las Islas de Canaria.

163.         Virgilio Piñera: Cuentos Completos.

164.         Virgilio: Eneida. Metamorfosis. El arte de amar.

165.         Vladimir Propp: Las raíces históricas del cuento.

166.         Wilde: Cuentos completos. De profundis.

167.         Wilkie Collins: La piedra lunar.

168.         Woolf: La señora Dalloway. Las olas. Orlando. Una habitación propia. Cuentos completos.

169.         Yourcenar: Memorias de Adriano. Alexis, o el Tratado del inútil combate. El tiro de gracia. Cuentos orientales.

170.         Zweig: Calidoscopio. Fuché. María Estuardo. Veinticuatro horas en la vida de una mujer. Carta de una desconocida.

A todo esto habría que añadir lecturas parciales de la Biblia y los Upanishads, antologías de cuentos anónimos chinos, europeos, japoneses, indios, rusos, del África Negra, de Marruecos, de la América Prehispánica. Así como antologías de cuentos contemporáneos de Perú,  México, EEUU, Alemania, Cuba, Argentina, Canarias, España, o el ámbito hispano en general. Y, finalmente, pero siempre al principio, el Poema de Gilgamesh, porque, al fin y al cabo, ¿qué libro no proviene de él?





Algunos libros

23 12 2006

Novela

 

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Los milagros prohibidos, Madrid, Siruela, 2017, 330 páginas

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Les fleurs ne saignen pas (traducido por Amandine Py), Mirobole Editions, 2016, 411 páginas

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La otra vida de Ned Blackbird, Siruela, 2016, 181 páginas.

Las flores no sangran, Alrevés editorial, 336 páginas

Las flores no sangran, Alrevés editorial, 336 páginas

portada la última tumba

XVII Premio Ciudad de Getafe de Novela Negra 2013. Nominado al II Premio Pata Negra. Este libro tiene banda sonora: http://www.youtube.com/playlist?list=PL59eD-8utSrslj3Zba89YbtASEYQ_HQI4

Adobe Photoshop PDF

Premio Dashiel Hammett a la mejor novela de género negro publicada en el año 2013

Premio Novelpol 2014

Premio Tormo 2014

Premio Lee Misterio 2013 al Mejor Personaje Femenino por Cora

viento

Serie Eladio Monroy

Portada de Fernando 'Montecruz'

Portada de Fernando ‘Montecruz’

Serie La iniquidad

Infantil y juvenil

las pruebas de maguncia

dácil

Cuento y microrrelato





Cerebro de mosquito

15 11 2006

Había un hombre que tenía cerebro de mosquito. De ordinario, algo superior a él le impulsaba a vagar alrededor de la gente que se hallaba a su paso, produciendo un zumbido leve pero constante y muy molesto. De vez en cuando, la tomaba con alguna persona, generalmente niños o mujeres jóvenes, de piel delicada y aspecto sonrosado. En cuanto tenía oportunidad, aplicaba su boca a las piernas o la espalda o el cuello o las nalgas de su víctima y se esmeraba en la inicua e indecorosa tarea de succionarle la sangre, actividad en la que había llegado a convertirse en todo un experto. De nada servían los manotazos y aspavientos de sus víctimas, que, en poco rato, quedaban congestionadas y doloridas, con un cuarto de litro menos de sangre y algunas ronchas de más. El hombre que tenía cerebro de mosquito tuvo una vida intensa, pero breve. Acabó con él la sangre de una de sus víctimas, una joven cuyo aspecto sano ocultaba un virus maligno adquirido mediante transmisión sexual. Consecuencias de no adoptar las debidas precauciones.








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