Pepe Rubianes hasta la última coma

19 02 2014
Después de despedirme, de Pepe Rubianes (Edición a cargo de Josep Forment), Barcelona, Alrevés, 189 páginas.

Después de despedirme, de Pepe Rubianes (Edición a cargo de Josep Forment), Barcelona, Alrevés, 189 páginas.

Ya ha salido en la Península (y pronto llegará a las librerías canarias) Después de despedirme, el Pepe Rubianes inédito que Josep Forment y Alrevés llevaban tanto tiempo preparando. Son 189 páginas, más de ochenta textos firmados por el actor y humorista a lo largo de tres décadas, recopilados por Forment de entre el sinfín de cuadernos cuyas páginas frecuentaba cada día.

Constituyen una miscelánea de artículos, aforismos, textos teatrales, apuntes para stand up, cartas, poemas y apuntes de viaje realizados en algunas de las muchas ciudades que recorrió, viajero incesante, a lo largo y ancho del mundo, agrupadas por el editor por géneros, pero también por temáticas y líneas de fuerza. Es el de Forment un trabajo que adivino esforzado y, en mi opinión, digno de elogio.

Por supuesto, en este libro está el Rubianes polémico, el que no tenía pelos en la lengua y se mojaba por todos llamando hijos de puta a los hijos de puta aunque ello le granjeara odios y le cerrara puertas. El Rubianes de un humorismo salvaje y una lucidez entre lo canalla y el dandismo (entre Juan Madrid y Oscar Wilde, para entendernos) capaz de sacar los colores a cualquier defensor del correctismo. Pero también se descubre (sobre todo en sus poemas y sus cartas) al hombre sensible, el pesimista amante de la vida, el que escribía poemas de amor a ciudades exóticas y expresaba su pasión a amantes sin nombre.

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Tú ya sabías quién era Rubianes. El actor que comenzó en Dagoll Dagom y luego se convirtió en un francotirador que daba patadas en la cabeza del burgués en espectáculos como Pay–Pay, La pasión de Cristo o Solamente Rubianes, haciéndonos gozar en televisión con su encarnación de Makinavaja (hubo en cine otro Maki, pero para mí, el único Maki era Rubianes) y formando parte de esa película bella y triste que fue El crimen del Cine Oriente. El tipo valiente que se enfrentó a una tormenta mediática cuando dijo que España se la sudaba por delante y por detrás (pensamiento que todos callamos pero a más de uno se le ocurre cuando quienes contribuyen a que su pueblo pase hambre y frío esgrimen esa “unidad de España” agitando la bandera, esos patriotas que lo darían todo por España menos el pastizal que esconden en Suiza), y que expuso así a la picota su Lorca eran todos. El mismo que, por defender la memoria histórica, fue acusado en un tribunal de vulnerar el derecho al honor de Julián Lanzarote, alcalde de Salamanca, acusación que le siguió más allá de la muerte.

Ahora sabrás quién era el otro Rubianes, el que había detrás de esa imagen pública, el que formaba parte de esta y acaso la sustentaba y llenaba de contenido.

Uno y otro nos dejaron hace cinco años. Hoy, cuando tanta falta nos hacen tíos tan deslenguados y tan justos y tan valerosos como él, regresa en estos textos que no pudo publicar en vida, para continuar incomodando a la España más rancia, la que es fea, católica y sentimental; para hacernos recapacitar sobre lo que consideramos valioso en esta sociedad cada vez más anestesiada; para denunciar a los fachas, a los necios, a los siervos del poder fáctico, a los injustos, a aquellos que no gastan tacos en su vocabulario porque ya nos insultan a todos cada día con sus acciones.

Entre esos textos, los dedicados a los dirigentes de entonces (tan poco diferentes de los actuales), son de esos que no tienen desperdicio, de los que se leen con una carcajada y un asentimiento, que continúan, por desgracia, teniendo vigencia. Hoy, cuando se ha sabido que un senador (otro más) tenía un pastizal sin declarar en un banco suizo, y la noticia comparte portadas con la polémica sobre la absurda muerte de quince inmigrantes en Ceuta, la tienen más que nunca. Hasta la última coma.





Un brindis por Josep Forment

9 07 2015

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Nos tratamos poco tiempo (apenas un año y medio), pero me influyó mucho. Como los grandes personajes del teatro, apareció en mi vida después de anunciarse a través de la admiración que provocaba en los demás (Gori, Ilya, Roger, Claudia, Angels), y cuando lo hizo superó con creces las expectativas que los comentarios sobre él habían despertado.

En persona, al principio, me pareció una especie de Woody Allen catalán. No por su físico ni por su forma de vestir, sino por su inteligencia. Y no el Allen de los escándalos y las frivolidades, sino el que yo adoraba en los años noventa, el de los aforismos mordaces y la mirada a la cultura desde los márgenes del discurso. Culto, irónico, sutil, pero capaz de vestirse de inocencia para mirar con curiosidad a las personas más allá de los prejuicios (eso que solo hacen los sabios), se convirtió para mí en un referente. Recuerdo agradables charlas en torno a la mesa de Gori Dolz; largas conversaciones telefónicas que tenían como excusa los textos sobre los que trabajábamos pero acababan derivando en debates sobre las contradicciones entre el mundo editorial y el mundo de la literatura (tú ya sabes que no son el mismo; nosotros lo sabíamos también y eso nos preocupaba); un Sant Jordi en el que él estaba abrumado por el éxito de su edición de los textos de Pepe Rubianes, pero aun así se aseguró de que no me perdiera nada de la magia de ese día y en el que le mostré, con orgullo de canario, un libro de poemas de Federico J. Silva, cuyos juegos supo entender. Recuerdo también mi primera Semana Negra de Gijón (la del año 2013), que vivimos juntos, y los no menos largos debates sobre ese mismo tema, su idea de poner las cosas claras acerca de esa escisión entre precio y valor de la obra, mi empeño en que escribiera un ensayo sobre ello. Y después recuerdo también sus traducciones de Rimbaud (tradujo toda la obra de Arthur Rimbaud, en formatos muy originales) y sus libros sobre él, que los lectores inteligentes buscarán y que yo no tuve tiempo de decirle que me parecían un antes y un después en el conocimiento en castellano de este poeta que, según él señaló, era también un filósofo. La última vez que hablamos fue, si no recuerdo mal, el sábado 5 de julio de 2014. Esa conversación fue crucial para mí: discutimos cosas que ni a él ni a mí nos gustaban del libro que yo estaba terminando; también cosas que a ambos nos parecían filones a explotar. Por último, le pregunté si iría ese año a la Semana Negra, si repetiríamos nuestros paseos y nuestras charletas. Me dijo que ese año no acudiría, que ya habría otras ocasiones, que volveríamos a vernos, que volveríamos a hablar. Eso jamás ocurrió. El día 9 de julio, cuando yo hacía las maletas para ir a Asturias, Roger Clanchet me llamó para darme la noticia increíble de que había fallecido repentinamente.

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Pocas personas a las que haya tratado tan poco tiempo han dejado tanta huella en mí. Así que comprendo perfectamente la huella que Josep Forment (autor, editor, pensador) ha dejado en quienes le trataron más estrechamente y durante mucho más tiempo. Y mi dolor chico de amigo es incapaz de hacerse una idea de la amplitud del dolor grande que dejó en su familia.

Hoy, a la siete y media de la tarde, hora peninsular, algunas de esas personas se reunirán en la librería Negra y Criminal de Barcelona (ese foco de activismo cultural que Montse Clavé y Paco Camarasa mantienen encendido en Barceloneta) para recordarle y brindar por él. Por lo que fue. Y por lo que es, eso que sigue vivo en sus libros (los que escribió y los que editó, haciéndolos posible y, sin duda, haciéndolos mejor de lo que podrían haber sido) y, sobre todo, eso que sigue vivo en la memoria de quienes le conocimos y le quisimos, que viene a ser lo mismo, porque no se me ocurre que alguien pueda haberle conocido sin quererle.

Desde este cachito de África, este autor calvo también brinda por ti, Josep Forment, con infinito agradecimiento por haberte conocido, aunque fuera por tan poco tiempo.





Sant Jordi, Las Casas Ahorcadas, un ascensor, la vida

28 04 2014

La pasada fue una de esas semanas que no se olvidan. Como sabrás por las redes, estuve en la Península: primero en Barcelona para celebrar Sant Jordi y luego en Cuenca, invitado por la Diputación, para participar en Las Casas Ahorcadas, el encuentro que desde 2013 organiza el comisario (y sin embargo amigo) Sergio Vera, con su grupo de activistas que lleva el mismo nombre del encuentro. Y, entre una cosa y otra (justo en el tren entre Valencia y Cuenca), ha llegado una noticia que nunca esperé (soñaba con ella, pero no la esperaba): una de mis novelas, en concreto La estrategia del pequinés, ha sido nominada para el Premio Hammett, un galardón que ya tienen muchos escritores que admiro (Paco Ignacio Taibo II, Andreu Martín, Guillermo Orsi, Raúl Argemí, Francisco González Ledesma, Leonardo Padura o Cristina Fallarás) y al que mi novela concurre con otras de autores a quienes no admiro menos, como mi muy querida Rosa Ribas. Así que no puedo estar más contento y, antes de preparar la maleta nuevamente y salir para Tenerife (la semana que viene se celebra NNegra de Arona y hay que comenzar a dar talleres en los institutos para contaminar esas mentes frescas) vale la pena pararse un momento para contar todo eso que pasó entre el martes pasado y hoy.

Para empezar por el principio: la medianoche del 22 al 23 de abril me sorprendió en un hotel de Barcelona al que habíamos ido a tomar la arrancadilla. Concretamente dentro de un ascensor donde nos quedamos encerrados cuatro editores, dos escritores y dos chicos de New Jersey que se hospedaban allí y cuyos padres esperaron pacientemente los cuarenta minutos que los bomberos (para alegría postrera del personal femenino) tardaron en sacarnos.

En Sant Jordi (esa descomunal fiesta del libro que es como la Noche de Reyes en Triana pero abarcando media ciudad) hubo oportunidad (y se aprovechó) de comprar libros y conocer o re-conocer a sus autores. Hubo también reparto de Ron Aldea en Rambla Catalunya y en Negra y Criminal, a compañeros y lectores (cada vez me dan mayores alegrías en los encuentros personales) y, también, una agradable sorpresa: Después de despedirme, el Pepe Rubianes inédito que comentamos en La Buena Letra y que con tanto cariño editó Josep Forment, fue el tercer libro de no ficción más vendido. Además, Claudia Calva (autora de algunas de las fotos del ascensor) me obsequió dos libros de relatos (ella sabe lo que me gusta), de Sergio Ramírez e Ignacio Padilla.

Y en Cuenca ya se armó el cachondeo, porque Sergio Vera, ese cabecilla negrocriminal, no solo logró reunirnos a todos los que salimos en el programa, sino que el encuentro convocó a muchos amigos queridos de otras zonas de España, como Madrid o León. Por eso pude llevarme la alegría de pasar tiempo con Marta, Rubén, Maribel, Mabi, el Riber, Cecilia y, last but not least, el ínclito Juan Carlos, que me obsequió con uno de esos estupendos cuadernos que hace él como no puede hacer nadie, y con un libro inconseguible de Fernando Marañón.

El de Las Casas Ahorcadas es uno de esos encuentros a los que uno pagaría por ir: un programa apretado pero interesantísimo, buena mesa, mejor paisaje y estupendos, cariñosos y ruidosos amigos que despliegan su pasión por la novela criminal más allá de las mesas oficiales, prolongándolas hasta altas horas de la madrugada.

En fin, acabado por ahora el periplo peninsular. Comienza a prepararse otro encuentro, este isleño, en el que participarán Luis Gutiérrez Maluenda, Andreu Martín, Carlos Álvarez, Eduardo García Rojas y algunos más. Si estás en Tenerife, no te lo pierdas. Si no, intentaré contártelo al volver.

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BCNegra 2014. Crónica íntima

10 02 2014

Lo sé: soy un absoluto impresentable. He dejado abandonado este blog durante muchos días. Te debo varias entradas, entre otras, una que quiero que sea muy especial, sobre Bouvard y Pécuchet y el Estupidario de Flaubert. Para esta aparente desidia, para esta pereza también aparente, solo tengo una excusa: es que estaba trabajando. En los últimos tiempos, Ceremonias es para mí más un descanso que una obligación y entre talleres, lecturas, charlas y la escritura de una novela en la que trabajo desde el año pasado, he tenido poco tiempo para dedicártelo a ti, que siempre te pasas por este rinconcito para ver si hay algo nuevo.

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Pero no quiero que se enfríe esto tan lindo que me traigo de BCNegra 2014, donde, junto con el compañero José Luis Correa, he pasado unos días con otros sesenta autores entre editores, libreros y, sobre todo lectores. Llevábamos bajo el brazo nuestros últimos libros: El verano que miró Chabela y La última tumba. Íbamos, como en otras ocasiones, a la mesa Islas Negras, en la que hablamos sobre novela negra canaria. En otras ocasiones, la moderaba el padre del detective Ferrer, nuestro querido José Luis Ibáñez a quien hemos declarado canario de adopción. Esta vez no pudo ser y tomó el testigo Cristina Manresa i Llop, comisaria (creo que la primer mujer comisaria) de los mossos d’esquadra. A mí (ya sabes que, como Hitchcock, tengo fobia a los uniformes policiales), me intimidaba un poco, pero Cristina no solo resultó ser una lectora estupenda y una hábil interrogadora (eso va con su oficio, supongo), sino una persona muy cálida, por lo cual Correa y yo hemos decidido comenzar los trámites para adoptarla también.

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De esta BCNegra me traigo, como suele ocurrirme cuando voy, momentos muy hermosos. De entrada, el encuentro con viejos amigos que siempre están ahí para aguantarlo a uno y darle calorcito en esos febreros tan fríos de allá. Pero también la oportunidad de apreciar en carne y hueso a personas que ya apreciaba en la distancia, como Leo Coyote, Guillermo Orsi, David C. Hall, Carlos Zanón, Willy Uribe, Luis García Jambrina y, sobre todo, la gran Rosa Ribas, a quien llevo tres años persiguiendo de festival en festival. Y echar buenos ratos y largas parrafadas con ellos y ellas, con unos y otros (los nuevos y los viejos amigos), en tertulias adorablemente interminables.

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Momentos especiales hubo muchos. Estar comiendo con Andreu Martín a un lado, Luis Gutiérrez Maluenda al otro, frente a José Luis Ibáñez, Gloria Blanco, Claudio Cerdán y Pepe Correa (aprovechando que este último estaba afónico para darle caña); el almuerzo de bienvenida con Ella y Amaiur; las charlas sobre literatura con Atram Sin Prisa y Rubén (ir a festivales sin ellos ya no sería lo mismo), Juan Carlos Galindo (que sabe más que el que más sabe sobre esto), Esther Herranz (que también ama Rayuela), Ana María Villalonga y el comando valenciano, con quienes debatimos a altas temperatura etílicas sobre géneros literarios y género sociológico; los ratitos fugaces pero fecundos con la familia de Alrevés, a quienes robé el primer ejemplar de Después de despedirme, la antología de inéditos de Pepe Rubianes que ha editado Josep Forment, y de quienes recibí tres regalos muy especiales: libros de Mario Bellatin, cuya literatura Claudia Calva tuvo el detalle de recordar que yo amo; el recibimiento de Paco Camarasa, Montse Clavé y el resto de las personas que se rompen la crisma cada año para que BCNegra salga adelante; el barullo tumultuoso de la firma del sábado ante Negra y Criminal, en el que de pronto aparecen canarios, hijos o suegros de canarios, o canarios de espíritu, que alguna vez pasaron por las Islas y se dejaron en ellas un cachito de corazón; la simpatía de Mariano Sánchez Soler y de Anik Lapointe y de Dsdmona y de Jokin Ibáñez y José Andrés Espelt y de Rosa y de Rosa María y de Aramys Romero y de Anna Portnoy y de Esther Hernández Martín y de Ricard y de tantas y tantas otras personas que ahora no caben en una entrada o de quienes olvidé anotar nombres y apellidos, pero cuyas imágenes están ahí, tras esta cabeza cansada y feliz.

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La primera vez que fui a BCNegra fue hace seis años. Iba para allá con ilusión y miedo, un casi debutante que viaja adonde se reúnen los buenos, amedrentado y expectante. Ahora (lo comprobé este año), cuando voy a Barcelona, a ese encuentro de la reflexión y la palabra, lo hago sabiendo que voy a casa.

Y cada vez que voy me traigo momentos y recuerdos como esos, los que no pesan en la maleta y que puedes llevarte ya siempre contigo, de viaje en viaje, de mudanza en mudanza. Pero no todo es intangible: también hay otras cosas con las que tienes que regatear el peso cuando te facturan el equipaje. En este caso, mi botín bibliográfico de BCNegra 2014 es este:

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Hasta aquí esta crónica más sentimental que intelectual, más cansada que lúcida, más resacada que beoda. En breve, ese post flaubertiano que te debo. Hoy tocaba dar las gracias por las plegarias atendidas.

[Como esta vez no llevé cámara, las fotos que ilustran esta entrada han sido robadas descaradamente de las redes sociales a personas amigas: Marta de Leer Sin Prisa, Montse y Ana Rosa Durán Albareda, con cuya generosidad cuento]








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