Gastronomías

28 10 2012

Cuando su hijo se ahogó, el viejo pescador prometió vengarse de la mar: “Acabaré contigo –juró–. Te beberé”.

Desde entonces, cada noche, mientras la pequeña aldea duerme, el anciano baja a la playa y da largos tragos de esa agua salada y abominable. Luego vuelve a casa y combate sus cólicos con la rabia y el aguardiente.

Por la mañana siempre regresa y observa a la luz del día la evolución de su revancha lenta, incesante, inexorable, mientras los otros viejos marineros comentan que es curioso que la línea de pleamar esté cada vez más lejana. Será el cambio climático, sugieren aquellos que leen la prensa.

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Amigo del misterio

13 06 2012

Acaso por sentir que la vida tiene algún sentido, acaso por combatir el inevitable tedio cotidiano, últimamente solo piensa en el conocimiento científico para soslayar las certidumbres de este. Se ha convertido en un amigo del misterio, en un cazador de mitos. Para él, los perros salvajes son chupacabras; las sombras nocturnas del bosque, presencias fantasmales; una saturación fotográfica, la irrefutable prueba de la existencia del ectoplasma; unas ruinas prehispánicas, la evidente pista de aterrizaje para naves extraterrestres. Desaprensivos editores y productores televisivos proporcionan abundante material periódico a su búsqueda de enigmas. Autoestopistas que desaparecen sin despedirse, premoniciones, conspiraciones masónicas, luces inexplicables, misterios vaticanos y apariciones marianas pueblan ese universo en el que la parapsicología es una ciencia y la lógica, poco más que una molestia soslayable.

En su mental colección de mitos no figuran, no obstante, los milagros diarios. Jamás se le ha ocurrido buscar el misterio donde realmente está: en la ineluctable lealtad de sus amigos; en las sonrisas que los desconocidos se devuelven en las calles de su ciudad; en la inexplicable belleza de los lunares que pueblan la espalda de su amante; esas cosas que no dan para hacer programas de televisión los domingos por la noche, pero suponen una precisa constatación del asombro.





Caricia de hombre grande

4 06 2012

In memorian José Antonio Ramos

(10 de noviembre de 1969 – 4 de junio de 2008)

Un hombre muy grande se enamoró de un timple, ese instrumento humilde, expósito y chillón. El timple era un instrumento chico cuando aquel hombre grande comenzó a acariciarlo -incesante, insistente- con sabor de tierra germinada y ritmos de marea. A cada contacto con las manos enormes, el timple fue notando cómo brotaban de su propio vientre sonidos y frases que él ignoraba albergar, cadencias inéditas, lenguas que jamás había hablado. Cuando creía que ya lo había dado todo, el pequeño artefacto experimentaba nuevas caricias del hombre grande y volvía a sentir cómo brotaban de sí mismo nuevas sonrisas de bicácaro, nuevas flores de terruño y salitre.

Las caricias cesaron bruscamente un mal día de junio. El timple se miró a sí mismo y se preguntó quién extraería de su caja todos aquellos colores, siendo él tan pequeñito. Unas manos de niño, pequeñitas como el propio timple, le hicieron entender que ahora aquel lienzo se pintaba prácticamente solo, casi a la primera caricia. Se había producido una feliz e inevitable metamorfosis: aquel instrumento chico ya no era chico; había crecido para poder abarcar la caricia de aquel hombre tan grande.





Para un Sant Jordi de la era del e-book

22 04 2012

Homenaje a Gertrude Stein

An e-rose is an e-rose is an e-rose is an e-rose is an e-rose…





A la manera de Campos-Herrero

2 04 2012

Soñó que se tatuaba en la espalda el mapa de una ciudad donde jamás había estado. Al despertar, se hallaba en un dédalo de callejuelas desconocidas.





Soluciones radicales

9 01 2012

El partido ganó las elecciones repitiendo una y otra vez que acabaría con el desempleo y su líder, ahora Presidente del Gobierno, siempre se ha jactado de cumplir con su palabra. Por tanto, nada más formar gabinete, dio órdenes precisas a sus ministros. Una semana más tarde, los desempleados comenzaron a ser convocados, por orden de antigüedad, en las oficinas de empleo. “Me han citado en la oficina de empleo”, anunciaban a sus allegados. “Es posible que al fin me den un trabajo”, comentaban a sus amigos. Así, entre la sorpresa y la ilusión, partían hacia su oficina correspondiente. Y de igual forma entraban en las dependencias, extrañados de no toparse con la sempiterna cola interminable. Cuando se les hacía pasar a uno de los despachos del fondo y un funcionario comprobaba su identidad y la antigüedad de su demanda, aún conservaban una especie de sonrisa en la mirada. Finalmente, se les pedía que cruzaran sin llamar la puerta que había tras el funcionario. Al abrirla, la sonrisa de sus ojos acababa por enfriarse del todo: allá, al otro lado, estaba oscuro. Sin embargo, pocos desempleados hubo que debieran ser empujados hacia el interior; la mayor parte entraron por propia voluntad.

Jamás ha vuelto a saberse de ninguno de ellos. Las familias han ido agrupándose en asociaciones, apoyadas públicamente por algunos colectivos y partidos minoritarios. Y, desde hace algún tiempo, la prensa ha comenzado a hacerse eco (eso sí, tímidamente) de la noticia. Por supuesto, hay teorías para todos los gustos, y el Gobierno, como es natural, respeta la libertad de expresión. De hecho, en las últimas semanas se ha hecho eco de las voces críticas y ha abierto un negociado para investigar estas extrañas desapariciones. Pero se niega a tratarlas colectivamente o por medio de intermediarios interesados en politizar la desgracia. Tratará con cada una de las familias afectadas, a quienes citará individualmente en dependencias oficiales.





Para imaginar cómo será

8 01 2012

Para imaginar cómo será tendría usted que sentarse en su sillón favorito, fijar cuidadosamente las plantas de los pies en el suelo, posar las palmas de las manos sobre los muslos, cerrar los ojos, respirar hondo, y soltar el aire lenta, muy lentamente. Y, cuando ya los pulmones se hayan vaciado y no quede aire que soltar, negarse a inspirar nuevamente y aguantar, aguantar la hondura de plomo en el pecho, la quemazón de la ausencia. Entonces, abrir los oídos y sentir el tictac del reloj, los recuerdos de infancia que vuelven (esa cicatriz del tobillo, aquella bicicleta roja de timbre metálico, los polvos de talco, las bolas de alcanfor del armario sentenciado a muerte por la carcoma), los recuerdos de adulto que se van, un gato que maúlla en algún rincón del barrio, la tos del vecino, las formas que se forman tras sus párpados: manchas verdes como esperanzas dormidas, manchas violetas como cardenales, manchas rojas como el jugo de una daga y azules como la muerte, porque la muerte es azul, finalmente, es azul, la muerte es azul. Y todo eso se irá alejando para siempre y dejará de existir porque usted habrá dejado de pensarlo y acaso de usted solo quede la ternura. Cuando vuelva a tomar aire y regrese al mundo, el mundo volverá a existir y usted sentirá consuelo, aunque habrá conseguido hacerse una idea, tener una representación a la que aferrarse si es usted de esas personas a quienes les gusta adelantar acontecimientos, porque será así, créame, así es como será.








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