Libros para un verano

20 07 2013

Como era el último programa de la temporada y La Buena Letra se va de vacaciones (al menos en antena, porque en Ceremonias continuaré colgando reseñas cada semana) esta vez no traigo un solo libro, sino unos cuantos; así tendrás recomendaciones para todo el verano que puedan acompañarte en la piscina y la playa, después de hacer ejercicio, en las noches de tormenta veraniega, en la casa rural o en el viaje.

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Para la playa y la piscina:

Papiromanía, un libro firmado por cuatro autores: Ricardo Pérez García, Antonio Lino Rivero Chaparro, Rubén Benítez Florido y Juan José Rodríguez Barrera. Es un libro del que yo estoy particularmente orgulloso, porque estos cuatro señores se conocieron en el Laboratorio Creativo Anroart, hace cuatro años, y continuaron viéndose y haciendo tertulia hasta que todo eso cristalizó en esta canallada golfa y divertida que edita Anroart, con olor a fanzine, a patafísica y a cerveza derramada. Son veinticuatro textos breves de todo tipo: cuentos de humor delirante, cuentos escritos desde la memoria, parodias de las novelas de espías y la ciencia ficción y hasta algunos ensayos literarios firmados por Benítez Florido, que para algo es filósofo y ya ha publicado dos volúmenes de este género. Así que, para playa y piscina: Papiromanía, editado por Anroart Ediciones, 111 paginitas de risa y reflexión.

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Para después de hacer ejercicio:

Si eres de quienes prosiguen con Operación Bikini, aquí hay un ensayo estupendo sobre el deporte que tiene fama de ser el más duro: Del boxeo, de la norteamericana Joyce Carol Oates. Carol Oates es muy conocida por sus estupendas novelas, como Puro fuego o Mamá, pero algo que no todo el mundo sabe es que, desde niña, es muy aficionada al boxeo, que viene a ser, como hemos dicho otras veces, el deporte más literario que existe. Aquí Carol Oates sigue los pasos de Norman Mailer, Hemangway y otros muchos y hace una larga y profunda reflexión sobre el boxeo y sobre sus luces y sombras, repasando su historia, sus grandes hitos y obligándonos a hacernos preguntas sobre cómo el combate pugilístico simboliza el combate que todos sostenemos contra nosotros mismos. En mi opinión, este libro solo tiene un defecto: únicamente habla de boxeadores norteamericanos. Por lo demás, es perfecto: Del boxeo, de Joyce Carol Oates, publicado por Punto de lectura, 180 páginas de reflexiones bellamente escritas.

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Para las noches de tormenta veraniega:

Si el cielo de pronto se pone gris, se levanta el viento o empieza a granizar o a tronar y no hay manera de estar al aire libre, recuerda que Navona ha rescatado una de mis joyas preferidas y que no puede faltar en ninguna buena biblioteca: La promesa, del suizo Friedrich Dürrenmatt. Una novela inquietante y oscura de 1959, que trata sobre un policía obsesionado con atrapar a un asesino de niñas, y de cómo desciende a los infiernos de la moral por culpa de esa obsesión. Es una historia que ha sido llevada al cine dos veces (por Ladislao Vajda y por Sean Penn, respectivamente) y que Navona rescata en una nueva traducción, anotada, para quien no sea político o empresario corrupto y no esté, por tanto, familiarizado con los cantones suizos. En Navona Negra (que está convirtiéndose en una colección de lujo): La promesa, de Friedrich Dürrenmatt, 156 páginas inolvidables.

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Para leer en la casa rural:

Para esas tardes tranquilas en la casa rural, después de hacer senderismo con tu pareja, resulta muy recomendable otro rescate de Navona: Golowin, del alemán Jakob Wassermann. Una novela corta intensísima protagonizada por María Von Krüdener, una alemana, madre de familia, casada con un noble ruso desaparecido en la Gran Guerra y que se enfrenta sola con sus hijos a la Revolución Rusa. En su huida, va a conocer a una larga serie de personajes singulares, aunque el que más le llamará la atención es Golowin, el que da título a la novela, un joven capitán revolucionario tan peligroso como cautivador. Wassermann (1873–1934), uno de los grandes autores alemanes del periodo de entreguerras (y ahí, en alemán, están escribiendo monstruos como Canetti, Broch o Zweig), es autor de otras novelas muy célebres, como Gaspar Hauser, pero hoy en día está algo olvidado y esta novela, delicada e inteligente, es una pieza perfecta para acercarse a él: Golowin, de Jakob Wassermann, en Navona, 130 páginas de perfecta literatura.

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Para el viaje en barco, en tren o en avión:

Si el viaje es largo, vale la pena llevarse una de esas novelas ágiles pero complejas, que nos sumergen en un rico universo de muchos personajes que alimentan una intriga constante. Para eso, recomiendo La tristeza del samurái, de Víctor del Árbol. Fue la novela revelación en Francia en 2012 y no para de cosechar éxitos y elogios, en mi opinión merecidísimos. Se trata de una historia que transcurre en dos tiempos: la posguerra y la transición. La tristeza del samurái es el nombre de una espada que simboliza el conflicto entre muchos personajes que callan sus secretos a lo largo de los años y del dolor. Una de esas novelas en las que hay pasiones amorosas y odios viscerales, sin que falten sus buenas dosis de violencia y erotismo. Y con un estilo muy fino, que me abre el apetito para leer su siguiente novela, Respirar por la herida, que anda ya por casa para este verano. Pero, por ahora, La tristeza del samurái, de Víctor del Árbol, editada por Alrevés, 413 páginas de buena, muy buena novela.

Así cerramos esta cuarta temporada de La Buena Letra. Fortunata y yo le vamos a dar un descanso a Eva Marrero y a Cadena SER Las Palmas y nos vamos a quedar leyendo en casa. Tenemos muchos libros: 612 euros, de Jon Arretxe, La cabeza de Villa, de Pedro Salmerón, La última batalla, de José Javier Abasolo, Pequeños homenajes, de Gregorio Duque, las Novelas bálticas, de Keyserling… Y eso solo para empezar, porque siguen llegando libros y textos y cosas que apetecen mucho. Así que, en septiembre, volvemos con más libros, más calorcito y más cachondeo, que es lo que nos hace falta para aguantar el tirón.

Langohrziege

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Voces en torno al abaá

23 02 2011

En estos días (cuando las voces de de los magos de la palabra aún resuenan por las calles de Agüimes), anda sobre mi mesa un libro que es una puerta a un mundo antiguo pero completamente nuevo: Cuentos populares de Guinea Ecuatorial, una antología editada por Nayra Pérez Hernández. El libro consiste exactamente en lo que sugiere su título: una recopilación del repertorio oral de este país que hasta 1968 fue colonia española y que viene a ser el único de toda África donde la lengua oficial es el español.

Cuentos populares de Guinea Ecuatorial, edición de Nayra Pérez Hernández, Madrid-Las Palmas de Gran Canaria, Anroart Ediciones (colección Textos Universitarios), 2010, 209 páginas.

Aunque está editado en una colección de textos universitarios, Cuentos populares de Guinea Ecuatorial escapa a esa aridez habitual en títulos de similares características. Grata, sorprendentemente, se abre con una amena introducción que, sin abandonar el rigor, evita abundar en datos innecesarios para el lector medio, dando cuenta, al mismo tiempo, de algunas circunstancias interesantes. Por ejemplo, el origen de los textos originales sobre los cuales trabajó la editora. Porque estos cuentos fueron tomados directamente de la tradición oral guineana y publicados entre 1947 y 1969 en la revista La guinea española, que los padres claretianos publicaban en el Seminario de Banapá, en la isla de Bioko (en ese entonces de Fernando Poo). Aquella publicación, de clara orientación colonial, incluía, sin embargo, una sección en la que los maestros, así como los seminaristas y catecúmenos indígenas publicaban los relatos y cuentos oídos a los griots o en el abaá (la casa de la palabra, lugar de reunión tanto oficial como ociosa). A partir de estos textos, Pérez Hernández ha realizado una minuciosa labor de rescate, casi de re-escritura, de los cuentos originales transmitidos gracias a esa revista, pero disfrazados de corrección política tras las adiciones y “retoques” que el etnocentrismo colonial y católico había añadido a esos relatos, principalmente expuestos en el añadido de moralejas.

Hasta ahora, mi conocimiento de esta tradición se limitaba a los cuentos oídos a Bonaí Capote, excelente narradora oral que es capaz de convertir en abaá hasta los lugares más insospechados (una esquina entre dos calles de mi ciudad, una parada de guaguas, el cuarto de estar de cualquier casa particular). Esos cuentos narrados por Capote eran un menú degustación que me abría el apetito de la carta completa. Por eso, quizá, la lectura de este libro (cuyo proyecto conocía desde hace tiempo) ha constituido para mí una especie de festín narrativo. Entre los cuentos, abundan las historias protagonizadas por animales de todo tipo (aunque son frecuentes el antílope, el leopardo y, sobre todo, la astuta tortuga), pero también hay otras por las que pululan personajes heroicos, ineptos, ambiciosos o ingenuos. Además, recoge relatos de prácticamente todas las culturas que conviven en Guinea: hay cuentos de origen bubi, fang, pamue, annobonés, bujeba… Como en toda tradición oral, es frecuente la crueldad, pero también el humor y una inaprensible ternura, aunque siempre expresando (asunto para antropólogos) la estrecha relación entre una concreta comunidad humana y la forma que adopta en su entorno la naturaleza, generosa, pero severa.

Nayra Pérez Hernández (que, en la actualidad es lectora de español en la Universidad de Skopje, Macedonia) es una rara avis entre los hispanistas de nuestro entorno, pues se ha dedicado especialmente al estudio de la literatura ecuatoguineana. Al parecer se encontró con estos cuentos cuando preparaba su tesis doctoral, Identidad y literatura africana contemporánea, dedicada a la narrativa hispanoafricana de Guinea Ecuatorial en la década de los años ochenta del siglo pasado. Ahora los trae a esta antología, en un formato asequible para que podamos conocerlos y, acaso, compartilos, ya en una lectura directa, ya en un relato posterior, volviendo así a cerrar el círculo que retorna a la transmisión oral en la que todo cuento tradicional sobrevive. Pero, en cualquier caso, como ella misma sugiere en la introducción, se trata de cuentos para ser contados al caer la tarde,  cuando “una comunidad (…) se plantea quién es y de dónde viene, se da cuenta de su carácter singular e irrepetible”.





El Laboratorio Creativo de Anroart

12 07 2010

El pasado 8 de julio finalizó la primera edición del Taller de Literatura Anroart (TLA para los amigos). Hasta esa fecha y desde el pasado mes de octubre, una veintena larga de personas de ambos sexos y de todas las edades, se reunieron semanalmente durante dos horas (y trabajaron de forma individual muchas horas más) en este taller teórico-práctico de introducción a la narrativa.

Algunos de ellos son escritores en germen o autores clandestinos; otros ya han hecho sus primeras incursiones en el mundo literario, mediante volúmenes colectivos o premios de diversa índole. Pero a todos les une la misma curiosidad, el mismo afán formativo, la misma inquietud: la de crear mundos de ficción que se parezcan sospechosamente a este que transitamos juntos día a día.

Al hilo de mis peroratas interminables (y de algunas charlas interesantes, realizadas por profesionales de valía en sus respectivos campos) reflexionaron sobre algunos de los aspectos esenciales de la narrativa analizando textos eminentes, extrayendo las técnicas que les confieren singularidad y aplicándolas a sus propios trabajos.

El proyecto del TLA surgió el año pasado por estas fechas, de una conversación entre Jorge Alberto Liria, director de Anroart Ediciones y de quien esto escribe, en la que hablamos de dos necesidades importantes y complementarias:  la de proporcionar a los nuevos autores técnicas útiles para aumentar la calidad de sus originales y la de establecer un taller estable que permitiera profundizar en la materia que yo trato habitualmente en los talleres que imparto en otros foros.

El resultado de esa conversación fue un taller de ocho meses de duración, concebido como un curso de introducción a la escritura narrativa, siempre asumiendo una perspectiva no académica. Ese mismo taller que acaba ahora y en el cual se han tocado temas esenciales a partir de obras de importancia capital, desde el Poema de Gilgamesh a Veinticuatro horas en la vida de una mujer, pasando por El extranjero, Ficciones o La espuma de los días. Los aspectos estructurales del cuento y la novela (puntos de vista, desarrollo de conflictos, diseño de personajes, tratamiento del tiempo y del espacio, composición) se han combinado con algunos recursos que es imprescindible dominar (el diálogo, el monólogo, la organización argumental) y con diversas técnicas útiles (la prolepsis y la analepsis, la muñeca rusa y el cuento-receta, el Logo Rallye y el binomio fantástico), además de reflexionar sobre las especificidades técnicas de diversos subgéneros muy populares en la actualidad, como la novela negra o la novela histórica y todo ello complementado, además, por los seminarios ofrecidos por Sergio Hernández, Aitor Guezuraga, Ángeles Jurado, Nayra Pérez, Santiago Gil y Jorge Alberto Liria, sobre orto-tipografía, escritura cinematográfica, escritura en blog, poesía hispánica, periodismo literario y edición.

Ahora, al finalizar esta primera edición del TLA (esta experiencia piloto que no era más que el primer paso de un viaje que esperemos sea largo), hemos decidido no sólo que se trataba de algo útil, sino que además vale la pena continuar y ampliar la oferta. Por eso estamos trabajando en una programación más amplia y en un proyecto de más largo recorrido, que tenga como espina dorsal el TLA, pero englobe algunas otras materias: el Laboratorio Creativo Anroart. En breve inauguraremos un sitio web desde el cual informaremos de la programación de la próxima temporada y de las actividades previstas para el verano. Pero puedo adelantarte ya que la matrícula para la edición 2010-2011 del TLA se abrirá en la primera semana de septiembre.

Ha sido un curso de pequeñas satisfacciones semanales, de grandes sorpresas y de mucho aprendizaje, tanto para los participantes en el taller como para quien lo impartió. Sí, porque lo más importante de esta actividad ha sido, precisamente, la participación, el esfuerzo y la dedicación de quienes han hecho posible que este Laboratorio Creativo de Anroart (que aún no se llamaba así pero ya era lo que será) comenzara con tan buen pie. Desde aquí quiero expresar mi agradecimiento a todas y cada una de esas personas (incluidas las cinco que por motivos laborales o personales no pudieron finalizar la temporada). A quienes sí pudieron, aprovecho para decirles que nos veremos, espero, muy pronto, en el taller avanzado que comenzará en octubre, para continuar diciendo asombro donde los demás dicen solamente costumbre (conseguí llegar al final de esta entrada sin citar a Cortázar, pero ya saben que es difícil no citar a Borges).








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