Imperfecciones 2

25 03 2009

manzana

Los muy avaros afirman que si no llega a ser por ellos, no estarías donde estás.

Imposible negar lo obvio: ha habido un cambio cualitativo en tu modo de vida. Ya no tienes que lavar y planchar sus ropitas minúsculas, cuidarles la casa o cocinar para saciar su eterno apetito. Eso es cierto. Además, docenas de criados están a tu servicio para cumplir hasta el último de tus deseos. Pero no era exactamente esta la vida que esperabas.

Él te trata, eso es indudable, como a una verdadera princesa. Sin embargo, por las noches no es el mismo príncipe enamorado que adoraba tu cuerpo inerte. O, pensándolo bien, lo es más que nunca. De hecho, la única manera de despertar su pasión es ahogar la tuya; quedarte quieta, muy quieta, con los ojos cerrados y las piernas abiertas mientras él despliega sus instintos sobre el simulacro de tu cadáver.

Podría resultar increíble; no obstante, has acabado por llegar a una conclusión tan sorprendente como desagradable: por alguna enfermiza razón que no alcanzas a comprender, tu príncipe añora la época en que dormías en tu féretro de cristal.

Así que las cosas no son como habías soñado. Más bien todo lo contrario. Y ahora, para colmo, esta carta de esos siete pequeños traidores codiciosos. Como si les faltase oro, pretenden exprimirte con esa demanda por incumplimiento de contrato. Escoria minera…

No te gustaría parecer una ingrata, pero, a veces (principalmente por las noches, cuando el príncipe descarga su morbosa lascivia sobre tu cuerpo inmóvil) desearías no estar en Palacio, sino en el monte; no dormir en el mausoleo de tu lecho nupcial, sino en aquel plácido ataúd de vidrio; no devorar una tras otra bandejas nimbadas de perdices, sino continuar sintiendo aquel trozo de manzana atravesado en tu garganta.

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