Diccionario jázaro: una novela total

8 10 2010

Algún día, tendré que hacer una lista de libros inagotables (por su potencial, por su capital metaliterario y/o hipertextual y su forma revolucionaria) en esa lista figurarían Rayuela, de Cortázar, Tristam Shandy, de Sterne, La vida, instrucciones de uso, de Perec, El péndulo de Foucault, de Eco, Si una noche de invierno un viajero, de Calvino, G., de Berger, Las olas, de Woolf, Ulises, de Joyce y Paisajes después de la batalla, de Goytisolo. A esa lista habría que añadir, inevitablemente, el libro que te traigo hoy, el Diccionario jázaro, del servio Milorad Pavić (fallecido el año pasado y autor de otras cuatro novelas), que no es un diccionario, sino una novela o, como afirma su subtítulo, una “novela léxico”.

Te pongo en antecedentes, porque no sólo Pavić es un escritor relativamente desconocido entre nosotros, sino que además no estamos muy familiarizados con los jázaros.

Los jázaros fueron un grupo étnico que tuvo su auge en el siglo VII, en la zona del Cáucaso Norte. Al parecer, tuvieron muchas guerras y las ganaron todas. El asunto es que en el siglo X, se convierten a una de las “religiones del libro” y desaparecen misteriosamente de la Historia. Las fuentes hebreas afirman que los jázaros eran judíos. Las turcas, que se convirtieron al Islam. Y las cristianas, que se bautizaron como cristianos.

Aprovechando esta polémica (alrededor de un verdadero enigma histórico), Milorad Pavić escribe una novela monumental, en la que mezcla datos y personajes reales con otros de la ficción para construir una novela de género fantástico que nos hipnotiza página a página. Y lo revolucionario es la forma en que la novela está compuesta, porque consta de tres diccionarios: uno cristiano, uno hebreo y uno musulmán. En cada uno, se cuenta la misma historia (o aspectos distintos de la misma historia) desde el punto de vista de cada una de esas tres culturas; con lo cual podemos elegir leer la novela de un tirón, dando saltos (eligiendo la entrada que más nos apetezca en cada momento) o, incluso, al revés. O sea, que al escribirla así, Pavić propone al lector que juegue y participe activamente en la construcción de la trama. Por otro lado, el Diccionario jázaro existe en dos ejemplares: Masculino y Femenino. El lector puede elegir el que más le convenga. Aunque te advierto que sólo difieren en una frase.

Eso sí: hay trampa. Los lectores deberán, finalmente, leer el libro entero (en el orden que prefieran) si quieren acceder a los detalles últimos del argumento. Y ese argumento inicial es ya, de hecho, muy interesante: según la leyenda, en el siglo IX el khagán jázaro convoca a un sabio de cada una de las tres religiones del libro para que interpreten un sueño: se convertirá a la religión de quien logre hacerlo. Este hecho marcará el comienzo del fin de los jázaros. Más tarde, en 1689, un noble servio, un músico turco y un sabio judío coinciden en el Danubio, en medio de la guerra entre Servia y Turquía. Los tres hombres se dedican a reconstruir la historia de los jázaros. No se conocen, pero llevan mucho tiempo viéndose en sueños. Y, en el momento en que se encuentran, mueren. Sin embargo, la historia no queda ahí, porque en 1982 un egipcio, un yugoslavo y una hebrea polaca coincidirán en Estambul. Los tres son también estudiosos de los jázaros y nuevamente la muerte va a hacer su aparición.

Esto es: la historia se desarrolla en tres momentos diferentes (pero simultáneos, dada la forma de composición y la reflexión sobre el tiempo que recorre toda la novela): la polémica jázara del siglo IX; 1698, cuando los tres sabios que intentan averiguar lo que ocurrió en el transcurso de aquella polémica se encuentran; y, finalmente, 1982, cuando lo hacen los tres estudiosos contemporáneos que investigan a los de 1698 y, por tanto, a los del siglo IX.

Sobre este planteamiento, se despliega uno de los libros más sorprendentes publicados en los últimos treinta años (al menos en mi opinión), en el que hay misteriosas princesas poetas que son condenadas a la inmortalidad y a olvidar cada palabra de su lengua excepto una, sectas de cazadores de sueños que se persiguen mutuamente en los sueños de otras personas, demonios que hipnotizan a la gente cuando tocan el laúd, ríos cuyas aguas discurren simultáneamente en dos sentidos distintos, lúbricas madonas que tienen dos pulgares en cada mano,  y alucinantes viajes en el tiempo. Todo ello acompañado de biografías singulares, ingeniosas reflexiones y cajas chinas que esconden historias que en muchos casos merecerían, por sí solas, una novela.

En el Diccionario jázaro encontrarás Historia, Filosofía, Religión, reflexión sobre el lenguaje, erotismo, fantasía y humor (de casi todos los colores); y todo ello presidido por la amenidad, la intriga y, sobre todo, una literatura cuidadísima que casi en cada párrafo nos regala un pasaje memorable para recordar.

Con frecuencia se abusa de la noción de “novela total”, sobre todo cuando se aplica a novelas que no hacen más que reproducir el formato de la novela crónica. En algunos casos, la aplicación de esos términos se debió sólo a la intención del autor, quien no logró, finalmente, su objetivo. En esta ocasión, esa definición se corresponde exactamente con lo que tenemos ante los ojos.

Así que, por una vez, no te recomiendo un libro para leer rápido y pensar despacio, sino para leer tranquilamente, degustándolo, disfrutando con su riqueza plástica y con el material que aporta para la reflexión. Una novela total. Una novela de novelas. Una novela juego que es, al mismo tiempo, un diccionario: Diccionario jázaro, de Milorad Pavić, (en su ejemplar masculino o femenino), en Barcelona, Anagrama. 312 páginas de soberbia literatura. Te puedo asegurar que a mí me ha entusiasmado. Y ya no me entusiasmo fácilmente.

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Donde no habite el olvido

21 09 2010

Estos días de septiembre se me están llenando de cosas extrañas. Sobre mi mesa de trabajo se mezclan la programación de los talleres del LCA, una historia corta de violencia, estudios sobre la Guerra Civil y el  Diccionario Jázaro, mientras me pregunto si participaré o no en la huelga general (lo cual resultará, en todo caso, de poca utilidad, ya que nadie controla mi horario laboral y al mundo le es indiferente si dejo de escribir durante 24 horas o incluso definitivamente) y consumo viejos documentales de CNT, cine de la Transición y películas del Régimen.

Estos días (y noches) de septiembre se me están llenando de proyectos, de viejas lecturas olvidadas y de ideas inquietantes que serán, mucho me temo, el germen de un nuevo trabajo, probablemente incómodo y difícilmente comercializable, pero que habré de emprender porque cada línea que uno escribe (cada ladrillo que cada albañil pone, cada zanja que cada obrero abre) es un uppercut que se le propina a la Muerte.

Y, todo esto, con mala conciencia, pues sé que allá afuera (o allá abajo) hay mineros encerrados (no hablo de los de Chile) y empleados de la limpieza que se han quedado en la calle por causa de la mala gestión de sus patronos (los que se dedican a echarle mierda encima de oídas al funcionariado deberían  preguntarse por qué los mismos medios que los critican son partidarios de las privatizaciones, las subcontratas y las sub-subcontratas) y porque solo 27 ó 28 votos no interesan a nadie.

Justo en estos días, cuando intento contar la historia de unos hombres a los que la Historia olvidó, de algunos poetas y obreros (o ambas cosas) a quienes se elidió porque pensaban y hacían pensar, alguien a quien amo me recuerda que hoy, precisamente hoy, 21 de septiembre, coinciden dos celebraciones: el Día Mundial del Alzheimer y el aniversario de Luis Cernuda. Quizá se trate de una mera casualidad; o quizá  Jung tenía razón y en ocasiones todas las cosas encajan; o, sencillamente, acaso mi mente esté empeñada en hacerlas encajar. No obstante, resulta ser demasiada coincidencia para mí, que trabajo en la vindicación de poetas olvidados. En cualquier caso, todo esto me da la oportunidad de manosear una de las antologías de Cernuda que andan por casa y copiar unos versos para ti, que, como yo, formas parte de esta sociedad enferma de amnesia:

Quiero, con afán soñoliento,
Gozar de la muerte más leve
Entre bosques y mares de escarcha,
Hecho aire que pasa y no sabe.
Quiero la muerte entre mis manos,
Fruto tan ceniciento y rápido,
Igual al cuerno frágil
De la luz cuando nace en el invierno.
Quiero beber al fin su lejana amargura;
Quiero escuchar su sueño con rumor de arpa
Mientras siento las venas que se enfrían,
Porque la frialdad tan solo me consuela.
Voy a morir de un deseo,
Si un deseo sutil vale la muerte;
A vivir sin mí mismo de un deseo,
Sin despertar, sin acordarme,
Allá en la luna perdido entre su frío.

De Donde habite el olvido.








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