Idyll, una novela perversa

18 09 2014

Hoy participo, junto con el gran Emilio González Déniz, en la presentación de Idyll, la nueva y desasosegante novela de Elio Quiroga.

Por si estás en la ciudad y quieres pasarte, el acto tendrá lugar a las 19:00 en la calle Torres, nº 10, sede del Museo Poeta Domingo Rivero.

Idyll, de Elio Quiroga, Palma, Dolmen, 428 páginas.

Idyll, de Elio Quiroga, Palma, Dolmen, 428 páginas.

Pero, antes del acto, y tras releer la novela para preparar mis notas, yo necesitaba escribir esto, acaso como catarsis. De Quiroga ya se habló aquí a propósito de El despertar, divertidísima novela sobre zombis, cargada de humor negro, ironía y ácida crítica a la sociedad actual.

Ahora este cineasta y escritor da otra vuelta de tuerca más, cabalgando entre la ciencia ficción, la distopía, el thriller y el gore. No escribiré ni una sola palabra sobre el argumento de esta novela, porque no deseo destripar a nadie su lectura. Pero necesito expresar (y acaso sea este el sitio adecuado), algunas impresiones sobre ella. Desmedido, sin respetar absolutamente ninguno de los ítems del correctismo, Quiroga se ha permitido construir una historia de suspense (ambientada por motivos argumentales en Estados Unidos) que comienza de un modo engañosamente convencional y, poco a poco, sumerge al lector en los sótanos de la pesadilla. Violando las convenciones de los géneros populares juveniles actuales (aquí las estudiantes son toxicómanas y sexualmente activas, y si intentas atarlas con un candado te darán con él en los morros), lleva hasta las últimas consecuencias la dinámica de interacciones de sus personajes, así como las premisas narrativas de las que parte. Cruel, incompasivo, desenreda a lo largo de sus 428 páginas un desfile de la iniquidad, una kermés de la perversión que nos obliga a mirarnos a nosotros mismos (como individuos y como sociedad) en el espejo de la anormalidad. Porque la literatura, aunque sea amena, no puede ser solo divertimento, Idyll, como los Cantos de Maldoror, los cuentos de Ambrose G. Bierce o algunas novelas de los contemporáneos Chuck Palahniuk o Bret Easton Ellis, hace surgir la lucidez de lo desagradable, del horror más carnal y la escatología más tormentosa, y hace que esta se despliegue como una luz sobre el mundo, mostrándonos lo que hay bajo lo que nos cuentan la ideología y los tertulianos partidarios del darwinismo social travestidos de pragmáticos.

Idyll se lee con avidez; se disfruta con sonrisas, empatías y sobresaltos; se goza en los guiños a la cultura Pop, sobre todo si uno es de esos que entienden los gags de The Big Bang Theory. Incluso se aprecia su afán interdisciplinar (digresiones sobre Química, Astronomía, nuevas tecnologías y Psiquiatría, entre otras muchas materias, salpican la novela). Pero, necesario es advertirlo, no solamente no es apta para menores de 18 años (como advierte la editorial, Dolmen, en su cubierta), sino que tampoco lo es para el lector burgués, para lectores cómodos que desean salir del libro tal y como estaban antes de entrar en él. Esos harán mejor en buscar otro tipo de lecturas, de las que proporcionan única y exclusivamente evasión, mientras fuera, tras la ventana, el mundo arde.

Los otros, los que tienen lo que hay que tener, la apreciarán en lo que vale.

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El despertar, mucho más que una novela zombi

23 03 2013

Cuando se habla de Elio Quiroga se piensa, eminentemente, en cine, en Fotos, en La hora fría, en No-Do. Ayer mismo, Quiroga inauguró, en la Galería Manuel Ojeda, Cartelera, su primera exposición pictórica, compuesta por quince obras de técnica mixta inspiradas en carteles de proyectos cinematográficos que nunca llegaron (o aún no han llegado) a la gran pantalla.

Sin embargo, hablar de Elio Quiroga no solo es hablar de cine, porque él ya había publicado dos libros de poemas, Mar de hombres (Ediciones Funámbula) y Ática (Nuevas Escrituras Canarias). Lo que pasa es que luego se nos torció y se nos fue para el cine, aunque no dejó de escribir ensayo. De hecho, en 2004 obtuvo el accésit del Premio Everis con La materia de los sueños, publicado por Ediciones Deusto. Y el año pasado volvió al mal camino de la letra impresa con esta novela que te traigo hoy, El despertar, que se presenta como una novela zombi pero es bastante más que eso (y que no deberías perderte si te gustaron películas como Bienvenidos a Zombieland, Zombies Party y Juan de los muertos).

El despertar, de Elio Quiroga-Rodríguez, Barcelona, Timun Mas, 253 páginas.

El despertar, de Elio Quiroga-Rodríguez, Barcelona, Timun Mas, 253 páginas.

La cosa va de una epidemia zombi que llegó a la Tierra a bordo de un meteorito y tras extenderse rápidamente por todo el planeta, se estabilizó. Quiroga nos presenta un nuevo mundo en el que, tras la alarma inicial, los no-muertos son tratados como personas con una enfermedad crónica que, convenientemente controlados y medicados, no solo pueden convivir perfectamente con los vivos, sino que constituyen un importante nicho de mercado para las multinacionales farmacéuticas, cosméticas, alimentarias y de ocio. Un cliente que no muere y tiene un hambre irreprimible, necesita constantemente afeites para disimular los rigores de la muerte resulta perfecto. Por otro lado, el sistema tampoco deja escapar la ocasión de sacar partido de sus cualidades productivas: los zombis son soldados perfectos y mano de obra muy barata y efectiva para la industria.

En este contexto, es en el que Amelia, una mera ama de casa, es infectada y tiene que aprender a vivir su no-vida como zombi. Y, curiosamente, como reza en la sinopsis, justo cuando se convierte en no-muerta es cuando Amelia comienza realmente a vivir, a crecer como persona.

Al principio, los logros son pequeños: se librará de un marido egoísta y manipulador y se liará con su médico, un sujeto muy peculiar a quien le ponen las zombis (luego vamos a averiguar que es una parafilia bastante habitual en este mundo parcialmente zombificado), y pronto se va a ver en medio de una trama de trata de mujeres no-muertas, tráfico de linfa, la nueva sustancia prohibida. Pero luego dará pasos de gigante, hasta convertirse en una auténtica heroína.

El universo zombi está tan poblado de películas, libros y cómics que resulta difícil ser eficaz a la hora de atraer y mantener la atención al lector. Y, sin embargo, Quiroga lo consigue. En mi opinión, por dos motivos: el primero, que emprende la tarea asumiendo toda una tradición y teniendo claro, como lo tenían los grandes de la ciencia ficción, que la novela distópica no habla del futuro, sino del presente. Y, segundo (y más importante), porque, al contrario de muchos de los autores de novelas sobre zombis actuales, Elio sí que sabe escribir y contar historias.

Lo que construye gracias a estas dos cualidades es mucho más que una novela de zombis. Se da mucha maña para releer varios géneros que maneja desde la tradición y la ironía, combinando muy bien el terror, la sátira, la parodia, el Sci-Fi, la novela de aventuras, el género negro, la novela de educación sentimental, y hasta la novela social de manera muy equilibrada. Muy gore, muy ácida, pero también muy inteligente y reflexiva en algunos momentos, no nos da sorpresas al final, sino que nos sorprende a la vuelta de cada página, porque su argumento presenta numerosos giros y abunda en breves digresiones que plantean subtramas divertidísimas, como la del primer presidente zombi-gay de los Estados Unidos o la del crecimiento de la industria porno-zombie.

Yo debo confesar que me lo he pasado como un niño chico con esta novela rápida, contada con rapidez voltaireana, y que me recuerda a autores tan dispares como Stepehen King, Stanislav Lem o John Wyndham. Y la originalidad está ahí, en releer toda esa tradición y crear algo completamente nuevo, epatante y divertidísimo, donde la carcajada, el escalofrío y la reflexión se mezclan en un argumento dominado por una intriga novelesca que fluye incesantemente.

(Si quieres escuchar el podcast de la sección, solo has de hacer clic aquí. Esta vez no vino Fortunata, porque está haciendo ayuno de cuaresma, pero sí que estuvieron Francisco Melo Junior y Verónica Iglesias, y el propio Elio Quiroga, además de, espontáneamente, el gran Emilio González Déniz. También tuvimos una visita muy especial: Cintu, el perezoso Cliffhanger).








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