En Bardinia, entre bastardos

18 06 2015

[Motivos laborales me han impedido colgar antes La Buena Letra de la semana pasada. Hoy, jueves, a punto de que llegue la de esta semana, lo hago. Y, como siempre, ya sabes: si quieres escuchar el podcast, solo has de hacer clic aquí]

En Canarias están pasando cosas muy buenas. En la anterior edición de La Buena Letra hablábamos de Un largo sueño en Tánger, de Antonio Lozano; la semana próxima se presenta la primera novela de uno de nuestros mejores poetas y, mientras tanto, Santiago Gil ha publicado Villa Melpómene (un libro sobre Camilo Saint-Saëns que huele estupendamente). Pero el pasado viernes, en la sección, hablamos de algo que se me había quedado atrás porque andaba de viaje cuando salió y que es un verdadero acontecimiento: el rescate que ha hecho Cam-PDS de una novela fundamental que andaba descatalogada desde hacía muchos años: la fantástica, la monumental, Bastardos de Bardinia, de Emilio González Déniz.

Bastardos de Bardinia, de Emilio González Déniz, Las Palmas, Cam-PDS, 2015

Bastardos de Bardinia, de Emilio González Déniz, Las Palmas, Cam-PDS, 2015

Escrita entre 1984 y 1986, publicada en su momento en Fundamentos (en esta edición que tenemos por aquí), Bastardos de Bardinia comienza diciendo:

«En la vega de Canales, el que no es hijo póstumo viene a ser hijo de puta. La regla, casi universal en todo el pueblo, aumenta su rigor en la familia de los Cruzados. De ellos, pocos padres legales coincidieron con el genético; aquellos que es escapan de la norma es claro que no fueron los más destellantes. No vivieron sus días, los pasaron. En cambio, los otros, los de probada malignidad, extrajeron vida hasta el sufrimiento».

Así que sí, la novela transcurre en la vega de Canales, población de latifundio platanero cercana a San Juan de Tirma, en la isla de Bardinia, una de las siete del archipiélago de las Islas Bardinias. Lugares que son trasuntos, por supuesto, de sitios muy familiares para nosotros. Y allí, en la vega de Canales, se va a seguir la vida de unos individuos muy singulares. Sobre todo de uno: Arcadio Rivero, el Cura Macho, hijo del finado Crispín Rivero y de Isabel Cruz, mujer que es el centro de la vida social y espiritual de la aldea agreste, brutal y concupiscente en la que transcurre principalmente la novela.

Don Arcadio, cura párroco de San Pedro de Canales no es un cura al uso: grande como un ropero y duro como una roca, ha sido enviado por el obispado para meter en vereda a todo el pueblo. Y lo hará por las buenas o por las malas, porque es capaz de convencer a los feligreses díscolos a tiros de escopeta. Sobre todo a la brutal familia de los Colingos, encabezados por Vicente Peligro. A partir de ese arranque, la novela, estructurada a través de analepsis y con diversas digresiones, nos lleva a la juventud y los amoríos de Arcadio Rivero, seminarista gamberro que tiene que huir a Cuba cuando es sorprendido en una cama que no es la suya y que allí hará carrera como contrabandista y proxeneta, llegando a relacionarse con la mafia estadounidense durante la Ley Seca y regresando a la Isla investido como sacerdote solo para salvar el pellejo.

Edición en Fundamentos, 1991

Edición en Fundamentos, 1991

Y, siguiendo su biografía, se nos cuentan también la vida y los amoríos de su parentela más cercana, no menos aventurera y lujuriosa.

Emilio González Déniz construye una novela que fluye como un río y va arrastrando en sus meandros triángulos amorosos, situaciones violentas, exposiciones de la desigualdad social y elementos mágicos y realistas combinados con un erotismo brutal que marca el signo de unas vidas perdidas en medio del océano, en historias imbricadas como en una tela de araña que crece desde antes de la novela y más allá de la última página.

Bastardos de Bardinia marca un punto de inflexión en la obra del propio González Déniz. Pero, sobre todo, constituye una de esas novelas que no hay que perderse, porque son de lo mejor que se ha escrito en los últimos cincuenta años en Canarias y porque, además, nos ayudan a entender quiénes somos, de dónde venimos o, incluso, adónde vamos. Todo esto, mientras disfrutamos de una prosa original y de unas historias que no nos dejan reposar ni un instante.

egd-2013-300x200

Emilio González Déniz pertenece a lo que él mismo bautizó como la Generación del Silencio: aquellos autores y autoras (Dolores Campos-Herrero, Antolín Dávila) que comenzaron a publicar en los años ochenta y de los que, en ese momento, la crítica no se ocupó como había hecho años antes con la generación de los setenta. Es autor de una buena docena de novelas, entre las que destacan Tiritaña, Bolero para una mujer, La mitad de un Credo, Hotel Madrid o El rey perdido. Uno de sus libros recientes, Tríptico de fuego, recoge tres ígneas novelas cortas y me consta que lo mejor de su narrativa está por llegar en una novela que lleva años construyendo y que ojalá veamos pronto en los anaqueles. Además ha sido muy activo en prensa y ha escrito libros para niños. Pero creo que si hay algo realmente esencial en su obra es esta novela, que Cam-PDS ha incluido en una colección de Clásicos Canarios Contemporáneos junto a obras de Luis León Barreto, José Luis Correa o Francisco J. Quevedo. Personalmente, pienso, junto a Nos dejaron el muerto, de Víctor Ramírez, o Alguien cabalga sobre su seno, de Antolín Dávila, es un título imprescindible si uno quiere tener un acercamiento a la mejor narrativa hecha en Canarias en las últimas décadas del Siglo XX.

Anuncios




Las imposibles mariposas de González Déniz

21 09 2014

Emilio González Déniz comenzó a escribir y a cosechar éxitos cuando yo aún no había empezado a leer a Kafka (esto es mucho tiempo, porque empecé con Kafka muy joven) y es de esos que jamás se durmieron en los laureles, de los que han procurado siempre que cada libro sea un aprendizaje que le lleve a escribir mejor el siguiente. Novelista y cuentista, articulista y entrevistador, biógrafo y autor de libros infantiles, algunas de sus catorce novelas son memorables, aunque inconseguibles (ya se sabe que el mundo editorial a veces tiene que ver poco con el literario). Cito, de memoria, El Obelisco, Tiritaña, Bastardos de Bardinia o las tres nouvelles que conforman Tríptico de fuego. Cuando este polígrafo impenitente, que además es un tertuliano interesante e irónico, me comentó en una ocasión (ante un café improvisado tras un encuentro callejero) que llevaba tiempo escribiendo poesía pensé, por un lado, que me apetecía mucho leerla y, por otro, que, como ocurre con los libros de otros amigos principalmente dedicados a la narrativa, se trataría de algunos poemas dispersos que serían reunidos en un libro–colección, con motivos y estilos diversos y poca unidad.

21-09-2014 23;41;20

Mariposas imposibles, de Emilio González Déniz, Las Palmas de Gran Canaria, Gas Editions, 66 páginas.

 

Ahora, al leer Mariposas imposibles (Las Palmas de Gran Canaria, Gas Editions), González Déniz ha vuelto a darme una patada en la boca y a decirme, como tantas otras veces, que por bien intencionados que sean, debería meterme mis prejuicios en cualquiera de los bolsillos que uso últimamente.

La niña de las mariposas, 1950, Óleo sobre cartón, 49 x 43 cm. de Antonio Padrón.

La niña de las mariposas, 1950, Óleo sobre cartón, 49 x 43 cm. de Antonio Padrón.

Se trata, como reza su subtítulo, de un poemario en dos libros, pero que son, en realidad, y en mi opinión, correlato el uno del otro. El primero, mariposas, no oculta su origen: a partir de la contemplación de La niña de las mariposas, de Antonio Padrón, el autor presenta 14 poemas dedicados a otras tantas mujeres que han estado en la primera línea de la Historia o en el cuarto trasero, ocultas pero imprescindibles: Diana Spencer, Ana Bolena o María Callas comparten aquí con Vailima (la esposa samoana de Stevenson), Wan Jung (la última emperatriz de China) o la mítica Malinche. Muchos autores canarios (por no decir casi todos) hemos trabajado sobre la obra de Antonio Padrón (a causa de un proyecto que llevó a cabo su Casa Museo en Gáldar hace años), pero muy pocos, en mi opinión, le han sacado el partido que le ha sacado el autor de La mitad de un credo y con resultados tan interesantes. El segundo libro, cromática, se me antoja hijo (y necesario complemento) del anterior, pero ha huido de la semblanza biográfica y ha retornado a ese territorio en el que lírica y plástica se funden consistente y fructíferamente. El continuo juego de palabras, el constante doble sentido, es llevado aquí hasta sus últimas posibilidades, ampliándose en el neologismo (“Re–vuelves encarnado con azul y sales / malva. / Impertinentemente malva sales”) o extrayendo paradojas ocultas (“el alba con ser alba se ve roja”), invocando, con engañosa sencillez, un sutil erotismo (“el rosa endeble se incrementa / y el morado se expande. / Los besos atraviesan el aire de tu cuerpo, / aureola violácea que / al tacto de tu aliento / se viene amaneciendo en la noche / morada. / Matiz que viene del calor / de tus poros abiertos”). Cierto es que en la parte final del libro aparecen algunos poemas precapitulares a sus primeras novelas o un ingenioso caligrama, “Brindis” (que deja, por cierto, un resabio agridulce), pero estos se insertan perfectamente en el estilo y temas generales del volumen.

Si a esto añadimos las hipnóticas (y entomológicas) ilustraciones de Fernando Álamo (Mariposas imposibles es de esos libros que no pueden circular en e–book porque dejarían de ser lo que son), la consecuencia es un breve y exquisito volumen, de esos que uno desea continuar llevando en el bolsillo, tenerlos cerca, que le acompañen siempre.





Perdona por lo poco

1 12 2013

La última tumba ya está en casa, oficialmente presentada y paseándose por Canarias, la madre que la parió.

Como sabes, la presentación tuvo lugar este viernes. Muchas personas me avisaron de que no podrían ir, porque en el mismo día y hora, en otros lugares de la ciudad, otros creadores que no se prodigan tanto públicamente presentaban al mismo tiempo sus trabajos. Pero, aún así, la sala de Ámbito Cultural se llenó y durante una hora y media, aproximadamente, hablamos de libros y de Canarias y hasta de política.

Foto: Francisco Melo ?Junior'

Foto: Francisco Melo ?Junior’

Muchas gracias a quienes hicieron posible este nuevo milagrito: a Emilio González Déniz, maestro de ceremonias de lujo que nos hizo echarnos unas cuantas risas; al escritor y responsable de Ámbito, Pablo Sabalza, que siempre hace todo sea un poco más fácil; a Thalía Rodríguez, que no solo me aguanta cada día sino que encima lo hace siempre con una sonrisa. Y, por supuesto, a quienes se acercaron a Ámbito Cultural este viernes para escuchar y/o intervenir en esta puesta de largo. Hubo allí muchos amigos y conocidos, pero también muchas personas a quienes no conocía personalmente y que se acercaron a hacer piña y acompañarnos en el sentimiento. Me gustaría localizar a todas y cada una de ellas y plantarles un glorioso beso en la frente, pero como eso excede mis capacidades, vaya esta entradita a modo de beso como expresión de mi agradecimiento. Y, como dicen las viejitas, perdonen por lo poco.

Foto: Nanda Santana Cruz

Foto: Nanda Santana Cruz

Ahora, Adrián Miranda ya camina en solitario por tu biblioteca; ya es más tuyo que mío. Cuídamelo bien y muestra comprensión hacia sus canalladas, porque, al fin al cabo, ¿quién no ha sido malo alguna vez?

Bazinga mini pimer

Foto: Bazinga Mini Pimer





A ver si te va a dar por ahí…

28 11 2013

A ver si se te va a ocurrir andar cerca de El Corte Inglés de Mesa y López mañana. A ver si te va a dar por meterte en el edificio donde está la librería (sí, ese, el que era Galerías Preciados) y subir a la séptima planta, donde está Ámbito Cultural. A ver si resulta que lo haces a las siete y media de la tarde y, por los lazos del demonio, te ves en medio del recital de hostias verbales que vamos a dar Emilio González Déniz y yo mismo para presentar esta fechoría reciente mía, La última tumba.

invitación presentación libro alexis ravelo

Te lo digo porque no es que sea un acto precisamente para gente de buen vivir y entra en lo posible que tu reputación se vea seriamente mermada si da la casualidad de que al fin caigas por ahí y alguien te saque una foto y la publique. O de que alguien te vea y lo cuente. Imagínate qué papelón, porque ya sabes cómo es la gente de hablandurria y sabes, también, cómo son los rumores: todos mienten y se corren enseguida. Y a la que te despistes, cuando te vengas a dar cuenta, ya se habrán enterado tu cuñado, tu suegra y puede que hasta tu jefe.

Así que toca abrir el ojo y desparramar la vista: si lo tuyo es la corrección política, las novelas cómodas y los debates en los que se habla de cosas crudas, no te conviene estar mañana, a las siete y media, en Ámbito Cultural de El Corte Inglés. Si no es así, allá nos vemos, por supuesto. Seré el tipo calvo con gafas y risa de hiena.

A ver si nos vemos.

Wipha Mendi, desde Vitoria-Gasteiz, envía esta 'sugerencia de presentación'

Wipha Mendi, desde Vitoria-Gasteiz, envía esta ‘sugerencia de presentación’





El despertar, mucho más que una novela zombi

23 03 2013

Cuando se habla de Elio Quiroga se piensa, eminentemente, en cine, en Fotos, en La hora fría, en No-Do. Ayer mismo, Quiroga inauguró, en la Galería Manuel Ojeda, Cartelera, su primera exposición pictórica, compuesta por quince obras de técnica mixta inspiradas en carteles de proyectos cinematográficos que nunca llegaron (o aún no han llegado) a la gran pantalla.

Sin embargo, hablar de Elio Quiroga no solo es hablar de cine, porque él ya había publicado dos libros de poemas, Mar de hombres (Ediciones Funámbula) y Ática (Nuevas Escrituras Canarias). Lo que pasa es que luego se nos torció y se nos fue para el cine, aunque no dejó de escribir ensayo. De hecho, en 2004 obtuvo el accésit del Premio Everis con La materia de los sueños, publicado por Ediciones Deusto. Y el año pasado volvió al mal camino de la letra impresa con esta novela que te traigo hoy, El despertar, que se presenta como una novela zombi pero es bastante más que eso (y que no deberías perderte si te gustaron películas como Bienvenidos a Zombieland, Zombies Party y Juan de los muertos).

El despertar, de Elio Quiroga-Rodríguez, Barcelona, Timun Mas, 253 páginas.

El despertar, de Elio Quiroga-Rodríguez, Barcelona, Timun Mas, 253 páginas.

La cosa va de una epidemia zombi que llegó a la Tierra a bordo de un meteorito y tras extenderse rápidamente por todo el planeta, se estabilizó. Quiroga nos presenta un nuevo mundo en el que, tras la alarma inicial, los no-muertos son tratados como personas con una enfermedad crónica que, convenientemente controlados y medicados, no solo pueden convivir perfectamente con los vivos, sino que constituyen un importante nicho de mercado para las multinacionales farmacéuticas, cosméticas, alimentarias y de ocio. Un cliente que no muere y tiene un hambre irreprimible, necesita constantemente afeites para disimular los rigores de la muerte resulta perfecto. Por otro lado, el sistema tampoco deja escapar la ocasión de sacar partido de sus cualidades productivas: los zombis son soldados perfectos y mano de obra muy barata y efectiva para la industria.

En este contexto, es en el que Amelia, una mera ama de casa, es infectada y tiene que aprender a vivir su no-vida como zombi. Y, curiosamente, como reza en la sinopsis, justo cuando se convierte en no-muerta es cuando Amelia comienza realmente a vivir, a crecer como persona.

Al principio, los logros son pequeños: se librará de un marido egoísta y manipulador y se liará con su médico, un sujeto muy peculiar a quien le ponen las zombis (luego vamos a averiguar que es una parafilia bastante habitual en este mundo parcialmente zombificado), y pronto se va a ver en medio de una trama de trata de mujeres no-muertas, tráfico de linfa, la nueva sustancia prohibida. Pero luego dará pasos de gigante, hasta convertirse en una auténtica heroína.

El universo zombi está tan poblado de películas, libros y cómics que resulta difícil ser eficaz a la hora de atraer y mantener la atención al lector. Y, sin embargo, Quiroga lo consigue. En mi opinión, por dos motivos: el primero, que emprende la tarea asumiendo toda una tradición y teniendo claro, como lo tenían los grandes de la ciencia ficción, que la novela distópica no habla del futuro, sino del presente. Y, segundo (y más importante), porque, al contrario de muchos de los autores de novelas sobre zombis actuales, Elio sí que sabe escribir y contar historias.

Lo que construye gracias a estas dos cualidades es mucho más que una novela de zombis. Se da mucha maña para releer varios géneros que maneja desde la tradición y la ironía, combinando muy bien el terror, la sátira, la parodia, el Sci-Fi, la novela de aventuras, el género negro, la novela de educación sentimental, y hasta la novela social de manera muy equilibrada. Muy gore, muy ácida, pero también muy inteligente y reflexiva en algunos momentos, no nos da sorpresas al final, sino que nos sorprende a la vuelta de cada página, porque su argumento presenta numerosos giros y abunda en breves digresiones que plantean subtramas divertidísimas, como la del primer presidente zombi-gay de los Estados Unidos o la del crecimiento de la industria porno-zombie.

Yo debo confesar que me lo he pasado como un niño chico con esta novela rápida, contada con rapidez voltaireana, y que me recuerda a autores tan dispares como Stepehen King, Stanislav Lem o John Wyndham. Y la originalidad está ahí, en releer toda esa tradición y crear algo completamente nuevo, epatante y divertidísimo, donde la carcajada, el escalofrío y la reflexión se mezclan en un argumento dominado por una intriga novelesca que fluye incesantemente.

(Si quieres escuchar el podcast de la sección, solo has de hacer clic aquí. Esta vez no vino Fortunata, porque está haciendo ayuno de cuaresma, pero sí que estuvieron Francisco Melo Junior y Verónica Iglesias, y el propio Elio Quiroga, además de, espontáneamente, el gran Emilio González Déniz. También tuvimos una visita muy especial: Cintu, el perezoso Cliffhanger).





Para leer en la guagua (La secuela)

27 02 2009

Nada menos que Emilio González Déniz me ha hecho el honor de escribir y enviarme una continuación del cuento más reciente colgado en este blog, Para leer en la guagua. Obtenido su permiso (tras duras negociaciones con su agente, su editor y sus asesores de imagen), procedo a reproducirlo en esta entrada, no sin antes advertirle: esto me lo guardo para la egoteca, don Emilio.  

Tomás la ha escuchado hablando por el móvil y ahora sabe que Teresa está fascinada por Joyce, Faulkner y Lowry, que pertenece a la Asociación de fans de Bajo el volcán, aunque no se ha percatado de que ella tiene una tendencia casi enfermiza hacia los hombres problemáticos, desvalidos o adictos a algo, seres irregulares que ella cree que podrá redimir. No sabe Tomás que Teresa lleva el alma llena de cicatrices, pero es consciente de que es inflexible en cuanto a Lowry, y desde que sepa que él sólo le aguantó 30 líneas a Bajo el volcán ella lo descartará para siempre. Por eso, caminando desde la parada de la guagua, llegó hasta unos grandes almacenes y, en la sección de librería, pidió un ejemplar del libro de Lowry.  Su propósito era llevárselo a casa (ya no sabía dónde estaría el viejo ejemplar que lo aburrió hace años) y leerlo con rigor, reconvertir su rechazo en entusiasmo y subirse a la guagua haciendo que releía Bajo el Volcán. Pero la suerte no estaba de su parte, el libro estaba agotado y la encargada de la librería le dijo que tenía noticias de que una editora iba a sacarlo en la próxima temporada, y que seguramente estaría disponible en seis o siete meses. ¡Siete meses!, no podría aguantar, así que cogió de nuevo la guagua y se dirigió a la Biblioteca Pública con la intención de robar el ejemplar que había visto mil veces en la segunda estantería de la izquierda. De repente, una mujer lo había convertido en ladrón y  apóstata de sí mismo. Entonces empezó a comprender al protagonista de Bajo el volcán. Y a lo mejor el libro incluso puede ser bueno.

Emilio González Déniz








A %d blogueros les gusta esto: