Cuidado de los paisajes

7 02 2009

 

Le regalaron un espejo que mostraba el paisaje del alma de las personas. Lo trajo a casa y propuso a su mujer que se miraran juntos. Nunca habían imaginado que pudieran darse la gélida estepa y el frondoso bosque de laurisilva la una al lado del otro.

Comprendieron que la estepa era él y ella el bosque.

Hasta entonces se habían amado intensamente. A partir de aquel día, todo cambió.

Si ese era el verdadero contenido de su alma, ella no deseaba pasar el resto de su vida ante aquel erial de hielo.

Él, por otro lado, intentó cambiar de hábitos, en la creencia de que ellos podrían alimentar su alma: leyó poesía, compró discos de Serrat, le trajo flores cada día. Y volvía diariamente a mirarse en el espejo, soñando con que una flor, un poco de hierba o, al menos, el comienzo del deshielo rompían la monótona desolación del frío territorio de su espíritu.

Todo fue inútil. Ella hizo las maletas un martes. Por no sufrir más de lo necesario, él pasó todo ese día fuera de casa.Cuando salía con sus cosas, ella pasó un momento ante el espejo y el asombro la petrificó. Su bosque de laurisilva se había llenado de plantas carnívoras.

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Tatuaje

18 11 2008

Se tatuó un espejo en el rostro. Ahora nadie lo mira directamente a la cara.








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