Digestiones

21 10 2011

Sí, este es un blog literario, pero hay noticias que lo llenan todo. Y digerir las que nos mantuvieron en vilo ayer va a requerir tiempo, paciencia y amplitud de miras.

La primera, cronológicamente, fue el fin de Gadafi. Esa mezcla alocada de Don Corleone y el Pato Donald, según Robert Fisk, fue detenido y linchado (cuidado con este enlace, porque el contenido es desagradable) durante la toma de Sirte. Y sí, uno quiere ver caer a los dictadores, pero quiere que sean juzgados en un tribunal, con un código legal razonable y justo (ese mismo que ellos no aplicaron a sus víctimas) para sentir que la sociedad que los depone es mejor que ellos, para saber que la revolución que los derroca sirve para algo. Porque, me pregunto, qué sentido tiene luchar contra un régimen de horror para imponer otro similar. Y no me lo pregunto desde el asesinato de Gadafi, sino desde que leí, hace cosa de un mes, que el CNT se inspiraría en la sharia, que Mustafá Abdel aseguraba que la ley islámica sería la única fuente de inspiración del gobierno de la nueva Libia. Y es que “democracia” y “religión” son cosas que, en mi opinión, no pueden ir juntas. No digo esto porque yo sea irreligioso (que lo soy) sino porque la primera pertenece al ámbito de lo público y la segunda es un asunto privado y su imposición a aquella solo puede dar como resultado la asfixia, la injusticia, el etnocentrismo y la intolerancia. Tanto la Historia como la Geopolítica actual dan sobradas muestras de ello. Así que viene a resultar que ese optimismo que uno experimentaba cuando comenzaron las revueltas en Libia queda ahora en suspenso.

Espero que no haya de quedar igualmente en suspenso el optimismo ante el anuncio de ETA de ayer. Y, sin embargo, hoy, aún en plena digestión, me siento bien por el hecho de que estos señores del pañuelo en la cara, cuyo asesor de imagen está de vacaciones, hayan guardado la pistola. Sé que lo hacen porque saben que esta sociedad y la lógica del devenir histórico les han asfixiado y están más acabados que un vendedor de vídeos VHS y sé que es una estrategia para dar legitimidad a la izquierda abertzale, en la cual se inserta llevar su discurso a un mapa conceptual de “superación de confrontación armada”, como precisa Santos Juliá. Sin embargo, ahora, en plena digestión, pienso que lo importante es que se han guardado la pistolita de marras, que hoy más de una persona no tendrá que mirar debajo del coche antes de entrar en él. Por supuesto, quedan las víctimas, nadie puede olvidarse de ellas y alguien tendrá que ponerse de acuerdo con alguien para que la ley (que no la venganza) alcance a sus verdugos. Pero, en ocasiones, conseguir una justicia efectiva supone un ejercicio de paciencia. Por lo pronto me quedo con una visión positiva de esta noticia que más de uno de los periodistas que habitualmente sigo estaba deseando dar: Agur ETA.








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