Córdoba Mata, Córdoba bulle

17 09 2014

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Descansado el retorno, curados los leves estigmas de los acarreos de maletas, los cambios de presión y de horarios, toca despertar a un día con el horario ya ajustado, tomar un café y sentarse a contar el viaje en una crónica que uno adivina ya insuficiente, porque una entrada de blog no puede albergar todo lo que el cuaderno, los ojos y, sobre todo, el corazón registraron a lo largo de la semana del Córdoba Mata. Para empezar, porque Córdoba no mata. Antes bien, Córdoba bulle, llena de vida, hormiguero de actividad febril en las instalaciones del Cabildo, en el Centro Cultural España Córdoba y aun en teatros, salas nocturnas y otros cenáculos a cuyas actividades no se puede acudir pero de las cuales llegan ecos en invitaciones, cartelerías y comentarios de personas que sí pudieron estar.

Pero, aparte de que Córdoba bulle, Córdoba Mata, ese encuentro que el activista literario Fernando López (autor de novelas estupendas como Odisea del cangrejo o Áspero cielo) concibió hace tiempo y que con ayuda de otros activistas literarios (bien de acción radical libre, bien infiltrados en organizaciones e instituciones serias) logró llevar a cabo por primera pero no única vez, en la Docta, en el marco de la Feria del Libro, cuyo país invitado era, en esta ocasión, España.

Así, invitado por Córdoba Mata y gracias al apoyo del Centro Cultural España–Córdoba, este escribidor calvo pudo cruzar la semana pasada el Atlántico y presentarse allá, para disfrutar entre el miércoles 10 y el domingo 14 de septiembre de las actividades del encuentro, que se desarrollaron principalmente en el casco de la ciudad, amén del colofón de una mesa redonda en el Centro Cultural Comechingones del hermoso Mina Clavero, donde los supervivientes de la semana gozaron de la abrumadora hospitalidad de Lucio Yudicello y su familia, en las cabañas de Altos del Algarrobo, bajo la constante mirada del Cura Brochero, omnipresente en pasquines, esculturas y estampas.

El encuentro reunió a compañeras y compañeros de varias regiones de Argentina, y de otros países como Uruguay, Chile o Irlanda, además de contar con mesas a distancia con Francia y Colombia. Durante esos días, durante esas mesas que se sucedían incesantes, se habló de la salud del género, tanto regional como nacional e internacionalmente; de sus raíces, que se insertan tanto en la novela enigma y de aventuras como en el western (Mempo Giardinelli dixit); de la literatura como oportunidad de volver al mundo (como atestiguaron los ex convictos de Esperanza sin Muros); de las nuevas y deslumbrantes, generaciones de autores y de las siempre complicadas relaciones entre el periodismo, la literatura y la realidad, esa salamandra que se nos escurre siempre entre las manos. También (y esto fue el signo que, en mi opinión, marcó todas y cada una de las conferencias y coloquios) de la clara orientación política del género hacia la política, la conciencia que late en todos y cada uno de los autores y autoras que incursionan en él, ya sea desde la tendencia más policial, ya desde la criminal. Hubo repasos históricos, como el de la saga Perramus, con el ínclito y encantador Juan Sasturain, esa enciclopedia viviente, ese rayo de lucidez. Y fascinantes (y necesarios) encuentros incardinados en la más dura realidad oculta, como las conferencias que Gustavo Forero y Néstor Ponce dictaron a distancia acerca de las desapariciones forzadas en Colombia y los orígenes del policial en Francia y Argentina. E interesantísimas mesas, como aquella en la que Kate Quinn dio cuenta de cómo en la Universidad de Galway los estudiantes han comenzado a estudiar las voces de Walsh o Padura.

De todo ello da cuenta el programa, que enlazo desde el blog del compañero Alejandro Soifer para paliar la falta de espacio y de memoria.

Pero, al margen de eso, para mí, Córdoba Mata supuso, como suele ocurrir en ocasiones similares, la posibilidad de reencontrarme con viejos amigos, de hacer físicas amistades virtuales y de conocer a nuevas personas y literaturas. Atrás quedan las charlas y momentos que hacen que estos encuentros sean algo más que la presencia pública y el debate con los lectores; las tertulias íntimas ante los cafés, los vinos y los Fernet con Cola en las que entre bromas, chistes y relatos de anécdotas se cimientan amistades, se encuentran puntos en común o caminos a fecundas divergencias.

Los supervivientes camino de Mina Clavero

Los supervivientes camino de Mina Clavero

Y también los buenos momentos compartidos con viejos amigos (el gran Argemí, el no menos grande Sasturain, el lúcido Orsi, la vivaz Rosende, el irónico Convertini) y nuevos hermanos, gente como Rodolfo Santullo y Pedro Peña (que me sumergieron en los amargos y tiernos laberintos del mate en común), María Inés Krimer, Mercedes Giuffré, Bartolomé Leal, Kate Quinn (que utilizará el castellano o el español, pero siempre para decir cosas con fundamento), Alicia Plante, Martín Doria, Juan Carrá, Kike Ferrari (que piensa a una velocidad que hace honor a su apellido), Lucio Yudicello, Jorge Felippa, Esteban Llamosas, Javier Chiabrando, Miriam Pino y tantos más cuyos nombres se me escapan, aunque no importa, porque figuran en el programa. Pero, además de ellas y ellos, están también los ratos de camaradería y afecto compartidos con el editor Iñigo Amonárriz, ese aventurero vasco; con Carolina Chávez y su equipo en el España–Córdoba (ay, Ana Cielo Sciascia, la que se armó buscándote); con Gladys y Marina, esposa e hija de Lucio Yudicello, que nos hicieron sentirnos como en casa, o bastante mejor; con Natalí Córdoba (quien finalmente demostró que el festival no se llamaba así por ella, pero le costó) o con Marcela Rossati, que vino a transmitirme el afecto en la distancia y la hospitalidad que me enviaba Pino Fierro y acabó dándome los suyos. Todo ello bajo las lentes y las miradas de Jorge Rey y del ubicuo Gonzalo Maestu (ese tipo que hace que le saca fotografías no al rostro, sino al alma de la gente).

Hasta los perritos intervinieron

Hasta los perritos intervinieron

¿El resumen? Una aventura del cariño, pero también de cosas más importantes (si las hay), esa conciencia de que uno no está solo, de que allá donde vaya, en cualquier rincón del mundo, hay personas con quienes comparte intereses, preocupaciones, lecturas y pasiones, de que ahí, en lo más oculto de cada persona, late un hermano o una hermana que no conocías aún y que, al final, acabas encontrándote gracias a almas generosas como nuestro cappo en Córdoba, Fernando López, que se dejan el sueño, el apetito y hasta la salud para lograr que existan cosas tan increíbles como Córdoba Mata, demostrando que la literatura y el pensamiento están vivos y corren libres por entre la ciudadanía, la sociedad civil, ese río que fluye con caudal variable, pero incesante.

Botín de Córdoba Mata 2014

Botín de Córdoba Mata 2014

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Gijón, una hora antes

7 07 2014

Desde el pasado viernes hasta el próximo domingo se está celebrando ya la Semana Negra de Gijón 2014, la única semana que dura nueve días.  Tú ya sabes lo que es la Semana Negra: una fiesta de la palabra, un continuo ir y venir, correr de un acto a otro porque no llegas a la charla, la presentación, la mesa redonda o la actuación musical que no quieres perderte, un encontrarse y reencontrarse con escritores, lectores, críticos, periodistas, editores y demás gente de mal vivir que celebran, una vez al año ese encuentro calidoscópico que se realiza puntualmente cada verano gracias a unos anfitriones de lujo.

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Y este año, como el anterior, hay presencia canaria. No solo está por allá el poeta y cantautor Diego Ojeda, sino que hoy y mañana presentan libros dos tipos peligrosos que, si andas cerca, no deberías perderte. Esta misma tarde, a las 18:30,  José Luis Correa presenta El verano que murió Chavela.

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Y ya está preparado: míralo en la foto, ante la carpa, bebiéndose el último Drambuie que dejó el año pasado en la botella  en el bar del Hotel Don Manuel.

Y mañana, a las 20:15, Javier Hernández Velázquez hace lo propio con Un camino a través del infierno, la novela en la que Matt Fernández viene a tocar los humildes a Gran Canaria.

Además, por si no fuera bastante con la proverbial peligrosidad de estos dos sospechosos habituales, se hacen presentar por dos fuera de serie del asunto negrocriminal: Carlos Salem y Paco Gómez Escribano, respectivamente, harán de padrinos en sentido estricto.

Yo, por desgracia, no voy a coincidir con ellos, porque llego más tarde. Me toca estar el jueves y el viernes, para vivir unos cuantos momentos felices. El jueves, la entrega del Premio Novelpol, del que me toca un 33,33 por ciento, ya que las novelas premiadas este año por esos locos maravillosos son la estupenda Don de lenguas, de Rosa Ribas y Sabine Hoffman y La estrategia del pequinés. Y, esa misma tarde, se presentará allá La última tumba. Pero lo mejor es que la presentación correrá a cargo del cappo di capi en Barcelona, hombre de respeto y ron añejo: nada menos que don Paco Camarasa.

Y el viernes por la tarde me junto con otro de los buenos, el argentino Fernando López, a quien acompañaré para presentar su reciente y fantástica Odisea del cangrejo, un novela tensa, densa y devorable, de esas que te hacen creer en que el oficio no se agota.

Aparte de eso, La estrategia del pequinés anda (y muy bien acompañada) entre los finalistas al Dashiell Hammett, y uno debería andar  por allí tenso como escolar en reválida. Pero, al fin y al cabo, es una historia sobre perdedores, así que a lo que me voy a dedicar es a pasármelo pipa, porque no solo voy a ver al cariñoso equipo de Gijón, sino que, me consta, ya están allí o acercándose los cronopios de Novelpol, y, además de la canaria, las embajadas leonesa, madrileña, catalana, conquense, vasca, mexicana, argentina, venezolana. Sí: Gijón y todo lo que lleva dentro espera allá, más al norte, y yo ando loco preparando las maletas con cuidado de que quede sitio para todos los libros que me traeré a la vuelta. Por el espacio para atesorar los ratos buenos no temo: en un corazón canario cabe mucha gente.








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