Gdeim Izik

27 10 2010

Foto tomada de resistenciasahraui.blogspot.com

Parece que todo es como debe ser, pero hay una punzada ahí, en alguna parte entre el cerebro y el pecho, que te dice que hay algo que no va como debería. Hay algo que no está en su sitio cuando los dueños de la casa duermen a la intemperie y se les niega hasta el pan y el agua. Algo no anda bien si quienes deberían pedir permiso son quienes lo exigen; si el agresor, el torturador, el usurpador, el asesino son premiados mientras se criminaliza a sus víctimas. Y, seguramente, hay algo que está completamente al revés si son los activistas quienes piden calma, las fuerzas del orden las que causan el desorden, las que lanzan piedras y disparan a los niños, las que intentan romper los cercos que delimitan el territorio en paz. Pero, definitivamente, hay algo que no está en su lugar (ahí, en tu cerebro y en tu pecho) si contemplas todo eso con indolencia, desde la ventana, sin hacer nada más que bajar la persiana y tomar tu café leyendo en el periódico la  noticia de la muerte de un octópodo adivino.

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