Arte salvaje, vida y obra de un outsider

7 10 2014

[Si te apetece escuchar el podcast de La Buena Letra y La Butaca de esta semana, solo has de hacer clic aquí]

El 27 de septiembre, fue el cumpleaños de un inmenso escritor, que viene a cumplir más o menos con todos los ítems de eso que llamamos el autor maldito: alcohólico, pobre, vagabundo a ratos, outsider y poco valorado en su tiempo, un tipo que siempre fue la víctima favorita de la mala suerte, y que en las últimas décadas ha ido siendo recuperado, poco a poco. Se trata de Jim Thompson, de quien ya comentamos aquí 1280 almas y que ha vuelto a cobrar repercusión a raíz del libro con el que inauguramos temporada en La Buena Letra: Arte Salvaje, una biografía de Jim Thompson, escrita por Robert Polito en 1995 y editada ahora en España. Yo, que no soy especial aficionado al género biográfico, la descubrí gracias a la activa insistencia de Juan Carlos Galindo.

Arte salvaje, una biografía de Jim Thompson, de Robert Polito, Madrid, Es Pop Ediciones, 634 páginas.

Arte salvaje, una biografía de Jim Thompson, de Robert Polito, Madrid, Es Pop Ediciones, 634 páginas.

El libro comienza con una anécdota. Poco antes de morir, en abril de 1977, Thompson le dijo a su mujer, Alberta, que conservara a buen recaudo sus novelas, manuscritos, documentos y copyriths, porque él se haría famoso unos diez años después de muerto.

En ese momento, parecía más bien una bravata: la mayoría de sus novelas estaban descatalogadas en Estados Unidos, la última que había tenido cierto impacto había sido 1280 almas (1967), y la última vez que había trabajado en un guion memorable había sido en 1957. Era un tipo olvidado cuyos últimos trabajos habían sido cosas de poca monta, como “novelizar” por encargo películas y series de televisión. Murió en el olvido y no más de veinticinco personas fueron a su entierro.

El vaticinio de que se haría famoso se cumplió: en 1990, Stephen Frears estrenó la película Los timadores, basada en su novela, con Anjelica Huston, John Cusack y Annete Benning. Hubo también otras adaptaciones más o menos afortunadas, el público lector volvió a interesarse por él y todas sus novelas importantes fueron reeditándose y ganando el prestigio crítico que se merecían.

Hoy en día Thompson no es solo considerado un gran autor de novela negra, sino todo un referente contracultural.

Como dice Robert Polito, al comienzo del libro, Thompson ofrece uno de esos raros ejemplos de arte popular que también es personal y profundamente subversivo.

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Pero hacía falta un libro como Arte Salvaje (que toma su título de Art Savage, uno de los primeros personajes singulares de Thompson): una biografía crítica que contara su vida de forma objetiva, con sus luces y sus sombras y deshaciendo algunas de las leyendas que el mismo autor de La huida había contribuido a crear. De todos modos, tuvo una vida tan interesante que no le hacía falta adornarla con el mito.

Nació en Anadarko, una pequeña ciudad de Oklahoma, en 1906. Fue hijo de un sheriff corrupto que, tras permanecer varios años en busca y captura por un desfalco se metería a cavador de pozos de petróleo con todavía peor suerte. Thompson se crio en una familia que iba de un lado para otro, afectada por los vaivenes de la conducta errática de su padre. Y él mismo comenzó pronto a trabajar. Mientras todavía estudiaba, fue botones en el Hotel Texas, donde conseguía drogas, putas o sexo a los clientes. Y por la mañana, iba al instituto. Para aguantar, se dedicaba a beber, lo cual provocó que tuviera su primer delirium tremens a los 19 años. Esto es solo un ejemplo de todas las miserias por las que pasó. A lo largo de su vida, sería empleado de pozos de petróleo, vagabundo, estafador, redactor de revistas agrícolas, guionista y autor de novelas por encargo.

Pero, al mismo tiempo, iba construyendo una obra interesantísima, culta, brillante, inteligente y completamente original. Una voz absolutamente distinta a todas las demás, llena de rabia, de humor negro, de pesimismo y lucidez, con una fina penetración psicológica y capaz de decir cosas que nadie se había atrevido a decir hasta entonces. Y pocos se han atrevido a repetir, al menos con tanto acierto.

Hubo momentos en que pudo triunfar: cuando trabajó con Stanley Kubrick en los guiones de Atraco perfecto y Senderos de gloria, cuando Sam Peckimpah adaptó La huida o cuando Gallimard publicó 1280 almas para celebrar el aniversario de su Serie Negra. Pero siempre hubo algo que lo echó a perder. A veces él mismo.

En cualquier caso, Robert Polito ha sabido buscar, a través de una muy seria investigación y de entrevistas con los supervivientes de su familia y su círculo de amigos, pero también a través de sus propios textos, los momentos cruciales de la vida de este auténtico monstruo para darnos una clave de interpretación de la obra de este espíritu rebelde y amargo. Su libro analiza tanto las autobiografías noveladas de Thompson (Bad Boy y En bruto), como sus novelas, que están salpicadas de sus experiencias vitales: Texas, 1280 almas, El asesino dentro de mí, Los timadores, Hijo de la ira, Ciudad violenta o La sangre de los King, que acaba de ser publicada este mismo mes en España.

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Así que este libro, Arte salvaje, que es una biografía y un ensayo, pero también puede leerse como una estupenda novela, supone el acercamiento perfecto para quien desee saber más acerca de la vida y la obra de Jim Thompson, ese tipo que estuvo tantas veces a punto de alcanzar la gloria y que solo la ha conseguido después de muerto. Hay que decir que Arte salvaje no solo obtuvo el Premio Edgar al mejor ensayo, sino que también fue Premio del Círculo Nacional de Críticos Literarios de Estados Unidos a la mejor biografía.

Si uno ya ha leído a Jim Thompson y quiere entenderlo algo mejor o averiguar de dónde surge toda esa gran literatura que nos ofrece bajo una apariencia de novela de quiosco, ahí tiene Arte salvaje, de Robert Polito, editada por Es Pop Ediciones, 634 páginas de literatura, pero también de vida.

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La mugre bajo la alfombra. Los timadores de Thompson

27 01 2012

Los timadores, de Jim Thompson, Barcelona, RBA, 176 páginas.

El libro de esta semana es de un viejo conocido nuestro, el maestro (maldito, alcohólico y sarcástico) Jim Thompson, que escribió en 1963 este libro recuperado por RBA en su Serie Negra: Los timadores.

Los timadores (hay versión cinematográfica, pero hablamos del libro) es lo que pide cualquier lector de Thompson: una novela rápida y tensa, con atmósferas opresivas, un argumento lleno de giros insertos en una trama aparentemente caótica pero, al fin, firme y personajes atormentados que se sumergen en sórdidos laberintos psicológicos. Esta vez no hay psicópata, pero sí que hay un personaje que vive al margen de la ley: el joven timador Roy Dillon.

Dillon tiene un problema con su madre, Lilly, una viuda que trabaja amañando apuestas en los hipódromos para la mafia de Baltimore. Lilly Dillon tuvo a Roy muy joven y no lo deseaba. Así que el chico no querido, en cuanto pudo, se fue de casa y acabó viviendo en Los Ángeles, donde, bajo la tapadera de su trabajo de vendedor a comisión, se especializó en dar lo que se llama el timo corto, pequeñas estafas en bares y comercios. Además, mantiene una relación con Moira Langtry, una mujer mayor que él y que resulta ser también una estafadora, pero de un nivel superior, cercano al de su madre. Cuando Lilly, siguiendo la temporada hípica, se traslada a Los Ángeles y vuelve a entrar en contacto con su hijo, se establecerá un triángulo tenso y complejo entre estos tres personajes cuyas relaciones van a ir enredándose en una trama que cada vez se complicará más, hasta que, finalmente todo estalle para demostrarnos que las cosas no son lo que parecen.

Ya comentamos en otra ocasión que las novelas de Thompson no son hard boiled al uso. Sus protagonistas no investigan crímenes: los cometen. En ocasiones, el crimen tiene raíz hedónica, es algo consustancial a la saciedad de los apetitos y los personajes no se detienen en ningún momento a sopesar la corrección de sus acciones. Otras veces, como en este caso, se debaten entre buscar un cierto orden en sus vidas o seguir el camino fácil. En cualquier caso, Thompson bucea en la psique humana y en las relaciones interpersonales como pocos lo han hecho, a través de textos aparentemente deslavazados pero, en realidad, cuidados al detalle, en los cuales, casi en cada página, ocurren cosas que sorprenden, divierten o atraen morbosamente al lector, haciéndole pensar seriamente sobre cosas que atañen a la moral, a la sociedad o, incluso, a la mística, porque siempre hay algo de fatalidad, de ausencia de Dios, de soledad primordial en todos y cada uno de sus personajes atormentados y crepusculares.

Junto con Chester Himes y David Goodis, Thompson es uno de los tres grandes malditos de la novela negra. Nada que ver con los fenómenos prefabricados y  aburguesados que nos traen en los últimos años las editoriales para explotar el filón negrocriminal. Más bien al contrario: son gente que escribe con las tripas textos sucios pero honestos, para que los leamos con el corazón en un puño mientras nos desvelan la mugre oculta bajo la alfombra de la realidad.





La lucidez de los perdedores: 1280 almas

16 08 2009

Como cada verano, vuelve la novela negra. Por un lado, el aluvión de títulos desorienta. Por el otro, los folletines de título impactante y kilométrico son demasiado pesados para meterlos en la bolsa de la playa. Y, además, seguro que te has dejado atrás a más de uno de los grandes.

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Para grande, Jim Thompson, un poco olvidado entre nosotros, pero con un lugar destacado entre los maestros de lo negro y criminal, junto con Dashiell Hammett, Raymond Chandler o James M. Cain. Vivió una vida bastante lamentable: hijo de un sheriff corrupto (hay algo de autobiográfico en sus obras) y de una india Cherokee maestra de escuela. La literatura clásica y el alcohol llegaron a su vida, al parecer, casi al mismo tiempo y no le abandonaron jamás. Fue petrolero, guionista de cine y muchas otras cosas más, pero siempre sin salir de la más absoluta miseria y del alcoholismo. Fugaz afiliado al Partido Comunista, represaliado durante la Caza de Brujas, fue guionista de Atraco perfecto y Senderos de gloria, creador del personaje de Ironside y sus novelas han dado películas estupendas, como Los timadores, de Stephen Frears o La huida, el mítico film de Sam Peckimpah.

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Para recordar a Thompson te propongo leer la que muchos consideran su obra maestra, 1.280 almas, un viaje a Pottsville, un pueblucho del Sur profundo norteamericano, que tiene esa población: 1.280. Allí podrás asistir a las oscuras maniobras de Nick Corey, el sheriff del pueblo, al que todo el mundo toma por un pobre cretino, cuando en realidad un hombre frío, corrupto, ambicioso y, sobre todo, inteligente. Lo que en Canarias llamaríamos un sorrocloco. Al comienzo de la novela, Corey se enfrenta a varios problemas: un honesto (y por lo tanto, peligroso) rival en las elecciones, unos proxenetas de quienes cobra sueldo pero que se le están saliendo de madre, una esposa que lo agobia y que sabe demasiado sobre él, una amante que empieza a estorbarle… Aprovechándose de su apariencia de hombre simple, Corey se moverá a sus anchas para acabar con todos esos “problemas”, apelando a cualquier recurso, incluido, por supuesto, el asesinato.

Lo mejor es que la novela está contada en primera persona por el criminal. Thompson, maestro en eso de la construcción de personajes, se da una habilidad inigualable para meterse en su pellejo. Corey nos cuenta hasta el último detalle de lo que hace, pero haciéndose pasar siempre por un pobre diablo víctima de las circunstancias. Sin embargo, entre las líneas de su discurso reconocemos siempre al canalla maquiavélico que es. Escrita originalmente en slang (vertida a un español rural por el traductor, Antonio Prometeo Moya), la novela resulta tremendamente verosímil porque el léxico y las muletillas que usa el personaje resultan muy naturales y el estilo parece sacrificado a esa verosimilitud, aunque el lector iniciado encontrará más de una referencia a la literatura culta.

Entre las páginas de 1.280 almas hallarás intriga, violencia, sexo, humor negro y reflexión sobre las pasiones humanas, sobre el poder, sobre la corrupción, sobre la doble moral imperante en la sociedad en general y en la norteamericana en particular. Pero sobre todo una novela negra dura y rápida que atrapa desde las primeras páginas e intriga hasta la última.

Para finalizar, una anécdota: cuando la famosa Serie Noir francesa llegó al número 1000, lo celebraron publicando esta novela. Y una recomendación: si te gusta 1.280 almas, no te pierdas El asesino dentro de mí.

1.280 almas, de Jim Thompson, Madrid, Punto de Lectura, 235 páginas.








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