Anticrónica (tardía, subjetiva y pequeñita) de BCNegra 2012

13 02 2012

Paco Camarasa, Montse Clavé y el equipo de Negra y Criminal han obrado nuevamente el milagro. Y ahora, cuando ya los cronistas oficiales (y oficiosos) han hecho su crónica en los grandes medios; ahora que despierta este lunes en el que ya han hecho la autopsia del cadáver de Whitney Houston, mientras la sociedad griega espera a que le hagan la suya; ahora que el frío continúa atizando mientras Garzón continúa condenado y los líderes autoritarios siguen llamando demagogos a los demócratas, este escritor pequeñito se sienta al ordenador para contar sus alegrías de los días pasados en Barcelona en ese festival por donde se ha paseado tanto talento, tanta calidez y tanta reflexión sobre el mundo que tenemos y el mundo que nos queda.

Como sabrás, a BCNegra íbamos este año el compañero José Luis Correa (que estrena libro: Nuestra Señora de la Luna, del cual te debo una reseña) y el arriba firmante, para participar en la mesa Islas Negras, coordinada por el padre de Toni Ferrer, el gran José Luis Ibáñez (que es del Vallés, pero que va mutando poco a poco en canario, según los cronistas). Así que durante una hora, el público que se congregó en La Capella recordó que por aquí abajo no solo hay sol, playa y volcanes pachorrudos, sino literatura y lazos que nos unen. Por supuesto, no solo se habló de nuestros libros, sino también de los de Antonio Lozano, Carlos Álvarez y Javier Hernández; e, incluso, hicimos algo de arqueología, recordando a nuestros modenistas (Quesada, Rivero, Torón, Morales).

Pero BCNegra, para este escritor pequeñito, no es solo las mesas en las que participa, sino el encuentro o el reencuentro con gente a la que quiere y admira. Durante esas jornadas, Barcelona se llena de cronopios de todos los tamaños y colores. Por eso BCNegra es dar con Raúl Argemí y Cristina Fallarás (que, siguen leyendo y, lo mejor de todo, escribiendo), con leyendas como Carlos Salem y talentazos como Carlos Zanón y Lorenzo Silva, maestros de la talla de Andreu Martín y compañeros a quienes uno lee casi todo el año y casi nunca puede ver en persona, como Diego Ameixeiras y Javier Abasolo.

Cristina Fallarás

BCNegra también es el encuentro con el entusiasmo y el cariño de Jokin Ibáñez y José Andrés Espelt y las charlas en las que descubres la cantidad de libros que aún no has leído, de películas que no has visto, de autores que aún no conoces.

Con Raúl Argemí y Diego Ameixeiras

Y la curiosidad, la simpatía de los lectores (como Ricard, como Marta, como Ester, como Jabi, como tantos otros y otras) que están indefectiblemente ahí leyendo y debatiendo sobre nuestro trabajo, justificando con su interés esta tarea nuestra de ablandar cada día el ladrillo a golpe de palabra.

José Andrés Espelt y Jokin Ibáñez

Y, por supuesto, también es la oportunidad de ver en persona a sus ídolos. Este año la estrella indiscutible fue Petros Márkaris, Premio Pepe Carvalho de esta edición, que paseó su humanidad y su sonrisa por Barcelona, permitiendo con paciencia infinita que sus admiradores lo asaltáramos como fans enloquecidas para agradecerle su obra y sacarnos fotos con él.

Con Correa e Ibáñez, asaltando a Petros Márkaris

De este año concreto, me llevo algunos recuerdos indelebles: las conversaciones en la cocina y la trastienda de Negra y Criminal (mientras hacía proselitismo del ron Aldea entre ollas de mejillones y botellas de vino), la cordialidad de Rosa Xabé, el encuentro (fugaz y dulce) con Anna Buill, la amabilidad de Montse Clavé y Paco Camarasa y, sobre todo, la hospitalidad y el afecto de Gloria Blanco y José Luis Ibáñez, que no solo hacen siempre que me sienta en familia sino que además ponen claridad en un mundo que a veces es confuso.

Ahora, en este lunes frío de febrero en el que Whitney Houston empieza ya a pudrirse y los fachas llaman demagogos a quienes se niegan a callarse, también recuerdo dos momentos de la semana pasada. El primero es público y conocido: Paco Camarasa leyendo la lista de los miembros del TS antes de cada una de las mesas del viernes, con el mismo tono y probablemente la misma intención con que hace más de cien años, Émile Zola gritó su célebre J’accuse!, haciéndonos sentir que tenía razón al leerla, que quienes han participado en esta fantochada dictada por los poderes fácticos no merecen participar en ningún foro democrático, que Garzón está siendo víctima del entramado de poder y corruptelas que quienes participamos en BCNegra denunciamos incesantemente con nuestro trabajo. El segundo, personal: ir en un tren leyendo Con el agua al cuello, de Petros Márkaris (concretamente un pasaje en el que Kostas Jaritos habla con unos jubilados que se manifiestan y se siente solidario con ellos) y elevar los ojos y leer en la portada del periódico que lee mi vecino de enfrente que el Parlamento Griego está a punto de dar un paso más en ese asalto a lo público que son las reformas impuestas a Grecia.

Hoy, 13 de febrero de 2012, este escritor pequeñito se ha levantado leyendo que finalmente esas medidas han sido aprobadas, que Garzón continúa condenado y Grecia arde. Y no puede evitar sentirse aún más pequeño y pensar en ese escritor grande que es Márkaris (cuyas obras están tan llenas de verdad) y preguntarse cuánto tardará en arder su propio país.

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BCNegra, Islas Negras, gustazos.

5 02 2009

Foto: José Andrés Espelt 

Muchos de ustedes ya lo saben: el lunes, 2 de febrero, me di un gustazo. Estuve en Barcelona, con José Luis Correa, participando en Islas Negras, una de las mesas de la quinta edición de BCNegra, el ya clásico encuentro sobre novela negra que, vinculado a la mítica librería Negra y Criminal reúne durante una semana a los incondicionales del género. Este año están participando firmas como Michael Connelly, Roberto Saviano o Sue Grafton. Además, se homenajea a Vázquez Montalbán y a Leonardo Sciascia y hay muchas otras actividades atractivas, como la dedicada a analizar la relación entre boxeo y literatura, la exposición “Descubriendo a Debry” (sobre Franc Debry, un tinerfeño que fue un titán de la novela popular de quiosco), la dedicada al semanario “El Caso” o “La novela del tango”, que une la voz del escritor Raúl Argemí con la de la cantante Elba Picó.

Parte del gustazo consistió en conocer personalmente (por fin) a Paco CamarasaMontse Clavé, verdaderos cronopios negrocriminales y, (aunque a Paco le joda), gente legendaria en esto del pulp, el Thriller, y lo policiaco; a José Andrés Espelt (incansable, entusiasta, activista, inabarcable) que lleva ya un buen par de años mimando mi trabajo desde Cruce de Cables junto a José Ramón Gómez  y Novelpol (esta vez no hemos coincidido, pero José Ramón sabe que sigue sentenciado a unas cañas) y a  José Luis Ibáñez, que leyó con cariño el trabajo de José Luis Correa y el mío y moderó la mesa de forma amena e interesante. Otra parte, reencontrar a buenos amigos, como José Carlos Cataño o Arianna Squilloni.

En Islas Negras se habló, sobre todo, de tópicos. Y del daño que hacen. De cómo las Islas son un lugar ideal para crear. De la recepción (mediatizada por la geografía) que tienen nuestros libros en Península. De la imposibilidad de hablar de grupo o generación. De cómo resulta más apropiado hablar de autores con edades, formaciones, lecturas, intereses, estilos e, incluso, concepciones radicalmente diferentes del género. De cómo Pepe Correa y yo no somos más que dos de los que trabajamos en este campo (se mencionó, por supuesto, a otros autores isleños, tanto actuales como de fechas pasadas).

Sobre todo, se propuso a los lectores de allí que se acercaran a los textos narrativos de los autores canarios sin miedo a aburrirse, porque ya ha pasado la época de los ombliguismos y los complejos (al menos para muchos de nosotros) y nuestros trabajos (me resisto a llamarlos obras mientras estemos vivos) compiten en condiciones cualitativas de igualdad con las de cualquier otro lado.

Aunque también se tocó el asunto de la dificultad para promocionar y difundir nuestros libros. De hecho, esta presencia de dos autores canarios en BCNegra (sabíamos que no estábamos solos, que aquí quedaban muchos, no solo de género negro, ya que en el fondo se habló de narrativa en extenso, cuya presencia flotaba en el ambiente del Palau de la Virreina) no hubiera sido posible sin el apoyo de la Consejería de Cultura del Cabildo Insular de Gran Canaria.

El último gustazo fue un pequeño capricho personal: recordar a un autor que fue punta de lanza de las Vanguardias y que fue olvidado y expulsado del canon surrealista español por causa de un cúmulo de injusticias histórico-geográficas. Sé que quizá no pintaba mucho en una mesa dedicada a la novela negra, pero me había prometido a mí mismo que lo haría, así que la mesa concluyó con la lectura de los primeros párrafos de Crimen, de Agustín Espinosa y el gustazo consistió no tanto en hacerlo, sino en observar las expresiones de asombro del público, al escuchar aquellas palabras escritas a principios de los años treinta.








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