La pluma del arcángel, Ximénez contra la tolerancia

3 11 2013

[Después de un paréntesis forzoso, dictado por algunas agradables obligaciones, vuelve La Buena Letra. Si quieres escuchar el podcast, con entrevista al autor incluida, solo has de hacer clic aquí]

La pluma del arcángel, de Carlos Álvarez. Hora Antes Editorial, 220 páginas

La pluma del arcángel, de Carlos Álvarez. Hora Antes Editorial, 220 páginas

En 2000 Alfaguara editó La pluma del arcángel, de Carlos Álvarez, una novela que había obtenido el Premio Benito Pérez Armas. Aquella edición se agotó pronto y esta historia ambientada en la Gran Canaria de 1520 ha permanecido descatalogada hasta este mismo mes, cuando Hora Antes ha vuelto a publicarla. Ocasión feliz, pues se trata, en mi opinión, de una de las mejores novelas históricas escritas en Canarias en las últimas décadas.

El asunto: a la isla de Canaria llega un nuevo inquisidor, Fernán Ximénez, un tipo austero, ambicioso, intransigente y amargado. Y esa llegada va a desordenar todos los muebles en la incipiente, heterodoxa y próspera sociedad isleña, en la que conviven en armonía cristianos nuevos y viejos, amancebados y prostitutas, aventureros y librepensadores, lejos de la alargada mano del Santo Oficio, en lo que es parte de la primera colonia española en ultramar.

A ese mundo diferente y tolerante, ese experimento social en el que conviven tantas culturas y formas de vivir, llega Ximénez con sus ínfulas y su intolerancia, para amargarle la vida a todo Dios: a Martín Toscano, judío converso que había venido a Canarias precisamente huyendo de Ximénez (que también es mala pata); a la vieja Farfana, hechicera, alcahueta y prostituta a sus horas; al teniente Múxica, mujeriego y valiente; o al mismísimo Diego de Herrera, el gobernador civil, con quien, desde el comienzo, el inquisidor entablará una la discordia que estallará necesariamente en un enfrentamiento entre la justicia civil y la eclesiástica.

Este conflicto es la espina dorsal de esta novela que, aunque breve, es populosa en personaje, tramas y subtramas, en historias dentro de historias, que entran con naturalidad en ella: cuentos de piratas; engaños tramados por alcahuetas y sirvientes (en divertidísimos guiños a la novela picaresca);  historias de tesoros ocultos y apariciones del Diablo, de aventuras bélicas pero también de faldas, y muchos pasajes erótico-festivos, en los que no se salvan ni las cabras. Y, sobre todo, hay personajes, de todas las procedencias y clases sociales (aparte de los mencionados, están el pescador Antón Carreño, el pregonero Nemesio Quiroga, Alonso de las Hijas y el mismísimo Cairasco de Figueroa, a través de cuya mirada se hace la luz sobre muchos de los aparentes misterios que se suceden en la novela). Todo eso la convierte en un prisma en el cual vemos los muchos colores de una sociedad de una riqueza inabarcable, que se abre a la modernidad, amenazada por el oscurantismo y la intolerancia medievales que se ciernen sobre ella y que Ximénez personifica.

Una novela histórica es aquella que, como quiso Walter Scott, indaga en el pasado sobre preguntas que afectan al presente, en una ficción verosímil en la que, junto a personajes históricos, aparecen otros surgidos de la imaginación del autor. No puede ser nunca (como sucede con cierta frecuencia) una colección de datos eruditos ni una sucesión de diálogos que se tornan artificiosos e increíbles porque intentan demostrar el esfuerzo que ha hecho su autor al documentarse (la documentación en una novela es como los efectos especiales en el cine: si está bien hecha, no se nota).  La novela histórica en y sobre Canarias ha conocido muy pocos títulos de interés, pues muy pocos han sido los autores que la han cultivado con acierto. Carlos Álvarez es uno de ellos. Conoce muy bien el oficio y sabe contar historias sin que los datos eruditos, la excesiva información estorbe el estilo, los diálogos o, en fin, las sucesión de estaciones del nudo, que son las cosas que hacen que un lector de novelas disfrute de la literatura.

A La pluma del arcángel le seguiría (años después) La Señora, Beatriz de Bobadilla, Señora de Gomera y Fierro, de la que ya se habló aquí, otro título estupendo para entender de dónde venimos y, acaso, adónde vamos. Ambos libros se leen muy bien juntos, aunque la anécdota y el periodo que abarca la segunda sean más amplios.

Carlos Álvarez es muy conocido también por sus libros criminales (Negra hora menos y Si le digo le engaño) y sus trabajos cinematográficos (fue guionista de Mararía y de Ciudadano Negrín, codirigiendo esta última), y aunque leonés, siempre ha estado muy vinculado a la vida cultural de las Islas. De hecho, él mismo bromea con el hecho de que “habla godo, pero escribe en canario”.

En cualquier caso, La pluma del arcángel es una excusa estupenda para iniciarse en su obra o proseguir frecuentándola, porque es uno de esos libros que nos gustan: para leer rápido y pensar despacio.

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Nuestra maquiavélica señora

15 09 2012

Una primicia: La Señora. Beatriz de Bobadilla, señora de Gomera y Fierro, la nueva novela de Carlos Álvarez, tan calentita y tan recién salida del horno que aún ni siquiera ha sido presentada en sociedad.

De hecho, es tan reciente que aún no existen imágenes promocionales de la portada, así que me llevé a La Señora de paseo y salió esto:

La Señora. Beatriz de Bobadilla, Señora de Gomera y Fierro, de Carlos Álvarez. Hora Antes Editorial, 421 páginas.

La Señora es una novela histórica en torno a Beatriz de Bobadilla y Ossorio, una de las mujeres más singulares y controvertidas de su época, llamada en la corte de los Reyes Católicos La cazadora, porque era hija del cazador del Rey, y en la Gomera La Dama Sangrienta, por la crueldad de la que hizo gala en algunas ocasiones. Beatriz de Bobadilla, que estuvo casada con Hernán Peraza y con Alonso Fernández de Lugo, pero a quien también se atribuyeron relaciones con Cristóbal Colón o el mismísimo Fernando el Católico. De hecho, parece ser que Isabel la Católica la hizo casarse con Hernán Peraza, señor de Gomera y Fierro (que estaba en la Corte para explicar la muerte de Juan Rejón a manos de sus hombres) fue para alejarla del rey de Aragón, porque parece que Fernando, tratándose de mujeres, no es que fuera muy católico que digamos.

En torno a la biografía de esta mujer polémica, hermosa e inteligente, pero también muy cruel en el gobierno de la Gomera, Álvarez nos hace asistir a acontecimientos cruciales de esa época. En ese momento, la figura de Beatriz de Bobadilla está en todos lados: en la rebelión de los gomeros (recuerda a Iballa, a Hautacuperche, a Ajejiles); en la represión de ese levantamiento, crudelísima, por parte de Pedro de Vera; en la conquista de La Palma y Tenerife, que cofinanció e, incluso, en los viajes de Colón a las Indias, ya que en eso jugó, al parecer, un papel crucial.

A estos sucesos históricos vamos asistiendo a través de un argumento central: el de las intrigas en torno al sostenimiento del señorío sobre Gomera y Fierro, que en realidad, muerto Hernán Peraza, corresponde a su hijo, pero que ella defiende a toda costa frente a la familia de los Herrera y los Peraza, quienes mandan en Lanzarote y Fuerteventura y quieren despojarla de todos sus poderes, legalmente o por la fuerza.

Así que tenemos Historia, envenenamientos, intrigas, amores y guerras, además de viajes por todo el Archipiélago, por Berbería y diferentes lugares de la Península, ya que los personajes se mueven en ocasiones siguiendo a la Corte y pasan por Sevilla, Medina del Campo, Santa Fe o Granada.

Y, junto a personajes reales (los Reyes Católicos, Antonio de Lebrixa, los Peraza o Alonso Fernández de Lugo) hay otros que van a compartir protagonismo con Beatriz y que son, en mi opinión, quienes ponen la sal al asunto: como Martín Ralón, un preceptor traído de la Península a través del cual vamos a vivir el asombro que debían sentir quienes llegaban aquí en esa época; Bernardo, un joven escribiente canario que va a vivir la experiencia contraria, la de ir a la Corte después de haber pasado toda la vida en la Gomera o Severiana, una anciana gomera que conserva la sabiduría de los aborígenes y hace a medias de curandera, a medias de consejera de todo el que se le pone por delante.

Aunque es muy conocido por sus novelas negras (Si le digo le engaño, que es del año pasado, sigue ganando lectores), La Señora no es la primera novela histórica de Carlos Álvarez, que, allá por el año 2000 obtuvo el Premio Benito Pérez Armas por La pluma del Arcángel, una novela cortita y divertidísima sobre la llegada del inquisidor Fernán Ximénez a Gran Canaria en el Siglo XVI.

En La Señora se nos va unos añitos hacia atrás, a finales del XV, el argumento es muchísimo más complejo y abarca un periodo más amplio. Pero la verdad es que el libro se lee de un tirón y, mientras aprendemos o recordamos muchas cosas sobre nuestros orígenes, nos lo pasamos pipa con esta historia de intrigas, batallas y traiciones en la que se nos cuenta la conquista de Canarias y también cómo Canarias conquistó a quienes vinieron a dominarla, porque acabaron todos ligados para siempre a ellas. Muy útil, además, para foráneos que quieran aprender algo más sobre las Islas, sobre su historia y algunas de sus costumbres. Así pues, la recomendación de esta semana es esta (y recuerden que fuimos los primeros en mencionarla): La Señora. Beatriz de Bobadilla, Señora de Gomera y Fierro, de Carlos Álvarez, publicada por Hora Antes Editorial, 421 páginas de buena novela histórica.

(Todo esto lo dije ayer en La buena letra, el espacio con el que, junto a La Butaca, de Junior, ocupamos la última parte del Hoy por Hoy de Ser Las Palmas. En esta temporada, hemos introducido algunas modificaciones, como la de desrecomendar un libro. Si te lo perdiste, pincha aquí).








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