Libros que me enseñaron algo

1 04 2013

Es fama que Borges escribió: “Que otros se jacten de los libros que les ha sido dado escribir; yo me jacto de aquellos que me fue dado leer”. Una participante en el Taller de Narrativa de Unibelia me ha puesto en un aprieto: me ha pedido que, al margen de la bibliografía esencial que suministro a lo largo de cada taller, les proporcione a ella y a sus compañeros una lista de aquellos libros que yo creo que me han sido útiles en esa tarea de aprender a contar historias. Esto es tanto como preguntarme cuáles son los libros que me han influido. Y (si aceptamos que todo aquello que lees, te influye), tanto como preguntarme qué libros he leído.

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Pero como quiera que alguna vez suelen preguntarme qué autores me han influido y hasta ahora no había elaborado una nómina que me sirviera para salir del paso, he decidido aprovechar la excusa para pararme a pensar y anotar. Además, soy de los que piensan que muchas veces se llega a los mejores libros porque un amigo te los recomendó o porque leíste un artículo o un libro en los que se los mencionaba. Y a ti, que lees este blog, te considero persona amiga.

Así que, sin ánimo de ejercer como prescriptor, y, claro está, sin afán canónico alguno, ofrezco aquí esa nómina siempre incompleta de autores y textos que (yo creo que) me marcaron de alguna manera, que me enseñaron algo (si es que algo aprendí) sobre el oficio de la escritura. Y lo hago con algo de pudor, pero con gusto, porque eso me ha proporcionado excusa para pasar la tarde del domingo recordando a algunos viejos amigos impresos en todo tipo de papel, formato y dimensiones, aunque abunden entre ellos las ediciones baratas o de bolsillo, compradas de segunda o tercera mano, no devueltas a sus legítimos propietarios o, incluso, hurtadas en centros comerciales y bibliotecas que ya no existen.

Casi todos los títulos te serán conocidos. Los que no, puede que despierten tu curiosidad o lleguen a merecer tu atención.

En cualquier caso, fueron llegando a mis manos por cauces y motivos dispares: como lecturas de estudiante, por recomendación, por mera curiosidad o por azar. La mayoría los leí siendo joven (con los años he descubierto que los libros realmente importantes en tu vida son aquellos que lees antes de los treinta). Otros, unos pocos, son nuevos amigos de la última década. En cuanto a géneros, hay absolutamente de todo, aunque menos abundante es la poesía, acaso porque soy de aquellos que leen poesía por mero vicio, por puro y genuino placer. Lo único que puedo decir con seguridad es que todos y cada uno de ellos me hicieron disfrutar y me han hecho pensar, y que todos contribuyeron en una u otra medida a este aprendizaje, que no cesa.

Antes, algunas advertencias: como cito de memoria, puede que haya alguna inexactitud en la correcta transcripción de nombre y títulos. Y no hay orden ni concierto, salvo el alfabético, pues si atendiéramos a la cronología, yo habría de confesar que, por ejemplo, Kafka apareció en mi biblioteca antes que Virgilio. Tampoco hay corrección política: siempre me ha dado igual de dónde sea un autor o de qué época, si es hombre o mujer, de derechas o de izquierdas. Por último, esta lista no pretende ser exhaustiva. La fue haciendo el tiempo y ahora la recoge la memoria: si aquel es inexorable, esta no es infalible. Por consiguiente, el tintero quedará abarrotado de nombres y de títulos que hoy no han querido aflorar a mi maltratado córtex.

Así pues, ahí van esos libros que me enseñaron algo:

1.               Abagnano: Historia de la Filosofía.

2.               Adolfo Bioy Casares: La invención y la trama.

3.               Adorno: Notas sobre literatura.

4.               Agnes Heller: Sociología de la vida cotidiana.

5.               Akutagawa: Rasomon.

6.               Alberto Manguel: Una historia de la lectura.

7.               Alejandro Dumas: El Conde de Montecristo.

8.               Anaïs Nin: Delta de Venus. Diarios.

9.               Andreiev: Los espectros. Cuentos.

10.            Apollinaire-Dalizé: La Roma de los Borgia.

11.            Ariwara No-Narihira: Cuentos del Ise.

12.            Arozarena: Mararía. Caravane.

13.            Asimov: Fundación. Yo, Robot.

14.            Bárbara Jacobs: Doce cuentos en contra. Vida con mi amigo.

15.            Baricco: Seda. Noveccento. Tierras de cristal. Homero, Ilíada.

16.            Barrie: Peter Pan.

17.            Beckett: Fin de partida. Esperando a Godot. Malone muere. Molloy.

18.            Bierce: El clan de los parricidas. Diccionario del Diablo.

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19.            Bolaño: 2666. Los detectives salvajes.

20.            Böll: Opiniones de un payaso. Billar a las nueve y media. Casa sin amo. El honor perdido de Katharina Blum.

21.            Boris Vian: El Lobo-Hombre. La espuma de los días. La hierba roja. El otoño en Pekín. El arrancacorazones. Escupiré sobre vuestra tumba.

22.            Bradbury: Fahrenheit 451. Crónicas marcianas. Remedio para melancólicos.

23.            Bram Stocker: Drácula.

24.            Broch: Los inocentes.

25.            Bulgakov: El maestro y Margarita.

26.            Burgess: La naranja mecánica.

27.            Buzzati: El desierto de los tártaros. Cuentos completos.

28.            Cain: Pacto de sangre. El cartero siempre llama dos veces.

29.            Campos-Herrero: Fieras y ángeles. Ficciones mínimas.

30.            Camus: El extranjero. La peste. La caída. El mito de Sísifo. El hombre rebelde. Calígula.

31.            Cantar de Mío Cid.

32.            Capote: Cuentos completos. Otras voces, otros ámbitos. A sangre fría.

33.            Carmen Laforet: Nada.

34.            Carson McCullers: El corazón es un cazador solitario.

35.            Carver: ¿De qué hablamos cuando hablamos de amor?

36.            Cela: La familia de Pascual Duarte. La colmena. Mazurca para dos muertos.

37.            Cervantes: El Quijote. Novelas ejemplares.

38.            Cesare Pavese: El oficio de vivir / El oficio de poeta. Trabajar cansa. Vendrá la noche y tendrá tus ojos.

39.            Chejov: Cuentos. Tío Vania.

40.            Chesterton: El candor del Padre Brown.

41.            Cioran: Breviario de podredumbre. En las cimas de la desesperación.

42.            Clarín: La Regenta.

43.            Copleston: Historia de la Filosofía.

44.            Cormac McCarthy: Hijo de Dios. La carretera.

45.            Danilo Kis: Una tumba para Boris Davidóvich.

46.            David Markson: La amante de Wittgenstein.

47.            Delibes: El camino. Cinco horas con Mario. Los santos inocentes. 377-A, Madera de héroe. El príncipe destronado. El hereje.

48.            Djuna Barnes: El bosque de la noche.

49.            Dostoyevski: El idiota. El jugador. Crimen y Castigo.

50.            Dürrenmatt: Justicia. La promesa. El juez y su verdugo. La visita de la vieja dama.

51.            Elias Canetti: Auto de fe. El testigo escuchón.

52.            Ende: Momo. La historia interminable.

53.            Espinosa: Crimen. Lancelot 28º-7º. Media hora jugando a los dados. Artículos y ensayos.

54.            Faucault: El orden del discurso.

55.            Faulkner: Santuario. El ruido y la furia. Luz de agosto. Cuentos de Nueva Orleans.

56.            Fernández Santos: Extramuros.

57.            Fernando de Rojas: La Celestina.

58.            Flaubert: Madame Bovary. Cuentos.

59.            Francois Rabelais: Gargantúa y Pantagruel.

60.            Freud: El malestar en la cultura. El yo y el ello. La interpretación de los sueños. Ensayos sobre sexualidad.

61.            Frisch: No soy Stiller.

62.            Gadamer: Estética y hermenéutica.

63.            García Cabrera: Romancero cautivo. Elegías muertas de hambre. El hombre en función del paisaje. Transparencias fugadas. La rodilla en el agua.

64.            García Gual: La secta del perro. Epicuro.

65.            García Márquez: Crónica de una muerte anunciada. Cien años de soledad. El otoño del patriarca. La hojarasca. El coronel no tiene quien le escriba. El amor en los tiempos del cólera.

66.            Gide: El inmoralista. La secuestrada de Poitiers.

67.            Gilson: El pensamiento en la Edad Media.

68.            González Ledesma: Crónica sentimental en rojo. Una novela de barrio.

69.            Graham Greene: El poder y la gloria.

70.            Grass: El tambor de hojalata. El rodaballo.

71.            Graves: Yo, Claudio. Claudio el Dios y su esposa Mesalina.

72.            H. G. Wells: El hombre invisible. La guerra de los mundos. La isla del doctor Moreau.

73.            Harper Lee: Matar un ruiseñor.

74.            Harris: Introducción a la Antropología General.

75.            Heidegger: Ser y Tiempo.

76.            Helene Hanff: 84, Charing Cross Road.

77.            Henry James: Otra vuelta de tuerca. Los papeles de Aspern.

78.            Henry Miller: Sexus. Plexus. Nexus.

79.            Herman Melville: Moby Dick. Bartleby, el escribiente. Billy Budd. Benito Cereno.

80.            Hesse: El lobo estepario.

81.            Highsmith: El talento de Mr. Ripley. El juego de Ripley. Extraños en un tren. Pequeños cuentos misóginos.

82.            H. P. Lovecraft: Los mitos de Ctulhu. El color surgido del espacio.

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83.            Homero: Odisea e Ilíada.

84.            Horacio Güiraldes: Don Segundo Sombra.

85.            Ibsen: Un enemigo del pueblo.

86.            Ignacio Aldecoa: Cuentos completos.

87.            Isidore Ducasse: Cantos de Maldoror.

88.            Italo Calvino: Nuestros antepasados. Marcovaldo. La nube de Smog. Si una noche de invierno un viajero. Las cosmicómicas. Las ciudades invisibles. ¿Por qué leer los clásicos? Seis propuestas para el próximo milenio.

89.            John Berger: G.

90.            Jorge Luis Borges: Obra completa.

91.            José Hernández: Martín Fierro.

92.            Joseph Conrad: El corazón de las tinieblas. La línea de sombra. El Duelo. Lord Jim. Gaspar Ruiz.

93.            Joyce: Dublineses. Ulises.

94.            Juan Carlos Onetti: Juntacadáveres. El astillero. Dejemos hablar al viento. La muerte y la niña. Los adioses. Cuando ya no importe.

95.            Juan José Arreola: Confabulario.

96.            Juan Marsé: Últimas tardes con Teresa. El embrujo de Shangai.

97.            Juan Perucho: El caballero Cosmas.

98.            Julián Marías: Biografía de la filosofía.

99.            Julio Cortázar: Los relatos (4 volúmenes). Rayuela. Historias de cronopios y de famas. Los premios. Libro de Manuel. 62, modelo para armar. La vuelta al día en ochenta mundos. Último Round.

100.         K. Dick: ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? Cuentos.

101.         Kadaré: El palacio de los sueños.

102.         Kafka: Obra Completa.

103.         Kawabata: Una grulla en la taza de té. Lo bello y lo triste. La casa de las bellas durmientes.

104.         Kenneth Rexroth: 100 poemas japoneses.

105.         Kirk y Raven: Los filósofos presocráticos.

106.         Kundera: La insoportable levedad del ser. La inmortalidad. El arte de la novela.

107.         Laurence Sterne: Tristram Shandy.

108.         Lazarillo de Tormes.

109.         Lem: Solaris.

110.         Lledó e Íñigo: Lenguaje e Historia.

111.         Lucrecio: De la naturaleza de las cosas.

112.         Madrid: Días contados. Serie de Toni Romano.

113.         Malraux: La condición humana. La esperanza. La Vía Real.

114.         Mansfield: Cuentos completos.

115.         Márai: La amante de Bolzano. El último encuentro. La herencia de Eszter. Diarios.

116.         Martín Santos: Tiempo de silencio.

117.         Marx: Manuscritos de economía y filosofía. El capital.

118.         Matute: Algunos muchachos.

119.         Maupassant: Bola de sebo. Cuentos de guerra.

120.         Max Aub: Las buenas intenciones. Crímenes ejemplares.

121.         Mendoza: La verdad sobre el caso Savolta.

122.         Meyrink: El Golem.

123.         Milorad Pavic: Diccionario jázaro.

124.         Monterroso: Movimiento perpetuo. Obras completas y otros cuentos. La oveja negra y demás fábulas. Lo demás es silencio. La letra e. Los buscadores de oro.

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125.         Muñoz Molina: El invierno en Lisboa. Beltenebros. En ausencia de Blanca.

126.         Murasaki Shikibu: La novela de Genji.

127.         Musil: El joven Törless.

128.         Nabokov: Lolita. La defensa Lutzin. Curso de literatura europea.

129.         Nathaniel Hawthorne: La letra escarlata.

130.         Oliverio Girondo: Poesía completa.

131.         Orwell: 1984.

Fotograma de la versión cinematográfica dirigida por Michael Radford.
Fotograma de la versión cinematográfica dirigida por Michael Radford.

132.         Papini: Un hombre acabado.

133.         Pauline Rèage: Historia de O.

134.         Pedro Lezcano: Cuentos sin geografía.

135.         Perec: La vida, instrucciones de uso.

136.         Pérez Galdós: Misericordia. Trafalgar. Tormento. Marianela. Miau.

137.         Poe: Narraciones extraordinarias.

138.         Puig: El beso de la mujer araña. Boquitas pintadas.

139.         Queneau: Zazie en el metro. Ejercicios de estilo.

140.         Roald Dahl: Relatos de lo inesperado. Las brujas. Charlie y la fábrica de chocolate. Los cretinos. James y el melocotón gigante. Matilda.

141.         Roberto Arlt: El juguete rabioso. Los siete locos. Cuentos.

142.         Rodari: Gramática de la fantasía. Cuentos por teléfono. Cuentos para jugar.

143.         Romancero Castellano.

144.         Sábato: Sobre héroes y tumbas.

145.         Saki: Cuentos.

Doce cuentos malévolos, de Saki, Barcelona, Navona, 106 páginas.
Doce cuentos malévolos, de Saki, Barcelona, Navona, 106 páginas.

146.         Saramago: Todos los nombres. Ensayo sobre la ceguera. La balsa de piedra. Historia del cerco de Lisboa.

147.         Sartre: La náusea. El existencialismo es un humanismo. El Ser y la Nada. Las moscas. A puerta cerrada. La puta respetuosa.

148.         Sciascia: El contexto. Una historia sencilla. Los apuñaladores. El caballero y la muerte.

149.         Shakespeare: Macbeth. Rey Lear. Ricardo III. Hamlet. Titus Andronicus. Julio César.

150.         Solschentzin: Un día en la vida de Iván Denisovich.

151.         Sontag: La enfermedad y sus metáforas. El sida y sus metáforas. Bajo el signo de Saturno. Al mismo tiempo.  

152.         Spinoza: Ética.

153.         Stendhal: La cartuja de Parma.

154.         Stevenson: La isla del tesoro. Las nuevas noches árabes.

155.         Tabucchi: Réquiem. Sostiene Pereira. Dama de Porto Pim.

156.         Thompson: 1280 almas. El asesino dentro de mí. Los timadores.

157.         Tolstoi: Anna Karenina.

158.         Torrente Ballester: La saga / Fuga de J. B.

159.         Umberto Eco: El péndulo de Foucault.

160.         Unamuno: La tía Tula. Niebla. San Manuel Bueno, Mártir. Abel Sánchez. Del sentimiento trágico de la vida.

161.         Victor Hugo: Los miserables.

162.         Viera y Clavijo: Noticias de la historia general de las Islas de Canaria.

163.         Virgilio Piñera: Cuentos Completos.

164.         Virgilio: Eneida. Metamorfosis. El arte de amar.

165.         Vladimir Propp: Las raíces históricas del cuento.

166.         Wilde: Cuentos completos. De profundis.

167.         Wilkie Collins: La piedra lunar.

168.         Woolf: La señora Dalloway. Las olas. Orlando. Una habitación propia. Cuentos completos.

169.         Yourcenar: Memorias de Adriano. Alexis, o el Tratado del inútil combate. El tiro de gracia. Cuentos orientales.

170.         Zweig: Calidoscopio. Fuché. María Estuardo. Veinticuatro horas en la vida de una mujer. Carta de una desconocida.

A todo esto habría que añadir lecturas parciales de la Biblia y los Upanishads, antologías de cuentos anónimos chinos, europeos, japoneses, indios, rusos, del África Negra, de Marruecos, de la América Prehispánica. Así como antologías de cuentos contemporáneos de Perú,  México, EEUU, Alemania, Cuba, Argentina, Canarias, España, o el ámbito hispano en general. Y, finalmente, pero siempre al principio, el Poema de Gilgamesh, porque, al fin y al cabo, ¿qué libro no proviene de él?

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Memoria de lector

6 05 2012

Recuerdas que robaste en unos grandes almacenes tu primer ejemplar de Rayuela y que La metamorfosis llegó una tarde en que librabas en el mísero bar donde perdías tus mejores años para alimentarte y te encerraste en tu habitación como el protagonista y ya todo fue Gregorio Samsa y traducción de Borges y comentario de Nabokov y las ilustraciones de José Hernández en aquella edición de Círculo de Lectores. Recuerdas que tu ejemplar de bolsillo de Ulises vino a tus manos en una tienda de souvenirs de Agaete, donde, vaya a saber por qué, aún tenían a la venta el Libro Amigo que tú no encontrabas en las librerías, donde Ulises solo estaba disponible en ediciones que no podías pagar. Y, puestos a recordar, recuerdas cómo fue que quisiste leer esos libros y, ahí, aparece Movimiento perpetuo, ese libro editado en rústica por Seix Barral que un marinero se dejó en el hostal donde trabajaba tu padre y que te fue entregado por este como un objeto mágico, misterioso, la puerta a un universo de arcana sabiduría. Él no lo sabía, tampoco tú, pero, en efecto, aquel era un objeto mágico, la entrada a un laberinto edificado con palabras, plagado de ideas, de emociones, de preguntas que dibujaban la forma del mundo.

Tu memoria de lector está poblada por guaguas que se retrasaban o tardaban demasiado en hacer su trayecto, por tardes en la playa, por largas noches en las que el sueño era un lujo, por horas robadas al trabajo tras sórdidos mostradores, por jornadas de domingo en las que no había ningún dinero que gastar. Así te recuerdas leyendo Juntacadáveres, Los miserables o Memorias de Adriano, así te ves a ti mismo la primera vez que conociste la historia de Lord-Lady Orlando, las disparatadas y tristes aventuras de los personajes de Vian, el largo viaje de Eneas.

Y, sin embargo, no estuviste solo: estaban las personas que un día te quisieron y te regalaron los libros que deseabas leer y no podías permitirte; estaban los amigos de quienes heredabas los libros o te los prestaban (que es casi lo mismo, porque sabes que hay dos clases de tontos); estaban, incluso, aquellos que, simplemente, fueron generosos (como Mario Merlino, que te hizo llegar desde Madrid un ejemplar de aquel libro de Yourcenar que tenía tu nombre y que tú no conocías; como un cliente que un día se tomó la molestia de fotocopiar para ti su ejemplar inconseguible de El hombre que atravesaba las paredes, de Marcel Aymé).

Por supuesto, la memoria es frágil: se ha perdido en sus pantanos el día en que comenzaste a interesarte por Susan Sontag, por Stendhal, por Italo Calvino. Pero, entre tanta sombra que el tiempo va tragándose, aún quedan muchas imágenes: la noche insomne en que devoraste una vieja edición de Tito Andrónico, la ocasión en que intentaste robar a un amigo su Tristram Shandy y este no se dejó, el día en que descubriste con asombro que los cuentos de Borges son imprescindibles y peligrosos, la mañana en que Domingo Rivero te saltó a los ojos o la tarde en que comenzaste a amar la obra inclasificable de Agustín Espinosa, el ejemplar de Arreola que otro amigo te trajo desde México. Y las charlas. Las largas charlas en terrazas donde los cafés, las cervezas o los whiskys se alargaban hasta enfriarse, calentarse o aguarse, respectivamente, los intercambios de libros con otros locos que, como tú, atesoraban su propia memoria y la compartían contigo y te regalaban, de palabra o de obra, a Chejov, a Nicanor Parra, a Bolaño, a Alejandra Pizarnik, a Rabelais, a Safo.

Ahora los días son cada vez más breves, los inviernos más largos, los veranos más oscuros. Ahora tu memoria de lector se cansa de buscar nuevo alimento y vuelve sobre los viejos libros, esos que llevas ya siempre en tu cabeza como un Peter Kien (menos erudito pero menos tonto) expulsado de su paraíso. Y añora aquellos días en que todo era asombroso y nuevo e inocente y bueno, cuando sentías que había tanto por leer, que cada libro que aún no habías leído era una injuria, cuando pensabas que todo cuanto estaba impreso valía la pena y no existía el hastío del déjà vu, de los libros vendidos al peso, de las páginas innecesarias.

Entonces, rebuscas en tu biblioteca y aparece una estropeada edición en Austral de La tía Tula o un viejo ejemplar de Misericordia o un castigado volumen que lleva por título Las ciudades invisibles para curarte del hastío, de la sensación de anticipo de la muerte que te sale al paso en cada hora de aburrimiento, para recordarte que mientras puedas recordar, el silencio definitivo será incapaz de alcanzarte.








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