Donde les duela

11 12 2009

20091125122232-710-aminetu

Hablemos claro: al gobierno de Marruecos le da exactamente igual que Aminatou Haidar muera o no. Tiene enemigos poderosos, que lo protegen SIEMPRE. A los gobiernos occidentales puede que les moleste algo más, que incluso puedan llegar a lamentarlo sinceramente. Pero jamás se atreverán a enfrentarse directamente a Marruecos, ya que el poder de esos amigos de Marruecos, que al mismo tiempo lo son suyos, le permite cualquier barbaridad. Ya se sabe que las resoluciones de la ONU únicamente se cumplen dependiendo de a quién y a qué zonas del planeta afecten. También es bien sabido que la defensa de los derechos humanos es cosa del rojerío, de descamisados utopistas y culturetas de salón que no entendemos el funcionamiento de las cosas, los desinformados que pretendemos poner puertas al campo, como gustan tanto de decir los economistas. (Hablando de la defensa de los derechos humanos: en cuanto a ese prestigioso premio por la defensa de la paz, otorgado a un señor que esperábamos que hiciera mucho, pero aún no ha hecho, en la práctica, absolutamente nada, ni siquiera voy a comentarlo; no sé qué prestigio puede tener un galardón que hace años ya fue concedido a individuos como Henry Kissinger o Shimon Peres).

Sea como fuere, ningún gobierno europeo podrá hacer nada efectivo para solucionar esta situación. Ellos no están ahí para hacer justicia, para luchar por los derechos humanos o para defender la soberanía de un pueblo que habita en campos de refugiados, sino para cuidar de que los intereses de sus empresarios no peligren y de que la dinámica de mínima moralidad de la real politik continúe cumpliéndose sin sobresaltos.

Yo, como persona privada, puedo hacer bien poco. Puedo firmar manifiestos, participar en concentraciones para presionar a mi gobierno (que, igual que los anteriores gobiernos españoles y los que están por venir, tiene las manos atadas y la obligación de asentir con obediencia a las chulerías de patio de colegio del vecino de al lado). Sin embargo, eso no creo que le esté molestando o doliendo a ninguno de los que pueden decidir en este asunto.

Algo frustrado, he pensado en la posible eficacia de estos mecanismos de protesta. Al reflexionar sobre sus límites, he concluido que no es eso lo único que puedo hacer. Puedo, por ejemplo, negarme a consumir productos importados de ese país. Puedo, además, negarme a gastar mi dinero dentro de sus fronteras en una de esas escapadas turísticas que gustan tanto a muchos españoles. Por supuesto, el hecho de que yo deje de tomar unos tomates o de ir a Casablanca, al Rif o a Marrakech de vacaciones, no mermará demasiado la economía marroquí. Pero ¿y si muchos otros ciudadanos de Canarias, España y el resto de la Unión Europea hicieran lo mismo?

Pensando en cifras (para que los economistas no me llamen idiota): el sector agrícola es el más importante de ese país. En 2007, según la primera fuente que he consultado, visitaron Marruecos 7 500 000 de turistas, en su mayor parte ciudadanos europeos. Para 2010, la previsión es de 10 millones. ¿Sería la misma la postura de ese gobierno si peligraran esos diez millones de visitantes, esto es, de clientes?

Por otro lado, también me estoy pensando dejar de consumir productos de empresas que a su vez exportan productos a Marruecos, o manufacturan allá.  Sé que es difícil enterarse de estos detalles, pero a veces se trata simplemente de leer las etiquetas de los productos.

Lo lamentaré por el pueblo marroquí, que no tiene toda la culpa de los gobernantes que tienen. Pero más siento el estado actual de cosas por el pueblo del Sahara.

Al fin, me he decidido. Hagan otros lo que quieran o puedan. Por mi parte, he elaborado una consigna mental que voy a repetirme a mí mismo siempre que sea necesario:

Mientras Sahara sea marroquí, de Marruecos, ni el hachís.








A %d blogueros les gusta esto: