Cierra Negra y Criminal

1 09 2015
IMG_20150131_125151_1

Con Paco Camarasa y José Luis Ibáñez Ridao. No quiero engañarme, pero juraría que veo en primer plano el perfil de Jokin Ibáñez y, al fondo, se atisba el ala del sombrero de William C. Gordon

La primera vez que presenté un libro fuera de Canarias fue en la librería Negra y Criminal, que Montse Clavé y Paco Camarasa han regentado en la calle de La Sal en Barceloneta (Barcelona) desde 2002. Allí he tenido siempre mi casa y allí conocí o acrecenté mi amistad con muchos de los que hoy soy grandes amigos. José Luis Ibáñez, Gloria Blanco, Andreu Martín, Raúl Argemí, Rosa Ribas, Carlos Zanón, Cristina Fallarás, Empar Fernández, Leo Coyote, José Andrés Espelt, Jokin Ibáñez, Anna María Villalonga, Lorenzo Silva, Carlos Quílez (son muchos más, escribo de memoria). Y allí compartí vino y mejillones (y ron y queso canario, si se terciaba) no solo con muchísimos lectores sino con gente de la que yo era lector (como de algunos de los anteriores): Jaume Ribera, Anne Perry, Petros Márkaris, William C. Gordon (nos veo a ambos compartiendo una botella de vodka que él había traído para la firma). Allí me sacó fotos Anna Portnoy. Allí ambienté un pasaje de una de mis novelas (pero muchos años antes, cuando Paco y Montse aún no habían nacido) y a ellos, a Montse y a Paco, los incluí en la dedicatoria de mi última novela. Allí conocí a Ella Sher (que hoy es mi agente) y me consta que Paco Camarasa tuvo mucho que ver en que Alrevés (Gregori Dolz, Josep Forment, Ilya Pérdigo) apostaran por adoptar la estrategia del pequinés.

bcnegrafirma

He tenido la suerte de curarme de las resacas con los caldos de Montse (a los que nunca faltó su poquito de apio), de discutir horas y horas con el corso Maurizio Pisu y de que Paco acabara echándome diciendo que yo ya era el último, que tenía que cerrar, que me fuera a seguir la juerga a otra parte.

Ahora sí que me tengo que buscar otro sitio para hacer amigos o codearme con los autores que admiro, otro sitio donde beber vino, conocer a mis lectores o hacer lectores nuevos, porque a partir del 3 de octubre, Negra y Criminal cierra sus puertas. Y me gustaría ser el último al que Paco corriera también esta vez de la librería. Pero no va a poder ser, así que, hazme el favor: si estás por allá, ve y dales la lata y píllate un último libro y diles que se les quiere y se les necesita, como yo lo haría de estar en tu lugar.

En este enlace están aquellos autores que pasaron por Negra y Criminal a lo largo de 13 años. Solo faltas tú. Hasta el día 3 de octubre, si estás en Barcelona, tienes tiempo de pasar por allí y demostrar que los lectores no somos tan desagradecidos. Por lo que fue. Por lo que siempre será: la casa de todos los canallas buenos, de todos los rufianes lindos.

Anuncios




Las pesadillas de David Llorente

24 08 2015

En casa suelen entrar dos o tres libros a la semana como mínimo. En ocasiones, cinco o seis. Si, además, uno ha viajado a algún encuentro literario, el botín que se trae jamás baja de la docena de títulos. Aparte de la cantidad, existen los compromisos: el libro para el que te han pedido un prólogo, los que tienes que leer para documentarte sobre un tema concreto sobre el que estás escribiendo, la relectura de ese autor que se acaba de morir o al que le han dado uno de los grandes premios y sobre el que quieres escribir algo. Y, por supuesto, están los gustos, las apetencias y hasta el tiempo atmosférico. Hay días que son para cuentos fantásticos y tardes para novelas históricas; hay semanas para leer un clásico y otras para el ensayo político. Incluso hay mañanas de domingo en que amanece con olor a cómic. O a poesía. Y, de hecho, hay temporadas completas en las que no deseas leer nada donde aparezcan psicópatas y asesinos en serie.

Te quiero porque me das de comer, de David Llorente, Barcelona, Alrevés, 317 páginas.

Te quiero porque me das de comer, de David Llorente, Barcelona, Alrevés, 317 páginas.

Esta última es la única excusa que tengo para no haber leído hasta hoy Te quiero porque me das de comer, de David Llorente. Como excusa es pobre, lo sé, pero muchos letraheridos entenderán que dada la tendencia inflacionaria en ese sentido, a veces uno necesite alejarse un poco de los psicópatas, la policía científica y las/los agentes obsesionados con capturar a esos refinados monstruos, verdadera encarnación del mal, que rompen el orden social con su cínica afición por el sufrimiento ajeno. En el caso en el que los autores han leído a Thomas Harris y se enamoran de asesinos carismáticos y sibaríticos la cosa suele cansarme aun más.

Por eso, y no por otra cosa (mea culpa) dejé de leer en su momento esta novela que comienza diciendo que el asesino en serie carece de empatía, que acostumbra a cosificar a sus víctimas. Mis prejuicios (mis obligaciones, mis apetencias, mis necesidades estéticas de esos días) me hicieron dejar para otro momento la lectura de la novela de David Llorente. Incluso después, cuando conocí al autor y le escuché hablar en una mesa redonda acerca de sus procesos creativos, cuando me sentí identificado con su forma de entender el oficio, continué postergando el momento de sentarme a leer su novela, que, mientras tanto, iba cosechando estupendas críticas, elogios de personas a quienes admiro y hasta algún premio, como el Silverio Cañada, que concede la Semana Negra de Gijón.

Hace un par de semanas, sin embargo, y después de una temporada en la que me prohibí a mí mismo novelas negras (lo necesito de vez en cuando, igual que, una vez al año, durante un mes, dejo de beber), logré sacar un hueco para hincarle el diente a este libro que no pude soltar. No por su acción trepidante (desde hace tiempo, me la suda la acción trepidante), no por su ritmo cinematográfico (cuando quiero cine, veo cine), sino, sencillamente, por su estilo, por su verbo, por su estructura, por la inteligencia con la que va superponiendo historias que transcurren paralelas, se entrecruzan, se separan o se truncan a lo largo de diez años en un barrio de Carabanchel (Madrid, España, Europa, el mundo), que tiene tanto de real como de fantasmagórico, alternando enumeraciones y fragmentos de textos objetivos (recetas de cocina, partes meteorológicos, fragmentos de vademécum o instrucciones para consumir heroína) que sirven como contrapunto a una trama contada en capítulos que constan cada uno de un solo y largo párrafo contados por un narrador doble que admite preguntas de un segundo narrador, probable extensión de sí mismo.

Se ha hablado, a propósito de este libro, de estas características de estilo, así como de su puntuación, como de absolutas novedades. No es cierto. El párrafo largo no es nuevo: Thomas Bernhard, Camilo José Cela o Roberto Bolaño lo han utilizado no ya por espacio de un capítulo, sino de novelas enteras. Ni siquiera es nuevo que la posición del narrador sea la de un catecismo de preguntas y respuestas. Lo usa Laurence Sterne en su Tristram Shandy para introducir diversas digresiones y Joyce, en el Ulises (sí, ese «libro sobrevalorado», ese «texto plomizo que solo leen los pedantes») lo exploró hasta el paroxismo en su penúltimo capítulo. En cuanto a la puntuación, los lectores de, por ejemplo, Juan Goytisolo ya saben que no hay nada nuevo bajo el sol.

Lo que sí es nuevo (o al menos poco frecuente en las mesas de novedades de hoy) es lo que hace David Llorente con todo esto, su capacidad para fabular hasta el infinito y presentarnos lo que sospechamos solo un fragmento de la colosal historia del Carabanchel que hay en sus pesadillas (el que transcurre entre 1993 y 2003) de una manera tan impecable como implacable; su voz peculiarísima que explora todos los caminos del rencor, el sexo, la violencia y la desesperanza, la crueldad y el amor y nos presenta una realidad tanto social como psicológica que es el mundo perfectamente psicopático en el que se mueve su asesino en serie con un humor negro y una sutilísima ternura que no ceden, sin embargo, ni un solo centímetro a las huestes del correctismo.

Dura, consistente, brillante, la novela de David Llorente presenta pasajes de una inasible belleza que la hacen memorable. En conjunto, constituye una verdadera lección para quienes piensan que la novela en general ha agotado sus posibilidades y que la novela negra en particular ya ha dado de sí todo lo que tenía que dar.

Por mi parte, debo reconocer que me había perdido un verdadero festín literario al dejarla dormir tanto tiempo en mi estantería. No me ocurrirá lo mismo con el próximo libro de David Llorente. No sé si lo tiene entre manos ya o no, pero, en cuanto tenga noticia de su aparición, correré a por él.





Howard Fast, un superventas desconocido

30 05 2015

[Si te apetece escuchar el podcast de La Buena Letra, solo has de hacer clic aquí]

Sí, soy un impresentable, porque he tenido este blog (y La Buena Letra) muy abandonados durante algunas semanas. Pero, para compensar, te traigo una novelaza de esas que todo el mundo cree conocer pero muy pocos han leído, y que, encima, aunque escrita a principios de los años cincuenta, me parece de una vigencia absoluta y la firma un autor interesantísimo al que vale la pena acercarse.

La buena letra, VI, 25 Espartaco, de Howard Fast, Edhasa, Barcelona, Edhasa, 499 páginas

La buena letra, VI, 25
Espartaco, de Howard Fast, Edhasa, Barcelona, Edhasa, 499 páginas

Te hablo de Espartaco, la novela que Howard Fast escribió en 1951 y que dio pie a una película histórica en todos los sentidos, porque no solo es ese su género, sino que cuando Kirk Douglas se empeñó en que en la película de Kubrick figuraran en los títulos de crédito los nombres de Howard Fast y del guionista, Dalton Trumbo, estaba rompiendo oficialmente con el macartismo y con la lista negra.

Espartaco-525648271-large

Ambos (Trumbo y Fast) llevaban años sin poder firmar con su propio nombre nada en Estados Unidos. El primero, de quien hablamos hace unas cuantas semanas, había figurado entre los Diez de Hollywood. El segundo, se había negado a dar los nombres de quienes contribuyeron a auxiliar a los huérfanos republicanos durante la Guerra Civil Española, y por ello lo enviaron a la cárcel y sus libros, principalmente Ciudadano Tom Paine (una novela histórica sobre la vida de Thomas Paine), fueron prohibidos en EEUU por orden de J. Edgar Hoover. Y allí, a la sombra, Fast, un judío norteamericano de ascendencia anglo–ucraniana, comenzó a interesarse por la historia del gladiador tracio que comandó la rebelión de esclavos que marcó el fin de la República romana. Pero, claro, cuando acabó el libro, ninguna editorial quería publicárselo, porque estaba en la lista negra. Así que hizo lo que ningún autor debe hacer: se lo editó él mismo. Y tuvo suerte: se vendieron 40 000 ejemplares en tapa dura y varios millones más en los años que siguieron. La novela fue traducida a 56 lenguas antes de que diez años después Kirk Douglas decidiera adaptarla al cine.

¿Por qué ese éxito de Espartaco? Uno puede decir que porque se trata de una historia épica, que habla sobre la libertad y sobre héroes peplum, lo cual siempre da momentos entretenidos de domingo por la tarde. Pero, cuando uno lee Espartaco se da cuenta de que el éxito se debe, sencillamente, a que Howard Fast es un escritor formidable.

Para empezar, la forma de composición de la novela es exquisita: la historia comienza cuando ya los esclavos han sido vencidos y sus cadáveres se exponen, crucificados, a lo largo de la Vía Apia. Esa vía la recorren varios jóvenes romanos que se dirigen a Padua y que, en un alto en el camino, se encontrarán con Graco, Cicerón y Craso, tres figuras históricas contrapuestas cuyas vidas han dado un vuelco tras la rebelión de Espartaco. A través de sus recuerdos, de aquellos que han visto o les han contado, de cómo se desarrollan las relaciones entre ellos, va a haber no solo un acercamiento hacia esta figura legendaria del esclavo tracio que logró poner en jaque a Roma, sino un viaje hacia la psicología del dominador, del privilegiado, de aquel que vive sin conciencia de maldad en un sistema cosificador e inhumano.

Es, también, una novela sobre los periodos de cambio de paradigma económico y, por tanto, de cambio de modelo social; esos cambios, como se dice en la novela, que no vemos venir porque se producen tan lentamente que son casi imperceptibles. Y es, por supuesto, una novela sobre la libertad y la justicia, sobre cómo un modelo económico que privilegia a una minoría puede sostenerla sobre la cosificación y la explotación de muchos otros, al mismo tiempo que se crea una enorme masa social que consiente al estar dominada por la miseria moral.

Así pues, Fast construye una novela compleja, inteligente, que trata sobre la humanidad como fenómeno colectivo pero también se acerca al fenómeno humano individual, a su interioridad, hablando de sus pasiones y posibles virtudes, mostrándonos lo peor pero también lo mejor que puede haber en nosotros mismos. Con un hábil manejo de la intriga narrativa, nos lleva a través de pasajes bellísimos y nos hace pensar mucho mientras recorremos este singular periodo histórico.

howard fast

A Fast lo estamos redescubriendo en España ahora. Parte de la culpa, la tiene editorial Navona, que está publicando las novelas policiacas que firmó en su momento con el seudónimo de E. V. Cunningham. La primera es Sylvia, que publicaron el año pasado. La segunda, Sally, más reciente. Tanto una como otra son también verdaderas sorpresas, porque, igual que Espartaco trasciende el género histórico o la simple novela de aventuras, estos dos títulos son mucho más que novelas negras al uso.

sally sylvia

Así pues, Howard Fast es un nombre del que yo compraría todo lo que viniera impreso. Y se puede empezar por sus novelas policiacas o por sus novelas históricas, pero no hay que perdérselo. Yo, en estos días, quizá porque la política lo invade todo y en este libro he descubierto respuestas a algunas preguntas que me hago cuando veo cómo algunos y algunas se intentan aferrar al poder, recomendaría, para empezar, Espartaco, publicada en Barcelona por Edhasa, 499 páginas de perfecta literatura.





Nnegra de Arona 2015

11 05 2015

El miércoles, día 13, a las 18:00, en el Centro Cultural Los Cristianos comienzan las Jornadas Nnegra de Arona. No son las más multitudinarias ni las que ocupan mayor espacio en la prensa. Ni siquiera son las que reúnen a mayor número de autores. Pero desde hace ocho años llevan reuniendo en Los Cristianos a lo mejorcito de la novela negra en español y por ella han pasado autores como Andreu Martín, Juan Madrid, Lorenzo Silva, Raúl Argemí, Antonio Lozano, Luis Gutiérrez Maluenda o Eugenio Fuentes, junto a otros más jóvenes como José Luis Correa, Yanet Acosta, Susana Hernández o Javier Hernández (cito de memoria y solo por dar una muestra, por lo cual es muy posible que se me olvide alguno). El encuentro suele desarrollarse a lo largo de tres jornadas vespertinas, combinadas con un taller de mayor duración que se celebra en los institutos del municipio y que culmina en la jornada matutina del viernes, consistente en un encuentro entre uno de los autores invitados y los talleristas.

NNegra_2015

El programa de este año es algo apretado, pero completo. El miércoles, a las 18:00, tras la inauguración, me toca a mí dar el pistoletazo de salida con una conferencia titulada «El historial del sospechoso», que pretende ser un rápido recorrido histórico-analítico por el género, antes de la proyección de El último refugio, un peliculón absoluto de Raoul Walsh.

Al día siguiente, siempre a partir de las 18:00, haré una lectura presentación de Las flores no sangran, como telonero de uno de los platos fuertes de esta edición: la presentación de Subsuelo, de Marcelo Luján.

subsuelo

Luján no solo ha escrito novelas excelentes (La mala esperaMoravia), sino que además es un gusto oírlo hablar. Y esta vez lo hará con Eduardo García Rojas, uno de esos tipos de los que uno aprende algo en cuanto abre la boca.

marcelolujan

El viernes 15, por la mañana, tendrá lugar el acto Descuartizando a Rosa Ribas. Será en el Auditorio de La Camella y los descuartizadores serán los integrantes del alumnado de los institutos de Arona que han participado en el taller literario en torno a La detective miope.

Rosa_Ribas-0526

Y por la tarde, nuevamente en el Centro Cultural de los cristianos, antes de una mesa redonda acerca de la actualidad del género, habrá un encuentro entre Rosa (ese encanto de mujer, esa cabecita tan bien amueblada) y el público adulto, también moderado por Eduardo García Rojas, en el que se hablará de la obra de Ribas, desde El pintor de Flandes Miss Fifty, pasando por las historias protagonizadas por Cornelia Weber Tejedor y las recientes novelas escritas a cuatro manos con Sabine Hofmann, Don de lenguas y El gran frío.

El gran frío - Rosa Ribas - Sabine Hofmann

Así que ya ves, las jornadas Nnegra de Arona 2015 vienen cargaditas y con autores que pisan por primera vez Canarias. Una oportunidad única de conocerlos y acercarte a su obra de primera mano. Si vives en Tenerife y te interesan las últimas tendencias de la novela negra, yo, en tu lugar, no me lo perdería. Pero tú verás lo que haces. Luego no vengas a quejarte.

[Coincidencias de la vida: el sábado, Marcelo, Rosa y yo nos vamos juntos desde Arona directamente para Valencia Negra, donde Luján y yo nos enfrentamos a cara de perro con Empar Fernández, Eugenio Fuentes y Javier Valenzuela por un premio. Como se puede votar por Internet, yo ya he votado. Por la novela de Marcelo, por supuesto].





Encuentro en Friburgo

11 05 2015

No: no es el título de una novela de Sándor Márai. Es un post que alude a algo en lo que acabo de tomar parte. Algo muy bueno. Y, cuando te ocurre algo bueno, es como si hubieras tenido una aventura con George Clooney o Catherine Z. Jones: está muy bien que te haya ocurrido, pero es todavía mejor poder contarlo.

El viernes, día 8 de mayo, José Luis Correa y yo tuvimos una oportunidad única (que aprovechamos): la de visitar la Universidad de Friburgo (Suiza) para asistir al coloquio de fin de semestre con el alumnado de máster, invitados por la Cátedra de Español de esta universidad, que ostenta Julio Peñate Rivero. Eso que etiquetamos en Twitter como #noirisleñoenSuiza.

Print

A lo largo del día (desde las ocho de la mañana hasta aproximadamente las seis de la tarde), Caroline Anthenien, Fabiola Berset, Cristina Dorado, Lisa Frigerio, Manuela González, Juana Carolina Goop, Milena Müller, Karina Rettich y Alessandra Zaccone dictaron sus ponencias sobre nuestras novelas, con especial atención a las primeras pero sin dejarse atrás algunas de las más recientes. Con rigor, con una mirada en ocasiones muy fresca las analizaron precisando sus defectos y sus posibles bondades e iluminando, en algunos casos, zonas de sombra que a los propios autores se nos habían escapado.

20150508_091902

No era el primer encuentro que esa cátedra promovía con autores españoles. Existe un ilustre precedente, porque hace unos años ya visitaron Friburgo mi querido Lorenzo Silva y el desaparecido (y enorme) Francisco González Ledesma para un coloquio similar, que posteriormente quedaría recogido en Trayectorias de la novela policial españolaeditado por Visor Libros, uno de esos títulos que contribuyen a dotar de contenido crítico este género que tanto lo necesita.

En mi caso, me interesaron mucho algunas cuestiones aportadas en las ponencias sobre mis novelas: el tratamiento del espacio en La estrategia del pequinés, analizado por Caroline Anthenien y Milena Müller, que distinguieron entre espacios para el refugio y espacios para la salvación; la reflexión sobre la culpa y la forma en que el mal se encadena en Solo los muertos, expuesta por Karina Rettich y Manuela González (que no dejaron de hacer una interesante aportación sobre los estereotipos de género en esa segunda entrega de la serie de Eladio); y, last but not least, el fino análisis general que Lisa Frigerio realizó en torno a Tres funerales para Eladio Monroy. Pese a sus muchos defectos como novela (fue la primera que escribí y adolece de muchos problemas de estilo), Frigerio supo hallar en ella algo que define muy bien la vida insular y de lo cual yo no me había percatado hasta el momento: la figura del intermediario y su importancia en el día a día del isleño.

20150508_174119

Uno de los placeres indudables de los cuales disfrutamos los autores es el del encuentro con el lector, el de escuchar de su propia boca sus impresiones acerca de nuestros trabajos, recientes o pasados. Este gozo se amplifica enormemente si quien los ha leído son personas cultas, informadas y que ejercen la cada vez menos frecuente labor del pensamiento crítico.

En esa jornada (en esos días previos y posteriores que pasamos en Suiza), José Luis Correa y yo tuvimos esa suerte, siempre arropados por el profesor Julio Peñate y su esposa, Ana Alonso, que fueron anfitriones, guías y casi padres de estos dos desastrillos despistados que se asombraban a gritos de la belleza de su ciudad. Creo que hablo también en nombre de mi amigo José Luis cuando digo que esta ha sido una experiencia inolvidable y que mi agradecimiento por esta amable invitación será eterno. Sirva como indicio de ello esta presurosa entrada de blog, redactada mientras me preparo para partir a un nuevo evento, que comienza el día 13: las Jornadas NNegra de Arona, de las cuales te hablaré en tan solo unas horas, cuando haya tenido tiempo de deshacer la maleta para hacerla de nuevo.





El otro derbi. O derbis

4 03 2015

El viernes 6 de marzo (pasado mañana), jugamos en Gran Canaria un nuevo derbi. Pero este de los buenos, porque es literario y por tanto da igual quién gane y quién pierda. O, para ser exactos, en este ganamos todos. Y además, nadie piensa pegarle a nadie.

Todo esto viene a que nos visita Javier Hernández Velázquez (papá literario de Mat Fernández) con su novela más reciente: Los ojos del puente (Premio Wilkie Collins de Novela Negra).

javierhernández

Javier estará en la Librería Sinopsis, a partir de las 18:30, acompañado por Mayte Martín y Jovanka Vaccari, para presentar esta novela, que edita MAR Ediciones.

pedro flores

Solo media hora después, a las 19:00, en el Museo Poeta Domingo Rivero, José Miguel Junco acompañará a Pedro Flores en la presentación de Como pasa el aire sobre lomo de una bestia, su último libro hasta el momento, que obtuvo el XXVI Premio Internacional de Poesía «Antonio Oliver Belmás».

Y a las 20:00, estaré yo mismo, sentándome en el Sillón de Canaima. Estaré solo. Bueno, no del todo: habrá vino. Si eres de los que se quedaron fuera en la primera presentación de Las flores no sangran, esta es la oportunidad. Leeré algunos fragmentos de la nueva criatura y, como propina, de El viento y la sangre. Sí, creo que ya es hora de que Ravelo y West se enfrenten en un duelo.

sillondecanaima

Y, además, si eres de esos privilegiados que viven al sur de la capital y no te apetece llegar tan al norte, tampoco te quedas sin presentaciones, porque a las 19:00, Belkys Rodríguez presenta en la Biblioteca Arnao de Telde su Relatos en minifalda

belkys

Así que, este viernes, derbi. Pero del bueno: Tenerife versus Gran Canaria. Las Palmas de Gran Canaria versus Telde. Poesía versus narrativa. Novela versus cuento. Escritor calvo versus escritor inexistente. Un derbi múltiple que, en el fondo, es solo uno: palabra versus silencio. ¿Te lo vas a perder?





Francisco González Ledesma: las leyendas no mueren

2 03 2015

gonzález ledesma

Ha fallecido Francisco González Ledesma. También Silver Kane. Y Rosa Alcázar. Y Fernando Robles. Porque este periodista y licenciado en Derecho. maestro indiscutible de la novela negra, firmó también con esos nombres (y algunos más) cientos de novelas del oeste y románticas, antes de escribir de ganar el Premio Planeta con Crónica sentimental en rojo y saltar a la fama como el creador de Méndez, el policía gatuno de ropas poco pulcras, que lleva siempre los bolsillos llenos de libros imprevisibles. Salvo aquel en el que lleva un arma no reglamentaria, generalmente una Colt automática o un Python salido de vaya usted a saber dónde. Un inspector de la vieja guardia que habita en un tugurio en el que lo único de valor son libros y recorre las calles con modos tan violentos como sensibles cuando se da el caso. Que es capaz de recorrerse una calle amedrentando al puterío antes de ir a socorrer a la familia de un chorizo que ha detenido él mismo.

No he leído todo lo que publicó González Ledesma (nadie lo ha hecho, supongo, dada la extensión y variedad de su obra), pero jamás he dicho no a un libro suyo cuando lo he tenido delante, porque es de esos insólitos autores capaces de hacértelo olvidar todo cuando navegas entre sus palabras.

Yo no lo supe hasta mucho después, pero González Ledesma estuvo entre mis primeras lecturas. Porque estas fueron novelitas del oeste. Todo se debe a una casualidad, al hecho de que mi padre no fuera hombre de cuentos infantiles. Cuando había de contarme un cuento para que durmiera la siesta (mi padre jamás estaba en casa por la noche), me leía las novelas del Oeste que eran casi sus únicas lecturas. Por eso, probablemente, mi primer contacto con la ficción, fueron aquellos bolsilibros de diez capítulos y entre 96 y 100 páginas, en los que héroes solitarios hacían justicia en un mundo violento. Hará ahora unos treinta y siete años, Marcial Lafuente Estefanía (el favorito de mi padre) y Silver Kane pululaban por casa. Y de este último (mi favorito) aún conservo algunos libros.

Luego, cuando fui mayor y más culto (y probablemente más tonto), reflexioné mucho sobre esos autores y autoras que durante una época gris escribían aquellas novelas firmando con nombres de sabor norteamericano y que, en muchos casos (como el de González Ledesma), introducían en ellas de forma casi imperceptible un sabor literario que ya para sí hubiesen querido muchos de los entonces célebres escritores españoles de la galería.

A Francisco González Ledesma nunca lo conocí en persona. Al contrario de lo que me ha ocurrido con otros maestros (Andreu Martín, Juan Madrid, más jóvenes), cuando comencé a ir por la Península, un ictus lo mantenía ya postrado (aunque, aun así, continuó escribiendo). Pero siempre, en cada viaje a Barcelona, he deseado secretamente que un milagro le hiciera recuperarse y aparecer por Negra y Criminal, para poder decirle lo mucho y bueno que me han dado sus libros y lo mucho que he querido siempre a Méndez y lo mucho y bueno que sus novelas me enseñaron.

Ya no podrá ser. Y, aunque me gustaría estar ahora mismo allá para presentarle mis respetos y dar mi pésame a su familia, quizá es justo que yo no haya podido llegar a conocerle en carne y hueso.

Ahora, como Méndez, o como los héroes de sus westerns, al menos para mí, González Ledesma es leyenda. Y las leyendas no mueren. Jamás.








A %d blogueros les gusta esto: