Los milagros prohibidos

22 02 2017

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Siruela publica ahora Los milagros prohibidos. La semana que viene llegará a las librerías y, como siempre, tendrá defensores, pero también detractores. Es inevitable, porque nadie ni nada es monedita de oro (salvo las moneditas de oro) y, al fin y al cabo, una vez publicado, el libro ya no es del autor, sino de cada lector, que es quien decide.

En Los milagros prohibidos he trabajado durante los dos últimos años, tras aproximadamente cuatro años de documentación previa. Está escrita contra el silencio, contra el olvido y desde el margen de las grandes páginas de la Historia (esa que se escribe así, con mayúsculas). Por supuesto, mis amigos se saben el argumento de memoria: durante estos seis años la he contado una y otra vez, en cuanto el vino y la tertulia me daban una oportunidad. Pero si no hemos compartido vinos y tertulias en los últimos tiempos, aquí va un resumen: Agustín Santos, un maestro, ha sustituido el libro de texto por un revólver, y vaga por el monte huyendo de las autoridades. Su mujer, Emilia Mederos, ha tenido que volver a casa de sus padres y allí espera noticias suyas, intentando sobrevivir en un ambiente cada vez más represivo. Mientras tanto, en las partidas de búsqueda se ha integrado Floro el Hurón, un tipo brutal que estuvo siempre enamorado de Emilia y que tiene, en esta situación, la oportunidad perfecta para llevarse por delante a Agustín. Así pues, un triángulo amoroso clásico. Una historia de duelo entre dos hombres que han de perseguirse hasta la muerte. Pero esta historia no ocurre en cualquier lugar o en cualquier época. Ocurre a comienzos del invierno de 1936 en la isla de La Palma.

Poco difundido fuera de las Islas es el hecho de que el 18 de julio de 1936, los progresistas palmeros pudieron adelantarse a los militares y, sin derramar una sola gota de sangre, mantuvieron la isla fiel a la República hasta el día 25, cuando arribó al puerto de Santa Cruz de La Palma el cañonero Canalejas con órdenes de someter la capital insular, bombardeándola si se hacía necesario. Todavía menos conocido es que (para evitar una confrontación en la ciudad y creyendo que los refuerzos gubernamentales llegarían pronto a socorrerles) estos milicianos huyeron al monte y allí, atrapados en la isla pero protegidos por su orografía, resistieron todo lo posible, convirtiéndose de facto en los primeros partisanos (o maquis) del país.

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En ese contexto es en el que desarrolla Los milagros prohibidos, que comenzó a ser escrita como una novela histórica que contara un suceso de la Guerra Civil en Canarias (bien documentado gracias a los libros de Salvador González Vázquez, Alfredo Mederos y Pilar Cabrera Pombrol, pero poco ficcionado) y acabó convirtiéndose en otra cosa muy distinta, pues, como fui comprendiendo, los sucesos históricos les suceden a seres humanos, como tú y como yo, que se ven inmersos en ellos y se ven obligados (como nos vemos todos cada día) a elegir.

El resultado es una novela de acción que habla sobre lealtades y traiciones, amores y odios, injusticias y venganzas, gestos de solidaridad o egoísmo, todo ello en el paisaje de la isla, que, como quiso Pedro García Cabrera, es siempre doga, grillete. También (resulta inevitable, dado su asunto) es una novela sobre el sentido de determinados procesos históricos, sobre cómo a veces no es la razón sino el azar lo que interviene en ellos, determinando el resultado y condicionando así el porvenir de generaciones. Y, corriendo los tiempos que corren, tampoco me fue posible aislar lo que cuento en esa novela de lo que cada día veo a mi alrededor y leo en los periódicos, esa mezcla de esperanza y desilusión en la que se ha convertido la corriente supuestamente progresista del país en el que habito.

Por tanto, una novela sobre seres humanos y una novela política. Una novela sentimental y una novela sobre violencia. Una novela sobre la desilusión y una novela sobre la esperanza.

Una novela, en fin. Una novela, que no es poco.

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Calendario de presentaciones

Escribir un libro es una cosa. Darlo a conocer, otra muy distinta. El calendario de las primeras presentaciones es el siguiente:

Madrid: 1 de marzo, a las 19:00, en la Librería Rafael Alberti, con Juan Carlos Galindo.

Salamanca: 2 de marzo, a las 19:30, Librería Letras Corsarias, con Javier Sánchez Zapatero.

Plasencia: 3 de marzo, a las 19:00, en La puerta de Tannhäuser, con Álvaro Muñoz Guillén.

Segovia: 4 de marzo, Intempestivos, con Juan Carlos Galindo.

Las Palmas de Gran Canaria:

Presentación oficial: 10 de marzo, a las 19:00 en la Fundación Juan Negrín, con Israel Campos y Sergio Millares.

Presentación oficiosa (sí, la del vino, con lectura y a pecho desnudo): 17 de marzo, a las 19:00 en Librería Canaima.

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Además, a lo largo de la primavera, hay otras presentaciones previstas en otros lugares, de cuyos detalles ya iré avisando a medida que se confirmen. Pero, si vives en alguna de estas ciudades, en esos días y en esos lugares estaré esperándote, por si te apetece acercarte y compartir un ratito.





Comerse las uñas

3 06 2016

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Vuelvo al blog varias semanas y diversos hoteles con mala conexión a Internet más tarde. Tengo unos cuantos libros pendientes de reseñar y diversas entradas en la cabeza que acaso no escriba nunca. En estos días ando enfrascado en el cierre de una novela y el comienzo de otra, además de preparar un par de proyectos nuevos. Y, al mismo tiempo, procuro ponerme al día con la lectura y alterno ensayos de Virginia Woolf con los espléndidos cuentos de La manzana de Nietzsche, de Juan Carlos Chirinos (Ediciones La Palma, 2015) y varios textos más, entre los que está Correspondencia (1940-1985) de Italo Calvino (selección de Antonio Colinas y traducción de Carlos Gumpert, Madrid, Siruela, 2010), medito sobre cuáles son las posibilidades actuales de la literatura en general y de la novela en particular (lo cual es acaso bastante estúpido, porque equivale a intentar retransmitir el Tour de Francia mientras asciendes el Tourmalet) tras debatir con amigos y compañeros sobre esto y sobre lo difícil que es hoy en día publicar cuento y vender cuento y, en suma, vivir del cuento. Y justo tras esas charlas y esos debates (algo etílicos, en ocasiones, todo hay que decirlo) me topo con una página en la que Calvino le escribe a Silvio Micheli en 1946:

Confiaba en sacar un librito de cuentecitos, muy bonito y conciso, pero Pavese ha dicho que no, que los cuentos no se venden, que lo que hay que hacer es una novela. La verdad es que no siento necesidad de escribir una novela: a mí me gustaría escribir cuentos toda mi vida. Cuentos bien concisos, de esos que no puedas empezar sin llegar hasta el final, que se escriban y se lean sin tomar aliento, plenos y perfectos como un montón de huevos, que si quitas y añades una sola palabra, todo se hace pedazos. La novela, en cambio, siempre tiene puntos muertos, puntos que sirven para unir un trozo con otro, personajes que no sientes. Hace falta un aliento distinto para la novela, más reposado, no contenido y apretando los dientes como el mío. Yo escribo comiéndome las uñas. ¿Tú escribes comiéndote las uñas? Los escritores se dividen entre quienes escriben comiéndose las uñas y los que no. Hay quien escribe chupándose un dedo.

Y entonces me miro las manos y descubro que mis dientes no han dejado ni una uña sana, pese a que últimamente me dedico sobre todo a la novela. Todo esto durante unos instantes, los suficientes para poder tomar aliento y seguir pedaleando.

En la próxima parada escribiré esas reseñas. Palabra.





Sobre “La otra vida de Ned Blackbird”

24 02 2016
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La otra vida de Ned Blackbird, Madrid, Siruela, 2016, 181 páginas.

A partir de mañana comenzará a estar en las librerías La otra vida de Ned Blackbird. Editada por Siruela y con esa ilustración de Ana Bustelo que no me canso de contemplar y que, por cierto, ha sido galardonada por Communication Arts en su edición de este año.

No es, por una vez, una novela negra. En ella apenas hay violencia explícita, no hay un recorrido por el otro lado de la legalidad, las muertes son naturales y no hay compromiso alguno con el realismo social.

Sí que hay, como siempre, intriga, algunos misterios, y una tendencia al extrañamiento ante la realidad, una atención constante al viejo dicho de Jim Thompson de que las cosas no son lo que parecen.

La excusa argumental es la llegada de Carlos Ascanio a la ciudad de Los Álamos para ocupar interinamente una plaza como profesor de filosofía en su universidad. Como su estancia no va a ser larga, alquila un viejo apartamento cuya inquilina, una maestra retirada, ha fallecido recientemente. En cuanto Ascanio se instala, comienza a sentir curiosidad por la anterior ocupante del piso, cuyas paredes parecen querer susurrarle sus secretos.

Seguro que has leído muchas novelas que comienzan así. Y me gustaría poder decirte por qué luego la cosa cambia (porque cambia, y mucho) con respecto a historias similares, pero no podría explicártelo sin estropearte la novela. Solo puedo decirte que la cosa va sobre amores epistolares y escritores clandestinos, sobre la identidad y la memoria, sobre nuestra percepción del mundo y nuestro lugar dentro de él, sobre el olvido y la culpa, sobre el alcance de las rebeliones íntimas y los límites de la libertad de la mujer en una sociedad patriarcal, sobre el coste de nuestras elecciones y las oportunidades perdidas.

Por ahora ya hay quien la ha leído y le ha regalado su elogio. Uno de los primeros ha sido Sebastià Bennasar, que ha sabido ver en ella cosas que hasta a mí se me habían escapado, creo.

En Canarias, la primera presentación pública del texto tendrá lugar el viernes 11 de marzo, a las 19:00 en Librería Sinopsis. Como en otras ocasiones, consistirá en que tú y yo tomemos un vino y leamos algunos pasajes.

Hasta aquí la información más o menos objetiva, la que podrá tener todo el mundo a través de los medios de comunicación.

Pero como tú lees este blog y, por tanto, eres de los íntimos, puedo contarte, si te quedas aquí un par de párrafos más, algunas cosas acerca del origen de esta novela. No explicará nada (ya sabes que Cortázar decía que en algún sitio ha de haber un basural al que van a parar las explicaciones), pero, al menos, sabrás más que esa gente que necesita ponerle etiquetas a todo para despacharlo y archivarlo rápidamente, sin fijarse en lo que hay más allá.

Hacia 2009, en un acto público, tuve la suerte de conocer en persona a la escritora María Dolores de la Fe. Aquel encanto de mujer me contó que a ella siempre le habían gustado las novelas policiales y me regaló una hoja mecanografiada (que conservo como oro en paño) con un arranque argumental. Me dijo que, si quería, podía utilizarlo. Nunca lo hice, sobre todo por respeto. Pero aquel gesto y aquella página pasada por el rodillo de la máquina de escribir me hicieron pensar en su oficio de escritora y periodista, desempeñado durante muchos años, en ocasiones de manera casi secreta. También por esos días, escarbaba en las obras de Francisco González Ledesma, que antes de ser el creador de Méndez, había sido Silver Kane, Taylor Nummy y hasta Rosa Alcázar. Y, al mismo tiempo, reflexionaba sobre algo que me ocurría a mí mismo, que había ingresado en la escritura a través del cuento literario de corte fantástico pero llevaba desde 2007 sin publicar un volumen de este género, porque en este país resulta muy difícil conseguir que un editor se suicide publicando libros que nadie leerá y aquí los cuentos no los lee nadie. De ahí que, desde 2006 yo estuviera inmerso en la escritura y publicación de novelas negras, género que amo pero que (tal y como yo lo entiendo) exige un realismo insobornable. Por estas y otras razones (algunas muy personales, demasiado íntimas hasta para este blog), a partir de 2009 comencé a jugar con la idea de escribir una novela que hablara de escritores clandestinos y en la que pudiera trabajar con ese estilo, tan distinto al de mis ficciones criminales, que uso cuando escribo cuento fantástico. Luego fueron surgiendo otros temas, otras preocupaciones, otras experiencias vitales (y en ellas incluyo mis experiencias como lector) que poco a poco fueron haciendo de esa novela lo que es hoy. El texto inicial fue escrito en pocos meses, entre noviembre de 2010 y marzo de 2011, y luego fue sometido (como siempre) a sucesivas fases de reescritura y corrección. Aunque creo que siempre conservó sus orígenes iniciales, que continúan ahí para quien quiera rastrearlos.

Y sí: volveré a la novela negra y volveré a las novelas de semen y de sangre. Pero necesitaba dar a la luz este texto y ver cómo lo aceptarías tú, que has tratado tan bien a los otros.

Así que ahí, a partir de mañana, estará, esperándote, La otra vida de Ned Blackbird. Y yo, como siempre, permaneceré expectante, deseando que funcione (como ha funcionado otras veces) esta máquina del tiempo que se llama libro y que (solo si tú quieres) nos une a ti y a mí allá donde (y cuando) estemos cada uno.

Mientras tanto, estaré escuchando esto. O algo muy similar.

 








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