Amaneceres de Ítaca

13 06 2009

penelope

Por supuesto que se siente feliz. El retorno de su amado fue durante años su mayor anhelo. Él trajo de nuevo el orden a Ítaca. Ahuyentó a  los arrogantes pretendientes. Impuso respeto en su casa.  Pero, en ocasiones, cuando la Aurora de rosáceos dedos invade el cielo, Penélope se demora en el lecho, experimentando ciertas dudas acerca del futuro junto a ese cuerpo cansado que reposa junto a ella y que ya no es el mismo del héroe vigoroso de antaño. Entonces, aunque jamás lo confesaría, se pregunta qué habrá sido de aquellos altivos galanes que gozaban en su patio.








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