48 horas en Gijón

13 07 2013

Bien lo sabe el jefe Camarasa: llevaba yo años loquito por ir a la Semana Negra de Gijón, a conocer de cerca a los grandes y codearme con los buenos. Uno sueña tanto y tan insistentemente con algunas cosas, que cuando esas ilusiones se hacen realidad suele haber siempre un dejo de decepción. No es el caso: estas escasas 48 horas que he pasado en el festival han superado con creces mis expectativas.

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Camaradería, diversión y una constante tertulia que comienza cuando llegas y se prolonga de mesa en mesa, de paseo en paseo, y en la que los interlocutores van cambiando; un diálogo incesante en el que se habla de todos los temas importantes, pero siempre a través de la literatura: eso ha sido para mí la Semana Negra. Porque sí, las cañas, los vinos y la comida vuelan y, visto desde lejos (o incluso desde cerca), puede parecer que a lo que se va a Gijón es a emborracharse (que también), pero en realidad no dejas por un instante de dialogar con aquellos con quienes compartes pasiones. Por eso te traes siempre una lista interminable de libros que has de leer, de nuevas perspectivas para aquellos asuntos sobre los que creías tener opiniones firmes y acerca de los cuales tienes que volver a hacerte replanteamientos tras conocer la opinión de otros que saben tanto o más que tú o que, simplemente, porque son de otro lugar, enfocan esos temas desde un punto de vista completamente diferente.

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Ese enriquecimiento es, para empezar, lo que me traigo de Gijón. Pero también, por supuesto, está la mera fruición de la compañía, las charlas y las risas y compartidas con un montón de gente adorable. Algunos no me eran desconocidos; de hecho, hice el viaje con compañeros de editorial (Susana Hernández, Víctor del Árbol, Luis Gutiérrez Maluenda, Carlos Quílez), además de nuestro tutor Josep Forment y nuestra especialista en defensa personal, Maribel Ortiz, ese cronopio pelirrojo. Y, al llegar, cuando Javi Almena y Ana Sariego nos dieron la bienvenida y prometieron llevarnos sanos y salvos desde el aeropuerto hasta Gijón, nos dimos cuenta de que en el mismo avión se nos había colado Carolina Solé, que luego se nos colaría también en todos los corazones.

En Gijón estaba ya el equipo vasco (José Javier Abasolo, Jon Arretxe), la otra mitad del comando canario (Pepe Correa), el lobby de Cuenca (la familia Vera-Valencia, capitaneada por Sergio Vera quien con su bastón blanco lidera ese peligroso Comando Antigafapastez), Laura Muñoz (esa mirada verde que tiende al esclarecedor blanco y negro), Ángel de la Calle y Marta Menéndez (haciendo funcionar la máquina), la gente de Burma y de Negra y Criminal (esta vez sin Camarasa y Clavé, pero con Chema y Maurizio, dos peligrosos francotiradores que se gobiernan solos) y, más tarde, llegarían Salem, Gregori Dolz e Ilya Pérdigo (para completar el equipo Alrevés), los maestros Juan Madrid y Andreu Martín (este último llegó poco antes de que yo me fuera, pero me dio tiempo de compartir un abrazo y muchas risas), José Javier Abasolo (otro de aquellos que apostaron por mí cuando no lo hubiera hecho ni yo mismo), y, last but not least, el inimitable Paco Gómez Escribano con su inseparable Riber.

Fue un gustazo, por supuesto, conocer en persona a Ernesto Mallo y Fernando Marías (simplemente acercarte, presentarte, dar la mano y felicitar) y compartir un almuerzo con Alicia Giménez Bartlet, una conversadora excelente, de esas que te enseñan algo casi a cada frase.

Y también fue momento de encontrarme con personas a quienes ya conocía de la red, como Marta y Rubén, quienes viajaron desde Gijón para aguantarnos a todos en directo; Sergio (@Sergiojoecara) que tiene en su perfil la foto de Al Pacino pero es bastante más guapo en directo (lo siento, chicas, no tengo foto). O, simplemente, de conocer a gente maravillosa e inesperada, como Pedro Salmerón, Gabriel Skármeta (sí, el hijo de Antonio Skármeta), que es, sospecho, de los que dicen asombro donde los demás dicen solamente costumbre, Carmen, esa gaditana de pro, o la misteriosa y divertida María José.

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 En fin, son muchas cosas las que me he traído de esta vigésimo sexta semana, que para mí es la primera (y espero que no la última).

Me quedan muchas personas que recordar y muchas cosas que agradecer. Entre ellas, que no se me olvide, el estupendo trabajo de presentación de La estrategia del pequinés que hizo Fran Sánchez, más allá del estricto cumplimiento del deber (uno lleva ya unas cuantas presentaciones en tantos años de oficio, y sabe cuándo el presentador ha tratado su trabajo con cariño).

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Sé que esto no es más que un cachito, una visión parcial y personal. Quien quiera abundar en qué es realmente la Semana Negra, puede visitar el blog oficial (http://semananegragijon.blogspot.com.es/), o uno de los oficiosos (http://blogs.culturamas.es/pacogomezescribano/), ambos altamente recomendables.

Hasta aquí esta crónica, en la que seguro me dejo cosas y personas y encuentros geniales. Fueron solo 48 horas, pero 48 horas de vida muy intensa y, ya lo sabemos todos los blogueros, no siempre la vida cabe en una entrada de blog.

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Hacia la Semana Negra

8 07 2013

Como uno es un escritor pequeñito y periférico en casi todos los sentidos, se ha pasado media vida soñando con acudir a esos encuentros en donde se reúnen los escritores de verdad, los buenos.  Y como esos sueños son, en realidad, sueños también pequeños, en algunas ocasiones ha podido cumplirse el deseo de estar en encuentros como los de BCNegra, ese milagro que comisaría cada año Paco Camarasa en la ciudad de Carvalho.

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Pero este año, por fin, puedo ponerme pantalones largos y asistir a la XXVI Semana Negra de Gijón, ese evento que parió Paco Ignacio Taibo II cuando yo aún tenía pelo y con el que he soñado desde la primera vez que se me ocurrió que podía escribir una novela y que esa novela podía contener dosis más o menos altas de semen y sangre.

Viajo para allá mañana y muy bien acompañado, porque voy con el equipo de AlrevésSusana HernándezLuis Gutiérrez Maluenda y Víctor del Árbol, siempre bajo el ala protectora de Josep Forment, Gregori Dolz e Ilya Pérdigo y nos encontraremos en Gijón con otros miembros de la familia, como Gonzalo Garrido, nominado al Premio Silverio Cañada, y Carlos Quílez, nominado al Hammett.

Mi mesa es el miércoles por la tarde. Un ratito en el espacio AQ para presentar La estrategia del pequinés con Fran Sánchez. Y luego, finalizando la jornada, una mesa redonda con Víctor, Susana, Luis, Carolina Solé, y Begoña Huertas, coordinada por Ángel de la Calle. Lo digo por si andas por Gijón y tienes un hueco y te apetece. No soy, por cierto, el único canario, porque ese día, casi al mismo tiempo que yo, presenta su Blue Christmas el compañero José Luis Correa.

El resto del tiempo lo voy a aprovechar bien, buscando la cercanía de algunos de mis ídolos y disfrutando de la compañía de varios buenos amigos que sé que ya andan por allí.

Sé que se me va a hacer corto, como siempre se hacen cortos los sueños buenos. Pero a la vuelta habrá crónica aquí. Y puede que hasta fotos.

Así que pásate por aquí el fin de semana, para que pueda contarte. Porque poder pasar unas horas ahí, entre los buenos, es como acostarte con una estrella del rock: está muy bien darte un gustazo, pero es mucho mejor si luego puedes contarlo.








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