Morir despacio se vende rápido

2 01 2013

Una confesión personal: los libros siempre son mejores en tu cabeza que cuando los has escrito. Desde que comienzan a gestarse, desde que una buena idea, o varias malas ideas, plantan en tu mente la semilla de eso que acabará siendo un libro, uno sostiene variadas y cambiantes relaciones de amor-odio con el texto. Hacia el final, en esas semanas de correcciones de las últimas versiones, ya maquetadas, predomina el odio, la decepción, las dudas acerca de que el fruto de tanto tiempo de trabajo haya merecido la pena, las preguntas sobre si estás haciendo eso que te proponías hacer cuando eras un pibe y deseabas dedicarte a escribir y sobre si lo estabas haciendo correctamente. Finalmente, cuando el editor te hace llegar los primeros ejemplares, acabas resignándote a que la suerte ya está echada, a que ya nada tiene remedio, a que lo único que te queda por hacer es defender con amor de padre abnegado eso que has hecho, mientras esperas a las reacciones de críticos y lectores, a quienes, secretamente, prometes aquello que prometió Borges al exiguo número de compradores de su primer libro de poemas: hacerlo mejor la próxima vez.

Y cuando estas reacciones llegan, es el contacto con el otro lo que te salva del infierno de las dudas, lo que mejora tu autoestima y te dice que eras tú, como siempre, quien se equivocaba; que, aunque todo es mejorable y no se es monedita de oro, el libro no puede ser tan malo si la gente lo adquiere y lo lee y lo disfruta y lo recomienda.

Eso me ha ocurrido absolutamente con todas las novelas que he publicado: han sido los lectores quienes han reivindicado los posibles valores de mis historias ante mis ojos de padre insatisfecho y exigente.

Morir despacio no ha sido una excepción.

Portada de Fernando 'Montecruz'

Portada de Fernando ‘Montecruz’

El libro, que tenía que haber salido en noviembre para competir con otros títulos durante la campaña navideña, no se presentó hasta el día 5 de diciembre, en la víspera del puente de la Constitución, en el Museo Domingo Rivero, donde los asistentes al acto agotaron las primeras existencias.

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Y por esas cosas de los trámites y el calendario de días hábiles o inhábiles, no entró en distribución en Canarias hasta la semana siguiente. Esto es: comenzó a venderse en librerías el día 12. Lo que nadie (ni el impresor ni los libreros ni el editor ni yo mismo) esperaba era que esa primera impresión del libro se agotara en la mayoría de las librerías de Gran Canaria una semana más tarde, el día 19. Ahora mismo está a punto de llegar a las librerías de esta isla una segunda impresión, que se distribuirá este viernes 5 de diciembre, aunque en muchas librerías ya hay listas de reserva (si eres de quienes lo estaban buscando, ya sabes que puedes reservar tu ejemplar a tu librero o librera de confianza). Y justamente esta semana llegará también a las librerías de la Península. Ya se sabe: por eso de las diferencias horarias, en Canarias siempre vamos un paso por delante. En el Continente no ha llegado al distribuidor (Maidhisa) hasta esta semana. Mercurio no es uno de esos grandes sellos que pueden poner en el mercado decenas de miles de ejemplares para abarrotar escaparates y mesas de novedades y ocultar al resto de los títulos. Amén de grandes libreros, si estás por allá, puedes conseguir Morir despacio en libreros especializados en el género (Negra y Criminal en Barcelona; Estudio en Escarlata en Madrid) o hacer lo propio: solicitarlo en tu librería.

Desde su aparición –mediante las redes sociales o el correo electrónico o este blog o incluso a través de SMS enviados desde números desconocidos–, me llegan amables opiniones acerca del libro, reacciones favorables, noticias de que Papá Noel se lo ha dejado a alguien en el calcetín o de que a los Reyes Magos les ha gustado y piensan meterlo en el saco de Baltasar. Librerías como Sueños de Papel, Canaima o La isla lo recomiendan y algunos portales, sitios webs, periódicos digitales y blogs (como los de Juan García Luján, Leandro Pinto o Gabriel Barameda) dan su beneplácito al texto e incluso muestran su simpatía por el arriba firmante, quien en realidad es tan antipático (sobre todo cuando está en copas). También compruebo que el argumento de Morir despacio provoca debates y reflexiones más importantes que la novela, cosa que me llena de alegría, porque ese es uno de los propósitos más o menos ocultos de las novelas: ir más allá de la ficción, donde está la realidad.

No siempre me resulta posible agradecer individualmente o a tiempo todas esas atenciones, así que aprovecho la oportunidad para hacerlo: gracias a quienes están leyendo o han leído o piensan leer Morir despacio, por mostrarme las virtudes (si es que las tiene) de ese vástago benjamín mío y enseñarme que hay que querer a las cosas que uno hace, aunque solo sea porque se hicieron con buena voluntad o, como en este caso, con una rabia contra la realidad que esconde (muy secretamente, como si eso fuera motivo de vergüenza) una pizca de esperanza, de fe en que la realidad puede ser mejor si nos juntamos y le arreamos un buen par de patadas y la echamos abajo y volvemos a crearla.

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Otro adelanto de Morir despacio

15 11 2012

Morir despacio ya tiene presentadores y lugar de presentación. Como aún quedan cosas por confirmar, me callo nombres y lugares por el momento. Pero te doy la fecha de la puesta de largo: 5 de diciembre de 2012. Hemos pensado en esa fecha para que puedas llevarte algo para leer durante el puente.

Para que te vayas entreteniendo, te dejo el inicio de un capítulo, titulado:

Portada diseñada por Montecruz, por supuesto.

Banderas de Soria

El apartamento de Ito estaba situado en el piso octavo de un edificio que miraba, de un lado, a la avenida Marítima y el mar y, del otro, a la plaza del Fuero Real de Gran Canaria, más conocida como plaza de la Fuente Luminosa. Como la vivienda hacía esquina, desde las ventanas de su salón se podía disfrutar de ambas vistas: o el mar, ahora azul claro y tranquilo, con el Muelle Exterior paralelo al horizonte, en medio de las plataformas y los grandes mercantes atracados o fondeados en la bahía; o la plaza, en cuyo extremo ondeaba la Bandera de Soria, una gigantesca enseña de Gran Canaria que el político de ese nombre había alzado allí cuando presidía el Cabildo y que había motivado chistes en todo el territorio nacional (la mayor parte provocados por sus exageradas dimensiones, sus costes rayanos en lo absurdo y su absoluta inutilidad).

Cuando Ito le hizo pasar al salón mientras él, todavía en albornoz, iba al dormitorio para cambiarse, Monroy se quedó mirando aquel horror azul y amarillo, que siempre había visto solo desde abajo. El anfitrión, a su regreso, lo encontró aún así, apoyado en la ventana.

—A esta altura, parece una gilipollez todavía más enorme, ¿verdad? –dijo Diego Suárez, adivinando los pensamientos del recién llegado–. Un monumento al patrioterismo barato; como si tuviéramos complejo por tenerla pequeña.

—No hay mejor manera de describirlo.





Nueva temporada

13 09 2012

Llega la mitad de septiembre. O hemos llegado a mitad de septiembre, pues, si hay algo que aún no he aprendido a determinar si el tiempo viaja por nosotros o nosotros por el tiempo. En cualquier caso, de nuevo están ahí el curso escolar y el curso político, la amenaza de la nebulosa futbolística (que todo lo fagotiza) y los nuevos lanzamientos editoriales, que no siempre literarios. Este otoño, frente a un montón de estupideces, me dicen los medios y algunos pajaritos bien informados que vuelven algunos de los buenos: habrá libros de Marías o de Landero y se reeditará todo Carvalho, cosa que los más jóvenes, los coleccionistas y los lectores (entre los cuales me incluyo) de Vázquez Montalbán agradecerán como se merece.

Manuel Vázquez Montalbán. Fuente: http://www.trabalibros.com

Para mí septiembre llega como casi cualquier mes: cargado de trabajo. Sin embargo, es momento de aprovechar para renovar contenidos de iniciativas que ya estaban ahí. En estos días, mientras aún preparo la publicación digital de las prácticas de los participantes en Factoría de Ficciones y en el Laboratorio Creativo Anroart de la pasada edición (el verano ha sido corto, duro, caluroso y laborioso), ultimo el programa y el calendario de este último, que daremos a conocer dentro de poco. De ambas cosas (publicaciones digitales y programa y calendario del Laboratorio) daré aviso, esperemos que en breve, aquí mismo. Además, vuelve, renovado en contenidos, el Taller de Introducción a la Narrativa en Unibelia. La presentación tendrá lugar la próxima semana, en una charla gratuita que Unibelia anuncia, con su habitual optimismo, como “amena”. No sé si lo será, pero intentaré que pasemos un buen rato.

Pero hay otras actividades que también estrenan temporada. Por ejemplo, la banda de .38, capitaneada por Ricardo Bosque y que se dedica a divulgar impunemente lo negrocriminal, regresa este otoño con fuerzas renovadas y el claro compromiso de gastar un poco más de mala baba, después de que sus miembros decidiéramos unánimente hacer más daño, ya que, tras hacer autocrítica, descubrimos con sorpresa que habíamos sido demasiado buenos.

También (y ahí entono el mea culpa), hemos sido demasiado buenos en La buena letra, ese ratito que pasamos una vez a la semana en el Hoy por Hoy de SER Las Palmas, antes o después del cine, con Francisco Melo Junior. Eva Marrero me ha tirado personalmente de la oreja y yo, en venganza, añadiré a la ya habitual recomendación literaria de la semana, una desrecomendación en toda regla, principalmente de algunos de sus libros favoritos. Además, no será esta la única de las novedades que perpetraremos esta temporada. El espacio, por cierto, vuelve a su día habitual, los viernes, aunque comenzaremos algo más temprano, sobre las 12:20. Si no dispones de transistor, puedes oírlo aquí.

Comenzamos mañana mismo, con una desrecomendación y una recomendación. Y la recomendación, por cierto, es una absoluta primicia: una novelaza que dará mucho que hablar, el primer estreno de la temporada literaria en Canarias, que ni siquiera se ha presentado aún y al cual he tenido acceso gracias a mis malas artes. Así que, si yo estuviera en tu lugar, no me perdería mañana el programa que conduce Eva Marrero, y sus dos últimas secciones: La buena letra y el cine con Junior.

Y, además de todo esto, ya sabes, si sigues este blog, que dentro de poco aparecerá Morir despacio, la cuarta novela de la Serie Eladio Monroy.

Así pues, trabajo no falta, pero eso no es excusa para dejar de estar donde hay que estar: ahí, en la calle, defendiendo esos derechos que nos van quitando a golpe de asustarnos con el coco de  rescates y primas de riesgo. Por ejemplo, este mismo sábado, 15 de septiembre.

Mientras tanto, seguimos trabajando, viajando por el tiempo que, lo acabo de pensar, siempre es mejor que dejar que el tiempo viaje por nosotros.








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