El tiro de gracia, de Marguerite Yourcenar

18 10 2014

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Hoy, una auténtica joyita, una pequeña obra maestra de Marguerite Yourcenar, narradora, poeta y ensayista inmensa.

Yourcenar, por supuesto, es célebre por sus novelas históricas, sobre todo Memorias de Adriano y Opus Nigrum. De hecho, sienta los parámetros de nuevas orientaciones para ese género y estas dos novelas han sido calcadas hasta la saciedad. Pero es también una maestra de la novela breve, intimista y sutil, ya desde su primera novela, Alexis o el tratado del inútil combate. Y lo demuestra también con esta que te traigo hoy, El tiro de gracia.

El tiro de gracia, Marguerite Yourcenar, Madrid, Alfaguara, 138 páginas

El tiro de gracia, Marguerite Yourcenar, Madrid, Alfaguara, 138 páginas

La cosa va de triángulo amoroso, de laberintos de pasiones y de amores en tiempos de guerra y revolución. Pero no un triángulo al uso, ni unos laberintos que lleven lado alguno, ni amores demasiado convencionales.

La novela está contada por quien constituye el centro de ese triángulo, Eric von Lhomond, un aristócrata que lucha como mercenario del Bando Nacional en la Guerra Civil española y ha sido herido en Zaragoza. Mientras es repatriado, relata en una taberna los hechos principales de la historia, que está ambientada en una república báltica en los años de la Primera Guerra Mundial y de la Guerra Civil entre los rusos blancos y los bolcheviques. Allí, Eric organiza la defensa contra el avance de los bolcheviques en una mansión de Kratovicé, propiedad de la familia de su mejor amigo, Conrad, cuya hermana, Sophie, vive también con ellos. Eric casi se ha criado con Conrad y Sophie y los ha dejado en 1914, para alistarse. Cuando regresa, tres años más tarde, Sophie es ya una hermosa mujer, algo asilvestrada, que, durante el conflicto, ha despertado a una activa vida sexual. Pero ella cae enamorada de él y lo persigue constantemente. Eric, en cambio, la rechaza: todos sus sentidos están puestos en Conrad. El suyo por su amigo es uno de esos amores latentes y dolorosos, porque Eric, un militar aristócrata, viril y agresivo, disfraza esa pasión por Conrad de amistad. No nos olvidemos, es Eric quien cuenta la historia y, por su forma de ser, jamás reconocerá la atracción que siente por Conrad. Se me ocurre que Yourcenar ha querido representar en él algunos de los atributos de lo que un freudiano describiría como un homosexual latente. A los reclamos de Sophie, el reprimido Eric responderá estableciendo con ella un juego mental bastante perverso, que tendrá fatales consecuencias al hilo del conflicto bélico, pues ella reaccionará huyendo de la casa, uniéndose a las fuerzas revolucionarias, contra las que luchan Conrad y Eric. La tragedia está servida.

Cartel de la versión cinematográfica de 1976, dirigida por Volker Schlöndorff

Cartel de la versión cinematográfica de 1976, dirigida por Volker Schlöndorff

Rápida, dolorosa, sorprendente, El tiro de gracia es una de esas novelas que leemos en una tarde y luego recordamos constantemente. Es notable la inteligencia de Yourcenar para meterse en la piel de uno de los tres personajes (el que peor nos cae, el más miserable desde un punto de vista espiritual) y hacernos entender lo que ese personaje no puede contarnos, haciéndonos cómplices de una escritura impecable, inteligente y de una sensibilidad finísima.

 Marguerite-Yourcenar

Yourcenar, como digo, es una de esas firmas imprescindibles, una autora que nació ya a la literatura con vocación de clásico. Nacida en Bélgica en 1903 y educada por su padre, un librepensador perteneciente a una familia aristócrata, traducía del inglés, el alemán y hasta el japonés. De hecho, en su faceta de orientalista, contribuyó a divulgar en Occidente los clásicos chinos y japoneses (véase Cuentos orientales) o autores contemporáneos como Yukio Mishima (Mishima o la visión del vacío). En 1939 huye de Europa y se traslada a EEUU, invitada por Grace Frick, que sería su pareja hasta la muerte de esta, en 1979. Por supuesto, la fama le llegaría a Yourcenar con Memorias de Adriano, en 1951, pero era de las que no se dormían en los laureles y continuó dando volúmenes y volúmenes estupendos hasta construir una obra, no solo extensa, sino muy variada. En su bibliografía hay teatro, poesía, ensayo o libros de viajes. Yo destacaría, además, los tres libros que conforman El laberinto del mundo, sus memorias escritas a partir de los setenta años y que dejó inacabadas a su fallecimiento en 1987.

Así que estamos ante una autora total, exquisita, que vale la pena conocer en todas sus vertientes. Pero, para empezar, es perfecta esta novela corta: El tiro de gracia, de Marguerite Yourcenar, editada en Madrid por Alfaguara, 138 páginas para leer rápido y pensar despacio.


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