Ajetreos

30 05 2012

Ahora que estamos solos, aprovecho un rato de relax durante el Día de Canarias, para contarte estos, para mí, han sido días de mucho ajetreo y mucho trabajo público (y con público), pero sarna con gusto no pica, aunque sea a costa de tener algo abandonado este blog. Por lo pronto, en las últimas semanas Factoría de Ficciones ha alcanzado ya su ecuador (comienzan a aparecer algunos de los cuentos en el blog correspondiente) y ambos grupos del Laboratorio Creativo Anroart se encaminan ya hacia el desenlace de esos talleres que venimos desarrollando  en las instalaciones de la ULPGC desde el otoño pasado.

Por otra parte, también ha habido muchos contactos con colegios e institutos. Los más recientes: un taller en torno a El corazón delator, de Edgar Allan Poe, en el Colegio Oficial Alemán en Las Palmas de Gran Canaria y un taller de cuento literario en el IES Teror. Los resultados de este último irán apareciendo también en un blog abierto ya hace algún tiempo por anteriores almnos y alumnas de ese mismo centro.

Con los talleristas del IES Teror. La foto es de Toñi Ramos, activista literaria oficial.

Y, a todo esto, viene a sumarse una nueva actividad: un taller de introducción a la narrativa que tendrá lugar en Unibelia. Comenzaremos la próxima semana (el 7 de junio), pero mañana jueves tendrá lugar una primera actividad, abierta al público en general (aunque, por motivos de aforo, es necesario hacer reserva previa).

Por la foto y el enunciado parece que soy un escritor serio y sesudo, pero tú ya sabes que prefiero la artesanía. Así que, si te apetece pasar un rato tratando sobre artesanías narrativas, ya sabes dónde nos vemos.

Además de todo esto (y de algún otro proyecto que está a punto de comenzar), aprovecho que estamos en la intimidad para contarte que también sigo trabajando en casa y que ando enfrascado en una nueva novela de la serie de ese cascarrabias que tantos enemigos me crea, el viejo Eladio Monroy. Y, ya lo sabes, guerra avisada…

 

 





¡No paguéis!

30 05 2012

Con el agua al cuello. Petros Márkaris. Barcelona. Tusquets. 322 páginas.

En algún momento de Con el agua al cuello es difundido por Atenas, mediante carteles y panfletos, el siguiente texto:

¡NO PAGUÉIS!

NO PAGUÉIS VUESTRAS DEUDAS CON LOS BANCOS. NO PAGUÉIS LA TARJETAS DE CRÉDITO. NO PAGUÉIS LOS PLAZOS DE LAS HIPOTECAS. NO PAGUÉIS LOS CRÉDITOS AL CONSUMO NI LOS PRÉSTAMOS PERSONALES. NO PAGUÉIS A LOS QUE NOS HAN HUNDIDO.

¡NO PAGUÉIS!

NO DEBÉIS NADA A LOS BANCOS QUE OS HAN EXPOLIADO Y SUMIDO EN DEUDAS. QUE OS LLEVEN A LOS TRIBUNALES PARA EMBARGAROS VUESTROS BIENES. LOS JUECES TARDARÁN CINCO AÑOS EN FALLAR A SU FAVOR, SI ES QUE LOS BANCOS NO HAN QUEBRADO ANTES. PERO NO IRÁN A LOS TRIBUNALES, BUSCARÁN UN ACUERDO, QUE SERÁ A VUESTRO FAVOR. VUESTRA DEUDA SERÁ MENOR Y LOS PLAZOS MÁS LARGOS.

¡NO PAGUÉIS!

HACE DOS AÑOS EL GOBIERNO REPARTIÓ 28.000 MILLONES ENTRE LOS BANCOS, UN DINERO QUE ELLOS NO NECESITABAN PARA NADA. QUE RESTEN VUESTRAS DEUDAS DE ESOS 28.000 MILLONES, PORQUE LOS RECIBIERON DE VUESTROS IMPUESTOS, ES DECIR, DE VUESTRO BOLSILLO. LOS QUE ENTENDEMOS UN POCO DE BALANCES NO TENEMOS MAS QUE ECHAR UN VISTAZO A LAS CUENTAS BANCARIAS PARA VER LOS BENEFICIOS ASTRONÓMICOS QUE HAN OBTENIDO SÓLO EN LA ÚLTIMA DÉCADA.

¡NO PAGUÉIS!

 ¡NO PUEDEN HACEROS NADA!

En la novela, los dirigentes económicos, alarmados ante la posibilidad de que ese mensaje se difunda entre la ciudadanía, y que esta pueda llegar a estar de acuerdo y obrar en consecuencia, corren a presionar a la policía, a través del ministerio correspondiente, para que detenga sin pérdida de tiempo al autor de ese texto. Por motivos obvios, les preocupa mucho más ese delito (¿lo es realmente?) que la cadena de asesinatos de banqueros y ejecutivos de agencias de calificación que está teniendo lugar al mismo tiempo.

No sé si son 28000 los millones que las entidades bancarias de este país han recibido desde que comenzó la crisis. Quizá son menos. Quizá son más. Sea como fuere, yo, en estos días en que España se parece tanto a la Atenas de 2010, cuando leo tantas noticias descorazonadoras y escucho al señor Goirigolzarri solicitar cantidades astronómicas de las cuales no piensa dar cuenta, porque las considera “capital”, cuando descubro estupefacto que nadie va a depurar responsabilidades en Bankia, pienso cada vez más en este texto. Y me pregunto qué pasaría si los españoles hicieran caso, todos a una, a esta anónima propuesta.





De la traición como arte

27 05 2012

He faltado durante tres semanas a Hoy por Hoy Las Palmas, para hacer La Buena Letra con Eva Marrero. El motivo de mi absentismo es que he estado trabajando. Eso, claro, quiere decir que cuando asisto al programa, es porque no le doy un palo al agua.

Retomo esa tarea de recomendarte algo para leer. Y la retomo con poesía. Canaria. De la buena: De la traición como arte, de Paula Nogales, publicado por Idea en El Mirador, una colección coordinada por Elica Ramos que pretende reunir a nuestra mejores poetas últimas y de la cual ya comentamos aquí El arte de las flores secas, de Alicia Llarena.

De la traición como arte, de Paula Nogales, Tenerife, Idea, 72 páginas.

En Paula Nogales tenemos a una interesante y, sin embargo, muy poco mediática escritora. Comenzó publicando en los años noventa y en esa década dio a luz dos excelentes y premiados libros de relatos: Zapping: cuentos y Sociedad anónima. Al mismo tiempo, iba publicando cuentos y artículos en revistas de la época, como Doxa, Espejo de Paciencia y La Plazuela de Las Letras. Y también obteniendo accésits y menciones especiales en todos los certámenes poéticos importantes de nuestro ámbito. Así fue publicando Recintos, Manzanas son de Tántalo o Saludos de Alicia. En aquellos libros, tanto en los de cuentos como en los de poesía, el lector se enfrentaba ya a una autora culta pero accesible, que hablaba del amor y de la muerte con una naturalidad pasmosa, con mucha soltura y poca o ninguna afectación.

Por esto sus lectores echábamos de menos textos suyos, ya que en algún momento dejó de publicar y no fue hasta 2006 que retomó su carrera literaria con Vicios ocultos, publicado en Baile del Sol y con este De la traición como arte del cual hablamos hoy.

De la traición como arte nos ofrece una treintena de poemas agrupados en cinco partes en una estructura ciertamente sólida y que hablan, creo, sobre cómo resurgir, renovados, tras esos conflictos que tenemos a veces en la vida y de los cuales parece que no vamos a salir nunca. Las soluciones que nos da se podrían resumir, en mi opinión, utilizando tres de sus versos:

Qué hacer
sino inventar el mundo desde el principio
o lamernos con recelo las heridas.

Y, más que lamerse las heridas, la poeta nos propone lo contrario, pero con la inocencia ya perdida, con el optimismo sabio de los veteranos de guerra que no se resignan a contemplar el paisaje después de la batalla; enarbolando el erotismo como un canto a la vida tras la devastación.

Eso es lo que, creo, nos encontramos en este libro: un poderoso, inteligente y maduro canto a la vida, donde el lector experto va a escuchar los ecos de Gil de Biedma o de Hölderlin, aunque no sea necesario ser un iniciado para disfrutar de ese viaje hacia la luz escrito, a veces, en diálogo con el insomnio, y siempre con afán desacralizador y con un sentido del humor muy fino, que surge aquí y allá, como en el estupendo diálogo que se establece en uno de ellos entre Medea y Hannibal Lecter.

Así pues, para esta semana, una joyita poco conocida: De la traición como arte, de Paula Nogales, en Ediciones Idea, 72 páginas de excelente poesía escrita, además, en Canarias.





Carlos Fuentes y la omnisciencia

16 05 2012

Anoche, al llegar a casa, recibí una llamada de mi pareja, quien me contaba que había fallecido Carlos Fuentes. No sé si las casualidades existen, pero la semana pasada, después de haber estado mucho tiempo sin frecuentar sus libros o acordarme de él, me encontré, estando en otra isla, con un señor que se le parece mucho y a quien le hice notar esa semejanza física y con quien hablamos sobre la grandeza de Fuentes (una coincidencia que podría parecer extraída de un cuento de Cortázar, pero que para mí es más frecuente de lo que parece; de hecho tengo un amigo escritor que me ruega constantemente que no me acuerde de él).

He pensado mucho sobre la utilidad o no de escribir esta entrada. Mientras lo hacía, ya otros mejores que yo, que conocen su obra con mayor profundidad o que, incluso, le conocieron personalmente y hasta fueron amigos suyos (Juan Goytisolo, Juan Cruz o Mario Vargas Llosa, quien, por cierto, hoy está en esta ciudad en la que habito) ya poblaban las redes con sus opiniones y sus recuerdos. Incluso con su dolor, en el caso de los amigos.

Yo no conocí personalmente a Carlos Fuentes. Incluso, en los últimos años, no lo he leído con demasiada frecuencia: hay muchos autores, hay muchos libros, hay mucho afán por evitar que se nos queden títulos en el tintero, hay demasiado poco tiempo. Y, no obstante, Fuentes tiene algún lugar especial en mi memoria de lector, donde le guardo un viejo ejemplar de Club Bruguera de La muerte de Artemio Cruz, el descubrimiento (por intercesión de Eduardo González Ascanio) de Ambrose Bierce, algunas reflexiones sobre Juana Inés de la Cruz y sobre Onetti y sobre Rulfo.

Hoy he leído la justa vindicación de su obra, especialmente de La muerte de Artemio Cruz, Aura, La región más transparente, Gringo Viejo o Terra Nostra. Sin embargo, anoche, tras conocer la noticia, recordé el primer libro de Fuentes que leí (y del cual, por desgracia, no conservo ningún ejemplar). Debió de ser en 1987, el año en que le concedieron el Premio Cervantes, o al año siguiente, cuando me hice, Círculo de Lectores mediante, con Cristóbal Nonato, aquella novela compleja, irreverente, futurista e implacable que desorientó completamente a aquel lector joven que yo era y con la que mantuve una lucha de varias semanas hasta que logré domesticarla o, más exactamente, hasta que ella me domesticó a mí. Contada por un personaje que estaba destinado a nacer el 12 de octubre de 1992 y que, por tanto, aún no había nacido, lo hacía, a partir de esa circunstancia, dueño de un dominio del tiempo y una omnisciencia de los cuales quienes vivimos en el tiempo, en la sucesión, carecemos.

En El naranjo, de 1994, otro libro del que quizá no se hable en estos días (porque en este país tenemos la manía de olvidar los libros de cuentos), hay más ejemplos, todos fascinantes, de este recurso. Inolvidable ha sido siempre para mí uno de los relatos que lo integran: “Apolo y las putas”, en el cual el narrador es el cadáver de un norteamericano cuyo corazón no ha resistido a una orgía con siete legendarias rameras.

El nonato, el ya fallecido, el que está en trance de muerte, el que sobrevive reencarnado en la tierra, en una piedra, en la savia de un árbol, viven en el instante, fuera de la cronología y, por tanto, son amos del tiempo. Ese es el territorio que Fuentes exploró como nadie: la totalidad de la experiencia humana aprehendida mediante la intuición (en sentido metafísico) que confiere el hecho de estar más allá de la vida, más allá del tiempo.

Esa clave de escritura (que estaba ya, acaso, en Rulfo) fue explorada con fantásticos y, en muchos casos, inigualables resultados por Fuentes a través de una obra en la cual su inteligencia a la hora de construir argumentos, su lucidez al abordar la mezcla y el choque de culturas, valga el término por mundos (ese tema que Fuentes convirtió en su tema), su habilidad para el erotismo y para la imagen poderosa, lo convirtió en uno de los más grandes narradores de su tiempo, ese tiempo que ahora abandona para ingresar ya, como algunos de sus personajes, en el territorio de la omnisciencia.





Descuartizadores del Sur de Tenerife

14 05 2012

Ya lo sabes porque te lo hemos ido contando, entre algunos medios de comunicación (los poquitos que se preocupan de estas cosas), Eduardo García Rojas y yo mismo, aquí, en este blog que es el tuyo: la semana pasada tuvieron lugar las jornadas de NNegra de Arona que, un año más, reunieron en el Centro Cultural de Los Cristianos a algunos autores, editores, libreros, críticos y lectores para hablar sobre esos libros que te erizan la piel, te quitan el sueño y no puedes soltar hasta la última página. Otros años han estado en el evento Ernesto Gil, Luis León Barreto, Eugenio Fuentes, Juan Madrid, Lorenzo Silva, Raúl Argemí, Mariano Gambín o el cappo di capi, el inefable Paco Camarasa. Los conferenciantes cambian. Lo que no cambia es que la instigadora, la que está detrás de esta reunión anual de sospechosos habituales, es Mercedes Chinea, esa Bonny Parker de las Medianías del Sur de Tenerife que, aunque parece que no rompe un plato, se empeña edición a edición (más allá del estricto cumplimiento del deber)  en que este foro se celebre y todo salga como tiene que salir. Este año hubo una estupenda charla del propio García Rojas sobre Jaime Mir, las presentaciones de los libros más recientes de Javier Hernández, Antonio Lozano y José Luis Correa, un conferencia de Miguel Ángel Rábade (que no solo es uno de los conspiradores de Mistério, sino también profesor de clásicas en la ULL) y una charla del arriba firmante. Todos estos actos movían a la reflexión sobre si existe realmente una novela negra canaria. Así que, además de estos actos, hubo, sobre todo, debate. Debate encendido y de cierta altura, en el que todos los participantes, en algún momento, llegamos a cuestionarnos nuestros propios planteamientos previos y acabamos enriqueciéndolos con los ajenos, que es para lo que sirven los debates.

Pero, aparte de todo eso, hubo una actividad previa y paralela de la que estoy muy orgulloso: los chicos y chicas de cuatro centros del municipio, descuartizaron a Antonio Lozano.

Harraga es un término derivado del verbo con el que se describe la acción de prender fuego a algo. Con harraga se designa a “los que queman”, aquellos emigrantes ilegales que queman sus documentos de identidad antes de embarcar en el Norte de África hacia España, embarcándose en dramáticas travesías en las que se juegan la vida buscando un paraíso que no es tal y enriquciendo a las mafias que, sin ningún tipo de escrúpulo les envían a la esclavitud, la clandestinidad o la muerte. Harraga es, también, el título de la primera novela de Antonio Lozano, ahora editada nuevamente por Editorial Zech, en la que se cuenta la historia de Jalid, un joven tangerino que, buscando una vida fácil en España acaba inmerso en el proceloso mundo de las mafias que trafican con personas entre ambos continentes.

Y fue ese, precisamente (como otros años lo fue El corazón delator de Poe o La niebla y la doncella de Lorenzo Silva) el título elegido para los talleres que, cada año, y paralelamente a NNegra de Arona, se celebran en los IES del municipio.

Este año, desde la primera semana de mayo hasta el viernes 11, con chicas y chicos de los IES Ichasagua, Las Galletas, Los Cristianos y Guaza (y con la complicidad de Mercedes Chinea y de Yaiza Arteaga, del área de Juventud, quien, además, hizo estas fotos que aporto como prueba), leímos Harraga, la desmenuzamos y la utilizamos para reflexionar sobre algunas técnicas y recursos característicos de la novela contemporánea: el tratamiento del tiempo, el juego con los puntos de vista, la construcción del personaje, la descripción de ambientes, los diálogos y el monólogo. Y, a partir de ahí, el alumnado escribió sus propias creaciones (algunas realmente sorprendentes), a partir de las cuales podría volver a iniciarse una reflexión sobre los temas que Lozano aborda en su estupenda novela: la corrupción, la solidaridad, el discurso de los desheredados, el etnocentrismo, el viaje al infierno, la soledad del héroe, el amor y la esperanza.

Antonio Lozano con sus descuartizadores

Algunos de esos textos fueron leídos ante Antonio Lozano en un último encuentro, común, que se celebró en la mañana de ese viernes 11 y en cuyo transcurso tuvieron la oportunidad de descuartizarlo a golpe de preguntas (muchas de ellas bastante más inteligentes y agudas que las que en ocasiones hacen los medios).

Los creadores que finalmente leyeron sus textos (y algún espontáneo).

A mí, que en esto solo me toca la tarea de provocarles, me colma de orgullo observar los resultados del duro trabajo que estos chicos y chicas realizaron durante esas dos semanas, con buen humor, respeto hacia los demás, involucración en la tarea de equipo y una responsabilidad y un espíritu solidario que para sí quisiera más de un ministro. Así pues, aprovecho esta entrada, simplemente, para agradecer a esos estudiantes su esfuerzo y su simpatía, pero, sobre todo, el hecho de que, una vez me hayan demostrado que el otro no es solo el infierno, sino también el paraíso.





NNegra Arona

8 05 2012

De nuevo en Arona y de nuevo una reunión de sospechosos habituales: entre el miércoles 9 y el viernes 11, cada tarde, desde las 16:30 a las 19:00, en el Centro Cultural de Los Cristianos, una serie de sujetos de la más baja estofa para hablar de noir en general y de noir isleño en particular. El periodista cultural Eduardo García Rojas (que hablará sobre la obra de Jaime Mir), Miguel Ángel Rábade (que se preguntará si existe una novela negra canaria), Javier Hernández (que promete aparecer acompañado del inigualable Ánghel Morales), Antonio Lozano, José Luis Correa (quienes hablaran de sus títulos más recientes) y el firmante de este blog conviviremos en estos días, reflexionando sobre el fenómeno, charlando con los lectores y, sobre todo, disfrutando de este buen ambiente y esta buena temperatura que ya hemos gozado en otras ediciones de este encuentro, por donde ha pasado gente como Juan Madrid, Lorenzo Silva, Raúl Argemí, Eugenio Fuentes o el cappo di capi, Paco Camarasa.

Y, hablando de temperatura, los IES del municipio ya están trabajando febrilmente desde la semana pasada (nuevamente me ha tocado hacer de capataz), en talleres creativos en torno a Hárraga, la primera y exitosa novela de Antonio Lozano que ha sido editada nuevamente en castellano y alemán por Zech. El resultado de su trabajo se hará público el viernes, a las 11:00, con la presencia del autor.

Así pues, si te apetece pasarte para estar un rato con nosotros (la Brigada Político Social seguro que también aparece, para anotar nombres), ya sabes: Centro Cultural de Los Cristianos, Sala Guaza, NNegra de Arona, 6ª edición, entre el 9 y el 11 de mayo. Guerra avisada…





Memoria de lector

6 05 2012

Recuerdas que robaste en unos grandes almacenes tu primer ejemplar de Rayuela y que La metamorfosis llegó una tarde en que librabas en el mísero bar donde perdías tus mejores años para alimentarte y te encerraste en tu habitación como el protagonista y ya todo fue Gregorio Samsa y traducción de Borges y comentario de Nabokov y las ilustraciones de José Hernández en aquella edición de Círculo de Lectores. Recuerdas que tu ejemplar de bolsillo de Ulises vino a tus manos en una tienda de souvenirs de Agaete, donde, vaya a saber por qué, aún tenían a la venta el Libro Amigo que tú no encontrabas en las librerías, donde Ulises solo estaba disponible en ediciones que no podías pagar. Y, puestos a recordar, recuerdas cómo fue que quisiste leer esos libros y, ahí, aparece Movimiento perpetuo, ese libro editado en rústica por Seix Barral que un marinero se dejó en el hostal donde trabajaba tu padre y que te fue entregado por este como un objeto mágico, misterioso, la puerta a un universo de arcana sabiduría. Él no lo sabía, tampoco tú, pero, en efecto, aquel era un objeto mágico, la entrada a un laberinto edificado con palabras, plagado de ideas, de emociones, de preguntas que dibujaban la forma del mundo.

Tu memoria de lector está poblada por guaguas que se retrasaban o tardaban demasiado en hacer su trayecto, por tardes en la playa, por largas noches en las que el sueño era un lujo, por horas robadas al trabajo tras sórdidos mostradores, por jornadas de domingo en las que no había ningún dinero que gastar. Así te recuerdas leyendo Juntacadáveres, Los miserables o Memorias de Adriano, así te ves a ti mismo la primera vez que conociste la historia de Lord-Lady Orlando, las disparatadas y tristes aventuras de los personajes de Vian, el largo viaje de Eneas.

Y, sin embargo, no estuviste solo: estaban las personas que un día te quisieron y te regalaron los libros que deseabas leer y no podías permitirte; estaban los amigos de quienes heredabas los libros o te los prestaban (que es casi lo mismo, porque sabes que hay dos clases de tontos); estaban, incluso, aquellos que, simplemente, fueron generosos (como Mario Merlino, que te hizo llegar desde Madrid un ejemplar de aquel libro de Yourcenar que tenía tu nombre y que tú no conocías; como un cliente que un día se tomó la molestia de fotocopiar para ti su ejemplar inconseguible de El hombre que atravesaba las paredes, de Marcel Aymé).

Por supuesto, la memoria es frágil: se ha perdido en sus pantanos el día en que comenzaste a interesarte por Susan Sontag, por Stendhal, por Italo Calvino. Pero, entre tanta sombra que el tiempo va tragándose, aún quedan muchas imágenes: la noche insomne en que devoraste una vieja edición de Tito Andrónico, la ocasión en que intentaste robar a un amigo su Tristram Shandy y este no se dejó, el día en que descubriste con asombro que los cuentos de Borges son imprescindibles y peligrosos, la mañana en que Domingo Rivero te saltó a los ojos o la tarde en que comenzaste a amar la obra inclasificable de Agustín Espinosa, el ejemplar de Arreola que otro amigo te trajo desde México. Y las charlas. Las largas charlas en terrazas donde los cafés, las cervezas o los whiskys se alargaban hasta enfriarse, calentarse o aguarse, respectivamente, los intercambios de libros con otros locos que, como tú, atesoraban su propia memoria y la compartían contigo y te regalaban, de palabra o de obra, a Chejov, a Nicanor Parra, a Bolaño, a Alejandra Pizarnik, a Rabelais, a Safo.

Ahora los días son cada vez más breves, los inviernos más largos, los veranos más oscuros. Ahora tu memoria de lector se cansa de buscar nuevo alimento y vuelve sobre los viejos libros, esos que llevas ya siempre en tu cabeza como un Peter Kien (menos erudito pero menos tonto) expulsado de su paraíso. Y añora aquellos días en que todo era asombroso y nuevo e inocente y bueno, cuando sentías que había tanto por leer, que cada libro que aún no habías leído era una injuria, cuando pensabas que todo cuanto estaba impreso valía la pena y no existía el hastío del déjà vu, de los libros vendidos al peso, de las páginas innecesarias.

Entonces, rebuscas en tu biblioteca y aparece una estropeada edición en Austral de La tía Tula o un viejo ejemplar de Misericordia o un castigado volumen que lleva por título Las ciudades invisibles para curarte del hastío, de la sensación de anticipo de la muerte que te sale al paso en cada hora de aburrimiento, para recordarte que mientras puedas recordar, el silencio definitivo será incapaz de alcanzarte.








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