Gdeim Izik

27 10 2010

Foto tomada de resistenciasahraui.blogspot.com

Parece que todo es como debe ser, pero hay una punzada ahí, en alguna parte entre el cerebro y el pecho, que te dice que hay algo que no va como debería. Hay algo que no está en su sitio cuando los dueños de la casa duermen a la intemperie y se les niega hasta el pan y el agua. Algo no anda bien si quienes deberían pedir permiso son quienes lo exigen; si el agresor, el torturador, el usurpador, el asesino son premiados mientras se criminaliza a sus víctimas. Y, seguramente, hay algo que está completamente al revés si son los activistas quienes piden calma, las fuerzas del orden las que causan el desorden, las que lanzan piedras y disparan a los niños, las que intentan romper los cercos que delimitan el territorio en paz. Pero, definitivamente, hay algo que no está en su lugar (ahí, en tu cerebro y en tu pecho) si contemplas todo eso con indolencia, desde la ventana, sin hacer nada más que bajar la persiana y tomar tu café leyendo en el periódico la  noticia de la muerte de un octópodo adivino.

Anuncios




Entre paréntesis

27 10 2010

¡LÉELO, URGENTE! ¡AVISO IMPORTANTE! ¡PELIGRO! ¡ALERTA!

Hace tiempo que me cansé de los correos electrónicos que llevan estas palabras en el apartado de “Asunto”. En el mejor de los casos, esos e-mails contienen un hoax. En el peor, el propio virus o troyano sobre el que afirman alertar. Pero, en mi opinión, su consecuencia más negativa es que crean tanto ruido en el canal comunicativo que cuando llega algún mensaje realmente importante y que necesita de nuestra atención, ya no le hacemos caso.

Por tanto, te ruego que no envíes más cosas de ese tipo. ¿No sabes a qué me refiero? Te pondré algunos ejemplos (y te explicaré, entre paréntesis, por qué no me interesan).

Los hay de todo tipo: los que avisan del riesgo de ser víctima de una estafa, fraude, robo, violación o secuestro (no tengo mucho de lo que apropiarse, con mis características físicas estoy a salvo de abusos sexuales y, con el buen saque que tengo para comer no creo que a nadie le resulte rentable secuestrarme); los que avisan de las terribles consecuencias para la salud de determinados productos de consumo (soy fumador de dos cajetillas diarias: ¿qué puede haber más peligroso?); los que recaudan dinero para los tratamientos de niños enfermos, adjuntando fotos desenfocadas y con una sintaxis sospechosa (no me fío de nadie que no maneje su propia lengua; mucho menos si finaliza un mal hilado argumento diciéndote que si no reenvías ese correo, eres un miserable); los que contienen mensajes soteriológicos reenviados por gente que, en general, no tiene salvación (pretendiendo de ti que no sólo aguantes una presentación digna de Perogrullo, sino que, además, lo reenvíes, con la postrera amenaza de que si no lo haces caerá sobre ti la desgracia); y, por último, los que contienen, simplemente, una mentira (o una verdad a medias) destinada a contribuir a una campaña para desacreditar a alguna persona o institución (y no seamos ilusos: cuando se desacredita a alguien es porque se buscan beneficios para otros, sobre todo materiales).

De estos últimos, mi favorito es uno que circula por ahí desde hace varios años (y que he recibido no sé cuántas veces) advirtiendo que la SGAE pretende cobrar un canon por cada libro que sea tomado en préstamo en las bibliotecas. Esa advertencia (que contiene, como poco, un par de mentiras, ya que en España es CEDRO, y no SGAE, quien recauda, que los 20 céntimos los abonan las bibliotecas por libro adquirido, no prestado, y que no es el usuario sino la biblioteca quien satisface esa cantidad, la cual supone una simbólica compensación que va a parar a las no menos simbólicas cuentas corrientes de los autores) se hace acompañar por un artículo (tomado, seguramente, sin permiso) de José Luis Sampedro acerca de los beneficios de las bibliotecas (ideas que cualquier persona razonable sancionaría positivamente), pero seguramente escrito antes de que entrara en vigor la Ley del Libro, cuando todos (yo también, como usuario de bibliotecas) temíamos que se aplicara en España del mismo modo que en otros países europeos.

Sin pretenderlo (seguro que pretendía más bien lo contrario), este hoax generó, hace unos años, un interesante debate telemático entre algunos escritores, bibliotecarios y educadores que conozco. A lo largo de un par de semanas (coincidiendo con la entrada en vigor de esa ley), discutimos seriamente sobre el lado más realista (y menos interesante) del oficio de la escritura. Y alguien, en algún momento, esgrimió el argumento de que el acceso a la cultura, como a la educación, debe ser universal, libre y gratuito. Yo no puedo estar más de acuerdo con eso. Pero esa idea se completa con la siguiente: ¿deben quienes trabajan en cultura y educación trabajar gratis? Es más: ¿alguien querría que educara a sus hijos una persona que ejerce el oficio sin cobrar, en sus ratos libres y por mera afición? Si no es así, me pregunto por qué quien piensa de ese modo es susceptible de compartir también la idea de que el cobro de una compensación por los libros que un escritor deja de vender (no olvidemos que, según cualquier contrato editorial estándar, los escritores perciben entre un 5 y un 10 por ciento del precio de venta del libro; te invito a hacer los cálculos) es injusta.

Ser escritor no es un chollo. Quienes nos dedicamos a esto lo hacemos porque lo hemos elegido (igual que otros eligen otros oficios) y cuando lo hicimos, sabíamos cuáles eran los inconvenientes, incluidas la precariedad y la inestabilidad. Personalmente, no me quejo: yo me lo busqué. Pero eso no le da derecho a nadie (sobre todo si oculta su nombre) a llamarnos poco menos que ladrones en el momento en el que, por primera vez, se dicta una legislación que nos concede una ventaja económica (siempre, vuelvo a repetirlo, simbólica).

Como ya dije, ese correo generó en su momento un debate interesante, (del cual lo que reseño más arriba es solamente una de las muchas reflexiones que se originaron). Pero ahora ya no interesa a nadie, principalmente porque la ley de marras lleva en vigor bastante tiempo y por su causa no ha cerrado, que yo sepa, ninguna biblioteca. Sin embargo, vuelvo a recibirlo una y otra vez por parte de personas que no se informan antes de reenviarlo.

Así que, por favor, si figuro en tu lista de contactos y pensabas incluirme en el reenvío de ese hoax que viene encabezado por la frase: “La SGA (sic por SGAE) ataca de nuevo” y que vaticina el fin de las bibliotecas, te ruego que te lo ahorres. Ya han intentado desinformarme en repetidas ocasiones y no lo han conseguido.

(Y ya que estamos, tampoco me envíes mensajes de parte de Jesucristo. Dan muy mal rollo)





Everybody knows…

19 10 2010

Todo el mundo sabe que Antonio Becerra y yo somos amigos desde hace muchos años; que juntos, y en unión de otros amigos, hemos formado parte de cosas como La Plazuela de Las Letras y Matasombras; que compartimos ciertos puntos de vista acerca de la literatura y de su difusión; que somos mutuamente respetuosos (aunque no lo parezca) con aquellos en los que nos diferenciamos.

También sabe todo el mundo (al menos, quien está informado en las Islas), que Antonio Becerra es investigador y profesor universitario; que es uno de los que más conocen (y mejor comprenden) el XVIII canario y ha dedicado muchos años a sacar a la luz la obra de Graciliano Afonso; que ha trabajado en torno a las de autores como Agustín Espinosa, Antonio de Viana, Lázaro Santana o María Rosa Alonso; que, solo o en compañía, está detrás de colecciones importantes (Puerto Escondido, Literaturas, de Anroart), pero que también ha firmado la serie documental Memoria chica, el guión de un cómic (dibujado por Alberto Hernández) destinado a difundir la figura de Viera y Clavijo entre los escolares y divertimentos como Las bragas de San Grifón y La sonrisa de Ciprina (una antología que recoge muestras del erotismo en la poesía moderna insular).

Pero no todo el mundo sabe que además de ser investigador y divulgador, Antonio Becerra es un poeta muy interesante. No se ha prodigado mucho en el mundo de la edición, pero su libro Cualquier otra memoria es un título (si se me permite el juego de palabras) realmente memorable.

Todo esto viene a que el próximo mes de noviembre, Becerra será ponente invitado en el Laboratorio Creativo Anroart. Impartirá un Taller de Poesía, entendido como una introducción al género.

Como este taller forma parte del Taller Avanzado del Laboratorio y los participantes en el taller estable tienen prioridad, únicamente existen cinco plazas disponibles, así que las solicitudes de matrícula serán atendidas por estricto orden de llegada.

Si vives en Gran Canaria y te interesa, tienes toda la información necesaria en el Blog del Laboratorio.

Antonio Becerra. Taller de poesía. Solamente en noviembre. Hecho queda el aviso.





El tamaño no es importante

19 10 2010

El tamaño no es importante. Eso volvió a quedar claro ayer, en el IV Memorial Dolores Campos-Herrero, Jam Session de Microrrelatos, en el Matasombras de la sala Cuasquías, de Las Palmas de Gran Canaria.

Con los libros de Dolores Campos-Herrero como fondo, más de cuarenta textos de una treintena bien despachada de autores fueron leídos a lo largo de una sesión en la que firmas experimentadas, autores emergentes y jóvenes que debutaban (eran alumnas y alumnos del IES Alonso Quesada y dieron más de una sorpresa) fueron leídos a lo largo de una sesión improvisada que dejó muy buen sabor de boca al respetable.

La novedad este año era el modelo de “lectura por poderes”, esto es, la lectura de textos de autores y autoras que no se encontraban en la sala, pero que pidieron que sus micros fueran leídos en este acto dedicado al microrrelato y a quien fue su principal precursora en las Islas.

En el IV Memorial Dolores Campos-Herrero se escucharon microrrelatos de: Dolores Campos-Herrero (leídos por su hermana Marisol), Juan Carlos de Sancho, Cristina R. Court, Manolo Muñoz, César Socorro Meza, Berbel, Antolín Dávila, Míchel Jorge Millares, Ariadna Reyes Hernández, Moisés Morán Vega, Patricia Rojas de Leunda, Inma Espino, Aquiles García, Guillermo Rubén, Santiago Gil, Teca Barreiro, Eduardo González Ascanio, Patricia Yánez (leídos por Saskia del Toro), Guadalupe Alemán, Ana Criado (leídos por Míchel Jorge Millares), Carlos Álvarez, Puri Santana, Cesáreo Pérez Navarro, Sara Godoy, Menchu Pérez Reyes, Nayra Pérez (leídos por Tiffany Guerra Machado), María José Vidal Prado, Esther Fernández Guerra, Pepe Olivares, Carlos de la Fe (leídos por Carlos Álvarez), Dairén Mendoza, Javier Hernández Velázquez (leídos por Antonio Becerra),  Tony R. Murphy,  Leonardo Segovia García (leídos por Aixa María Ruano García), Maite Figueira, Antonio Becerra y quien firma este blog, que, además, leyó el texto enviado desde Valdivia, en Chile, por el amigo Pablo González Cuesta.

Espero no haberme dejado atrás ningún nombre. La sesión se movía rápidamente. Si he olvidado mencionarte, no dudes en hacérmelo saber.

En nombre de Antonio Becerra y en el mío propio (esto es, en nombre de Matasombras), quiero dar las gracias a todos aquellos que participaron (o que, queriendo hacerlo, no pudieron por motivos de fuerza mayor) y al  abundante público que aportó su granito de arena con su mera presencia. También a Toñín Barrera y al personal de Cuasquías (por demostrar una vez más que siempre se puede contar con ellos para hacer cultura de guerrilla), a los medios informativos que se hicieron eco de esta convocatoria y a Thalía Rodríguez, que hizo registro sonoro y fotográfico del acto.

Pero, muy especialmente, a la familia de Dolores Campos-Herrero (su hermano Quique, sus hermanas Asun, Marisol y Chus) por apoyarnos en la tarea de organizar cada año este evento efímero, informal y pigmeo que une a jóvenes y no tan jóvenes en torno a dos hechos cruciales en la literatura insular de los últimos años: la minificción y Dolores Campos-Herrero.





IV Memorial Dolores Campos-Herrero. Jam Session de Microrrelatos

14 10 2010

El próximo lunes, 18 de octubre, a las 20:30, en la sala Cuasquías (calle San Pedro, 2, en Las Palmas de Gran Canaria), Matasombras convoca el IV Memorial Dolores Campos-Herrero, Jam Session de microrrelatos.

Se trata de un acto público efímero y ameno, espontáneo y poco solemne en el que, anualmente, decenas de autores y autoras de todas las edades y estilos, tanto noveles como experimentados, se reúnen para una lectura de minificciones, con orden improvisado, para celebrar, a un mismo tiempo, el cuento pigmeo y la memoria de Dolores Campos-Herrero, destacada escritora fallecida el 20 de octubre de 2007.

Dolores Campos-Herrero, además de como periodista y escritora, se distinguió por su decidido apoyo a los nuevos autores. Por eso, uno de los objetivos principales de este Memorial es el descubrimiento de nuevas voces, de microrrelatistas emergentes que vengan a sumarse a quienes ya atesoran cierta experiencia en el campo de la minificción.

Como cada año por estas fechas, una veintena de autores han confirmado ya su participación, pero esta edición presenta, además, la novedad de que diversos microrrelatistas que se hallan en otras latitudes han enviado ya sus microrrelatos para participar “por poderes” en el Memorial.

Por supuesto, te invitamos a que asistas al acto (la entrada es libre, pero el aforo limitado). Y no solamente eso: también te invitamos, si eres microrrelatista, a participar con tus propias creaciones. Ni siquiera es necesario que avises previamente: preséntate allí con tus textos y apúntate a los turnos de lectura. En caso de que no residas en Las Palmas de Gran Canaria, o de que tu asistencia física no sea posible, puedes ponerte en contacto conmigo, a través de este blog.

El Memorial Dolores Campos-Herrero pretende ser un acto de lectura improvisada y poco solemne, pero eso no quiere decir que deseemos un acto desorganizado y poco ameno, así que, basadas en la experiencia de ediciones anteriores, las convenciones que se adoptarán este año serán las siguientes:

1. Entenderemos por microrrelato una obra de ficción en prosa, de temática libre, con argumento independiente y autosuficiente, que utilizará el mínimo posible de palabras (a los efectos de esta convocatoria se aceptarán textos con un máximo de 400 palabras, pero se ruega a los autores que prefieran los textos más breves a los más extensos).

2. La participación será individual. Esto es: no se admitirá la asistencia en nombre de instituciones, agrupaciones, asociaciones, colegios o cualquier otro ente de naturaleza colectiva. Cada participante asistirá a la jam session como persona individual y de este modo defenderá su texto.

3. No se admitirán preámbulos a los microrrelatos (cada texto deberá explicarse por sí mismo), discursos o cualquier otro tipo de intervención que no sea la lectura de microrrelatos, excepción hecha de la presentación y la despedida del acto y las intervenciones de los moderadores, en caso de que sean necesarias. Tampoco serán admitidas lecturas de textos de otros autores diferentes a las personas que los leen, salvo en el caso de permiso expreso del autor de aquéllos para su lectura en la convocatoria.

4. El acto comenzará y finalizará con la lectura de microrrelatos de Dolores Campos-Herrero, por parte de sus familiares, o de aquella persona o personas que estos designen.

5. Cada turno de intervención constará de un solo microrrelato, pero no existe un número máximo de turnos de intervención. Una vez realizada una primera ronda de lecturas, cada autor o autora podrá volver a intervenir cuantas veces le parezca oportuno hasta la finalización del acto.

6. Se entiende que por el hecho de participar en la convocatoria, los autores y autoras acatan tácitamente estas convenciones.

Las únicas cosas serias del evento, serán esas seis convenciones. Por lo demás, esperamos contar, como otros años, contigo y con tus textos.

Por si necesitas más información, (quizá lees este blog desde otras latitudes):

Dolores Campos-Herrero nació en Tenerife, pasó su infancia y adolescencia en Lanzarote y vivió la mayor parte de su vida adulta en Gran Canaria, por lo cual vindicar  su obra es una buena forma de celebrar al conjunto de las letras canarias. Aunque poco antes ya había editado su primer libro (Daiquiri y otros cuentos), pertenece al grupo de autores y autoras que comenzaron a darse a conocer en los años ochenta del pasado siglo, mediante la colección Nuevas Escrituras Canarias y que serían denominados, posteriormente, como la Generación del Silencio. Fue guionista de televisión y dramaturga, periodista y blogger, activista cultural y formadora de nuevos talentos en talleres literarios. A través de una quincena de títulos literarios, cultivó la poesía, la literatura infantil y el relato breve, campo en el que destacó por su constante diálogo con los clásicos en una obra no obstante innovadora y abierta a nuevos caminos. De hecho, fue una de las primeras firmas en las Islas que apostaron firmemente por la minificción (o, como ella la denominó, la brevería), con títulos como Santos y pecadores, Eva, el Paraíso y otros territorios, Ficciones mínimas y Finales felices. Además de otros títulos narrativos (Basora, Veranos mortales), destacan en su obra los títulos destinados al público más joven (Azalea, Rosaura y los autómatas, El viaje de Almamayé), los volúmenes de poesía (Noticias del paraíso, Siete lunas, El libro de los naufragios, Chanel número cinco), junto a Fieras y ángeles, libro en el que cuento y ensayo literario confluyen en la excusa formal de un bestiario, o Breverías, que recoge las entradas de su blog, del mismo nombre, en archipielagonoticias.com.

Su obra combina nuevas lecturas de temas tradicionales (como el de las brujas, tomadas como metáfora de la independencia femenina con respecto al patriarcado, o Adán y Eva en el Paraíso, homenajeando a Mark Twain) con visiones estéticas inéditas dedicadas a objetos cotidianos. En su universo narrativo conviven una gran diversidad de referentes, que abarcan desde los clásicos grecolatinos hasta los iconos de la cultura popular contemporánea, con vocación cosmopolita y un fino sentido del humor que oscila entre lo naïf y lo irónico.

Desde el mismo día de su creación, Dolores Campos-Herrero colaboró con el espacio Matasombras, participando activamente en sus actividades, principalmente en las jam sessions de microrrelatos que se celebraban periódicamente en dicho foro.

Por ello, desde el año de su fallecimiento (ocurrido el 20 de octubre de 2007), se celebra anualmente este Memorial Dolores Campos-Herrero, jam session de microrrelatos que pretende homenajear a quien fuera impulsora decidida de esta particular forma narrativa.

Recuerda: Matasombras en Cuasquías (San Pedro, 2), lunes 18 de octubre de 2010 a las 20:30, IV Memorial Dolores Campos-Herrero, Jam Session de Microrrelatos.

Te esperamos.





Diccionario jázaro: una novela total

8 10 2010

Algún día, tendré que hacer una lista de libros inagotables (por su potencial, por su capital metaliterario y/o hipertextual y su forma revolucionaria) en esa lista figurarían Rayuela, de Cortázar, Tristam Shandy, de Sterne, La vida, instrucciones de uso, de Perec, El péndulo de Foucault, de Eco, Si una noche de invierno un viajero, de Calvino, G., de Berger, Las olas, de Woolf, Ulises, de Joyce y Paisajes después de la batalla, de Goytisolo. A esa lista habría que añadir, inevitablemente, el libro que te traigo hoy, el Diccionario jázaro, del servio Milorad Pavić (fallecido el año pasado y autor de otras cuatro novelas), que no es un diccionario, sino una novela o, como afirma su subtítulo, una “novela léxico”.

Te pongo en antecedentes, porque no sólo Pavić es un escritor relativamente desconocido entre nosotros, sino que además no estamos muy familiarizados con los jázaros.

Los jázaros fueron un grupo étnico que tuvo su auge en el siglo VII, en la zona del Cáucaso Norte. Al parecer, tuvieron muchas guerras y las ganaron todas. El asunto es que en el siglo X, se convierten a una de las “religiones del libro” y desaparecen misteriosamente de la Historia. Las fuentes hebreas afirman que los jázaros eran judíos. Las turcas, que se convirtieron al Islam. Y las cristianas, que se bautizaron como cristianos.

Aprovechando esta polémica (alrededor de un verdadero enigma histórico), Milorad Pavić escribe una novela monumental, en la que mezcla datos y personajes reales con otros de la ficción para construir una novela de género fantástico que nos hipnotiza página a página. Y lo revolucionario es la forma en que la novela está compuesta, porque consta de tres diccionarios: uno cristiano, uno hebreo y uno musulmán. En cada uno, se cuenta la misma historia (o aspectos distintos de la misma historia) desde el punto de vista de cada una de esas tres culturas; con lo cual podemos elegir leer la novela de un tirón, dando saltos (eligiendo la entrada que más nos apetezca en cada momento) o, incluso, al revés. O sea, que al escribirla así, Pavić propone al lector que juegue y participe activamente en la construcción de la trama. Por otro lado, el Diccionario jázaro existe en dos ejemplares: Masculino y Femenino. El lector puede elegir el que más le convenga. Aunque te advierto que sólo difieren en una frase.

Eso sí: hay trampa. Los lectores deberán, finalmente, leer el libro entero (en el orden que prefieran) si quieren acceder a los detalles últimos del argumento. Y ese argumento inicial es ya, de hecho, muy interesante: según la leyenda, en el siglo IX el khagán jázaro convoca a un sabio de cada una de las tres religiones del libro para que interpreten un sueño: se convertirá a la religión de quien logre hacerlo. Este hecho marcará el comienzo del fin de los jázaros. Más tarde, en 1689, un noble servio, un músico turco y un sabio judío coinciden en el Danubio, en medio de la guerra entre Servia y Turquía. Los tres hombres se dedican a reconstruir la historia de los jázaros. No se conocen, pero llevan mucho tiempo viéndose en sueños. Y, en el momento en que se encuentran, mueren. Sin embargo, la historia no queda ahí, porque en 1982 un egipcio, un yugoslavo y una hebrea polaca coincidirán en Estambul. Los tres son también estudiosos de los jázaros y nuevamente la muerte va a hacer su aparición.

Esto es: la historia se desarrolla en tres momentos diferentes (pero simultáneos, dada la forma de composición y la reflexión sobre el tiempo que recorre toda la novela): la polémica jázara del siglo IX; 1698, cuando los tres sabios que intentan averiguar lo que ocurrió en el transcurso de aquella polémica se encuentran; y, finalmente, 1982, cuando lo hacen los tres estudiosos contemporáneos que investigan a los de 1698 y, por tanto, a los del siglo IX.

Sobre este planteamiento, se despliega uno de los libros más sorprendentes publicados en los últimos treinta años (al menos en mi opinión), en el que hay misteriosas princesas poetas que son condenadas a la inmortalidad y a olvidar cada palabra de su lengua excepto una, sectas de cazadores de sueños que se persiguen mutuamente en los sueños de otras personas, demonios que hipnotizan a la gente cuando tocan el laúd, ríos cuyas aguas discurren simultáneamente en dos sentidos distintos, lúbricas madonas que tienen dos pulgares en cada mano,  y alucinantes viajes en el tiempo. Todo ello acompañado de biografías singulares, ingeniosas reflexiones y cajas chinas que esconden historias que en muchos casos merecerían, por sí solas, una novela.

En el Diccionario jázaro encontrarás Historia, Filosofía, Religión, reflexión sobre el lenguaje, erotismo, fantasía y humor (de casi todos los colores); y todo ello presidido por la amenidad, la intriga y, sobre todo, una literatura cuidadísima que casi en cada párrafo nos regala un pasaje memorable para recordar.

Con frecuencia se abusa de la noción de “novela total”, sobre todo cuando se aplica a novelas que no hacen más que reproducir el formato de la novela crónica. En algunos casos, la aplicación de esos términos se debió sólo a la intención del autor, quien no logró, finalmente, su objetivo. En esta ocasión, esa definición se corresponde exactamente con lo que tenemos ante los ojos.

Así que, por una vez, no te recomiendo un libro para leer rápido y pensar despacio, sino para leer tranquilamente, degustándolo, disfrutando con su riqueza plástica y con el material que aporta para la reflexión. Una novela total. Una novela de novelas. Una novela juego que es, al mismo tiempo, un diccionario: Diccionario jázaro, de Milorad Pavić, (en su ejemplar masculino o femenino), en Barcelona, Anagrama. 312 páginas de soberbia literatura. Te puedo asegurar que a mí me ha entusiasmado. Y ya no me entusiasmo fácilmente.





Poética de la carne, 2

7 10 2010

Quizá, ahora que lo piensa, no fue tan buena idea. Pero él creía que era allí. La tradición (una amalgama de boleros, películas, poemas amorosos y postales con angelitos y cupidos), así se lo había mostrado y él siempre confió en la tradición. Y, si la tradición no se equivocaba, por ejemplo, en que la ciruela se cosecha en junio, ¿por qué iba a equivocarse en esto? Así que cuando se enamoraron, se tatuó su nombre y su retrato sobre el lado izquierdo de su pecho, de forma que su rostro (aquel rostro moreno digno de posar para Julio Romero de Torres) ocupaba toda la parte superior de su pectoral y el nombre quedaba inscrito justo debajo de la tetilla. “Estás en mi corazón”, solía decirle en la semipenumbra, cuando acababan de hacer el amor. “Te llevo en mi corazón”, le repetía por las mañanas, antes de ir al sembrado. En esos momentos, cuando decía esas cosas, el hombre rudo que era se convertía en un poeta y ella, sabiendo que él decía la verdad, le amaba aún más.

Durante años fueron felices. Iban envejeciendo, teniendo hijos, trabajando de sol a sol y haciendo frente común ante cada problema, por grande o pequeño que fuese. Cada día dejaba su firma en sus cuerpos. Sin embargo él no veía las canas que ella dejaba de teñirse, ni el vacío que iba invadiendo sus pechos, ni la blandura de sus nalgas y sus muslos. Para él, ella era siempre la veinteañera con quien se había casado. Hasta el día en que vio el documental.

Ella había ido a visitar a su madre y él, después de comer a solas (los niños ya no eran niños y estaban ya casados), se tumbó en el sofá a sestear viendo aquel documental sobre el cuerpo humano. Estaba a punto de cerrar los ojos, pero dio un respingo cuando observó la animación que mostraba los órganos internos de un adulto. En aquella escena, el corazón no estaba donde él siempre lo había supuesto, sino bastante más a la derecha, casi en el centro del pecho. No podía ser. Tenían que haberse equivocado. No obstante, era uno de esos documentales científicos. Consternado, buscó en la enciclopedia (una enciclopedia comprada a plazos, junto con una Biblia que llevaba la firma del Santo Padre y un diccionario) y se enfrentó, con horror, a una ilustración que señalaba la misma ubicación para lo que resultó ser un “órgano musculoso y cónico”, y no un corazón de los de toda la vida, asaetado por querubines. Finalmente, se quitó la camisa y miró el tatuaje en el espejo de la cómoda, esperando que al menos un mechón de pelo, un trozo de una mejilla, coincidiesen con el corazón del dibujo. Desde su pectoral izquierdo, la imagen de una anciana que un día debió de ser bella (tan bella como una de aquellas mujeres que pintó Romero de Torres), le miró con tristeza.








A %d blogueros les gusta esto: