Línea de crédito o puesta de largo: un rescate es un rescate

11 06 2012

Tengo a Monroy muy mal acostumbrado. O quizá se cobra con intereses el partido que le saco. Me explico: como últimamente lo llamo para que me cuente sus últimas batallitas (qué le voy a hacer, me he quedado sin historias suyas, necesito que me renueve el repertorio para escribir otra novela sobre las cosas que le pasan), se cree con derecho a presentarse en mi casa cuando le viene en gana y arrasar con todo. Supongo que, en el fondo, su temperamento es similar al de la troika comunitaria.

Monroy visto por Montecruz.

Ayer domingo, sin ir más lejos, llegó sin avisar, a la hora torera. Traía, eso sí, un pack de seis cervezas, una bolsa de papas fritas y un ejemplar de La civilización del espectáculo de Mario Vargas Llosa (que sabe que mi bolsillo no me permite comprar). Sin embargo, cuando se fue, se llevó dos difíciles de conseguir y que sé que no volveré a ver: La hija del aparcero de Bruno Rodríguez y Entre amorosos desamores de Patricia Rojas de Leunda. El primero lo guardó en cuanto lo vio. Del segundo no le gustó el título pero, mientras charlábamos, leyó algunos de los micorrelatos que contiene y, cuando me quise dar cuenta, ya lo había deslizado hacia el interior de su bolso bandolera.

Preguntado por los motivos de su visita, la respuesta fue vaga como guardián de obra: Gloria había ido a ver a su madre; él se había quedado sin libros; en el Casablanca se habían juntado para ver la Eurocopa y, sabido es, a él el fútbol le resbala.

No esperó a la segunda cerveza para preguntarme qué opinaba yo sobre el rescate. Me apresuré a aclararle que no se trata de un rescate, sino de la apertura de una línea de crédito por parte del eurogrupo, que lo había dicho el presidente.

—Mira, mi hijo –me dijo con ese tonito molesto y rencilloso que gasta con gente como yo–, el presidente lo puede llamar “línea de crédito”, “puesta de largo” o “la larga sombra de mis huevos al amanecer”, pero es un rescate en toda regla. Y estos del eurogrupo son como las ratas: primero meten el rabo; si cabe el rabo, se cuelan ellos detrás. Y te digo otra cosa: cuando uno pide un crédito, lo primero que tiene que aclarar son las condiciones. Escuché la comparecencia de Rajoy de esta mañana: no dijo absolutamente nada sobre eso. Lo que sí dijo fue que se iba al fútbol.

Le dije que no sabía qué quería decir.

—Pues está facilito: tú les aceptas el préstamo ahora y, cuando menos te lo esperas, ya están aquí diciéndote lo que tienes que hacer con el empleo, con la seguridad social y las pensiones.

—Bueno, este país sigue siendo soberano –argüí.

—Mientras haga lo que le diga la troika.

—No hay troika.

—Espérate a la semana que viene. A lo mejor mañana mismo. Y, una vez venga la troika, se acabó la soberanía. Si hacemos algo que no les guste, nos castigan. Si nos ponemos chulitos, nos castigan.  Y, si nos pasamos mucho, nos dirán hasta quién tiene que gobernar. Aunque, en este caso, no creo que encuentren en este país tecnócratas mayores que estos.

Intenté cortarle el rollo diciéndole que ni él ni yo entendíamos de macroeconomía y que estas cosas hay que dejarlas en manos de quienes entienden; que los ministros y el presidente saben, seguramente, lo que hacen; que la solución a estos asuntos es siempre difícil; que no acababa de creerme lo de la troika; que esto no es Grecia y, como dice Mariano Rajoy, no es Uganda.

—No. No es Uganda, seguro. De hecho, entre los bantúes, a majaderos como estos les hubieran ya dado una patada en el culo y los hubieran expulsado de la tribu.

Preguntándome a mí mismo por qué estaba cayendo en la trampa de Eladio (a quien lo que le apetecía era discutir, como siempre) y si la escritura de una novelucha merecía perder el ocio de un domingo por la tarde de aquella manera, puse la tele para ahuyentarlo.

Justo en ese momento, España marcaba un gol y Mariano Rajoy, Jorge Moragas y los príncipes lo celebraban como si lo de la tarde anterior no hubiera ocurrido.

—Ahí los tienes: los jefes de la tribu, celebrando la Danza de las Cosechas -dijo mientras se levantaba y se apoderaba, con disimulo, de lo último de Miguel Aguerralde, Última parada: la casa de muñecas. Él creyó que no me daba cuenta, pero me la di.

Cuando se marchó me dejó como casi siempre: con la palabra en la boca y una incipiente cefalea.

Hoy, al levantarme, he leído las declaraciones de Schäuble y he llamado a Eladio para preguntarle dónde carajo guarda su bola de cristal.

—No me hace maldita falta. Mientras tú ves el fútbol, yo leo los periódicos.


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11 06 2012
creaciondeblogsgratuitos

Dicen que los mercados son los responsables de lo que hoy nos pasa y sabiendo que soy parte del mercado como parte de la oferta y demanda de bienes y servicios y como participo, como todos, en la formación de precios y en las cantidades necesarias para producir… Entonces el problema no es ocasionado por quienes especulan con los mercados ( banqueros, empresarios y las marionetas del poder ) sino las personas que no consumen, que no arriesgan, que no confían en los productos, servicios y en los especuladores mismos… ahora creo entender… la culpa es de quienes no pagan y no de quienes venden truecan espejitos de colores por esperanzas… menos mal que los cronopios de todo esto no se enteran porque no compran falsas promesas… Excelente post!!! un abrazo!!

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