Gastronomías

28 10 2012

Cuando su hijo se ahogó, el viejo pescador prometió vengarse de la mar: “Acabaré contigo –juró–. Te beberé”.

Desde entonces, cada noche, mientras la pequeña aldea duerme, el anciano baja a la playa y da largos tragos de esa agua salada y abominable. Luego vuelve a casa y combate sus cólicos con la rabia y el aguardiente.

Por la mañana siempre regresa y observa a la luz del día la evolución de su revancha lenta, incesante, inexorable, mientras los otros viejos marineros comentan que es curioso que la línea de pleamar esté cada vez más lejana. Será el cambio climático, sugieren aquellos que leen la prensa.


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