Movimiento perpetuo, un rayo que no cesa

23 12 2011

El 21 de diciembre de este año hubiera cumplido noventa el más grande de los escritores pequeños, Augusto Monterroso. Sé que hubiera sido mucho mejor esperar al centenario, que es un número más redondo, pero, qué quieres que te diga, no me apetecía esperar diez años para hablar de él.

Así que lo que traigo hoy, para estas fechas tan entrañables y tan sagradas, es un libro irónico, desacralizador y lleno de verdad: Movimiento perpetuo.

Movimiento perpetuo es uno de esos libros miscelánea, una suerte de almanaque en el que se alternan cuentos, microrrelatos, pequeños ensayos y citas literarias con un nexo de unión: las moscas. Sí, las moscas, con su movimiento perpetuo funcionan como leitmotiv de este libro, que se abre diciendo:

Hay tres temas: el amor, la muerte y las moscas. (…) Traten otros los dos primeros. Yo me ocupo de las moscas, que son mejores que los hombres, pero no que las mujeres.

A partir de aquí, nos vamos a encontrar esos miniensayos y esos cuentos, alternados con citas de la literatura universal (desde Cervantes a, por ejemplo, Pablo Neruda) que prueban que prácticamente todos los autores importantes las han mencionado en alguna ocasión. Pero, claro, esto no es más que una broma, una excusa para hablar, precisamente, de aquellos otros dos temas, el amor y la muerte, con todas sus variantes temáticas, en textos breves, irónicos, humorísticos o lúcidamente pesimistas. En este libro hay cuentos memorables, como “Homenaje a Masoch” o “Las criadas”, pero también textos ensayísticos como “Beneficios y maleficios de Jorge Luis Borges”, “Estatura y poesía” (en el que defiende la teoría de que todos los grandes poetas son bajitos, con la excepción de Julio Cortázar), “Onís es asesino” (que trata sobre los palindromas, esas frases que pueden leerse igual al revés y al derecho, y de los cuales Monterroso confiesa que solo logró componer uno: “Acá, caca”) o, el más divertido, en mi opinión: “Cómo me deshice de quinientos libros”. Todos empujados por ese afán de eficiencia narrativa, de parquedad en la expresión, de rapidez y tendencia al silencio (cuando la palabra no puede mejorarlo).

Y es que Monterroso (guatemalteco, pero exiliado en México) se hizo famoso por eso: su tendencia a la brevedad, al humor inteligente, a la lucidez de las sátiras latinas. Su primer libro, de 1959, se tituló Obras completas (y otros cuentos). Fue ahí donde apareció su cuento más célebre, El dinosaurio, que consta de una sola frase: “Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”. Diez años más tarde, apareció La oveja negra y demás fábulas, que era, sorprendentemente, eso: un libro de fábulas, escrito, por cierto, en un español tan exacto que, incluso, un profesor de la UNAM se permitió traducirlo al latín. Hay en ese libro monos que querían ser escritores satíricos, cucarachas soñadoras, moscas que sueñan que son águilas y rayos que caen dos veces en el mismo sitio. Luego, en 1972 publicó el libro que nos ocupa hoy, Movimiento perpetuo. En su bibliografía solo hay una novela, Lo demás es silencio, pero también muy breve y muy poco parecida a lo que entendemos convencionalmente como novela. Y un libro de memorias que es una de las más deliciosas autobiografías que he leído: Los buscadores de oro. LTambién ensayó el diario, en un libro estupendo que ningún aspirante a escritor (pero tampoco ningún buscador de la lucidez literaria) debería perderse: La letra e.

En resumen, entre ensayos, libros de entrevistas y textos narrativos, publicó 11 libros. Y todos muy breves.

Hoy, a casi nueve años de su fallecimiento, la obra de Monterroso continúa siendo relámpago de lucidez, rayo que no cesa de iluminar la realidad desde la ficción, abriendo siempre nuevos senderos en esta última para que podamos continuar intentando sobrevivir entre los absurdos de la primera. Un verdadero clásico.

Monterroso (junto con Arreola, Aub, Cortázar y algunos otros) fue uno de los que pusieron en el mapa literaria a la minificción. Ahora tiene imitadores a mansalva, e imitadores de sus imitadores, esto es: gente que lo imita sin haberlo leído y sin darse cuenta de que está siguiendo los pasos de un verdadero genio. Así que, para esta semana, y, muy especialmente, para esos microrrelatistas neófitos que inundan la red, los programas de radio y de televisión con sus minificciones sin saber lo que es realmente un microrrelato: Movimiento perpetuo, de Augusto Monterroso, disponible, entre otras editoriales, en Punto de Lectura, 156 páginas para leer rápido y pensar (esta vez sí) muy, pero que muy despacio.


Acciones

Information

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s




A %d blogueros les gusta esto: