Caricia de hombre grande

4 06 2012

In memorian José Antonio Ramos

(10 de noviembre de 1969 – 4 de junio de 2008)

Un hombre muy grande se enamoró de un timple, ese instrumento humilde, expósito y chillón. El timple era un instrumento chico cuando aquel hombre grande comenzó a acariciarlo -incesante, insistente- con sabor de tierra germinada y ritmos de marea. A cada contacto con las manos enormes, el timple fue notando cómo brotaban de su propio vientre sonidos y frases que él ignoraba albergar, cadencias inéditas, lenguas que jamás había hablado. Cuando creía que ya lo había dado todo, el pequeño artefacto experimentaba nuevas caricias del hombre grande y volvía a sentir cómo brotaban de sí mismo nuevas sonrisas de bicácaro, nuevas flores de terruño y salitre.

Las caricias cesaron bruscamente un mal día de junio. El timple se miró a sí mismo y se preguntó quién extraería de su caja todos aquellos colores, siendo él tan pequeñito. Unas manos de niño, pequeñitas como el propio timple, le hicieron entender que ahora aquel lienzo se pintaba prácticamente solo, casi a la primera caricia. Se había producido una feliz e inevitable metamorfosis: aquel instrumento chico ya no era chico; había crecido para poder abarcar la caricia de aquel hombre tan grande.





Débiles hombres enamorados de mujeres arbitrariamente hermosas

2 06 2012

La semana pasada, en La Buena Letra, recomendé algo de poesía y Eva Marrero comentó en antena que yo había cambiado mucho, lo cual me sonó a “qué viejo y blando te estás volviendo”.

Por eso (porque no quiero que se me note que me vuelvo blando y viejo), esta semana te traigo sexo y violencia, pero sexo violento y violencia muy sensual, hechos arte mediante la palabra escrita.

El libro de esta semana tiene un comienzo contundente, epatante y provocador. Lo transcribo a continuación, porque es mejor mostrarlo que explicarlo. Pero, como sé que este blog, en ocasiones, se lee en familia, debo hacer una advertencia: el contenido puede herir la sensibilidad del lector y los menores de 16 años, así como las personas a quienes desasosiegue el erotismo descarnado, habrán de abstenerse de leer los párrafos que añado, a continuación, en letra cursiva.

Estaba casado con una mujer lo arbitrariamente hermosa para que, a pesar de su juventud insultante, fuera superior a su juventud su hermosura. Ella se masturbaba cotidianamente sobre él, mientras besaba el retrato de un muchacho de suave bigote oscuro.

Se orinaba y se descomía sobre él. Y escupía –y hasta se vomitaba– sobre aquel débil hombre enamorado, satisfaciendo así una necesidad inencauzable y conquistando, de paso, la disciplina de una sexualidad de la que era la sola dueña y oficiante.

Ese hombre no era otro que yo mismo.

Los que no habéis tenido nunca una mujer de la belleza y juventud de la mía, estáis desautorizados para ningún juicio feliz sobre un caso, ni tan insólito ni tan extraordinario como a primera vista parece.

Ella creía que toda su vida iba a ser ya un ininterrumpido gargajo, un termitente vómito, un cotidiano masturbarse, orinarse y descomerse sobre mí, inacabables.

Pero una noche la arrojé por el balcón de nuestra alcoba al paso de un tren, y me pasé hasta el alba llorando entre el cortejo elemental de los vecinos, aquel suicidio inexplicable e inexplicado.

Esto es solo el arranque de Crimen, de Agustín Espinosa, una obra maldita que no ha dejado a nadie indiferente desde que fue publicada por primera vez en Tenerife, en las ediciones de Gaceta de Arte, en Tenerife, en ¡1934!

Crimen, de Agustín Espinosa, Domibari Ediciones, 82 páginas.

A través de la docena de textos que componen el volumen, viene a conformar la que sería la primera novela surrealista escrita en España, donde hay hombres que amanecen crucificados en balcones, sombreros que labran la desgracia de solitarios y doncellas, extraños festines navideños y manos mutiladas, pero todos insertos en un discurso de singular belleza, con una prosa donde las enumeraciones caóticas, los adjetivos sorprendentes y las imágenes inolvidables se suceden de manera incesante. Espinosa cumplió su propósito de epatar al burgués, escarbando en los lugares más recónditos de la consciencia, revolviendo los sótanos del alma, poniendo patas arriba la realidad. Y, cuando hemos acabado de leerlo (cuando se abre la puerta a la inevitable relectura), descubrimos que el erotismo, la provocación y la violencia son lo de menos; que el cuadro, la imagen final que queda en la memoria, es un cuadro de belleza, no de subversión. Eso es, en mi opinión, lo que consigue Espinosa con este libro: trascender la boutade y la provocación y el juego surrealista; crear una obra inmortal. Pero, también, labrarse la desgracia.

 

La vida de Agustín Espinosa fue breve pero intensa. También su obra. Nacido en Puerto de la Cruz en 1897, fue catedrático de Instituto y director del Círculo de Bellas Artes de Santa Cruz de Tenerife, miembro de Gaceta de Arte y colaborador de revistas de prestigio en la época, como Gaceta Literaria, donde publicó prácticamente toda la Generación del 27, a la que, por edad y afinidad, perteneció, aunque se le haya olvidado en los cánones académicos.

Muy amigo de Óscar Domínguez y condiscípulo de Lorca en la Universidad de Granada, fue uno de los principales promotores de la Exposición Surrealista (la primera en España y la segunda en Europa después de la de París) que tuvo lugar en Tenerife en 1935. Aún sorprende la idea de un barco de plátanos, el San Carlos, en cuyas bodegas viajan obras de la Escuela de París (Miró, Dalí, Picaso, De Chirico), acompañados por André y Jacqueline Breton y Benjamin Peret.

Además de Crimen, y de muchos artículos hoy inconseguibles, Agustín Espinosa nos dejó otro texto inclasificable, sorprendente e imprescindible: Lancelot 28º-7º, un guía integral de la isla de Lanzarote, que no tiene nada que ver con una guía y que es otro texto fundamental de la historia de nuestra literatura; y Media hora jugando a los dados, una conferencia escrita para presentar la primera y casi única exposición de otro de nuestros grandes de esa época: el pintor José Jorge Oramas.

Las Lavanderas, de José Jorge Oramas

Y sí, con Crimen, Espinosa se labró la desgracia. No solo fue motivo de escándalo (y con razón) en su momento, sino que después del 18 de julio de 1936, cuando casi toda Gaceta de Arte sale en desbandada o es detenida (García Cabrera será deportado a Villa Cisneros; Domingo López Torres, tras un periodo de reclusión en Fyffes, será arrojado al vientre de los mares; otros se retirarán a zonas rurales o saldrán del Archipiélago; algunos, los menos, se adscribirán, con convicción o sin ella, a la causa de los golpistas), a Agustín Espinosa, que opta por ponerse la camisa azul para capear el temporal, no le perdonarán haberlo escrito: es depurado de su cátedra, se ordena que el libro sea destruido y a Espinosa le amargan la existencia hasta que fallece en 1939.

Crimen no volvería a ver la luz hasta 1974, cuando fue recuperado, junto a sus otros dos textos, por Manuel Padorno y Josefina Betancor en aquel mítico proyecto de Taller de Ediciones JB. Posteriormente, ha sido editado, solo o en compañía de otras obras, en Biblioteca Básica Canaria, Interinsular Canaria y La Página.

La edición que te propongo es la de Domibari, facsímil de aquella primera de 1934, impresa en tipos Sans, con la ilustración original de Óscar Domínguez, y el único añadido de una breve e interesante introducción de Guillermo Perdomo.

Si quieres saber más sobre el universo Espinosa, sobre su viaje a través de las vanguardias, sobre la manera en que tanto él como sus contemporáneos insulares estuvieron siempre en la punta de lanza de la cultura europea, te recomiendo vivamente los dos tomos escritos por Miguel Pérez Corrales, que llevan por título Agustín Espinosa, entre el mito y el sueño y que figurarán en el catálogo de cualquier biblioteca pública que se precie.

Pero, antes, Crimen, de Agustín Espinosa, en Domibari Ediciones, 82 páginas de sexo, violencia, provocación, surrealismo y alta literatura.





Ajetreos

30 05 2012

Ahora que estamos solos, aprovecho un rato de relax durante el Día de Canarias, para contarte estos, para mí, han sido días de mucho ajetreo y mucho trabajo público (y con público), pero sarna con gusto no pica, aunque sea a costa de tener algo abandonado este blog. Por lo pronto, en las últimas semanas Factoría de Ficciones ha alcanzado ya su ecuador (comienzan a aparecer algunos de los cuentos en el blog correspondiente) y ambos grupos del Laboratorio Creativo Anroart se encaminan ya hacia el desenlace de esos talleres que venimos desarrollando  en las instalaciones de la ULPGC desde el otoño pasado.

Por otra parte, también ha habido muchos contactos con colegios e institutos. Los más recientes: un taller en torno a El corazón delator, de Edgar Allan Poe, en el Colegio Oficial Alemán en Las Palmas de Gran Canaria y un taller de cuento literario en el IES Teror. Los resultados de este último irán apareciendo también en un blog abierto ya hace algún tiempo por anteriores almnos y alumnas de ese mismo centro.

Con los talleristas del IES Teror. La foto es de Toñi Ramos, activista literaria oficial.

Y, a todo esto, viene a sumarse una nueva actividad: un taller de introducción a la narrativa que tendrá lugar en Unibelia. Comenzaremos la próxima semana (el 7 de junio), pero mañana jueves tendrá lugar una primera actividad, abierta al público en general (aunque, por motivos de aforo, es necesario hacer reserva previa).

Por la foto y el enunciado parece que soy un escritor serio y sesudo, pero tú ya sabes que prefiero la artesanía. Así que, si te apetece pasar un rato tratando sobre artesanías narrativas, ya sabes dónde nos vemos.

Además de todo esto (y de algún otro proyecto que está a punto de comenzar), aprovecho que estamos en la intimidad para contarte que también sigo trabajando en casa y que ando enfrascado en una nueva novela de la serie de ese cascarrabias que tantos enemigos me crea, el viejo Eladio Monroy. Y, ya lo sabes, guerra avisada…

 

 





¡No paguéis!

30 05 2012

Con el agua al cuello. Petros Márkaris. Barcelona. Tusquets. 322 páginas.

En algún momento de Con el agua al cuello es difundido por Atenas, mediante carteles y panfletos, el siguiente texto:

¡NO PAGUÉIS!

NO PAGUÉIS VUESTRAS DEUDAS CON LOS BANCOS. NO PAGUÉIS LA TARJETAS DE CRÉDITO. NO PAGUÉIS LOS PLAZOS DE LAS HIPOTECAS. NO PAGUÉIS LOS CRÉDITOS AL CONSUMO NI LOS PRÉSTAMOS PERSONALES. NO PAGUÉIS A LOS QUE NOS HAN HUNDIDO.

¡NO PAGUÉIS!

NO DEBÉIS NADA A LOS BANCOS QUE OS HAN EXPOLIADO Y SUMIDO EN DEUDAS. QUE OS LLEVEN A LOS TRIBUNALES PARA EMBARGAROS VUESTROS BIENES. LOS JUECES TARDARÁN CINCO AÑOS EN FALLAR A SU FAVOR, SI ES QUE LOS BANCOS NO HAN QUEBRADO ANTES. PERO NO IRÁN A LOS TRIBUNALES, BUSCARÁN UN ACUERDO, QUE SERÁ A VUESTRO FAVOR. VUESTRA DEUDA SERÁ MENOR Y LOS PLAZOS MÁS LARGOS.

¡NO PAGUÉIS!

HACE DOS AÑOS EL GOBIERNO REPARTIÓ 28.000 MILLONES ENTRE LOS BANCOS, UN DINERO QUE ELLOS NO NECESITABAN PARA NADA. QUE RESTEN VUESTRAS DEUDAS DE ESOS 28.000 MILLONES, PORQUE LOS RECIBIERON DE VUESTROS IMPUESTOS, ES DECIR, DE VUESTRO BOLSILLO. LOS QUE ENTENDEMOS UN POCO DE BALANCES NO TENEMOS MAS QUE ECHAR UN VISTAZO A LAS CUENTAS BANCARIAS PARA VER LOS BENEFICIOS ASTRONÓMICOS QUE HAN OBTENIDO SÓLO EN LA ÚLTIMA DÉCADA.

¡NO PAGUÉIS!

 ¡NO PUEDEN HACEROS NADA!

En la novela, los dirigentes económicos, alarmados ante la posibilidad de que ese mensaje se difunda entre la ciudadanía, y que esta pueda llegar a estar de acuerdo y obrar en consecuencia, corren a presionar a la policía, a través del ministerio correspondiente, para que detenga sin pérdida de tiempo al autor de ese texto. Por motivos obvios, les preocupa mucho más ese delito (¿lo es realmente?) que la cadena de asesinatos de banqueros y ejecutivos de agencias de calificación que está teniendo lugar al mismo tiempo.

No sé si son 28000 los millones que las entidades bancarias de este país han recibido desde que comenzó la crisis. Quizá son menos. Quizá son más. Sea como fuere, yo, en estos días en que España se parece tanto a la Atenas de 2010, cuando leo tantas noticias descorazonadoras y escucho al señor Goirigolzarri solicitar cantidades astronómicas de las cuales no piensa dar cuenta, porque las considera “capital”, cuando descubro estupefacto que nadie va a depurar responsabilidades en Bankia, pienso cada vez más en este texto. Y me pregunto qué pasaría si los españoles hicieran caso, todos a una, a esta anónima propuesta.





De la traición como arte

27 05 2012

He faltado durante tres semanas a Hoy por Hoy Las Palmas, para hacer La Buena Letra con Eva Marrero. El motivo de mi absentismo es que he estado trabajando. Eso, claro, quiere decir que cuando asisto al programa, es porque no le doy un palo al agua.

Retomo esa tarea de recomendarte algo para leer. Y la retomo con poesía. Canaria. De la buena: De la traición como arte, de Paula Nogales, publicado por Idea en El Mirador, una colección coordinada por Elica Ramos que pretende reunir a nuestra mejores poetas últimas y de la cual ya comentamos aquí El arte de las flores secas, de Alicia Llarena.

De la traición como arte, de Paula Nogales, Tenerife, Idea, 72 páginas.

En Paula Nogales tenemos a una interesante y, sin embargo, muy poco mediática escritora. Comenzó publicando en los años noventa y en esa década dio a luz dos excelentes y premiados libros de relatos: Zapping: cuentos y Sociedad anónima. Al mismo tiempo, iba publicando cuentos y artículos en revistas de la época, como Doxa, Espejo de Paciencia y La Plazuela de Las Letras. Y también obteniendo accésits y menciones especiales en todos los certámenes poéticos importantes de nuestro ámbito. Así fue publicando Recintos, Manzanas son de Tántalo o Saludos de Alicia. En aquellos libros, tanto en los de cuentos como en los de poesía, el lector se enfrentaba ya a una autora culta pero accesible, que hablaba del amor y de la muerte con una naturalidad pasmosa, con mucha soltura y poca o ninguna afectación.

Por esto sus lectores echábamos de menos textos suyos, ya que en algún momento dejó de publicar y no fue hasta 2006 que retomó su carrera literaria con Vicios ocultos, publicado en Baile del Sol y con este De la traición como arte del cual hablamos hoy.

De la traición como arte nos ofrece una treintena de poemas agrupados en cinco partes en una estructura ciertamente sólida y que hablan, creo, sobre cómo resurgir, renovados, tras esos conflictos que tenemos a veces en la vida y de los cuales parece que no vamos a salir nunca. Las soluciones que nos da se podrían resumir, en mi opinión, utilizando tres de sus versos:

Qué hacer
sino inventar el mundo desde el principio
o lamernos con recelo las heridas.

Y, más que lamerse las heridas, la poeta nos propone lo contrario, pero con la inocencia ya perdida, con el optimismo sabio de los veteranos de guerra que no se resignan a contemplar el paisaje después de la batalla; enarbolando el erotismo como un canto a la vida tras la devastación.

Eso es lo que, creo, nos encontramos en este libro: un poderoso, inteligente y maduro canto a la vida, donde el lector experto va a escuchar los ecos de Gil de Biedma o de Hölderlin, aunque no sea necesario ser un iniciado para disfrutar de ese viaje hacia la luz escrito, a veces, en diálogo con el insomnio, y siempre con afán desacralizador y con un sentido del humor muy fino, que surge aquí y allá, como en el estupendo diálogo que se establece en uno de ellos entre Medea y Hannibal Lecter.

Así pues, para esta semana, una joyita poco conocida: De la traición como arte, de Paula Nogales, en Ediciones Idea, 72 páginas de excelente poesía escrita, además, en Canarias.





Carlos Fuentes y la omnisciencia

16 05 2012

Anoche, al llegar a casa, recibí una llamada de mi pareja, quien me contaba que había fallecido Carlos Fuentes. No sé si las casualidades existen, pero la semana pasada, después de haber estado mucho tiempo sin frecuentar sus libros o acordarme de él, me encontré, estando en otra isla, con un señor que se le parece mucho y a quien le hice notar esa semejanza física y con quien hablamos sobre la grandeza de Fuentes (una coincidencia que podría parecer extraída de un cuento de Cortázar, pero que para mí es más frecuente de lo que parece; de hecho tengo un amigo escritor que me ruega constantemente que no me acuerde de él).

He pensado mucho sobre la utilidad o no de escribir esta entrada. Mientras lo hacía, ya otros mejores que yo, que conocen su obra con mayor profundidad o que, incluso, le conocieron personalmente y hasta fueron amigos suyos (Juan Goytisolo, Juan Cruz o Mario Vargas Llosa, quien, por cierto, hoy está en esta ciudad en la que habito) ya poblaban las redes con sus opiniones y sus recuerdos. Incluso con su dolor, en el caso de los amigos.

Yo no conocí personalmente a Carlos Fuentes. Incluso, en los últimos años, no lo he leído con demasiada frecuencia: hay muchos autores, hay muchos libros, hay mucho afán por evitar que se nos queden títulos en el tintero, hay demasiado poco tiempo. Y, no obstante, Fuentes tiene algún lugar especial en mi memoria de lector, donde le guardo un viejo ejemplar de Club Bruguera de La muerte de Artemio Cruz, el descubrimiento (por intercesión de Eduardo González Ascanio) de Ambrose Bierce, algunas reflexiones sobre Juana Inés de la Cruz y sobre Onetti y sobre Rulfo.

Hoy he leído la justa vindicación de su obra, especialmente de La muerte de Artemio Cruz, Aura, La región más transparente, Gringo Viejo o Terra Nostra. Sin embargo, anoche, tras conocer la noticia, recordé el primer libro de Fuentes que leí (y del cual, por desgracia, no conservo ningún ejemplar). Debió de ser en 1987, el año en que le concedieron el Premio Cervantes, o al año siguiente, cuando me hice, Círculo de Lectores mediante, con Cristóbal Nonato, aquella novela compleja, irreverente, futurista e implacable que desorientó completamente a aquel lector joven que yo era y con la que mantuve una lucha de varias semanas hasta que logré domesticarla o, más exactamente, hasta que ella me domesticó a mí. Contada por un personaje que estaba destinado a nacer el 12 de octubre de 1992 y que, por tanto, aún no había nacido, lo hacía, a partir de esa circunstancia, dueño de un dominio del tiempo y una omnisciencia de los cuales quienes vivimos en el tiempo, en la sucesión, carecemos.

En El naranjo, de 1994, otro libro del que quizá no se hable en estos días (porque en este país tenemos la manía de olvidar los libros de cuentos), hay más ejemplos, todos fascinantes, de este recurso. Inolvidable ha sido siempre para mí uno de los relatos que lo integran: “Apolo y las putas”, en el cual el narrador es el cadáver de un norteamericano cuyo corazón no ha resistido a una orgía con siete legendarias rameras.

El nonato, el ya fallecido, el que está en trance de muerte, el que sobrevive reencarnado en la tierra, en una piedra, en la savia de un árbol, viven en el instante, fuera de la cronología y, por tanto, son amos del tiempo. Ese es el territorio que Fuentes exploró como nadie: la totalidad de la experiencia humana aprehendida mediante la intuición (en sentido metafísico) que confiere el hecho de estar más allá de la vida, más allá del tiempo.

Esa clave de escritura (que estaba ya, acaso, en Rulfo) fue explorada con fantásticos y, en muchos casos, inigualables resultados por Fuentes a través de una obra en la cual su inteligencia a la hora de construir argumentos, su lucidez al abordar la mezcla y el choque de culturas, valga el término por mundos (ese tema que Fuentes convirtió en su tema), su habilidad para el erotismo y para la imagen poderosa, lo convirtió en uno de los más grandes narradores de su tiempo, ese tiempo que ahora abandona para ingresar ya, como algunos de sus personajes, en el territorio de la omnisciencia.





Descuartizadores del Sur de Tenerife

14 05 2012

Ya lo sabes porque te lo hemos ido contando, entre algunos medios de comunicación (los poquitos que se preocupan de estas cosas), Eduardo García Rojas y yo mismo, aquí, en este blog que es el tuyo: la semana pasada tuvieron lugar las jornadas de NNegra de Arona que, un año más, reunieron en el Centro Cultural de Los Cristianos a algunos autores, editores, libreros, críticos y lectores para hablar sobre esos libros que te erizan la piel, te quitan el sueño y no puedes soltar hasta la última página. Otros años han estado en el evento Ernesto Gil, Luis León Barreto, Eugenio Fuentes, Juan Madrid, Lorenzo Silva, Raúl Argemí, Mariano Gambín o el cappo di capi, el inefable Paco Camarasa. Los conferenciantes cambian. Lo que no cambia es que la instigadora, la que está detrás de esta reunión anual de sospechosos habituales, es Mercedes Chinea, esa Bonny Parker de las Medianías del Sur de Tenerife que, aunque parece que no rompe un plato, se empeña edición a edición (más allá del estricto cumplimiento del deber)  en que este foro se celebre y todo salga como tiene que salir. Este año hubo una estupenda charla del propio García Rojas sobre Jaime Mir, las presentaciones de los libros más recientes de Javier Hernández, Antonio Lozano y José Luis Correa, un conferencia de Miguel Ángel Rábade (que no solo es uno de los conspiradores de Mistério, sino también profesor de clásicas en la ULL) y una charla del arriba firmante. Todos estos actos movían a la reflexión sobre si existe realmente una novela negra canaria. Así que, además de estos actos, hubo, sobre todo, debate. Debate encendido y de cierta altura, en el que todos los participantes, en algún momento, llegamos a cuestionarnos nuestros propios planteamientos previos y acabamos enriqueciéndolos con los ajenos, que es para lo que sirven los debates.

Pero, aparte de todo eso, hubo una actividad previa y paralela de la que estoy muy orgulloso: los chicos y chicas de cuatro centros del municipio, descuartizaron a Antonio Lozano.

Harraga es un término derivado del verbo con el que se describe la acción de prender fuego a algo. Con harraga se designa a “los que queman”, aquellos emigrantes ilegales que queman sus documentos de identidad antes de embarcar en el Norte de África hacia España, embarcándose en dramáticas travesías en las que se juegan la vida buscando un paraíso que no es tal y enriquciendo a las mafias que, sin ningún tipo de escrúpulo les envían a la esclavitud, la clandestinidad o la muerte. Harraga es, también, el título de la primera novela de Antonio Lozano, ahora editada nuevamente por Editorial Zech, en la que se cuenta la historia de Jalid, un joven tangerino que, buscando una vida fácil en España acaba inmerso en el proceloso mundo de las mafias que trafican con personas entre ambos continentes.

Y fue ese, precisamente (como otros años lo fue El corazón delator de Poe o La niebla y la doncella de Lorenzo Silva) el título elegido para los talleres que, cada año, y paralelamente a NNegra de Arona, se celebran en los IES del municipio.

Este año, desde la primera semana de mayo hasta el viernes 11, con chicas y chicos de los IES Ichasagua, Las Galletas, Los Cristianos y Guaza (y con la complicidad de Mercedes Chinea y de Yaiza Arteaga, del área de Juventud, quien, además, hizo estas fotos que aporto como prueba), leímos Harraga, la desmenuzamos y la utilizamos para reflexionar sobre algunas técnicas y recursos característicos de la novela contemporánea: el tratamiento del tiempo, el juego con los puntos de vista, la construcción del personaje, la descripción de ambientes, los diálogos y el monólogo. Y, a partir de ahí, el alumnado escribió sus propias creaciones (algunas realmente sorprendentes), a partir de las cuales podría volver a iniciarse una reflexión sobre los temas que Lozano aborda en su estupenda novela: la corrupción, la solidaridad, el discurso de los desheredados, el etnocentrismo, el viaje al infierno, la soledad del héroe, el amor y la esperanza.

Antonio Lozano con sus descuartizadores

Algunos de esos textos fueron leídos ante Antonio Lozano en un último encuentro, común, que se celebró en la mañana de ese viernes 11 y en cuyo transcurso tuvieron la oportunidad de descuartizarlo a golpe de preguntas (muchas de ellas bastante más inteligentes y agudas que las que en ocasiones hacen los medios).

Los creadores que finalmente leyeron sus textos (y algún espontáneo).

A mí, que en esto solo me toca la tarea de provocarles, me colma de orgullo observar los resultados del duro trabajo que estos chicos y chicas realizaron durante esas dos semanas, con buen humor, respeto hacia los demás, involucración en la tarea de equipo y una responsabilidad y un espíritu solidario que para sí quisiera más de un ministro. Así pues, aprovecho esta entrada, simplemente, para agradecer a esos estudiantes su esfuerzo y su simpatía, pero, sobre todo, el hecho de que, una vez me hayan demostrado que el otro no es solo el infierno, sino también el paraíso.








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